Decálogo

equilibrio dali

1. Nuestra ocupación es la Belleza. Juntamos palabras porque confiamos que pueden llegar a convertirse en una especie de conjuro. Por eso, necesitamos que alguien -acaso nosotros mismos, solos, de noche- las pronuncie con la confianza de mejorar la vida, de alejarnos de los actos cotidianos que nos condenan al aburrimiento. Apreciemos el cuerpo, el ritmo, el sudor y la repetición. ¡Que se nos abrasen las yemas de los dedos! Así podremos encontrar el tímpano -secreto y misterioso- que vibra en las regiones sórdidas.
2. El escritor conoce el peso y el color de las palabras. Sabe que la eficacia de la ceremonia depende del orden, el rigor y la singularidad de cada una de sus partes.
3. El escritor conoce, investiga y desprecia los mecanismos del poder y los ardides de los poderosos. Sabe que la Belleza es inútil e improductiva. No debe olvidar que su público será siempre la inmensa minoría. Un hombre extraño, delicado y firme, siempre querrá acercarse a nosotros. La Revolución es extremadamente seria, así que es mejor soltarle la correa y dejarle que olisquee las braguetas históricas de los otros.
4. El dramaturgo aprendiz debe trabajar incansablemente. Su oficio, mientras crece, es el silencio; si no, no será capaz de percibir la gracia sutil de las formas y se embrutecerá. Tendrá que contrastar su piel con otras y saber que no hay más filtro que el tacto, la risa y la ironía. En su madurez, si ha sabido procurarse los narcóticos oportunos, ofrecerá algo bueno. El dramaturgo viejo -esto no es una cuestión necesariamente de edad-, en vez de construir cátedras en las colinas, sabrá retirarse.
5. El escritor debe esperar ansiosamente una aparición, aunque sea en sueños. Toda la sangre de su infancia le volverá a las venas cuando se le presente, en cualquier forma y bajo cualquier abvocación, la Diosa Madre. Una cacerola, una columna, un erial y un cuerpo masculino son lugares de gran actividad mariana.
6. El escritor no debe renunciar nunca a la soledad.
7. Es importante educar el gusto. El escritor mediocre es incapaz de concebir su oficio integrado en el resto de la artes; como consecuencia, nos asedia una nube de normas flácidas y criterios enfermos. El buen dramaturgo -este es el artista- adiestra su sensibilidad, reconoce lo mágico en los otros. Sabe cuidar las excentricidades de su aristocracia (No se ganan, se heredan elegancia y blasón…).
8. Besemos los pies de Prometeo, que trajo el fuego a los hombres y ahora se ve condenado a que su Madre le muerda el hígado todas las mañanas.
9. Hay que olvidar las arqueologías. No tiene sentido buscar a los griegos, a los españoles del siglo XVII o a los elegidos de la Transición, porque no tienen nada que decir a las minorías de hoy. Debemos hacer un teatro nuestro, que arañe las arterias de nuestro tiempo y que solo pueda existir entre nosotros. Fantasía, imitación, ficción… son palabras que inventaron los fariseos para castrar al gamberro de las plazas.
10. La realidad es el mecanismo del stablishment para reprimir la sensibilidad y la subversión. Esto lo dicen los ojos de los zorros y las palmas de los niños. Nuestra voluntad es destruirla.

Reflexiones y citas sobre “El crítico artista”

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Es un tratado dialogado. La acción transcurre en el interior de una biblioteca de una casa en Picadilly con Green park. Los personajes son Gilbert y Ernest. En escena Gilbert toca el piano mientras Ernest lee un libro de Memorias. La risa de Ernest perturba a Gilbert que le pregunta de qué se ríe.

“Ernest.- A los ingleses cuando leen les encanta que les hable una mediocridad.

Gilbert.- El público es impresionantemente tolerante: lo perdona todo, menos el talento.”

Empiezan a hablar sobre la literatura a partir de los libros de memorias. Gilbert critica que el público vulgariza la literatura haciéndola suya y ésta rebajándose a editar libros de masas, cuando la literatura no puede ser nunca de masas.

Ernest plantea la pregunta ¿para qué sirve la crítica de arte? ¿Por qué no dejar que el artista cree su propio mundo, o, si no, representar el mundo que todos conocemos y del que cada uno de nosotros se cansaría si el arte no lo purificase para nosotros el artista? ¿Y por qué los que son incapaces de crear se empeñan en juzgar a los que sí tienen don creativo?

