La venerable (versión 2.0)

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EXORDIUM

EL MUCHACHO.- Siempre se han contado historias en mi casa. Siempre me gustó escucharlas. Mi tía abuela me sentaba en aquella salita y señalaba uno de los cuadros que colgaban de las paredes empapeladas. Una cabaña, un lago, un bosque. Colores azulverdosos y su voz rasgada por el tiempo transformaban el tosco óleo en una invocación de Cthulhu. Después llegaron las historias de las abuelas, todas eran de un mismo color, que teñía sus palabras en la dirección de Una grande y libre. Santificación de un régimen, demonización de otro: las dos Españas, una sobre la otra. Hasta que te da por leer y leer, y coges esa fea manía enemiga de cualquier totalitarismo. Por los libros se destruyen las familias tradicionales. Y comienzan las preguntas y no encuentras respuesta. Páginas, páginas, páginas… nadie se pone de acuerdo, rojos y azules campean por tus cuadernos de notas. Comienza el viaje por esa gruta oscura e incómoda a la que llaman conocimiento y tú único equipaje es una memoria sesgada. Una maleta que no es tuya si no que has heredado y cuando ves que esa ropa ya te queda pequeña y tienes ganas de mirar a los ojos a la Historia y preguntarle, entre dientes, claro, ¿quién eres?

NARRATIO

Frío.

El exceso encarnado en la arquitectura,  la pretendida suntuosidad de lo enorme y lo vacío. Parece que el único habitante del espacio leviatánico es el blanco que puebla todos los rincones. El color quiso dotarlo de alma y, sin embargo, las voces resuenan con un eco deformado en la inmensidad de la nada blanquecina. Una columna, dos columnas, tres columnas, decenas, cientos, miles nacen de la tierra elevándose hasta perderse en la bóveda indistinguible. Recuerdan a secuoyas centenarias pero la evocación de la vida deviene en muerte cuando acaricias el frío tronco pétreo que transmite el hálito de la parca.

Frío.

Busco una salida pero la construcción se repite una y otra vez hasta que pierdo los puntos cardinales y entonces sólo soy capaz de distinguir una secuencia de pilares una detrás de otra, a derecha, a izquierda y miras hacia arriba y no encuentro consuelo. Miro abajo y todo reluce tanto que me devuelve el reflejo de la angustia vertical.

Frío.

Grito y mi voz viaja hasta convertirse en una deformidad irreconocible. No recuerdo cual fue la primera hilera de guerreros blancos que crucé, olvido mi primera impresión reverencial hacia este santuario que parece impartir una justicia nórdica.

Frío.

Las piernas flaquean y necesito sentarme, el viaje es largo, tengo que reposar para encontrar una puerta, para recuperar el norte, para volver la entrada o a dar con una salida, ya da igual una cosa que otra, sólo quiero ver el final, una de las paredes, sentir algo que indique un se acabó. Entonces… no hay sillas, ni bancos, sólo hostiles columnas y suelo mortuorio.

Frío.

¿Dónde está la señora de ojos vendados qué sostiene la balanza? La lex romana ha sido extirpada de ese laberinto sin recovecos, sin vericuetos, solo está compuesto de horizontales y verticales, horizontales y verticales… horizontales y verticales… es un laberinto sin secretos y a su vez el más efectivo de todos ellos porque soy incapaz de encontrar la salida… Siento la mirada de los cuervos desde las alturas pero todo es tan blanco… tan blanco que no puedo verlos… solo veo el brillo mate del marfil de mis huesos.

Frío.

CONFIRMATIO

Yo soy la VENERABLE, la que tú has invocado, no me busques entre las columnas, puesto que me hallo a la altura del firmamento. ¿Por qué ahora indagas en mi nombre? Tú que me olvidaste en el pasado y que nunca me pensaste en el futuro llegas ahora reclamando escuchar mi voz, ver mi rostro…

Yo soy la VENERABLE, la tricolor.

Yo soy la VENERABLE, por la que no pasa el tiempo.

