“Desde las alturas”

“DESDE LAS ALTURAS”, un perfil biográfico de un hombre un tanto alto.

Carlos Garbajosa no es una persona cualquiera. Hay ciertos rasgos en él que le hacen distinto a los demás.

Podríamos comenzar a enumerar una retahíla de cualidades que le diferencian del resto de los mortales, pero sin duda, a simple vista su físico es la que más destaca.

Carlos mide 2 metros. No está seguro de si son dos o un poco más, ya que hace ya unos años que se midió por última vez. Pero centímetro arriba, centímetro abajo, su altura nos puede hacer sentir a los demás mortales, como pequeños enanitos salidos directamente de un cuento infantil.

Otros de sus rasgos más característicos es sin duda su voz. Carlos posee una voz grave a causa de un rozamiento indebido entre sus cuerdas vocales. No sabemos si es por este motivo, o quizás por una evidente timidez, pero no son muchas las veces que podemos escucharle hablar . A simple vista, es posible que este par de atributos puedan resultar meramente superficiales, pero no se puede negar que envuelven a la figura de Carlos en una halo de misterio, cual personaje protagonista de uno de esos guiones cinematográficos a los que tan aficionado es.

A Carlos le apasiona el cine. Es su mayor afición. A lo largo de sus 31 años ha ingerido grandes cantidades de celuloide hasta llegar a ser un experto en cine negro, de autor, comercial, western, europeo, americano, asiático… Hay muchas probabilidades de que si alguien pregunta por el argumento de una película, él sea uno de los que pueda responder con toda eficacia.

Gracias a este amor por las historias contadas a través del séptimo arte y al teatro que practicó cuando estudiaba Económicas en la universidad, Garbajosa Chaparro decidió aventurarse a dar un vuelco a su vida, abandonando su puesto de trabajo de bancario y realizando sus estudios de dramaturgia en la Real Escuela de Arte Dramático.

Actualmente, tiene también algunos proyectos en mente para que su pasión por el arte dramático no se quede encerrado en las cuatro paredes de la escuela y pueda ir tomando un camino más profesional.

Pero como no sólo los rasgos físicos o algunos datos anecdóticos forman a una persona, añadiremos que Carlos es una persona extremadamente cortés, a la que es difícil escucharle una palabra malsonante acerca de cualquier persona o cosa,  que en ocasiones puede resultar introvertido aunque es posible que esto ocurra  no sólo porque sea un hombre de pocas palabras, sino porque, a diferencia de otras personas, él no necesita demasiadas para expresar claramente lo que quiere decir.

Primera versión del perfil de Javier Sahuquillo

Un contrariado Rembrandt pro-Habsburgo
recorre el esqueleto de la hoja
sentado como un niño entre las ratas
y suelta su cemento de alamar.

Tiresias en el grito de la noche,
por el acero los caminos blancos,
con toda la zanfoña de su España
estercolera, íntimo deshace.

Eran siete sirenas del Cantábrico,
igual de magulladas que una tórtola,
las que dejaron hálito de bueyes.

Tan virgen y tan puta de corceles,
Sahuquillo desenvuelve la encomienda:
la desgarrada sombra del Imperio.

REFLEXIÓN PERSONAL SOBRE “BEBIENDO EN CALAVERAS”, DE FERNANDO ARRABAL

En su “Bebiendo en calaveras” , el artista Fernando Arrabal nos habla, desde un punto de vista muy personal, de su forma de entender el acto creativo. No en vano, el texto supone la introducción a la edición de sus obras completas. De este modo, a lo largo del mismo, el escritor y cineasta plantea varias dualidades íntimamente relacionadas con su actividad:

En primer lugar, la doble dimensión del artista: Como creador absoluto, es decir, un dios capaz de generar una obra de la nada, pero al mismo tiempo preso de esa necesidad expresiva, de la que para bien o para mal, no puede escapar. Por eso el verdadero artista se ve obligado a escribir, pintar o filmar desde el alma, desnudando los aspectos más ocultos de la misma. De lo contrario, sólo será un mero artesano de su oficio.

Dios y preso al mismo tiempo, y generador de belleza y horror simultáneas. Belleza y horror que en ocasiones llegan a fundirse de manera indivisible e incluso pueden llegar a no diferenciarse la una del otro. Lo bello puede ser horroroso y viceversa. El amor edípico que se desprende en la relación de niño con su madre, o el castigo sufrido por su padre al oponerse a un régimen dictatorial, son buenos ejemplos de ello y obsesión del autor durante toda su obra.