Gilbert habla de Robert Browning, que fue un poeta y dramaturgo inglé,s en un primer tiempo romántico y muy influenciado por Shelley del que habla bien pero cuya figura han pervertido gente como Walter Scott. Aunque Browning menospreciara el lenguaje merece el título de grande de la literatura inglesa para Gilbert ya que “consiguió en numerosas ocasiones hacer cabalgar a Pegaso, chasqueando la lengua.” “Y, sin embargo, fue grande, y a pesar de haber hecho del lenguaje un lodazal inmundo, se sirvió de él para dar vida a hombres y mujeres. Después de Shakespeare es el ser más shakesperiano que existe.” Si no pudo resolver sus propios problemas al menos los planteó que es lo que debe intentar el artista.

Sin embargo, para Ernest en los tiempos gloriosos del arte no había críticos de arte. En el Iliso no había molestias para el artista que libre podía crear ajeno al mundo y sus opiniones “no se celebraban burdos congresos artísticos llevando provincianismo a las provincias y enseñando a los mediocres a perorar”.

Pero para Gilbert los griegos fueron los primeros críticos de arte y da como ejemplo la poética de Aristóteles que a pesar de ser un tanto burda es el primer tratado de estética. Los griegos son los padres del sentido crítico. No hay que tratar el arte sólo como algo moral si no también hay que buscar la belleza en él. “Todo lo moderno que tenemos hoy se lo debemos a los griegos; y todo lo anacrónico a la Edad Media”.

Citas de la obra:

ERNEST.- (…) Y nadie osaba molestar al artista mientras trabajaba: Ninguna charla insulsa lo turbaba. Ninguna opinión le perturbaba. Junto al Iliso, mi querido Gilbert, dice Arnold no sé dónde exactamente, no había Higginbotham. Cerca del Iliso no se celebraban burdos congresos artísticos, llevando provincianismo a las provincias y enseñando a las mediocres a perorar.”

GILBERT.- Es usted encantador, Ernest pero sus opiniones son del todo falsas. Me temo que haya escuchado la conversación de personas de más edad que usted, cosa siempre peligrosa, y que si permite usted que degenere en costumbre, será fatal para su carrera intelectual. En cuanto al periodismo moderno, no me creo con derecho a defenderlo. Su existencia queda del todo justificada por el gran principio darwiniano de la supervivencia de los más vulgares.”

GILBERT.- (…) ¿Qué es lo que por encima de todo debemos a los griegos? Pues eso precisamente, el espíritu crítico. Y este espíritu que ellos ejercían sobre cuestiones religiosas, científicas, éticas, metafísicas, políticas y educativas, la emplearon después para cuestiones de arte, y realmente nos han legado sobre las dos artes más elevadas, sobre las más exquisitas, el más perfecto sistema de crítica que jamás ha existido.”

GILBERT.- (…)He pensado a veces que la historia de la ceguera de Homero ha podido muy bien ser en realidad tan sólo un mito artístico, creado en tiempos de crítica, para recordarnos, no sólo que un gran poeta es siempre un vidente cuyos ojos corporales ven menos que los del alma, sino que es también un auténtico trovador, que crea su poema con música, repitiendo cada verso las veces que sean necesarias, hasta captar el secreto de su melodía, profiriendo en la oscuridad palabras aladas de luz. Sea como fuere, su ceguera fue la ocasión, si no la causa, de que el gran poeta inglés se comprometiera con ese movimiento majestuoso y ese sonoro esplendor de sus últimos versos. (…) Hay que volver a los orígenes de la voz. Que sea esta nuestra pauta, y quizá entonces lleguemos a ser capaces de apreciar las sutilezas de la crítica de arte griega. (…) Siento un escalofrío cuando pienso en ello, y me pregunto si el admirable resultado ético de la prosa de ese escritor fascinante que, con su espíritu de despreocupada generosidad hacia la parte inculta de nuestra nación, proclamó la monstruosa doctrina de que la conducta representa las tres cuartas partes de la vida, quedará algún día aniquilada al descubrir que los “peones” no habían sido medidos correctamente.”