Yo soy la VENERABLE, señora y puta, puta y señora.

Yo soy la VENERABLE, visto toga y me cubro con gorro frigio.

Yo soy la VENERABLE, la que fue adorada por unos y odiada por otros.

Yo soy la VENERABLE, la que tiene su origen en los griegos y fue herida de muerte por los españoles.

Yo soy la VENERABLE, la sin bandera, sin patria, para algunos idea, para otros realidad.

Yo soy la VENERABLE, en mi nombre se han teñido países enteros de rojo.

Yo soy la VENERABLE, me han retratado en cuadros, sellos, monedas.

Yo soy la VENERABLE, la que duerme en un trono de marfil.

Yo soy la VENERABLE, amante, madre y suegra.

Yo soy la VENERABLE, la que tú rechazaste.

Yo soy la VENERABLE, a mí me buscas.

Te encuentro en un trono, sentada, como una antigua reina, yo pensé que tú no entendías de realengo y sin embargo el marfil sostiene mi sueño. ¿Cuántos elefantes han fallecido para que tú puedas tener dignidad aúlica? Inicio un viaje cargado de esperanza y resulta que contra mi cara golpean los mismos símbolos que esgrimieron Merovingios, Carolingios, Capetos y Plantagenets. Me recibes como a los indignos, tú sobre mí, inalcanzable. Sólo puedo verte a través de este cristal bohemio que descansa sobre los capiteles de columnas heladas. Soy hormiga bajo tus pies, siento que en cualquier momento me aplastarás como a un insecto. Te invoco para aprender, te invoco para conocer, te invoco para amar pero tú me sometes a la humillación de un traidor. Pareces una reina gala que semidesnuda se presenta al último descendiente de los Julios.

Me inspiras la lástima y la repulsa que sólo puede provocar la mediocridad, ¿cómo te atreves tan siquiera a mirar mis pezuñas? Dices que vienes buscando el saber pero ni tan siquiera la locura a la que te ha sometido el viaje ha logrado extirpar un ápice de tu soberbia. Eres un legislador sin tribunal. En mi inmortalidad he visto desfilar ante mí toda clase de peleles pero sin duda tú eres de la peor clase. Aun así tienes algo de Prometeo hijo de hombres, pero no hay divinidad ni en tu palabra ni en tu gesto. Ni tan siquiera tienes pose porque el desgarbo se adueña de ti, ni tan sólo ostentas el decoro de la desnudez. Cubres tu cuerpo amorfo con unas telas descombinadas que no representan bandera alguna a pesar de la aleatoriedad de los colores. Vienes para hacer preguntas y sólo proporcionas respuestas. Usa los signos de interrogación. Te ordeno, te conmino, te obligo y te someto a usar la interrogación. Sólo la pregunta te permitirá huir del destino que te mereces. Eres una hormiga más ante el inexorable destino, un legislador sin tribunal. Mi meñique bastaría para aplastarte, para devolverte a ese amasijo cárnico que fuiste en tu alumbramiento. En tus manos está la redención o la condenación. ¿Qué eliges?

¿Quién eres?

I N T E R L U D I O P R I M E R O

OLIVARES.- Richelieu.

RICHELIEU.- Olivares.

OLIVARES.- Viva el absolutismo.

RICHELIEU.- Viva el autoritarismo.

OLIVARES.- absolutismo.

RICHELIEU.-  Autoritarismo.

OLIVARES.- Designio divino.

RICHELIEU.- Primus inter pares.

OLIVARES.- Aboslutismo.

RICHELIEU.- Autoritarismo.

OLIVARES.- Borbón.

RICHELIEU.- Habsburgo.

OLIVARES.- Centralismo.

RICHELIEU.-  Federalismo.

OLIVARES.- Absolutismo.

RICHELIEU.-  Autoritarismo.

OLIVARES.- Uninacional.

RICHELIEU.- Plurinacional.

OLIVARES.- Absolutismo.

RICHELIEU.- Autoritarismo.

