Acerca de “Bebiendo en calaveras” de Fernando Arrabal por África Romera Pérez

En el texto “Bebiendo en calaveras” de Fernando Arrabal, el autor hace una reflexión personal sobre las diferentes fuentes de inspiración que los autores (entendiéndose autores como artistas de todos los ámbitos) toman como referencia para llevar a cabo su trabajo.
El propio Fernando habla de que algunas de las fuentes que él ha utilizado han sido su propia imaginación o la fantasía, combinada con recuerdos para llegar a escribir algunos de sus textos.

No sé muy bien cuál es la fuente de inspiración que me ayuda a mí a comenzar a escribir un texto.
A menudo son palabras, situaciones, noticias, recuerdos, que mezclados con un toque de fantasía hacen que en mi cabeza empiece a florecer lo que podría ser el inicio de una historia.
A veces es una sensación que trasladada a un personaje comienza a cobrar una vida más tangible que puede acabar siendo un texto teatral.

Fernando nos habla también de la necesidad de combinar inspiración con conocimiento para desarrollar un texto teatral.
Sin duda creo que no sólo con inspiración se puede crear un obra de teatro. Para ello, también es necesario investigar sobre el tema, sobre ese uno u otro tipo de personajes, ésta u otra época.
Sería un tanto kamikaze alguien que comienza a escribir sin haber antes investigado sobre lo que pretende crear.

Arrabal habla sobre la creación de un teatro provocador y escandaloso, tal y como, a veces, han calificado su teatro.
No sé muy bien a qué se refiere la crítica o el público en general cuando hablan de teatro con esta clase de calificaciones:
Provocador y escandaloso. Quizás bautizan así a toda obra que consideran políticamente incorrecta y que daña su sensibilidad por no ser lo que sus oídos o sus ojos esperan encontrar.
Aunque, cierto es que, creo que cuando un texto es provocador o escandaloso no debe serlo por el mero hecho de llamar la atención para que la gente hable de él (aunque sea mal), sino porque el autor tiene la necesidad y el deseo de poner en palabras de un grupo de personajes, un hecho, una historia, algo que considera que la gente debe saber, deber escuchar.
Recuerdo que hace un par de años me invitaron al Matadero a ver un montaje de un director argentino renombrado. La obra iba sobre dos chicos jóvenes, de unos treinta años, que se desnudaban, tocaban una guitarra eléctrica desafinada enchufada a unos amplificadores que ensordecían a todo el público y que, en un momento de la obra, golpeaban con los pies una caja de cartón llena de pollitos vivos.
¿Escandaloso?, ¿provocador?, supongo que sí. ¿Espantoso?, ¿dañino?, por supuesto que también.
Creo en el teatro para modificar la conciencia social, para educar, para reeducar, pero no para dañar de manera gratuita e injustificada.

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