El ADN Arrabaliense

“Cuando escribo mi cuerpo planea como la gaviota que se eleva con la brisa y tiembla de gusto… ¡o de susto!” así comienza arrabal en su prefacio al Teatro completo, y al leer sus obras, precisamente, el gusto y el susto se entremezclan sobrecogiendo al lector, necesitando después de nuevas lecturas para así encontrar los significados que se nos quedaron entre líneas. Si consideramos al Teatro Completo de Arrabal como su propio hogar, allí donde reside su alma, su esencia, sus propias experiencias en la vida, sus miedos, sus anhelos, sus fracasos y triunfos, el prefacio del mismo autor es como la alfombra de Bienvenida que muchos hogares tienen antes de entrar a sus dependencias. Arrabal planea como una gaviota, otros autores se sienten caballos desbocados y libres frente a una pradera verde por explorar; otros, peces arrojados al mar sin muros de cristal que impidan su nado. La gaviota, al igual que el caballo o el pez simbolizan la libertad, el libre albedrio del autor a la hora de jugar con las palabras. Volar, correr y nadar, no sólo representan la libertad sino que son acciones, puro movimiento físico, aunque la acción de escribir conlleva más un movimiento psíquico que físico, sin olvidar que, antes de poner las letras sobre el papel, hemos tenido que vivir lo que queremos contar, o por lo menos (valga la redundancia) nos lo han tenido que contar. Todos los autores han y seguirán “bebiendo en calaveras”, porque el teatro a pesar de estar vivo (porque son actores y actrices vivos los que representan las funciones) muere cuando cae el telón. El teatro es vida y muerte en la misma medida que lo es el hombre. El teatro es muerte porque el dramaturgo escribe sobre cenizas, o mejor dicho, con las cenizas de nuestras emociones y recuerdos ¿qué es el teatro sino un cruel pero bonito reflejo de la realidad que nos rodea? Y cuando digo realidad me refiero tanto a lo que se ve como a lo que no se ve, a lo que existe y a lo que no, a lo que fue y a lo que está por llegar. El prefacio arrabalino es una especie de excusez-moi al lector, es como el prospecto de un medicamento donde aparece su composición, indicaciones, contraindicaciones y precauciones. El prefacio se convierte en el prospecto del viaje iniciático a través de sus obras “Mi teatro es el reflejo de las peripecias del minúsculo grupo que me rodea y de la historia de la Humanidad. Sólo puedo beber en calaveras. Pero cada vez que comienzo una obra retorno a la tierra virgen y al momento prodigioso de la primera vez” quizás, lo que magnifica el teatro de Arrabal, es la capacidad que tiene de escribir sus obras como si fuera la primera vez que alzara el vuelo sobre el papel. Arrabal es un esclavo más de la realidad que nos ha tocado vivir, pero escribir le hace sentirse libre.

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