REFUTATIO

Los griegos dicen que mi nombre se ha perdido en la noche de los tiempos. Me he deformado como si fuera el hijo repudiado de una noble espartana, ya no soy lo que era, la mutación darwiniana ha anidado en mí y ahora ves la sombra de aquella que sacaron de la caverna. Sólo el marfil parece mantener el realengo de la regicida. Mi gloria fue romana y mi llanto también fue lacial. No soy más que un producto de la desmemoria. El material del que estoy compuesta es de los recuerdos y por eso me ves difuminada. Mis piernas fueron forjadas con el odio militar y católico y mis brazos con los sueños anarquistas y socialistas. Mi cabeza es la imagen que esculpió el emperador del paralelo y el trenzado que anhelas acariciar fue obra de un escritor que practicaba el naturalismo. No vengo a pronunciar un discurso de polémica; vengo a dar una información. Se ha dicho, lo ha dicho el más ilustre y más desdichado de los poetas, que la pluma es la lengua del alma; yo me atrevería, si no pareciera irreverencia, a decir de mi parte que el silencio es una manera de expresar las intenciones. Tal vez interpretas este largo silencio mío de una manera contraria a mis intenciones. En mí anida el deseo de ser buscada, yo no marcho al encuentro de los hombres, ya no… Vienes buscando un absoluto kantiano y deberías aprender más de la física hebrea. El blanco es el más puro de los colores y el que se mancha con más facilidad.

S E G U N D O I N T E R L U D I O

CÁNOVAS.- Sagasta.

SAGASTA.- Cánovas.

CÁNOVAS.- Viva la Restauración.

SAGASTA.- Viva la alternancia bipartidista.

CÁNOVAS.- ¡Liberal!

SAGASTA.- ¡Conservador!

CÁNOVAS.- ¿Sufragio universal?

SAGASTA.- Encasillado.

CÁNOVAS.- ¡Viva la Restauración!

SAGASTA.- ¡Viva la alternancia bipartidista!

CÁNOVAS.- Barbudo.

SAGASTA.- Mostachudo.

CÁNOVAS.- Socialista.

SAGASTA.- Republicano.

CÁNOVAS.- Dogo.

SAGASTA.- San Bernardo.

CÁNOVAS.- ¡¡Viva la Restauración!!

SAGASTA.- ¡¡Viva la alternancia bipartidista!!

CÁNOVAS.- Guau.

SAGASTA.- Guau.

PERORATIO

EL MUNDO.- Has vuelto de tu viaje. Cuéntanos, ¿qué has aprendido?

