Hacia un Teatro Ebrio

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        “Y el Señor dijo a Moisés: lábrate

dos tablas de piedra como las anteriores,

y yo  escribiré sobre las tablas las palabras

que estaban en las primeras tablas que tú quebraste.”

  1. Descorcha la botella y ponte un vaso, de tinto, por favor, se parece más a la sangre. Si es Toro mejor que Rioja, si es Nero d’Avola mejor que un toscano. Que no te resulte cómodo, que te rasgue, que notes la lengua áspera y apelmazada. Ahora empiezas a entender el sentido de la ebriedad.
  2. Sal de casa, pasea, descubre, observa, pero sobre todo olfatea, el escritor y el sabueso tienen algo en común,  a ambos les gusta tumbarse sobre una piedra a mediodía. Pon otro vaso y piensa que debes visitar más bares, conocer más camareros… apréndete el nombre de los dueños y saluda siempre a sus mujeres. Y, sobre todo, prueba todos los vinos de la casa, seguro que alguno está relativamente bebible, si es así así no vuelvas más a ese sitio ya que sus parroquianos sólo te aportarán historias pequeñoburguesas.
  3. Cuando alguien venga a hablarte de la unidad de tiempo: bebe. Cuando alguien te explique la necesidad de respetar las reglas de la temporalidad: bebe. Si te dicen que el tiempo es imposible modificarlo más allá de elipsis insustanciales: bebe. Al siguiente que te hable del tiempo y su inmodificabilidad rómpele el vaso en la cabeza. Tranquilo, en ayunas y con tres tintos peleones ya habrás reunido el valor suficiente para hacerlo. Pide otro vaso o cógelo tú mismo. Llénalo. Ahora ponte a pensar en como el tiempo se puede tornar ebrio, si no encuentras respuesta no digas que vas demasiado bebido, sólo llevamos tres vasos.
  4. Cuando alguien te hable de la unidad de lugar repite la operación anterior, pero asegúrate de haber vaciado el vaso antes de estamparlo contra su cráneo, no estamos para desperdiciar el caldo. Pero ten en cuenta una cosa, si la acción descrita podría transcurrir en ese o en cualquier otro lugar: mal. Si escribes escenas de pareja y en tu acotación señalas: dormitorio, peor aún. Si tus espacios son más pequeñoburgueses que Aslaksen estás acostándote con la mediocridad, así que levanta tu sucio trasero de esa cama y piensa en espacios ebrios. Si quieres escribir sobre dormitorios que estos estén en llamas, si necesitas situar a una pareja que sea en el fondo del mar, si a pesar de todo esto sigues escribiendo escenas de pareja deja el teatro, la televisión te recibirá con los brazos abiertos. Termina el vaso que vamos por el quinto.
  5. Ama a tus personajes como a la botella que nos tiene aquí reunidos. Así que no les escribas soliloquios, busca el monólogo, dales interlocutores, ellos te lo agradecerán. No hay nada más aburrido que ver y escuchar a gente hablando sola. Quien te diga que eso es un monólogo interior mírale, en silencio, de arriba abajo, y de abajo arriba, luego escúpele. Embriaga tus diálogos, que no sean insulsos caldos de hospital si no que recojan toda la esencia de la uva y su transmutación etílica. Aprende a manejar las esticomitias, los parlamentos medios y los largos, haz personajes fronterizos, lacónicos o verborreicos, altos o bajos, épicos o tarados pero no descuides sus conflictos y dótalos de complejidad y poliedría. Ellos te lo agradecerán, yo te lo agradeceré, el público también.
  6. Aún estamos a mitad de botella, así que deja de relinchar que pareces un trotón y juega con el recuerdo pero no con la memoria. La memoria no tiene nada de ebriedad, el recuerdo lo tiene todo. La memoria son datos que almacenamos y que podemos compartir, el recuerdo es único y subjetivo, úsalo. Si quieres ser objetivo busca empleo en la agencia EFE pero no nos tortures escribiendo teatro.
