DON FERMÍN “EL AMARGAO”

Saloncito cuco de cualquier apartamento con ático. De pie, colocando con mimo una fotografía enmarcada de MARI CARMEN, el elegante ANTONIO charla con FERMÍN, que permanece sentado, sin apoyarse en el respaldo y con las manos entrelazadas. Va ridículamente bien vestido

ANTONIO.- Bueno, veo que has encontrado mi casa fácilmente.

FERMÍN.- (reprochando) No tan fácilmente …

ANTONIO.- ¿Te apetece una copa hasta que venga Mari Carmen?

FERMÍN.- La verdad es que ya tengo ganas de conocer a tu esposa.

ANTONIO.- Ha salido a comprar vino, se nos acabaron las botellas, ya sabes.

FERMÍN.- No, no sé …

(Breve silencio. Pausa incómoda. ANTONIO, tras una breve meditación, se dirige al minibar y vuelve con su imperturbable sonrisa y un par de botellas).

ANTONIO.- Dime, qué prefieres ¿Coñac, tequila?

FERMÍN.- Tequila, por supuesto.

ANTONIO.- Dame un minuto, voy a echarle un vistazo al salmón.     

FERMÍN.- Bien.

(El dandi, tras servirle, sale. El invitado se queda solo, saboreando cada sorbo de la copa que mantiene en sus manos. Lo disfruta como una suerte de pre – orgasmo etílico. Su “momento” es interrumpido por el sonido del timbre.).

ANTONIO.- (Desde la cocina) Por favor Fermín, abre la puerta, esa debe ser

Mari Carmen.

FERMÍN.- (Bebiendo de un trago el resto de la copa) Voy.

(El timbre vuelve a sonar repetidas veces)

ANTONIO.- Vamos amigo no tema, ella no se asustará.

FERMÍN.- (Entre dientes) Gilipollas. 

(El timbre vuelve a sonar. Se escucha el sonido de una llave en la cerradura. Entra MARI CARMEN, vestida para la ocasión y portando dos bolsas, una en cada mano. FERMÍN permanece escondido tras el respaldo de su asiento).

MARI CARMEN.- Hola.

(Silencio). 

MARI CARMEN.- ¿Hola?. Tu debes ser Fernando … digo, Fermín?.

FERMÍN.- Sí.

MARI CARMEN.- Mari Carmen, encantada.

            (Le planta dos sonoros besos)

MARI CARMEN.- Tenía ganas de conocerte, Antonio me ha hablado mucho de

ti y yo le dije, en fin a ver si invitas algún día a tu amigo Fermín, siempre hablándome de él y todavía no le conozco, porque debe estar muy sólo ahí en su casa, mira yo siempre le digo a Antonio, y es que es verdad, a veces el tener que estar tan … ¡Uy!, ¿será posible?, mira, traía pasteles de postre y se me han espachurrado, voy corriendo a dejarlos en la cocina, es que, fíjate, he bajado a la tienda de enfrente que cierran tarde a por el vino y mira estaban de oferta, porque es que a Antonio le chiflan, pero bueno, voy a llevarlos a la nevera, lo siento, ¿me disculpas?.

(La mujer sale. FERMÍN le ha observado detenidamente cuando ella caminaba de espaldas a él. De nuevo solo en el salón, comienza tocar e inspeccionar su cuerpo.

FERMÍN.- Venga, no es tan difícil, sonríe y relájate. Santo cielo, Dios sabe que sólo pretendo no dar una mala  impresión.

(La parejita entra sin que él se percate)

MARI CARMEN.- Fernando ¿es verdad que eres mejicano?

FERMÍN.- Eh, no, no gracias.

MARI CARMEN.- Ah ¿no?. Si me dijo Antonio que eras de Veracruz.

FERMÍN.- Ah sí, Veracruz, sí.

MARI CARMEN.- (A Antonio) Oye ¿Qué le pasa a tu amigo?, le noto un poco raro, como ausente. Y que conste que esto no me lo habías avisado.

ANTONIO.- Pues será contigo, porque hace un momento estaba perfectamente.

MARI CARMEN.- Pues no sé, chico.

ANTONIO.- (Bromista) Yo creo que le has gustado ¿eh?

MARI CARMEN.- No digas tonterías y ten cuidado con el salmón, que se te va

a caer.

