ZAHARA


ZAHARA

Playa de Zahara de los Atunes, en la provincia de Cádiz.
Primavera.
Una noche.

Personajes:
MUCHACHO
MARINERO
CORO

I Frío y tierra en los ojos

No hay nubes. Luz de luna.
Aparece el MARINERO. Toque por tientos.

MARINERO. (Tientos del Mellizo.)
Estaba la noche oscura,
y con la luz de los luceros
está temblando la playa
en las arrugas del viento.

De Cádiz vengo a Zahara
cantando a cada pasito,
mi nombre, si yo quisiera,
lo hubiera traído conmigo.

La luna está por el agua,
qué noche más larga tengo
cerraíta entre las manos
y no se me viene el sueño.

Luna fresca de mi frente,
te digo, ¡ay Virgen del Carmen!,
qué blanca yo la pintara
por los oscuros pinares.

Yo soy un marinero pobre de Zahara.
¡Qué faena tan dura encima de las olas! Mis manos, como una piedra de sal, se dejan caer, por fin, sobre la arena de mi playa. Quisiera construir un rascacielos enorme solo de arena, en la orilla.
Esta luna se volvería una piedra también, y las algas se parecerían a nosotros. No volveré a mi casa
hasta que sea de día; me quedaré hasta entonces. ¡Si yo lo que quiero es llenarme de arena!

MARINERO y CORO.
Estaba la noche oscura
y el marinero pisaba
después de trescientos días
la arenita de su playa.

MARINERO. ¡Qué me importarán los días! ¡Trescientos, mil, un millón, se pasan igual en el barco!

CORO.
¡Cómo te llama el viento,
niño del agua,
como te llama el viento,
de madrugada!

MARINERO. ¡Viva el agua! Trescientas, miles, un millón de gotas…, todas para mí, así se me pasará la fatiga que tengo en la garganta…
La madrugada la estoy llenando
de un gigantesco rascacielos de arena. ¡Vamos al rascacielos!
Desde el balcón de mi casa, podía verse la luna.
(Al mar.) ¡Oh, una plaza infinita, en toda la puerta!
Voy a descalzarme. ¡Pisa, marinero, pisa la arena, joder!

CORO.
¡Cómo te llama el viento,
niño del agua,
cómo te llama el viento,
por la mañana!

MARINERO y CORO. (Compás por bulerías.)
Después de la faena,
ya he dejado mi barco,
y he venido a la arena tan blanca de mi playa.

Toda la noche de juerga,
y aquí me tienes, viento,
peinado y vestido para ti,
en la arena de mi playa.

Se siente por dentro de las venas
el nombre blanco de la noche
y el frío de las estrellas.

Después de la faena,
ya he dejado mi barco,
y he venido a la arena tan blanca de mi playa.

Aparece el MUCHACHO. Lleva un pañuelo al cuello. Silencio.

MUCHACHO. (Martinete.)
Yo ya no soy quien era,
ni quien debía yo de ser,
soy un mueble de tristeza
arrumbaíto a la pared.

Este dolor que yo tengo,
culpita que nadie sabe,
me está llenando las venas
donde corría la sangre.

Y si no es verdad,
que Dios me mande un castigo,
si me lo quiere mandar.

CORO y MARINERO. (Romance. Aire de soleá bailable.)
Marinero, marinero,
que estás echado en la playa,
saluda a quien viene a verte
temprano por la mañana.

CORO.
Marinero, marinero,
cómo te asusta su sangre.
Tendrías que estar en casa,
echaítos los cristales.

Mira qué paso de niño
con hambre, que no lo sabe.
Te está pidiendo que vengas
cerquita para ayudarle.

Ten compasión, marinero,
ten compasión, que no salen
por esa boquita suya
más que duquelas muy grandes.

¡Cómo se mueve en el agua
la luna, cómo se mueve!
¡Parece que no la miras,
pero te baña la frente!

Marinero, es el mismo camino,
sendero por donde viene,
el que lleva hasta tu casa,
que tú lo recorres siempre.

CORO y MARINERO.
Marinero, marinero,
que estás echado en la playa,
saluda a quien viene a verte
temprano por la mañana.
Ayuda a quien viene a verte,
temprano por la mañana.

MUCHACHO. Para llegar aquí, no me ha dado miedo atravesar los cañaverales.

MARINERO. Sal de los juncos para que pueda verte. Ponte a la luz.

MUCHACHO. Te hace falta la luna.

MARINERO. ¿Quién eres?

MUCHACHO. Otro que vive en este pueblo.

MARINERO. ¡Bienvenido a mi rascacielos y a mi plaza infinita, ahora que se te ve la cara!