EL MUCHACHO.- Si habéis de ingresar en una disciplina rutinaria y atávica, de jerarquías y de pontífices, de adhesión incondicional y de respeto sin límites; si venís a continuar la obra del pasado… jóvenes, plegad la roja bandera, dejad vírgenes las cuartillas, poneos los manguitos y volved al escritorio, vestíos la blusa y volved al mostrador, coged los libros y volved a la escuela donde se fabrican hombres de provecho sobre los textos de la tradición. Pero si de verdad se ha encendido en vuestro corazón el fuego de la santa rebeldía, andad, seguid. Seguid adelante sin parar, hasta que caigáis reventados en el camino o hasta que os salgan las barbas malditas de los hombres, donde hizo presa Dalila para rendir la fortaleza humana. Rebelaos contra todo: no hay nada o casi nada bueno. Rebelaos contra todos: no hay nadie o casi nadie justo. Si os sale al camino un mozo y os dice: jóvenes, respetad a los viejos, decidle: mozo, entierra a tus muertos donde no les profanen los vivos. Si os apostrofan los genios alarmados de vuestra irrupción impetuosa y resonante, contestadles: somos la nueva vida. Adán nace otra vez. Llevad con vosotros un bolsillo de respetos y un costal de faltas de respeto. El respeto inmoderado crea en el alma gérmenes de servidumbre. Sed arrogantes como si no hubiera en el mundo nadie ni nada más fuerte que vosotros. No lo hay. La semilla más menuda prende en la grieta del granito, echa raíces, crece, hiende la peña, rasga la montaña, derrumba el castillo secular… triunfa. Sed imprudentes, como si estuvieseis por encima del Destino y de la Fatalidad. Sed osados y valerosos, como si tuvieseis atadas a vuestros pies la Victoria y la Muerte. Sois la vida que se renueva. La naturaleza que triunfa. El pensamiento que ilumina, la voluntad que crea, el amor eterno…
Luchad hermosa legión de rebeldes, por los santos destinos, por los nobles destinos de una gran raza, de un gran pueblo que perece, de una gran patria que se hunde.
Levantadles para que se incorporen a la Humanidad, de la que están proscriptos hace cuatrocientos años. Jóvenes bárbaros de hoy, entrad a saco en la civilización decadente y miserable de este país sin ventura, destruid sus templos, acabad con sus dioses, alzad el velo de las novicias y elevadlas a la categoría de madres para virilizar la especie, penetrad en los registros de la propiedad y haced hogueras con sus papeles para que el fuego purifique la infame organización social, entrad en los hogares humildes y levantad legiones de proletarios, para que el mundo tiemble ante sus jueces despiertos.
Hay que hacerlo todo nuevo, con los sillares empolvados, con las vigas humeantes de los viejos edificios derrumbados, pero antes necesitamos la catapulta que abata los muros y el rodillo que nivele los solares. Descubrid el nuevo mundo moral y navegad en su demanda, con todos vuestros bríos juveniles, con todas vuestras audacias apocalípticas. Seguid, seguid… No os detengáis ni ante los sepulcros ni ante los altares. No hay nada sagrado en la tierra, más que la tierra y vosotros que la fecundaréis con vuestra ciencia, con vuestro trabajo, con vuestros amores. La Humanidad tiene una humilde representación en este extremo de Europa, tenido como un puente para pasar a África. Es la vieja patria ibera, la madre España, que baña sus pies en dos mares y ciñe en su frente la diadema de los Pirineos. Ni el pueblo, cuarenta millones de personas, ni la tierra, 500.000 kilómetros cuadrados, están civilizados. El pueblo es esclavo de la iglesia: vive triste, ignorante, hambriento, resignado, cobarde, embrutecido por el dogma y encadenado por el temor al infierno. Hay que destruir la iglesia. La tierra es áspera, esquiva, difícil: necesita que el arado la viole con dolor, metiéndole la reja hasta las entrañas: que el pico rasgue los altozanos y la pala iguale los desniveles y el palustre levante las márgenes por donde han de correr, sangrados, los torrentes de agua que hoy se derraman estériles en ambos mares; necesita Colones que penetren en su alma y descubran sus tesoros, colonos que la cultiven con amor como los viejos árabes, caballeros del terruño que de nuevo con ella se desposen y auxiliados de la ciencia la fuercen a ser madre próvida de treinta millones de habitantes y la permitan por su exportación enviar aguinaldos de su rica despensa, a otros 300 millones de seres que hablan en el mundo nuestro idioma. “Escuela y despensa” decía el más grande patriota español, don Joaquín Costa. Para crear la escuela hay que derribar la Iglesia o siquiera cerrarla, o por lo menos reducirla a condiciones de inferioridad. Para llenar la despensa hay que crear el trabajador y organizar el trabajo. A toda esa obra gigante se oponen la tradición, la rutina, los derechos creados, los intereses conservadores, el caciquismo, el clericalismo, la mano muerta, el centralismo la estúpida contextura de partidos y programas concebidos por cerebros vaciados en los troqueles que fabricaran el dogma religioso y el despotismo político. Muchachos, haced saltar todo eso como podáis: como en Francia o como en Rusia. Cread ambiente de abnegación. Difundid el contagio del heroísmo. Luchad, matad, morid… Y si los que vengan detrás no organizan una sociedad más justa y unos poderes más honrados, la culpa no será suya sino vuestra.
Vuestra, porque en la hora de hacer habréis sido cobardes o piadosos.

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