FORMOL O NO FORMOL por Paz Buelta Serrano

 

 

Amplio salón de amplia casa con cocina americana incorporada. Los pocos y grandes muebles en blancos y/ o negros impolutos, los electrodomésticos metalizados en grises brillantes; todo muy elegante, muy de diseño, muy a la moda. Antonio Gaditano, Ángel Miguel Carpacho, Amanda Fajitas, un chupaculos que pasaba por allí (=pelota profesional) y Estrella la Nueva entran en tropel peleándose por coger el mejor sitio en el gran sofá blanco. El que no cabe debe conformarse con una silla designed by Mies van der Rohe (Bauhaus). ¿Todos? ¡No! Estrella, que como su propio nombre indica es nueva, queda de pie atónita observando el espectáculo. Una vez todos han tomado asiento, y el vencedor sonríe ampliamente al mismo tiempo que levanta los brazos cual campeón del gran cinturón de boxeo, entra Fabricio Damisela. Con un solo gesto de su mano hace levantarse al ganador para sentarse. Esto provoca un nuevo revuelo entre los ya acomodados, debido a ciertos empujones del antiguo ganador. Una nueva ronda del juego de las sillas, y todos vuelven a situarse. Todo esto sucede bajo la perpleja mirada de la Nueva que no sabe dónde meterse o dónde sentarse; no queda ni un hueco libre.

 

FABRICIO.- Tome asiento por favor. Pero ¡qué desconsiderados somos! Tenemos aquí a nuestra invitada especial, a nuestra homenajeada, y no nos hemos dado cuenta de dejarle un sitio.  Disculpe. Por favor, levántate y cédele el sitio a la dama. (Mirando al pelota)

PELOTA PROFESIONAL.- ¿Qué? ¿Yo? Ah, ¡sí señor! Cómo no. Disculpe señorita Estrella, siéntese aquí por favor.

ESTRELLA.- Oh, no, yo no quisiera…

PELOTA.- No se preocupe, es un placer. (Estrella se sienta, el pelota mira alrededor. Trata de sentarse en el brazo de una silla pero se escurre, en el del sofá pero le tiran, va a sentarse en la mesita que se encuentra delante del sofá pero Fabricio le echa una mirada fulminante. Fulminado, acaba sentándose en el escalón que separa la cocina del salón)

FABRICIO.- Querida, qué éxito el de esta noche.

GADITANO.- Espectacular.

FAJITAS.-Maravilloso.

CARPACHO.- Inaudito.

PELOTA.- Lo nunca visto.

CARPACHO.- Es lo mismo que he dicho yo.

PELOTA.-Bueno, no exactamente. Realmente la definición de inaudito, del latín inauditus, es

CARPACHO.- (Cortándole) ¿Tú quién eres?

FABRICCIO.- La acogida ha sido increíble.

GADITANO.-Espectacular.

FAJITAS.- Tremenda. Brutal

CARPACHO.- Inigualable.

PELOTA.- Incomparable. (Carpacho le mira)

FABRICIO.- El público puesto en pie.

GADITANO.-Aplaudiendo.

FAJITAS.- Silbando.

CARPACHO.- Jaleando su nombre.

PELOTA.- Coreando su nombre.

CARPACHO.- ¿Este quién es?

FABRICIO.- Y la crítica, ¿verdad Carpacho? ¡Qué bien le ha puesto la crítica! Sólo halagos he oído, ¿eh Carpacho? Dígaselo, hombre, dígaselo.

CARPACHO.- Sí, la verdad es que sí. Hacía mucho

FABRICIO.- (Cortándole) Pero qué hace ahí sentado, hombre. Acérquese para contárselo mejor.

CARPACHO.-Si desde aquí

FABRICIO.- (Cortándole) Ángel Miguel.

CARPACHO.-Bueno (Se levanta, con la correspondiente algarabía por ocupar su sitio) Como decía, la verdad, Señorita Estrella, es que hacía mucho tiempo que no veía a mis compañeros tan emocionados como

FAJITAS.- (Cortándole. Con una gran sonrisa.) Y compañeras.

CARPACHO.- ¿Qué?

FAJITAS.- Compañeros y compañeras, porque hay también mujeres en su profesión. Vamos digo yo, eso o he tenido alucinaciones en estos últimos años. (Risita aguda y entrecortada)

FABRICIO.- Pues claro Carpacho, no debemos olvidar a las mujeres que tanto hacen por nosotros.

GADITANO.-Por supuesto, compañeros y compañeras.

CARPACHO.-Sí, eso mismo, hacía mucho tiempo que no veía a mis compañeros y compañeras tan emocionados como esta

PELOTA.- (Cortándole) Y emocionadas.