En relación con lo anterior, el compromiso artístico de transmitir la verdad, de igual modo, provoca una nueva dualidad. La verdad como reproducción de la realidad que pueden captar nuestros sentidos, o bien, la que subyace de la esencia de las cosas, de lo que no se ve, de lo más soterrado, y quizá por eso mismo, de lo más verdadero. Pero resulta complicado llegar a tal punto de sinceridad. Personalmente, pienso que es indiscutible que Arrabal lo ha alcanzado en diversas ocasiones. Pero el autor va más allá y de sus palabras se desprende la idea de que no basta con transmitir esa verdad esencial. Hay que transformarla bajo el filtro de la imaginación, de ese “arte de combinar recuerdos”.

Y también cabe añadirle, o mejor, también cabe combinarla con los conocimientos intelectuales o científicos y la experiencia del creador. La expresión artística nace de dicha combinación. Cuando la verdad esencial, la inspiración y el conocimiento se fusionan de manera equilibrada, aparece el Arte.

Por último, “Bebiendo en calaveras” añade una reflexión acerca de la diferencia entre el escritor que adquiere un fiel compromiso con los poderes culturales establecidos, y el que opta por una actitud más rebelde. Arrabal es un caso extraño, puesto que a pesar de que se obra apunta claramente en la segunda dirección, su rendimiento comercial – como él mismo dice en el texto que nos ocupa – ha sido satisfactorio. Pero en resumidas cuentas, lo más importante es que siguiendo esa segunda dirección, la creación artística suele resultar más gozosa, aunque en ocasiones a uno le puedan tildar de provocador. Pero, ¿dónde están los límites entre la trasgresión y el escándalo tramposo? Quizá haya que llamarse Fernando Arrabal para saberlo.

Sobre BEBIENDO EN CALAVERAS de Fernando Arrabal

Cuando la belleza o el horror son las últimas expresiones de lo verdadero las aventuras iconoclastas me seducen. Incluso si delante de mí pasa la vida, como un arroyo en un anubarrado atardecer sombrío.

Fernando Arrabal
Bebiendo en calaveras

Solo podemos beber en calaveras. Así recibimos el flujo eterno o, dicho de un modo menos religioso, la tradición, el trabajo de los viejos y la suerte de los hombres que nos han precedido. Este culto a los muertos es el fundamento del trabajo del artista; esta es la fuente de la inspiración, cuyo estado perfecto es, en Arrabal, la imaginación o el arte de combinar recuerdos. Porque, al fin y al cabo, la obra es el reflejo de las peripecias del minúsculo grupo que rodea al creador y que se conjura en la memoria, y que camina en paralelo a la historia de la Humanidad, formándola y negándola.

Este minúsculo grupo -¿acaso es esto “la realidad”?- se mueve entre la belleza y el horror y el dramaturgo obedece como un siervo a sus fluctuaciones y es dios del Olimpo y prisionero aterrado en su calabozo de tinieblas. El escándalo y la persecución son las consecuencias políticas de la obra y obedecen a la impresión que guarden del artista aquellos que nos hacen felices gobernando; por lo que no debe extrañarnos que Arrabal los despache con cierto desdén. La iconoclasia llega sola, es la manera de sentarse ante el arroyo que, en el atardecer sombrío, no refleja un cielo azul. En verdad, Arrabal, como él mismo dice, si siquiera es perseguido: obra que escribe, obra que es publicada y estrenada. No pueden decir lo mismo aquellos que nos hacen felices escribiendo.

Hay en Arrabal el abandono de los monjes. Cuando un poeta cree de verdad lo que dice, el efecto es parecido al de la vía ascética en los religiosos. El mundo exterior, por contraste, y la propia conciencia acaban separando al poeta –al dramaturgo- del desarrollo cotidiano de los placeres y los acontecimientos, aunque se dedique a celebrarlos. Lo verdadero, para Fernando Arrabal, se expresa en la belleza y el horror, que se convierten en el territorio inevitablemente favorito del poeta. Todo lo demás, que es donde se mueve el mundo ordinario, son medias tintas y espacios poco fértiles, perfecto para los dramaturgos acomodados y complacientes. La búsqueda del ideal se convierte en una declaración de guerra porque va más allá de lo convenido. Belleza y horror no son palabras decorativas en el teatro arrabaliano, sino que son un compromiso estético del autor: se las cree, como se las creía Rilke, otro exiliado.

Yo no sé combinar recuerdos. Me he formado en la ocultación y no en el desvelo de lo propio. Hay que superar una poética excesivamente frívola, con la que nos hemos educado anteriormente, y que se nos sigue proponiendo como la más pura, auténtica y limpia –pues nos lleva a no decir nada, pero a repetir mucho-, y trabajar con la inocencia del niño una memoria abandonada. Es decir, tenemos que encontrar nuestro compromiso, el valle que atraviesa nuestro arroyo.

