LLEGAR EN TRES MINUTOS (versión final)

 I

 

Nací gordo, eso es un hecho. Y jamás he dejado de serlo. Me gusta comer y mi constitución es así. Mi infancia estuvo negativamente marcada por este hecho, especialmente cuando llegaba la hora de ponerse el chándal y lidiar con los balones medicinales, las colchonetas y las espalderas.

Nací técnico nuclear y no atleta, eso es otro hecho. Siempre escondí mis fantasmas interiores en mis excelentes resultados académicos, los disfracé con un antifaz de sobresalientes en el instituto y de matrículas de honor universitarias. Cara a los demás y frente a mí mismo.

Quizá sea verdad que soy el mejor técnico nuclear, más bien el único con cierta capacidad en toda esta pequeña localidad. Una localidad, como yo, al servicio de algo que nunca nos ha apasionado: una central nuclear. Pero que no nos ha quedado más remedio que aceptar.

Quizá sea verdad que uno debe luchar por sus sueños y que con el trabajo duro diario nada, absolutamente nada, es imposible. Que una persona como yo, si se lo propone, puede llegar a volar como Carl Lewis.

Todo mentira.

Nunca me acercaré al nivel de un buen atleta profesional.

Moriré con las ganas de igualar los registros de cualquier chaval de dieciséis años que entrene tres días por semana de forma seria.

En toda mi vida superaré el ritmo de carrera de mi vecino Paco, que tiene cincuenta y ocho años y una barba más larga que la pista de atletismo.

Sin embargo, mi pasión es correr y no quiero dejar de hacerlo nunca. Es cierto que uno jamás se acostumbra a ver pasar como si de cohetes se tratase a chavales que apenas levantan dos palmos del suelo, o a personas de muchas más edad que uno mismo. Pero yo persigo una meta.

Una meta que me quita el sueño desde hace tiempo: dar una vuelta completa a la pista en tres minutos. Sé que es una tontería y que cualquiera lo puede hacer en menos de dos, pero es mi tontería personal, la que nadie conoce, y la que tantos esfuerzos y quebraderos de cabeza me provoca.

Conseguirlo significaría la gloria, el final de mis complejos, mi victoria personal ante el mundo. Un mundo creado por mí mismo si se quiere, pero al fin y al cabo, mi mundo. Y como todos, quiero salir victorioso de mi choque contra él. No quiero morir sin conseguirlo. Ya soy mayor para esto. No aguanto tantos sacrificios. Me he preparado como nunca. Este será mi último intento.

II

Frente a Ella …

¿Por qué no te gusto? … La pista no responde.

¿Por qué eres tan larga? … La pista no responde.

¿Por qué no te conquisto? … La pista no responde.

¿Por qué me fascinas? … La pista no responde.

¿Por qué te escapas? … La pista no responde.

¿Por qué te amo? … La pista no responde.

¿Por qué insisto? … La pista no responde.

¿Por qué no llego? … La pista no responde.

¿Por qué eres tan dura? … La pista no responde.

¿Por qué no respondes? … La pista no responde.

¿Por qué me humillas? … La pista no responde.

¿Por qué no me quieres? … La pista no responde.

Tu silencio me tortura …

III

La pista ante mis ojos 

Fuente de mi obsesión

Y también de mis enojos

Mi verdadera pulsión

Mis falsos antojos

Se esconden en la pista

Bella y larga pista …

¡Que mi voluntad resista! 

 

Cuerpo en movimiento

Músculos activados

Valeroso atrevimiento

 De quien nunca lo ha logrado

En el rostro el sufrimiento

De quien se enfrenta a la pista

 

Bella y la larga pista … 

¡Que mi deseo persista!

Negativo resultado 

A cinco segundos de mi gloria

Mi deseo frustrado

Otra vuelta de noria

De nuevo derrotado

En mi lucha con la pista

 

Bella y larga pista …

¡Que mi esperanza no desista!

 

Mi esperanza fallecida

Mi voluntad muerta

Mi frustración escondida

Otra vuelta de tuerca

De mis ilusiones suicidas

Enterradas en la pista

 

Bella y larga pista …

¡Crueldad fascista!

IV

Frente al espejo:

¡Desamor! … atado a un cojín.

¡Desamor! … pegado a una máquina.

¡Desamor! … encarcelado.

¡Desamor! … tragando sin cesar.

¡Desamor! … humillándome a mí mismo.

¡Desamor! … aumentando mi carga.

¡Desamor! … oscuro.

¡Desamor! … implacable.

¡Desamor! … solo.

¡Desamor! … sin ella.

¡Desamor! … sin nada.

¡Desamor! … sin remedio.

Mi tortura te silencia …

V

            Llamada urgente. Escucho la voz del interlocutor gritando:

¡Fusión de núcleo!

¡Fusión de núcleo!

Me olvido de mi depresión, la misma que ha provocado mi baja laboral y que resulta inconcebible para el noventa y nueve por ciento de mis compañeros. No comprenden que un fracaso personal como el mío pueda ser detonante de algo así. Lo consideran una tontería.

¡Fusión de núcleo!

¡Fusión de núcleo!

“Salgo enseguida”, respondo sin pensar.

¡Diez minutos para fusión del núcleo!

El coche tarda en arrancar. ¡Maldito frío invernal! Por fin lo consigo. El silencio de la soledad únicamente roto por el sonido del motor. Avanzo nervioso, buscando el equilibrio entre obtener la máxima velocidad y evitar un accidente. No por las consecuencias que pudiera tener para mi integridad física o la de otros conductores, sino porque eso me impediría llegar a tiempo.

¡Atasco!

Suena el claxon … Nadie se mueve.

Suena el claxon … Nadie se mueve.

Suena el claxon …

Estoy a cuatrocientos metros del epicentro de la potencial catástrofe. Desesperado, salgo del vehículo y empiezo a correr con todas mis fuerzas. Suena el teléfono.

“Ya voy, estoy casi al lado”, digo.

“¡Por favor date prisa. Tres minutos para fusión de núcleo!”

Las piernas se mueven con fatiga. El asfalto parece barro. Jamás corrí con tanto deseo. Pero nací gordo … Cada kilo pesa como si fueran cinco. Veo la central pero no la alcanzó. Mi tranquilo paseo de tantas mañanas se ha convertido en una carrera hacia la nada …

La carrera de mi vida …

La nada …

“Fallo en el sistema de seguridad, núcleo fundido, el combustible radioactivo se hace líquido, calor, uranio, plutonio, aumento vertiginoso de temperatura, ¡expulsión al exterior!, agua …, ¡explosión de vapor!”, no dejo de repetir en mi cabeza mientras muevo mis piernas por inercia. “Malditos incompetentes, nadie es capaz de pararlo”

“El refrigerante ha perdido su eficacia”

“El combustible empieza a derretirse”

“El material fundido atraviesa las protecciones”

Estoy aturdido.

Estoy al lado. Casi en la puerta.

¡Explosión!  …

Silencio.

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