CARPACHO.- ¡Tan emocionados y emocionadas como esta noche! Sin duda mañana será portada (Entra un muchacho)

FABRICIO.- (Cortándole) Fabricini, ¿tú qué haces aquí?

FABRICINI.- Hombre tito, no sabía que tuvieses invitados esta noche. Qué divertido. Qué divertido y qué emocionante, ¿quién nos honra con su presencia en esta velada? ¿Miembros de la Embajada Rusa? ¿Dirigentes del Gobierno? No creo, hoy no veo sobres. Tal vez

FABRICIO.- (Cortándole) Muy gracioso Fabricini, muy gracioso. Esta noche teníamos estreno en el teatro, ¿no recuerdas que te lo dije ayer?

FABRICINI.- Ay, pues no. Lo siento tito. Ya sabes, con las pastillas nuevas a veces no consigo retener la información. Ni el sueño, ni la comida… No es fácil llevar una vida normal. (Suena un profundo ”oooh” emitido por los presentes) Pero no sabes el bien que me hace tener un poco de compañía. Aunque si quieres me voy, ya sabes que odio molestar.

TODOS.- ¡No, quédate!

FABRICIO.- No claro, quédate… ¡Pero solo un rato! Ya sabes que… no te sienta nada bien acostarte a deshoras.

FABRICINI.- Gracias tito.

FABRICIO.- Señores, este es (mirada fulminante de Amanda Fajitas. Fabricio carraspea) Señores y señoras, este es mi sobrino Fabricini. Tiene algunos problemillas mentales, así que no se sorprendan de las cosas que les pueda decir y no le hagan mucho caso. Yo voy a pasar a la cocina a preparar unos cócteles para amenizar la noche. Amanda, ¿puede usted acompañarme para comentar unas cosas de sus próximos ensayos? (Ambos se retiran a la cocina donde continuamos viéndoles pero no les oímos. Movimiento general para ocupar sus sitios en el sofá)

FABRICINI.- Y díganme, ¿de qué estaban hablando?

CARPACHO.- Le comentaba a la Señorita Estrella el inigualable efecto que ha tenido su encantadora obra sobre mis

FABRICINI.- (Cortándole) ¡Señorita Estrella! Fabricini Buonamantte, a sus pies. (Le besa la mano)

ESTRELLA.- ¿Es usted italiano?

FABRICINI.- (Sin soltarle la mano) Come il mio padre e il mio tio, ma como buen italiano sabemos esconder perfettamente nuestros defectos. Ma quando usted quiera… (Vuelve a besar su mano. Carraspera general que rompe el momento. En la cocina vemos como Amanda Fajitas prepara los cócteles mientras Fabricio no para de parlotear y mirarla. Fabricini suelta su mano y empuja a los sentados en el sofá para coger hueco. Nuevamente el pelota se queda sin sitio y acaba en el escalón) Y dígame, ¿es la primera vez que estrena una obra suya?

ESTRELLA.- En un teatro nacional sí.

FABRICINI.- Y ¿de qué trata?

ESTRELLA.- Es la historia de tres hermanas. Su padre murió hace un tiempo y no tienen mucho de qué vivir. Está situada sobre el siglo XIX, más o menos. Lo que ellas quieren realmente es ir a vivir a la capital, que además es su ciudad natal, pero nunca lo consiguen.

FABRICINI.- ¡Oh, qué triste! Pero,  ¿de qué me suena eso?

CARPACHO.- Seguramente lo leyó en mi último artículo en el que, simplemente con el ensayo general, ya pude prever el éxito de esta gran pieza y el gran talento de nuestra homenajeada.

FABRICINI.- Mmmm… No. No leo en el baño.

PELOTA.- Será porque toca unos temas y los trata de un modo que resulta una obra tan universal que resuena en nuestras cabezas desde más allá de los griegos.

(Silencio)

FABRICINI.- ¿Eh?

(Silencio. Todos le miran.)

PELOTA.- Voy a ayudar al Señor Fabricio a servir los cócteles. (Va a la cocina)

FABRICINI.- La cuestión es que hoy ha tenido su primer estreno y su primera ovación y eso, dobbiamo festeggiare (Toses de Carpacho, que golpea a Gaditano para que le acompañe) Menuda tos más rara tiene usted Carpacho…

CARPACHO.- Sí, estamos todos igual. Hacía un frío en el teatro…

FABRICINI.- Y yo que creí que a usted le gustaba la carnaza… En fin, entonces supongo que ha sido invitada a casa de mi tito para enseñarla la estancia famosa.

CARPACHO.- ¡No!

ESTRELLA.- ¿Qué estancia?

FABRICINI.- Sí hombre, el lugar donde tienen encerrados

CARPACHO.- (Cortándole) ¡Fabricio, esos cócteles! ¡¿Cómo van?! ¡Perfectos! Ya están en su punto perfecto. Vamos a traerlos ya, que su sobrino tiene muchísima sed. ¿Verdad Fabricini?