  7. ¿No oyes esa música? Son los faunos que te llaman a la danza del vino, mueve las palabras a su ritmo, recuerda que toda partitura es un texto y que todo texto tiene partitura, que las notas calen en tus huesos hasta llegar a esas falanges retorcidas. No hay escritura arrítmica, porque si lo es, serán palabras pero no arte. Y nosotros estamos aquí para tocar recuerdos, no memorias.
  8. Hibrida y vencerás. Aprende las reglas de la comedia, del drama y la tragedia y ahora rómpelas, destrúyelas, mézclalas, el vino no, los géneros. Alaba la tragicomedia como si fuera tu diosa porque la pureza es una virtud sobrevalorada. Busca la belleza en la deformación y la deformación en la belleza. Que las apariencias engañen pero no busques el efecto. Si hay peripecia que sea porque la acción te lleva a ella así que rechaza a conejos y chisteras, sobre todo si los primeros salen de las segundas.
  9. Ahora que ya llevamos nueve rondas, notas que el vino suelta las lenguas, por tanto, que tu embriaguez suelte tus textos. Que todo se centre en la palabra, pero no en una palabra vacía, burguesa, insípida y breve si no en una palabra cargada, ritual, especiada y extensa. Si los personajes hablan en frases de tres palabras que sea porque no pueden hablar de otra forma y no porque seas sólo conoces tres palabras. Si tus personajes son de parlamentos extensos que cumplan la misma función. Sacraliza el verbo, una vez lo hayas conseguido escupe en la posmodernidad. Como ves estas tablas de la ley tienen muchos arranques antihigiénicos, pero deja lo polite a los que se llaman abanderados de la nación y moja tu culo en la charca de la palabra. ¿Está fría? La vida duele, la literatura más.
  10. Si lo que escribes es fruto de tu imaginación, cuando creas situaciones, son fruto de tu imaginación, cuando trazas historias son fruto de tu imaginación, también lo son los conflictos, las relaciones, los silencios. ¿Por qué la rechazas luego haciendo esas idioteces propias de José Luis Moreno y defendiendo mímesis indefendibles? Abraza la fantasía y lo imaginario. Dota a tus escritos de verticalidad, que lo sobrenatural, lo que es inaprensible para el hombre pueble tu papel entintado. Sin ello no serás nada y creerás que Ibsen escribe drama burgués. Si no sabes quién es Ibsen a estas alturas de borrachera coge la pistola que hay sobre la chimenea: carguen, apunten, fuego.
  11. Ahora que llevamos casi toda la botella, debo confesarte que me empiezas a caer bien, supongo que debe ser porque tus sesos no empañan la alfombra o porque hemos llegado a ese punto de borrachera en el que se exalta la amistad, sea como fuere, pon otro vaso y deja de hipar, es de muy mala educación. “Hip, hip”, es lo que se espera de un borracho así que si siempre vas a hacer lo que otros han hecho antes que tú de la misma forma que lo hicieron ellos, entonces, deja que el pasado hable por ti. Seguramente sea más interesante que lo que vengas a contarme. Pero si vas a alterar tu diafragma para contar las mismas historias de siempre desde tu yo, desde tu embriaguez, adelante, es un buen momento para que empecemos a tejer un cadáver exquisito.
  12. El último vaso, no te arredres y que sea de un trago. Si, los calores son algo normal, nadie se muere por un poco de asfixia etílica. Ahora pedimos otra botella. Si no has entendido nada de lo anterior, si consideras que me he comportado como un pedante, si crees que la escritura se debe practicar desde la comodidad, que todo es arte sin oficio, si no valoras lo viñedos al sur del Ebro, no has pisado Sicilia o buscas sentido a algo de todo lo que he dicho es que no has bebido suficiente o eres idiota de remate, saldo y outlet. Aunque no sirvas para esto, no te preocupes, aún puedes hacer algo por el bien de la humanidad hazte devocionario de Santa Kurda y toma el vino como su única verdad revelada, que al menos él sea el principio del fin. ¡Camarero! Otra botella.
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