ANTONIO.- De eso nada. Verás que lo he pasado bien en la plancha porque a Fermín sólo le gusta muy hecho.

(ANTONIO pone la última pieza de salmón en la bandeja y MARI CARMEN coloca los pasteles. Le da una palmadita en el culo).

MARI CARMEN.- ¡Guapo!

ANTONIO.- Boba … ¡La cena ya está lista!

FERMÍN.- (Entre dientes) Qué asco. 

(El dandi sirve las copas).

FERMÍN.- Gracias.

ANTONIO.- ¿Y qué, Fermín, cómo va tú búsqueda, ya has encontrado algo?

FERMÍN.- No, nada.

ANTONIO.- Fue una injusticia. Pero ha habido tantas en el departamento. Esto es una ruleta amigo, le podía tocar a cualquiera.

FERMÍN.- A los catedráticos no os tocó a ninguno …

ANTONIO.- Encontrarás algo pronto. Seguro. He visto pocos tan entregados, puntuales, responsables y apasionados por la docencia como tú.

FERMÍN.- Por supuesto, ya sabes que soy muy eficiente en mi trabajo.

MARI CARMEN.- Por favor chicos, no hablemos ahora de eso, disfrutemos de la cena.

(MARI CARMEN roza la mano de FERMÍN con simpatía. Éste la aparta en

un acto reflejo. Su pan cae al suelo)

ANTONIO.- ¡Qué pinta tienen los pasteles 

MARI CARMEN.- Son de los que te gustan … 

(FERMÍN se ha agachado a coger el pan y permanece observando con detalle las piernas de MARI CARMEN y sus ligeros movimientos).

 ANTONIO.- ¿Todo bien, amigo?

 (Se reincorpora, despertando de su mini letargo erótico)

MARI CARMEN.- Creíamos que te habías perdido ahí abajo

(ANTONIO y MARI CARMEN sonríen)

MARI CARMEN.- Bueno Fermín ¿y que tal es eso de vivir sólo?

(El docente mejicano dirige descaradamente su mirada hacia ANTONIO,

que le está poniendo salmón en el plato. La escena, salvo FERMÍN, se congela).

FERMÍN.- Ya es la segunda vez que me dice esto, que le habrá contado

Antonio. Ese tipo es más listo de lo que parece, seguro que se lo ha dicho todo ¡todo!. Soy patético, patético y feo. Pero eso ya lo sabes Fermín y de nada sirve lamentarse ahora. Tienes que responderle con seguridad y parecer capaz de desenvolverte en cualquier tipo de situación. Pero ¡qué diablos!, es que tú no sabes desenvolverte en cualquier tipo de situación.

(Vuelta a la normalidad). 

FERMÍN.- Vamos tirando.

MARI CARMEN.- Sí, hay muchas personas a las que les encanta tener esa

independencia y soledad absoluta. Yo la verdad es que no podría …

ANTONIO.- Claro ¿Con quién ibas a tú a cotorrear si vivieses sola?

MARI CARMEN.- Tonto, seguro que contigo no.

ANTONIO.- ¿Ah no?

(La parejita exhibe tímidamente una de las obras de su amplia galería de arrumacos cargados de azúcar. Después, siguen con otras).

FERMÍN.- (Entre dientes) Qué asco.

ANTONIO.- Perdona Fernando ¿Qué decías?

FERMÍN.- Oh, nada, nada.

(Los tres empiezan a comer. Silencio incómodo. Ruido de tenedores. Ruido

de FERMÍN  masticando tostaditas de salmón).

FERMÍN.- La verdad es que vivir sólo tiene sus ventajas. Por ejemplo,

puedes pasearte desnudo por la casa sin que nadie te diga nada

MARI CARMEN.- (Riendo) Eso es verdad.

(FERMÍN le observa y comienza a sonreír con ella. Bebe dos copas de vino casi seguidas, sin esperar a que nadie le sirva. Suena el ruido de una ambulancia. ANTONIO se levanta a mirar por la ventana, lo que aprovecha su amigo para dedicar, repetidas veces, la mejor de sus sonrisas a MARI CARMEN).

ANTONIO.- Ay, ay estos chicos no saben beber, se desaniman con sus vidas y

y al final pasa esto.