FABRICINI.- La verdad es que no.

ESTRELLA.- ¿Les ayudo?

CARPACHO.- ¡Sí, por favor! Venga conmigo. (Coge del brazo a Estrella y tira de ella hacia la cocina)

FABRICINI.- No es necesario Estrella. La señorita y yo estábamos hablando. (Coge del otro brazo a Estrella y tira de ella hacia sí.)

FABRICIO.-Pero ¿qué hacen ustedes? Qué me la van a partir. Pelotilla, suéltale la mano a mi sobrino.

PELOTA.- ¡Sí señor!

FABRICINI.- No es necesario, sé coger una indirecta. (Se sueltan)

FAJITAS.- Bueno, ¿a qué esperan? Cojan un cóctel y brindemos. ¡Ah! ¡La vida es maravillosa!

FABRICIO.- ¡Es cierto! Y con este acompañamiento es aún mejor. Verdaderamente me han quedado riquísimos. (Mirada fulminante de Fajitas que, aunque mira, no dice nada)

PELOTA.- Es usted maravilloso. No me extraña que sea el jefe de todo esto.

CARPACHO.- Ah, ya. Tú eres el nuevo…

FABRICIO.- ¿Qué dices Carpacho?

CARPACHO.- Que si no llevará esto huevo.

FABRICINI.- Precisamente de ingredientes quería yo hablar. ¿Qué es lo que echáis en los botes de conservas de la habitación secreta, tito?

FABRICIO.- ¿Perdona? Aquí no hay habitaciones secretas Fabricini. ¿Ves como  trasnochar no te viene bien? Ahora mismo te vas a la cama que si no en un ratín estás viendo a los elefantes que te comen y llamando Lady Gaga a uno de estos señores.

FABRICINI.- No me cambies las cosas tito. Los elefantes no me comen, me rompen la cadera. Y no te mofes de mí, que luego me paso días andando como un anciano, con muletas y todo, y parece que me quedan dos días de vida. ¡Además hoy me he tomado la pastilla! No es eso, es que yo estaba explicándole a la señorita los beneficios de su gran noche. Le decía que gracias a ella se ha ganado un lugar seguro en la habitación de honor.

FABRICIO.- Ah, sí. Eso es verdad. Seguro que pondremos una foto junto a la de los más grandes.

FABRICINI.- Entonces, puedo enseñársela.

FABRICIO.- Fabricini, chico, si ese pasillo está en el teatro.

FABRICINI.- ¡Ah, no! ¡Esa no tito! La del fondo del pasillo, la que está cerrada con llave. Donde están las otras grandes estrellas en formol. (Carpacho salta sobre Fabricini y lo tira al suelo, tapándole la boca. Fajitas, sin dejar de sonreír, le pellizca las piernas)

FABRICIO.- Hijo, hay que bloquearte. Hay que bloquearte. Lo siento muchísimo pero dentro de nada te pones agresivo… y es peor el remedio que la enfermedad. ¡Hala! Un cacharrazo y a la cama. (Mientras Fabricio se acerca a la cocina a por una sartén Fabricini se revuelve, grita, se zafa. Dice todo su texto posterior mientras huye, salta, se escapa; persecución. )

FABRICINI.- ¡Pero si es verdad! Ahí tenéis a otros a los que les pasó lo mismo… y ahora ya no se sabe más de ellos. ¡Ay! Cuando necesitáis recuperarlos porque os aburrís,… ¡quita!… porque os quedáis sin programación en el teatro… ¡ou!… o cualquier otra locura vuestra… ¡ayayay!… los sacáis. (Agarra a Estrella por el brazo) ¡Ven, voy a enseñártelos! ¡Tengo la llave! (Salen los dos. Todos los demás corren detrás menos Gaditano, que continúa sentado en el sofá)

(Silencio)

(Vuelven todos menos Fabricini. Mucho más relajados.)

(Silencio)

ESTRELLA.- Bueno señores, ha sido un placer pero se ha hecho tarde… me voy.

FABRICIO.- ¡No Señorita Estrella!

ESTRELLA.-Yo no he visto nada, pero me voy.

CARPACHO.- Pero no puede dejarnos así una noche como ésta.

PELOTA.- ¡Aún no hemos celebrado nada! ¡Queda mucho más! (Todos le miran)

ESTRELLA.- Me voy. Me voy.

FABRICIO.- Pero Estrella… Gaditano, ¡diga usted algo!

GADITANO.-Sí.

FABRICIO.- ¿Sí?

GADITANO.- ¿No?

FABRICIO.- ¡No!

GADITANO.-Eso es, no. No a todo.

 

 

 

FIN

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