MUCHACHO. Te sientes el dueño de la orilla. Yo solo he venido a pasear. No tardaré en volverme.

MARINERO. Puedes tumbarte conmigo. ¡Vamos! ¡Quítate los zapatos y mójate los pies! Para pisar la plaza, mejor te desabrochas la camisa.

MUCHACHO. Tendré frío. ¿Tú que tienes con el mar?
Lo peor que hay en tus ojos, se ve con la luz de ahora.
Sonríes, pero tú también tienes una tristeza infinita. Tendré frío.

MARINERO. Si te da el frío, puedes irte corriendo a los pinares. Tranquilo. Mira, haz como yo. Desabróchate y acércate al agua. Déjate el pañuelo, por si acaso. ¡Hay que atravesar la plaza! Es una plaza inmensa, y vamos a imaginarnos un arco. ¡Que no haya nadie! Solo el negro que toca el piano detrás de los setos.

CORO y MARINERO. (Al muchacho.) Se te está moviendo la sombra por la arena, está temblando de miedo.

MARINERO. ¡No vamos a decir el nombre ninguno de los dos!

CORO y MARINERO.
¡De lo alto de los cerros,
vienes lamiendo una estrella!
¡La arena cómo te muerde
la sombra que se te suelta!

MUCHACHO. Se desabrocha la camisa. Cerca del agua. (Soleares.)
Si no tuviera en las venas,
la mierda de un enemigo,
no temblaría mi sombra
cuando te juntas conmigo.

Los siete sabios de Grecia
no saben lo que yo sé,
que las fatigas y el tiempo
me lo han hecho a mí comprender.

Ya la escucho repicando
a la torre de Santa Ana,
de penas que estoy soltando.

Mucho tengo que decirte,
pero me llamo a silencio.
Yo te lo digo callando,
pero se entera mi cuerpo.

Me agarro a la pared,
me cayó tierra en las ojos,
por mi mano me cegué.

CORO, MARINERO y MUCHACHO. (Compás de soleá por bulería.) ¡Enfermedad!

CORO. (Al MUCHACHO.)
¡Su semen parece seguro!
Acércate,
que se te caiga el pelo
sobre su pecho.

CORO y MUCHACHO.
Que se me caigan los ojos
sobre su pecho.

CORO y MARINERO.
Que se te caiga a cachitos
el cerebro
sobre mi pecho.
Alguien te ha envenenado el alma.

CORO y MUCHACHO.
Y alguien me ha envenenado el cuerpo.

II Rosas y lirios

MARINERO. (Alegrías lentas.)
Cómo reluce mi Cádiz,
mira qué bonito está
sobre un cachito de tierra
que le ha robaíto al mar.

Que dime qué tienes
debajo del pie
que dime qué tienes
que yo no lo sé.

Grande locura es negarlo,
quiero amarrarme esta noche
a los juncos que se enredan
alrededor de tu nombre.

Deja que te mire
la cara y el pie,
deja que te mire,
rosita y clavel.

Compañerito, tu cuerpo
lo estoy pintando en la arena
con agua de mi cintura
y el vientecito se lo lleva.

No me traigas más fuego,
rosas y lirios;
cuando pise tu calle,
me iré contigo.

Me iré contigo, primo,
me iré contigo;
no me traigas más fuego,
rosas y lirios.

CORO.
El muchacho se esconde entre los juncos.

MARINERO. ¿Dónde vas?

CORO.
Nadie puede tener, en esta noche,
miedo de nada; pregúntate,
marinero que vuelves después de tantos días,
qué tiene este muchacho en la garganta.
¿No le has visto los ojos asustados?
¿No le has visto las manos demasiado sencillas?

MARINERO. Yo necesito compartir la noche con alguien. Estoy cansado. ¡Me he fijado en sus ojos! Tienen la belleza de la piel herida. Cuando grita: ¡enfermedad!, yo no sé qué quiere decirme.

CORO y MARINERO. Se queja de la sangre.

MARINERO. ¡A mí también me raspan a veces las venas! ¡Me quiere asustar! Está ahí. ¡Me está mirando! Se asoma entre los juncos, como un animal; pero puedo verle los ojos encendidos. ¡Acércate! ¡Ha llovido suficiente en todos los lugares!

MUCHACHO. ¡Cuando hablas así, eres tú quien asusta!

MARINERO. He recogido las velas.

CORO. La mañana deja abiertas las flores de la casa, detrás de los pinares. ¡Oh playa, galopada hasta tu nombre, acoge a los buenos! Que dentro de un rato, será de día…, y ya cualquier piedra, junco o tronco los habrá olvidado.

MUCHACHO. Estoy meando. Cuando acabe, iré. ¿Oyes? Hay música. Han puesto música en algún chiringuito.