GILBERT.- Sentirse capaz de experimentar una pasión y no darse cuenta de ello, es resignarse al ser incompleto y limitado. El espectáculo imitado de la vida que ofrece la tragedia preserva al corazón de muchos “gérmenes peligrosos”, y presentando móviles elevados y nobles en el juego de las emociones, purifica al hombre y lo espiritualiza y no sólo lo espiritualiza, sino que lo inicia en nobles sentimientos que hubiera él podido ignorar siempre.”

ERNEST.- Estoy dispuesto a admitir que estaba equivocado en lo que he dicho de los griegos. Fueron, como usted ha demostrado, una nación de críticos de arte. Debo admitirlo y lo siento por ellos. Ya que la facultad creadora es superior a la facultad de crítica, y no pueden ni compararse.

GILBERT.- La oposición entre ambas es puramente arbitraria. Cualquier creación artística sin espíritu crítico es indigna de ese nombre.”

GILBERT.- No cuando se convirtieron en poesía ni cuando recibieron una bella forma. Porque no hay arte sin estilo, no hay estilo sin unidad, y la unidad pertenece al individuo.”

GILBERT.- (…) En realidad, jamás se encuentra aprisionada por las cadenas de la verosimilitud. Esas viles consideraciones de probabilidad, esa cobarde concesión a los fastidiosos ensayos de la vida doméstica o pública, no la afectan nunca. Pueden afectar a la ficción e incluso a la historia, pero no a algo tan elevado como es el alma, totalmente invulnerable.”

GILBERT.- (…) Con frecuencia, escuchando la obertura de Tannhauser, me parece que veo realmente al bello caballero en su marcha ligera sobre la hierba florida y que oigo la voz de Venus llamándolo desde el fondo de su gruta. Pero otras veces me habla de mil cosas diferentes, de mí mismo quizá y de mi propia vida, o de la vida de personas que uno amó y que se cansó de amar, o de pasiones que el hombre ha conocido y que ignora y por eso busca. (…) La Belleza posee tantos significados como estados de ánimo tiene el hombre. La Belleza es el símbolo de los símbolos. La Belleza lo revela todo, porque no expresa nada. Cuando aparece ante nosotros, nos muestra con ardientes colores todo el Universo.”

Una cosa rara, ossia belleza ed onestà (drama jocoso)

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Una cosa rara, ossia bellezza ed onestà

Drama jocoso

PERSONAJES:

CONSTRUCTOR, 55 años, de Turís.

SEÑORA, 54 años, de Valencia.

CRIADA, 40 años, de Valencia (Venezuela).

SUPREMO DIPUTADO PROVINCIAL, la misma edad que el diablo, cunero.

Un matrimonio valenciano maduro se prepara para ir a la apertura de la temporada de la ópera del Palau de les arts. Él ha hecho fortuna con el pelotazo urbanístico, ella pertenece la antigua clase alta franquista venida a menos con la llegada de la democracia. Él es de Turís, localidad famosa por los expresidentes de equipos de fútbol y por las enormes cantidades de cocaína que se consumen, además de su banda de música y de su horrible acento valenciano. Ella nacida en Valencia, fue fallera mayor infantil en 1957, año de la última riada del Turia en la capital, le dio dos besos a Franco y le entregó un ramo de flores.

Es la primera vez que han sido invitados a tan magno evento y no quieren llegar tarde. A su vez tratan de vestirse con sus mejores galas.

Primera situación: Aunque la mona…

El CONSTRUCTOR, vestido de traje, trata de anudarse la corbata con la complicación de que no puede verse en el espejo porque el baño está ocupado por su mujer. Finalmente la mujer mediando un extraño sistema de morse le dice que se cambie de corbata.

La SEÑORA llega al salón para ayudar a su marido pero éste se ha ido a la habitación en busca de la nueva corbata. Viste un traje de fallera que le queda pequeño y algo apretado.

Cuando regresa el CONSTRUCTOR se escandaliza de la vestimenta de su mujer porque no puede ir de esa guisa a la ópera.

Segunda situación: ¿Dónde vas Alfonso XIII?

El CONSTRUCTOR trata de que su mujer se cambie de ropa, ya que si van así al estreno de la ópera de Martín i Soler van a ser el hazmerreír de la sociedad valenciana. La SEÑORA se opone, no todos los días les invita el SUPREMO DIPUTADO PROVINCIAL a la ópera y recuerda el acto con Franco en el 57, cuando ella le hizo entrega de un ramo de flores.

Tercera situación: ¡Qué mal está el servicio!