Las muelas del juicio (Perfil de Guillem Bellido-versión I-)

Llevábamos varias horas en su casa, nunca le había visto así. Todo aquello me producía un estupor fuera de lo común, y eso que estaba en el Louvre de los estupores. El calor fue quitándome la camiseta y los pantalones. Y le miraba. Esperando que pasara algo, que algún decibelio cargado de vacío infestara el aire de disparate. La lógica y la información que tenía me hacían entender de una manera superficial todo lo que pasaba, pero algún raro instinto me decía que por debajo se cocía algo raro. Joder: no hablaba.

Aquello empezaba a ser extraño para cuando sus dedos recuperaron cierto encanto. Antes le había rogado insistentemente: -Líame uno para mí…. Entonces, y sólo entonces, me olvidé de todo sonido que no saliera de aquella loca pantalla a la que me enfrentó. Muriendo todas las veces que era posible: hablando de todo y de nada: fumando de todo y de nada.

Pero aquel agujero oculto de los rayos más duros del sol (astro garante de la realidad) no podía ser guarida individual. Allá dentro respirabas las cenizas de la hoguera de la tribu que sale a cazar, y yo, un cazador sin un frío pedazo que arrojarme a la boca, envidiaba todo y envidiaba nada.

Mientras le hablaba de los muchos que nos sentimos solos, y de los muchos que no podemos parar de hablar, asentía cordialmente, sin perder de vista los disparos de la tele. Giró la cabeza de repente como reconociendo algún ruido exterior.

Habían abierto la puerta: eran ellos, sus compañeros de piso. Intenté vestirme rápidamente mientras les oía hablar, pero costó levantar mi cuerpo de aquel extraño y magnético sillón. Cuando entró la doctora en el cuarto, yo buscaba mis pantalones entre discos de rap y carátulas verdes de videojuegos muy raros.

Guillem vive con dos hermanos: el señor High, que es el dueño de todo el material audiovisual y psicotrópico; y la doctora Yequil, que osa liderar la manada cuidando de aquellas mentes enfermas con mimo y amor. Para cuando salí del piso, la doctora mesaba los cabellos de mi joven amigo, aquel enfermo que contaba los años para atrás empezaba a acusar el sopor de los tres calmantes que le dieron en el hospital. Mientras, el señor High incendiaba su cerebro con tiros y disparos, todos verdes. Así funcionaba aquella cueva, y por alguna razón debía ser: la estabilidad y el equilibrio entre fuerzas se respiraba como el vapor de agua en los balnearios. Aunque aquel día, Guillem no pudo abrir la puta boca.

Varios días después, con las heridas ardiendo todavía, volví a verle, y entre las mil millones de palabras por minuto, acertó a referirse a sus preciadas muelas, regalándome una de ellas. Aún hoy, tanto tiempo después, la conservo como un Coronel Tapioca guardaría los colmillos del elefante o el pelo del astracán. Instalado en los bonometros y los ascensores. Tan lejos del Congo y de aquella paz defendida.

Donde corre la pluma

¿Por qué y para qué escribir? ¿Qué tensiones internas (inevitables) nos obligan a colocar pensamientos en palabras visibles por los demás?, y sobretodo, ¿porqué escribimos hoy?
De los numerosos caminos que tendríamos para hacernos un adosado en la eternidad , es el de la escritura el más banalizado, tanto por el exceso de bagaje anterior a nosotros, como por el inmenso río de palabras que empapan el mundo a cada rato.
Es importante desgajarnos del artista monolítico. de la gloria y de las estúpidas palmadas en la espalda que parece queramos recibir desde el primer momento en que nos tomamos una creación propia medianamente en serio. Con esa mochila de piedras, jamás podremos conectar con lo que tenemos que decir. En cambio, nos será harto difícil no caer en la necesidad de decir lo que el otro quiere escuchar.
Nieva analiza ,con un ojo en sus propias experiencias, la belleza y el yo de los escritores.
Nuestro ego es salvaje , desobediente, y mediante un sano proceso de autoconocimiento, hemos de domarlo.
El poeta (o el artista) es aquel que monta sobre su ego, sobre su yo, con la seguridad de tenerlo dominado, pensando en llegar a algún lugar impronunciable. El camino trazado por las huellas de ese raro corcel, no han de ser lugar de peregrinación. Llega tú y cuando los demás sólo vean tu espalda alejándose, quizá se den codazos y se digan uno a otros: “- Mira ese loco…¿a dónde irá?.”