En torno a un oficio sin importancia

En Un oficio sin importancia Francisco Nieva reflexiona sobre lo que a él le lleva a escribir. Defiende que el corpus literario es ya demasiado extenso por lo que no pretende añadir otro volumen a la gran cantidad de libros existente, sino que su impulso se centra en el gusto y la necesidad. Por tanto, no escribe para llenar páginas en la historia de la literatura debido a que el escritor ha perdido su función pública y simplemente realiza muestras extemporáneas de subjetividad literaria. Sin embargo, el poeta sólo busca ahondar en su alma, cada poema es para él un paso más en su autoconocimiento y es a eso a lo que aspira, a la humildad del poeta que aspira a ser descubierto por casualidad. Por último, señala que para que pudiéramos devolver a la escritura la trascendentalidad que ha tenido en otras épocas de la historia humana debería producirse un cambio en la sociedad que recibe esos textos, debería ser más culta, más exigente, con otro paladar y que a su vez también se operara un cambio en el escritor que no se pensara tal sino que se comportara con la humildad del poeta. Por tanto, podemos decir que su conclusión final se puede resumir en la popular frase “corren malos tiempos para la lírica”.

Muchas veces resulta complejo para el joven escritor detenerse a reflexionar en cual es su impulso en la escritura. Es algo que no suele preguntarse, simplemente lo hace sin más, tal vez con ego trascendental, tal vez por expulsar sus demonios o incluso por el mero aburrimiento. Es más propio del escritor maduro hacerse esta pregunta y es una buena elección para el joven leer las notas de los que le preceden con afán de desentrañar lo que le sugieren. En el caso de Nieva debo señalar tres puntos fundamentales que debe tener el escritor: Humildad y tesón. La humildad para no convivir con su propia alma torturada porque no se le reconoce como se debería. Esto se debe en gran medida al público que, aburguesado en lo literario, no desea que se le planteen cuestiones que le exijan grandes esfuerzos. La sociedad actual ha reducido su edad como los personajes de Cuatro corazones sin freno y marcha atrás y esto es algo difícil de entender para un escritor que sueña con un público inteligente. Por ello Nieva nos señala “para otorgarle mayor trascendencia al hecho de escribir, fuera mejor que existiera gente más culta que leyera menos”, a pesar de la contradicción interpreto esta frase como que esa gente culta leería menos porque al tener una perspectiva crítica obviamente rechazaría todo aquello que no tuviera calidad, que no tuviera trascendentalidad, es decir se alejaría del panfleto que nos sirven los editores bajo las firmas de Ken Follet y Dan Brown, entre otros. El tesón  va ligado a esta humildad, porque ya advierte el autor que el público lector no va a venir a loarnos nada y que sólo se debe aspirar a ser descubierto por un lector exquisito quien con nocturnidad y alevosía disfruta de nuestra lectura casi por un azar misterioso. Por tanto, si desistimos en nuestra voluntad de escritura puede que nunca seamos descubiertos y nunca obtengamos el verdadero placer del escritor al que Nieva liga con la vocación del poeta.

Llegados a este punto debemos plantearnos algunas preguntas a tenor de lo dicho por Nieva: ¿Existen autores sin voluntad de trascendencia? ¿Es real el desinterés del poeta por su proyección temporal? Comparto con el autor la necesidad de desarrollar humildad y tesón, humildad para evitar que la caída ante el fracaso sea enorme y tesón porque al final la escritura, como cualquier otro oficio, comporta una elevada cantidad de tiempo. Pero a pesar de ello no considero que haya que extirpar la voluntad de trascendencia ni mucho menos que el poeta sea un alma despreocupada de su obra. Parece que Nieva tiene una imagen muy ingenua del poeta o que los poetas que yo he conocido no se ajustan a los descritos por el escritor manchego. De hecho, si no existe voluntad de triunfo es muy difícil triunfar, es decir, para que alguien sea escritor debe tomar conciencia de ser escritor, aunque esto parezca algo redundante no lo es. No considero escritor a alguien que escribe en un diario sus vivencias o el que escribe cuartillas para almacenarlas en su cajón, el escritor tiene siempre algo de exhibicionista, necesita mostrar, compartir y, por tanto, trascender. Todo escritor tiene un componente de ego, más o menos elevado según el caso, pero que debe ser regulado, eso sí, con la humildad propugnada con Nieva pero sólo porque no debe olvidar aquella frase popular: Mientras más alto es el palo, más alta será la caída.

Javier Sahuquillo

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