El taxi les espera en la puerta, falta cada vez menos tiempo para el estreno. El CONSTRUCTOR llama a la CRIADA para que ayude a la señora a desvestirse. La SEÑORA se niega a que le ponga las manos encima alguien ultramarino. Se inicia una persecución para reducir a la SEÑORA.

Cuarta situación: ¡Éramos pocos y…!

Llega el SUPREMO DIPUTADO PROVINCIAL. Les informa que ha cancelado la ópera porque no estaba de humor para loas regionalistas. El CONSTRUCTOR y la SEÑORA se muestran complacientes y honrados por la visita de tan ilustre prohombre. El SUPREMO DIPUTADO PROVINCIAL solicita la merienda. La CRIADA saca horchata y fartons, con los que el político se complace mojando los alargados dulces en la pastosa leche de Horchata. Chim pum final.

Pluma, lápiz y veneno

Oscar Wilde, Pluma, lápiz y veneno y Rem Koolhaas

Manhattan_1931

Subversión

Pero por aquel tiempo sólo los filisteos juzgaban a un escritor por su producción. Aquel joven dandi prefería ser alguien a hacer algo. A menudo decía que vivir es un arte y que tiene sus diferentes estilos, como las artes que intentan expresar la vida.

Oscar Wilde
Pluma, lápiz y veneno.

Se podría pensar que la contemplación es un oficio inútil, aunque de este modo ignorásemos que el arte es la mejor forma de conocimiento; así, punir al ocioso se justifica y alimenta. La cadena que arrastra el moralista o el político y que violentamente impone a los demás, se satisface especialmente en el admirador de la belleza.
El enamorado del gusto es aquel que está muy lejos de las consideraciones morales: el sentido artístico -no la emoción, que es débil y maleducada- nos induce al pecado. Las delicias del crimen atraen al hombre exquisito, y la moral y la política –la norma-, se constituyen en herramienta policial de lo vulgar.
Hoy, afirmaciones como estas no son del todo revolucionarias. La norma parece haberlas aceptado, en un ejercicio de tolerancia, y asumido a su código de quistes socialdemócratas, o sea, todas aquellas cosas hermosas que podrían hacer temblar los pilares de nuestro mundo, pero que entre todos hemos, prudentemente, domesticado. Del mismo modo que la homosexualidad no es peligro para el machismo a principios del siglo XXI -como sí lo fue justo un siglo antes-, la adoración de la belleza -que es otro medio de subversión- ya no asusta al poder. Puesto que hemos sacrificado nuestros más altos impulsos en aras de una sociedad frustrada, es justo que los inventemos de nuevo y les insuflemos vida.
Oscar Wilde será un dios indiscutible del nuevo panteón. El arte es subversivo porque es el modo de “conocer las cosas tal como son”.

El protagonista de Pluma, lápiz y veneno, Thomas Griffiths Wainewrigth, es un subversivo. Wilde retrata a un caballero que no puede ignorar el crimen, la más oculta de las artes. Es un enamorado del gusto que, además de practicar la pintura y la crítica de forma excelsa, fue el más sutil envenenador de su tiempo. Estamos ante lo delicioso del crimen y el asesinato, sugerido por lo misterioso y también erótico que hay en la muerte si la vemos como esa frontera vigilida que deseamos violar. Hay que resaltar que Thomas Griffiths Wainewrigth no es un personaje de ficción y que perteneció a la élite artística de su tiempo, que fue la alborada del Romanticismo inglés. Fue amigo de Charles Lamb (recordado crítico), William Hazlitt (pensador proto-socialista), Samuel Coleridge, Thomas de Quincey y William Wordsworth entre otras luminarias del momento. Wilde, en Pluma, lápiz y veneno, recoge testimonios escritos de estas celebridades sobre el envenenador Wainewrigth, aunque no podemos confirmar que sean auténticos.

Programa

Más allá de lo interesante que nos pueda parecer la vida de Thomas Griffiths Wainewrigth (1794-1847), Pluma, lápiz y veneno puede ser leído como un programa estético. Wilde expone, en forma de ensayo -es decir, bajo la ficción de objetividad- una serie de ideas que se aplican a la vida y al arte. Este texto responde a un manifiesto estético que no existe. Nosotros vamos a intentar acercarnos a sus claves.
Si este manifiesto existiera, sería el padre de las vanguardias que aparecerán poco después. Esto es porque resucita la idea de subversión y agudiza el enfrentamiento entre arte y poder.

