IMPROMPTU DE VERSALLES

En su “Impromptu de Versalles” el genial comediógrafo y dramaturgo francés ironiza y critica, siempre utilizando el arma de la carcajada como principal argumento, varios de los aspectos más representativos del clasicismo francés reinante en su época.

Moliere se sirve de la fórmula del metateatro, ideal para llevar a cabo esa crítica “desde dentro” de muchas de esas costumbres relacionadas con la puesta en escena – en muchas ocasiones arcaicas y en extremo rígidas – tan populares durante aquellos años en su país.

De este modo, en la pequeña pero brillante pieza que nos ocupa, la acción se desarrolla durante el proceso de ensayos de una obra escrita por el propio Moliere. De hecho, los personajes son, además de él mismo, los actores con los que solía trabajar en sus montajes. No es de extrañar por tanto, que dichos actores se interpretaran a ellos mismos, al igual que el actor y dramaturgo galo.

Actores que declaman de manera exagerada, otros que no saben el papel. Estatismo y rigidez absurda de los mismo, situados frontalmente al espectador … todo ellos es ridiculizado en el “Impomptu de Versalles” y esconde una profunda reflexión personal del autor sobre su concepción del oficio teatral.

Pero además, satiriza también los comportamientos de alguno miembros de la corte (incluyendo al rey), y aprovecha para lanzar varias estocadas a alguno de sus enemigos contemporáneos, especialmente a uno de principales autores del género trágico.

Para Moliere, la comedia debe sacar a la luz las mayores lacras de la Humanidad – esto puede apreciarse de forma clara en títulos como “El avaro”, “El misántropo”, “El enfermo imaginario” o “Tartufo”, por citar algunos – siempre atendiendo al contexto social, político, económico y humano en el que se encuentra. El texto que nos ocupa es una buena muestra de ello.

Destacar finalmente, la capacidad e riesgo y valentía del autor francés al escribir esta breve pero significativa pieza. La que con mucha probabilidad sea la personalidad más representativa del teatro francés de su época, ataca sin complejos y con rebeldía muchas de las convenciones más arraigadas en la escena francesa de su tiempo.

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