BEBIENDO EN CALAVERAS con Fernando Arrabal

Fernando Arrabal nos invita en Bebiendo en calaveras (Prefacio a su Teatro completo) a una comunión exegética con su teatro. Nos apunta, a modo de poética, la liturgia creadora a la que va encaminada la transubstanciación teatral. Y al éxtasis, que no a la catarsis. El teatro de Arrabal es pura bacanal, lo cual, en cierto sentido, suena redundante.

Un ritual nada proselitista siempre y cuando nos desposeamos de nuestros tabúes culturales.

Horada con la pluma en su pecho, como el pelícano hace con su pico, para amamantarnos con palabras llenas de veneno. Porque ponen patas arriba nuestra acomodada conciencia y nuestra obnubilada consciencia. ¡Qué provocación!

Arrabal no es un Hércules que cambie de pellejo, ni siquiera se lo propone. Ni tiene inconveniente en desnudarse, a pelo, sin metáforas. Su arte no es de provocación, sino de invitación a la ruptura de un orden simbólico castrante.

Es un filosófago, un neurorrebelde, un cienciálgico… un amante enloquecido, un inspirado. “Pero no sólo de inspiración vive el… autor”. Ahondar en lo intelectual, en lo artístico, en lo instintivo, debe generar un tipo de espectáculo nuevo, de  alcance imponderable; “For me, formidable”.

De modo que la propia obra de arte (teatral) sirve como resorte para invertir el mecanismo y convertir al dramaturgo en su propia creación.

¡Pon otra ronda, maestro!

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