Manhattan

Antes de las vanguardias europeas, el gran acontecimiento artístico -contemporáneo, además, de Oscar Wilde- es el nacimiento de Manhattan y su ideología, el manhattanismo: el urbanismo de la congestión y la masa. La gran manzana, que es una creación absolutamente moderna, comparte su fundamentos artísticos con Oscar Wilde; ambos los exponen a su manera, una a través de su retícula totalizadora y otro a través de su obra y su vida.
El arte no debe imitar a la vida. La creación no depende de los acontecimientos diarios, vulgares. El objeto del arte es el propio arte; por tanto, la Belleza -¿la ficción?- no se necesita más que a sí misma. La utilidad del arte -que sea un modo infalible de conocimiento- depende, entonces, de su propia inutilidad. Este proceso se da de igual manera en Oscar Wilde y en Manhattan.
El Ayuntamiento de Nueva York decidió parcelar en manzanas idénticas toda la superficie de la isla de Manhattan cuando ésta contaba tan solo con algunos miles de habitantes. La retícula -útero del manhattanismo- divide un terreno desocupado, describe una población hipotética, coloca edificios fantasmales y enmarca actividades inexistentes. La gran ciudad nacerá de sí misma. La inutilidad de más de dos mil manzanas en las que, durante muchos años, solo crecerá la hierba, es la semilla de la ciudad de las transacciones y el movimiento perpetuo. La ficción, que aquí es la predicción sobre la nada, es la semilla. Mímesis imposible y novedad absoluta. El artista -el arquitecto, el urbanista, el financiero- intuye un sendero entre la maleza y se propone seguirlo. No se debe olvidar que este división del terreno edificable es la madre del rascacielos. Un arquitecto -sublime o vulgar- de Nueva York tendrá a su disposición exactamente los mismos metros cuadrados que cualquiera de sus colegas. La originalidad y la extravagancia de los nuevos edificios dependerá, a partir de ahora, de su altura: la única dimensión en que el arquitecto es libre. La inutilidad del arte se convierte en su única utilidad. Se justifica a sí mismo en sus metros. Inventa su propia realidad, y la hace más hermosa.

Belleza sintética

Mahattan es -según Rem Koolhaas en su libro Delirio de Nueva York, biblia nuestra- la apoteósis de la belleza sintética. Nada se justifica. Nada existe fuera. Nada es imitado. No hay, por tanto, Naturaleza que someter a la mímesis. Toda la naturaleza es creada por el artista. No hay vida que imitar; el arte surge del arte. He aquí un nuevo rasgo común, y un nuevo punto del manifiesto imaginado.
La revolución -la Belleza para Wilde, lo “sintético irresistible” para Koolhaas- nace de la violación de la norma clásica y es una huida de la vida cotidiana. Es una alternativa. Abre la puerta al misterio; cómo imaginarnos todo lo que, si pronunciamos las palabras correctas, la Nueva Naturaleza es capaz de ofrecer. Este misterio, como una primera delicia, debió sentirlo Thomas Griffiths Wainewrigth cuando decidió abandonar su carrera militar y conocer las cosas, a través del arte, tal como son. Igual temblor sintieron los neoyorkinos cuando visitaron por primera vez Luna Park, un bosque de altas columnas recubiertas de bombillas -el primer parque de atracciones, preludio de las avenidas de rascacielos- que, no pudiendo asirse a referentes reales, tuvo que justificar su nombre en la luna.
La Belleza nos enseña que no hay nada más peligroso que la realidad.

