Una historia de despedida

“Recuerdo aquel día en la playa. El único día que estuvimos juntos frente al mar.
Estabas preciosa. Tú, yo y tu nuevo bikini a rayas.
No podía dejar de mirarte.
Mi mirada te causaba risa.
Tu belleza me causaba admiración. Te echo de menos. Necesito verte. Necesito olerte”.

No te veo. No consigo verte. Cierro los ojos. Los cierro fuerte e intento concentrarme.
La concentración no sirve de nada. Ya nada huele a ti. Ni siquiera tus cosas.

Recuerdo aquel día que estuvimos en la playa. Nunca más volvimos.
Eras feliz. Tú, yo y tu bonita piel bronceada.
Te gustaba mirarme. Me hacías reír. Eres precioso. Necesito escuchar tu voz. Necesito olerte.

Imagino que me hablas:

“Sonríe. Sonríete a ti misma. Necesitas hacerlo. Necesitas dejarlo pasar”.

Imagino que lo consigo.

Lo he conseguido. Todavía hay algo que huele a ti. Es una vieja camiseta que utilizabas para dormir. Nadie la ha lavado. No dejaré que nadie lo haga.

“Deseo que no mueras nunca. Quiero que siempre estés vivita y a mi lado”.

Quizás yo debería haber pedido el mismo deseo.
Nunca lo pensé. Nunca imaginé nada de esto.
Deseo que no mueras nunca.

No puedo dormir. No puedo hacerlo. Quiero hacerlo. Deseo hacerlo.
Necesito soñar contigo.
Es lo más real a lo que puedo aspirar.
Tú me hacías dormir. Me tranquilizabas. Tu tacto era como un somnífero para mí.
Nada me excita y me calma más.

“Cuando sea viejo seré insoportable. Tú me aguantarás.
No tendrás otro remedio. Seguirás enamorada de mí”.

Ya eras insoportable de joven y te aguantaba. Quizás ya estaba enamorada de ti.
Me gusta tu sonrisa. Tus ojos.
Tu olor.
Detesto tus quejas y tu impaciencia. No sabes esperar.
Recuerdo el día de tu cumpleaños. Fue imposible que no descubrieras tu fiesta.
Te gustan las sorpresas, pero eres incapaz de esperarlas.

“¿Quieres casarte conmigo?. Claro. Vale, lo tendré en cuenta”.

Deseaba que una, de todas esas veces que me lo preguntaste, fuese verdad.
Quizás todas lo fueron.
Me hubiese gustado que una de ellas lo fuese.

Tus cosas siguen en casa.
No quiero que nadie las toque.
No quiero que nadie las vea.
Son tuyas. Son mías.

No quiero seguir durmiendo. Este sueño no me gusta.
Ojalá suene el despertador y sea hora de levantarse, entonces tú lo apagues y sigamos en la cama unos minutos más.

Deseo que no haga frío. Deseo que estés aquí.
Deseo que acabe el día. Deseo que estés aquí.
Deseo sentirme viva. Deseo que estés aquí.
Deseo tener un hijo. No puedo hacerlo si no estás aquí.

“¿Crees que algún día tendremos hijos?.
¿Crees que sería un buen padre?”.
Creo que serías un padre estupendo. ¿Te gustaría tener hijos?
“No lo sé. No sé si llegará el momento en el que lo desee. ¿Tú quieres?”.
No lo sé”.

Tarde, demasiado tarde. Soledad. Ya nunca sabré lo que es. Se esfumó. Tu primera respuesta debería haber sido que no.

Mi madre te odia. Yo te odio.
Mi madre cree que sólo me has causado dolor. Yo te odio.
Mi madre quiere que te olvide. Yo te odio.
Mi madre quiere que me deshaga de tus cosas. Yo te odio.
Mi madre quiere que yo te odie. Yo te odio por no estar.

“Algún día tendremos nuestra propia casa. Será grande. Luminosa. Silenciosa. Viviremos tú, yo y uno de esos gatos sin pelo”.

No puedo creerlo. No quiero hacerlo. Estás aquí. En cualquier momento abrirás esa puerta y asomarás tu cabecita.
Me sonreirás. Yo me levantaré y me acercaré a abrazarte.
Fuerte. Fuerte. Muy fuerte.
Te oleré. Te oleré profundamente. Tan fuerte que esa esencia me dure para cuando no estés.
Me besarás. Te besaré.

Hoy ha llamado tu padre. Quería saber cómo estoy. Por un momento me olvidé de que ya no estabas y pensé que llamaba para hablar contigo. Le dije que bien. Le mentí, pero eso ya lo sabe.
Puede que quiera llevarse algo tuyo. No se lo reprocho, pero no quiero que nadie toque tus cosas.

Anoche estuve leyendo nuestras cartas. La primera, la última.
No necesito esforzarme para oírte decir todas esas palabras.
La primera, la última. La última.

Estoy pensando en ello.
No quiero un sermón.
No quiero que lo impidas.
Es mi elección.

“Deja de pensar estupideces. Eres maravillosa. Superarás esto. Necesito que estés bien. Necesito que seas fuerte”.

No quiero estar bien. No quiero superarlo. No quiero ser fuerte. Sólo quiero desaparecer. Sólo quiero desaparecer.
No te estoy pidiendo consejo. No lo quiero. No lo necesito.
Deberías haberme esperado.

Ojalá pudiese cambiar tu destino. Ojalá pudiese cambiar el mío.
Yo lo elijo. Yo lo decido.

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