(FERMÍN no le escucha, ya que su atención recae sobre el rostro de la anfitriona. La escena se congela, salvo MARI CARMEN, que se dirige al público).

MARI CARMEN.- Sí,  Fermín se puso algo pesado con sus miraditas. Miren, yo soy una mujer abierta, no soy de esas chicas guapas que trata de avasallar a los tipos feos, ignorándoles o tratándoles con desprecio. No me disgusta escucharles. Pero de ahí a que me fascinara el mejicanito … En fin, dejemos este tema, porque el caso es que hoy en el trabajo me han propuesto hacer…

(Vuelta a la normalidad. MARI CARMEN abraza a ANTONIO y le da un beso en la mejilla. Éste responde con una carantoña. Ambos quedan un momento mirándose a los ojos. FERMÍN bebe más rápido, copa tras copa).

FERMÍN. (Entre dientes) Que asco … 

(Bebe compulsivamente)

FERMÍN.- ¿A que no sabéis que es una monja?

ANTONIO.- No, yo no ¿ tú cariño?

MARI CARMEN.- Tampoco, tampoco.

FERMÍN.- Una mujer que se ha casado con Dios porque no hay Dios que se case con ella (Ríe solo) … ¿Y un cura?

ANTONIO Y MARI CARMEN.- No, no tampoco.

FERMÍN.- Un señor al que todos llaman padre, menos sus hijos que le dicen tío (Ríe solo )… ¿Y un catedrático?

ANTONIO.- No …

FERMÍN.- ¡El mayor cerdo que te puedas echar a la cara!

(Carcajea solo. Se levanta y comienza a bailar sin música de manera discreta, ante la atónita mirada de sus acompañantes. La escena, salvo ANTONIO, se congela cuando FERMÍN está ejecutando su paso estrella).

ANTONIO.- Es cierto que mi amigo perdió un poco los papeles, sus chistes no venían al caso y su actitud no era del todo adecuada. Pero él estaba contento y eso era lo importante para mí. Además, yo estaba esperando a que llegara una sorpresa que le habíamos preparado

(Vuelta a la normalidad. FERMÍN sigue bailando e invita a MARI CARMEN a acompañarle. Ella se hace la remolona pero, atrapada, finalmente accede. El baile resulta patético. El sonido del timbre es aprovechado por la anfitriona para liberarse)

MARI CARMEN.- (Sobreactuada) Uy  ¿Quién será ahora? Voy a mirar.

ANTONIO.- (Sobreactuado) No sé … 

(MARI CARMEN entra al salón del brazo de una mujer)

ANTONIO.-Hola Marta ¿Qué tal?

MARTA.- Bien. No os habré interrumpido ¿No?

ANTONIO.- Oh no, no, ya habíamos terminado. Pero hemos traído tu tequila favorito … Mira, te voy a presentar a mi amigo Fermín.

FERMÍN.- Buenas noches, encantado

MARTA.- Lo mismo digo Fernando ¿Puedo sentarme contigo?

FERMÍN.- Sí, sí, por supuesto … soy Fermín. 

MARTA.- ¿Qué tal todo. 

FERMÍN.- Bien.           

MARTA.- Antonio me dijo que eras compañero suyo … 

(El sonido de los hielos de la copa del mejicano parece atronador) 

FERMÍN.- Sí, doy clases en la Universidad.

MARTA.- Debe ser genial.

FERMÍN.- Así es, sobre todo cuando los alumnos aparecen en tu despacho, para revisar su examen y te dicen: “Hola, don Fermín”   

MARTA.- ¿Y cómo es eso de manejar a un montón de chicos de …

ANTONIO.- (Interrumpiendo) ¿Qué Martilla, te animas a una copita de tequila’ 

MARTA.-  Qué bueno, adoro el tequila.

(Poderoso trago de la invitada)

MARTA.- Uy, uy, uy …

CORI.- En verdad el tequila es algo adorable, una de esas pocas cosas por las que merece la pena estar en este mundo.

MARTA.- (Riendo) Y tanto.

(Los cuatro ríen, MARTA pega otro trago a su vaso y FERMÍN hace lo mismo).

MARI CARMEN.- Fernando … ¿y las chicas también te gustarán, no? Antonio me ha dicho que eres todo un conquistador.