MARINERO. Se oye muy poco.

MUCHACHO. Está muy lejos. Mejor estábamos antes. He pensado tirarme del último piso de tu rascacielos, pero me da asco que me coman las gaviotas mientras caigo. Vuelve. Necesito un tiempecito para reconocer la playa.

MARINERO. ¡Vamos a la orilla!

MUCHACHO. ¡Qué fría está el agua!

MARINERO. Tenemos el rascacielos. La plaza se cierra en una avenida. Una avenida como nunca hemos visto tú y yo una. Hay seis carriles llenos de coches, y te cuesta respirar. La gente te golpea por todas las partes de tu cuerpo. Corren. Hay perros, y del cielo se desprende una lengua de calor como una gota de cera que se arrastra por un cirio.

MUCHACHO. Eso es hermoso.

MARINERO. Lo es. Recógela en tu boca.

MUCHACHO. Me hace daño.

MARINERO. ¡Pero hay pureza! ¡Sé que se te han ensuciado las costillas, y que una serpiente te recorre la espalda!

MUCHACHO. Yo me acerco a vosotros con todo mi corazón, pero lo tengo mordido y me duelen las manos de mirarlo. Estoy destruido, ¿sabes que solo un cuerpo puede salvarme? ¡Virgen María! ¡Ayúdame!

MARINERO. Ven otra vez conmigo a tocar el agua.

MUCHACHO. Es que se me revienta la nariz con solo olerte.

MARINERO. Yo no voy a envenenarte.
(Tangos de Triana.)
Vente conmigo y haremos
una chocita en el campo
y en ella nos meteremos.

Pero dime qué motivo te he hecho yo
para que la ropa me la tires a la calle
como si fuera un ladrón.

CORO y MUCHACHO.
Yo te estoy queriendo a ti
con la mima violencia
del azahar en abril.

MUCHACHO.
Quiero quedarme dormido,
a ver si puedo olvidar
lo que despierto he sufrido.

CORO.
No me des rositas tan fuertes,
que se me enciende la cara
nada más que con verte.

Me estás poniendo encendido
y están contando mis ojos
lo que en mí tú has conseguido.

El puente no puedo pasar,
que en la capilla del Carmen,
allí me vuelvo para atrás.

Qué lejos está de los juncos…,

CORO y MARINERO.
… ya viene a estar conmigo.
Su sombra ya se le para y viene a ponerme flores
como se le ponen a Cristo.

Ya viene arañando sombra
la mañanita siguiente,
con tantos lirios que tengo,
yo no sé dónde meterme.

CORO. (Al MARINERO.)
Ay que se te está olvidando
que un enfermo no se cura
nada más con tu lengua
y el clarito de luna.

MARINERO.
Estoy pensando en tu boca,
de flores te coronara
para que nadie te conozca.

Baile por tangos.

Abrupto y absoluto silencio.

III Capitana

El MUCHACHO canta, primero como en susurro, la Salve Marinera.

MUCHACHO.
Dios te salve,
reina, madre y capitana,
eres tú nuestra vida,
eres nuestra esperanza;
y a tus plantas, Señora,
se arrodilla Triana.

Nuestro puerto perdimos,
nuestra nave naufraga,
sin rumbo en las tinieblas
de este valle de lágrimas,
en el que, suplicantes,
nuestras voces te llaman.

CORO y MUCHACHO. Crescendo.
Oh, misericordiosa,
vuélvenos tu mirada,
y lleva nuestro barco
con brisas de bonanza
a Jesús, navegante
de tu divina entraña.

Capitana clemente,
dulcísima Esperanza,
siempre Virgen María,
luz que guía Triana.
Por ella y por tus hijos,
(Apoteósico.)
Madre de Dios y Santa,
ruega para que un día
podamos echar anclas
en el puerto que Dios nos promete
como segura patria.
Amén. Amén.

 

Absoluto silencio.
Satisfechos.
Fuman los dos.

IV Pañuelo

El MUCHACHO, en relamida paz, se acerca a los cañaverales.
Arranca algunos juncos y los enreda unos con otros. Forma un hilo fuerte.
Vuelve junto al MARINERO y lo extrangula.

MUCHACHO. Cubriéndole con su pañuelo la cara. (Soleares.)
Si no fuera por mi hermano
me hubiera muerto de hambre,
y siempre le queda a mi hermano
-¡ay soleá, no puedo más!-
cachitos de pan que darme.

Y se murió y mi pañuelo
yo se lo eché por la cara
para que no tragara arena,
boquita que yo besara.

Tuve las manos vacías;
la sangre me está volviendo,
y así son las manos mías.

FIN

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