Aproximación arrabaliana por Javier Sahuquillo

Podemos entresacar de este texto que la intención del autor es reflexionar sobre las obras que se publican en el tomo Teatro completo y justificar el contenido que el lector se encontrará. En definitiva, considero que se Arrabal refleja en esta breve introducción las líneas de su poética y sus mecanismos de escritura.

El autor comparte que son dos las flechas que le impulsan a escribir: su fisicidad, su propia naturaleza, centrado en un instinto incapaz de controlar y la escucha de su yo interior que se ha creado con el tiempo y su experiencia. Es esta segunda parte algo más elaborado, es el universo del autor que se ha ido creando poco a poco y con el transcurso del tiempo. Es fondo y forma, donde el fondo sería lo aprendido mientras que la forma sería el a priori kantiano. Además el escritor fundamenta su creación en dos pilares: el pasado y la imaginación. Sin embargo, su teatro ha sido etiquetado de provocador y escandaloso sin pretensión ninguna por parte del autor de adquirir tales adjetivos. Concluye con la ausencia de originalidad que a la que el autor debe enfrentarse a pesar de que ello no impida que, en su opinión, se produzca un renacimiento cultural y formidable. En definitiva, debemos entender el teatro de Arrabal como un teatro de la experiencia, en un sentido platónico, ya que parte, por un lado, de su experiencia personal y propia y su aprendizaje sobre el mundo pero a su vez se ancla a toda la historia de la humanidad.

Siempre es interesante descubrir que percepción tiene el autor sobre sí mismo, ver cómo se autoanaliza y aprender de ello. Las dos herramientas que Arrabal cuenta que usa en su proceso de escritura son, como hemos señalado, el pasado y la imaginación. Esto me lleva a reflexionar sobre la influencia de estos dos útiles en mi propia creación. Sin duda, las cosas que hemos vivido a lo largo de nuestro paso por el mundo son importantes, sobre todo, no tanto para convertirnos en Jack Kerouac y escribir novelas experienciales despojadas de toda intención literaria, si no, sobre todo, porque nuestro pasado influye, o eso creo, en la elección de nuestros temas. Los temas para el autor son esas pequeñas obsesiones que tienden a repetirse a lo largo de su creación. No siempre aparecen todos los temas en todas las obras, en unas aparecen de forma velada, en otras amplificada, en otras son el centro de ese universo literario mientras que en otras piezas sólo aparecen de forma tangencial. ¿Cuáles son mis temas? ¿De qué forma recurro a ellos? ¿En qué medida están vinculados con mi pasado? Son preguntas que debo responder a tenor de esta lectura.

Arrabal define la imaginación como “el arte de combinar recuerdos”. Es decir, interpreto este punto como la capacidad de colocar de forma adecuada y atractiva tanto esas vivencias pasadas, esas experiencias, junto a las influencias de la formación (lecturas, exposiciones visitadas, reflexiones, puestas en escena…). Sin embargo, esto deja de lado, o parece hacerlo, a esa otra señora que visitaba a Pirandello: la fantasía. Creo que esta otra dama debe ser tenida en cuenta ya que es fundamental, a mi parecer, que el autor tenga estas visitas ya que un creador que no se imbuye en la fantasía sólo obtendrá una creación terrenal y en muchos momentos vacua. Esto no implica que el vacío no se adueñe de la fantasía pero al menos ésta lo disfraza mejor. Además considero que la imaginación es algo que debe ser constantemente alimentado y que tiene ciertos límites que la fantasía no tiene. En mi imaginario la imaginación, valga la redundancia, es una combinación entre ese arte de combinar recuerdos y lo fantástico que le otorga una infinitud propia de cualquier ansia imperialista.

Al margen de los inputs creativos que puedo atrapar de las palabras del escritor melillense también es interesante la forma en que él valora la percepción que se tiene de su teatro. Lo tildan de provocador y escandaloso cuando para él no es nada más que la traslación textual de su imaginario y su pasado. No busca ser un provocador ni alguien perseguido simplemente expone su mundo interior. Este mundo no sólo se crea por la inspiración sino también por su moral, por su forma de entender el bien y el mal. En cierta medida, Arrabal se siente incomprendido aunque su teatro se edite o represente con facilidad.

Por último, comentar su reflexión final “Mi teatro es reflejo de las peripecias del minúsculo grupo que me rodea y de la historia de la Humanidad” nos remonta a los escritores de tertulia y, en definitiva, a lo que Stanley Fish denomina comunidad interpretativa. Esto es algo que queda muy de soslayo en el prefacio arrabaliano pero que a mí me interesa especialmente ya que todo escritor, y especialmente el escritor de teatro, debe ser un ser social y rodearse de colegas con los que compartir materiales, ideas, vinos y experiencias que enriquezcan su pasado y su imaginación.

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