(La copa de FERMÍN cae al suelo, No hace ni amago de recogerla).           

FERMÍN.- Fermín …

MARTA.- Ay, disculpa.

FERMÍN.- No me quejo, pero soy muy exigente con las mujeres. En Méjico todas las mujeres son bellas, no como aquí …

MARTA.- ¿Qué pasa, que sólo te gustan las mejicanas?

ANTONIO.- A Fermín no le conquista cualquiera …

(Atronador choque de cubitos de hielo)

FERMÍN.- Lo que pasa es que allí no hay tanto dinero. Aquí estáis como estáis por suerte, ¡pura suerte he dicho!

ANTONIO.- Tranquilo amigo, sólo pretendíamos …

FERMÍN.- Vosotros no tenéis ni puta idea de lo que pasa allí ¿Quién coño os creéis que sois, siempre juzgando a los demás?

ANTONIO.- Vamos Fermín, me parece que te estás pasando un poco, tranquilízate.

FERMÍN.- Y una mierda. Para ti es fácil hablar, lo has tenido todo en la vida.

MARI CARMEN.- Bueno chicos, dejadlo.

(Silencio. FERMÍN se recuesta en su asiento. ANTONIO hace lo propio).

ANTONIO.- No te enfades. Hemos venido a pasarlo bien, nada más.

(MARTA se recuesta sobre el hombro de FERMÍN, pasando la mano por su pecho suavemente).

MARTA.- Venga Ferminchu, disfruta, que te veo muy tenso. La noche es muy larga.

(FERMÍN coge la copa y bebe otro trago. Se sirve otra. ANTONIO y MARI CARMEN se besan entre risas. FERMÍN, de un empujón, se quita de encima a MARTA)

FERMÍN.- Mujeres, mujeres ¿Quién las necesita teniendo una copa de tequila en la mano, eh?

(Atónitos).

MARTA.- Pues si quieres nos vamos y te dejamos a solas con tu tequila.

(La escena se congela).

MARTA. ¿Fernando? Al principio lo vi ahí sentado, tan formalito y tímido que me dije: ¿Y porqué no? Para nada me pareció un hombre guapo, ni mucho menos, pero al fin y al cabo eso no es lo más importante en mi opinión … Después empezó con su particular recital. ¿Pero qué clase de animalillo era ese? Hubo momentos en los que temí lo peor. Estaba confuso e irritado. Las venas de su cabeza engordaban por momentos … No sé si será su forma habitual de proceder con las mujeres, pero vamos, a mí me dio la impresión de que su pequeño cerebrito no marchaba bien. ¿Cómo pude llegar a pensar que yo con ese tío? … Lo peor de todo vino después de que le dijera que se quedara a solas con el tequila.

(Vuelta a la normalidad).

FERMÍN.- ¡Eso, eso es lo que os gustaría! Dejarme aquí sólo con mi copa mientras os burláis de mí. ¡Siempre igual!, ¡Hipócritas! ¡No valen una mierda!

(Se pone de pie, en actitud desafiante ante los tres, jadeando. Saca el teléfono, pulsa varias teclas y suena música. Empieza a bailar y atrapa a MARI CARMEN, esta vez casi a la fuerza. Desatado, se pone la corbata en la cabeza y empieza a moverse sin ningún tipo de control, arrastrándola. Da gritos insensatos, canta la canción traducida por él mismo al mejicano, insulta sin saber a quién ni por qué. ANTONIO reacciona y forcejea con él hasta liberar a su amada).

ANTONIO.- Por favor, amigo, relájate, ya es suficiente. Por hoy has tenido bastante. Te llevaré a casa.

FERMÍN.- Suéltame, traidor, hijo de puta. Tú eres el culpable de todo.

ANTONIO.- Para ya. Estás amargado.

(FERMÍN le aparta de un empujón , ejecuta dos pasos de baile ridículos, se tambalea y vomita, salpicando la vajilla, la mesita y al personal. Después se derrumba en medio de la sala).

(Oscuro).

(Habitación pequeña, austera, desordenada. Entre los papeles desperdigados,  una revista pornográfica con una mujer desnuda en la portada. Entra ANTONIO que carga con FERMÍN, medio sonámbulo de ebriedad. Lo recuesta. Duerme. ANTONIO sale).

FIN

 

 

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