Lobotomía

Rem Koolhaas ofrece un nuevo término propio del manhattanismo que igualmente se destila de los postulados de Oscar Wilde y el arte del siglo XX: la lobotomía.
La lobotomía es un corte quirúrgico entre los lóbulos frontales y el resto del cerebro, que se practica con el fin de aliviar transtornos mentales. Desconecta las emociones y los procesos del pensamiento. A nosotros nos interesa como proceso propio de la modernidad que separa bruscamente dos planos normativamente unidos sin remedio.
En occidente, es tradición que el exterior del edificio muestre el interior del mismo. El exterior habla del interior o, si sumanos las implicaciones morales que arrastra este principio arquitectónico: una fachada honrada habla de actividades honradas. ¿No se convierte acaso, de este modo, el edificio en metáfora del hombre? El exterior del hombre -qué dice, cómo se mueve, qué comportamientos sigue, cómo viste- debe hablarnos de su interior -qué es-; el desfase entre los dos planos es la hipocresía. Hay pues una relación determinante entre el mundo íntimo y el expuesto, y hay también una pesada carga religiosa. Cada civilización habla de su interior a través del exterior de un modo distinto, como queda patente con solo recordar, por ejemplo, una casa árabe.
El misterio se halla en la ruptura de esta norma. Para el amante del gusto, como deja claro Oscar Wilde, el desfase de los dos planos no es hipocresía, sino movimiento, gracia. Lo delicioso está en la confusión, lo fluctuante. El pecado es siempre secreto -dentro del edificio-. El rascacielos es un monolito que oculta un mundo incesante de cambios, una riqueza exuberante que mantiene siempre una apariencia exterior quieta y tranquilizadora. Wainewrigth no se vale de su apariencia exterior solo para proteger al resto de los hombres de la exuberancia que oculta, sino que gracias a ella se defiende a sí mismo de la cotidianidad y la vida, y explora en los rincones oscuros. Así debe vivir el caballero exquisito, sometido a la lobotomía, que ha pasado de intervención médica a una especie de sistema anti-moral. Desaparece además la hipocresía, que solo puede ser imputada a los moralistas.

Problema

Pluma, lápiz y veneno plantea las relaciones entre lo público y lo íntimo, particularmente difíciles en el caso del artista, que debe conciliar el misterio con la vocación pública. Igual que hace un asesino: tiene que esconderse, pero desea que sus crímenes sean reconocidos.

 

DECÁLOGO DEONTOLÓGICO (JURAMENTO DRAMÁTICO)

Juro por Dioniso y Apolo -sin olvidar a Atenea-, por Borges, Gloria Fuertes y Shakespeare, juro por todos los dioses y todas las diosas, tomándolos como testigos, -y a pesar de mi juventud en la que solo sé que no sé nada- cumplir fielmente según mi leal saber y entender, este juramento y compromiso:

  1. Prometo solemnemente consagrar mi vida al servicio de la humanidad; ejercer mi profesión dignamente y a conciencia
  2. Estudiar a todos los grandes y sus grandes teorías para luego hacer con ellas lo que me de la real y mesiánica gana
  3. No mirar solo mi ombligo, pues los de los demás también están llenos de líneas que leer, de las que aprender tanto o más
  4. Aceptar el error. Asumir la inseguridad. Corregir
  5. Ser tan libre como constante -incluso respetuosa- con el trabajo: tanto con el de los demás como con el mío propio
  6. Bendecir a la pereza por encima de todas las cosas, pues en ella se encuentra la verdad, el esfuerzo y el miedo
  7. Todo lo que vea y oiga en el ejercicio de mi profesión, y todo lo que supiere acerca de la vida de alguien, si es cosa que no debe ser divulgada, lo callaré y lo guardaré con secreto inviolable escondiéndolo bajo otros nombres y/o circunstancias
  8. Hacer reír, hacer llorar, hacer sentir, hacer hablar
  9. Esforzarme por estar en los zapatos de otros, por muy alejados de mis opiniones que estén, pues solo así un personaje será rico y justo, pues solo así se creará el debate, pues solo así podremos avanzar, pues solo eso significa el teatro
  10. Puntuar exhaustivamente y sin excepción los finales de frase, para evitar así los ataques de histeria de allegados queridos

Juro equivocarme y cambiar –tanto de formas como de opiniones- , renegar de lo dicho y grabar a fuego la nueva visión para posteriormente variarla de nuevo, y así sucesivamente hasta mi muerte, enseñándoselo a mis hijos y a los hijos de mis hijos

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MENÚ DE HOY: DRAMATURGO

dramaturgo

Una receta encarga Vizcaíno

listando el buen hacer del dramaturgo

y al fuego de mi sinsabor alumbro

que en mi vida me he visto en tal conflicto.

  1. Sea éste el principal gusto del guiso;
  2. añádansele sueños, ciencia y mundo;
  3. remuévanse con arte propio de uno,
  4. y atice con empeño el carboncillo.
  5. Cúbrase con modestia y arrebato,
  6. compruébese de “yo-mí-me-conmigo”,
  7. déjese reposar de cuando en cuando,
  8. riéguese con esencias y con vino.
  9. Despierte las conciencias del letargo
  10. al apreciar su aroma en el servicio.