MADRE CON NIÑO

Nunca he visto una dama tan fiel
que, si no se llega a un pacto con ella,
no recurra a las malas artes, si se la aparta de las buenas.

Guillermo de Aquitania
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Personajes

MADRE
Va vestida de riguroso luto. Es una mujer de cuarenta años que deberá ser interpretada por una actriz que los aparente.
NIÑO
Es rubio y tiene once, doce o trece años. Lo hará un actor veinteañero que tenga el aire aniñado.
DEPENDIENTA
Pelirroja.
SOLDADOS MARICAS
Con bonitos uniformes de gala.
ROMEROS
Confusión de camisas, sombreros de paja, boinas, mosto y muchísima cocaína.

La escena representa un amplio descampado.
Hay una tienda al aire libre de todo tipo de objetos, con DEPENDIENTA pelirroja.
Al fondo, una iglesia. A sus puertas esperan los ROMEROS y el grupo de SOLDADOS MARICAS, en notable revuelo de pantalones, volantes y chamarras.

La acción es en España, últimos golpes de la primavera, recién empezado el siglo XXI.

El NIÑO y su MADRE recorren la tienda. Están ojeando material de oficina:

MADRE. Y esa fue la última vez que tu padre y yo dejamos que te revolcaras en las hojas secas. Saliste lleno de mierda. Papá lo grabó todo con su cámara de vídeo: así que puedo demostrártelo. Dos meses después se fue.

NIÑO. ¿Adónde se fue?

MADRE. No lo sé. Te tengo dicho que no me preguntes eso. No lo sabremos nunca. Tú tenías ocho añitos, ahora tienes doce o trece; pero parece que fue ayer.

NIÑO. Esta es la calle de mi colegio.

MADRE. Sí. Está un poquito más adelante.

NIÑO. Me duele la barriga.

MADRE. Espérate a casa. Ya vamos.

NIÑO. De mi clase al cuarto de baño hay un pasillo larguísimo. Me da mucha vergüenza pedírselo a la profesora, pero hay días que ya no me aguanto y tengo que salir corriendo. La puerta está medio rota y me cuesta mucho trabajo abrirla. Los otros se ríen de mí. Soy incapaz de hacerme el pasillo corriendo; tengo que ir muy despacito. Ese pasillo me da mucho miedo. Tiene unas ventanas muy grandes. Casi todas las veces, cuando llego, ya me he cagado encima. No es que se me escape, no os creáis: la mayoría de las veces, exceptuando un par de ellas que me encontraba muy mal, es por placer.

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UN ROMERO. ¡Viva la Virgen de la Oliva!

ROMEROS y SOLDADOS MARICAS. ¡Viva!

OTRO ROMERO. ¡Viva la Madre de Dios!

ROMEROS y SOLDADOS MARICAS. ¡Viva!

OTRO ROMERO. ¡Viva la aceitunera divina!

ROMEROS Y SOLDADOS MARICAS. ¡Viva!

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DEPENDIENTA. (Que se acerca a la MADRE y al NIÑO.) Hola. ¿Puedo ayudarles?

MADRE. No, gracias, solo estamos mirando.

DEPENDIENTA. Hola, chiquitín. ¿Cuántos años tienes?

NIÑO. Doce o trece.

DEPENDIENTA. Voy a estar en la caja, si quieres venir a jugar conmigo…, mientras mamá hace alguna compra.

NIÑO. No. Me quiero quedar con mi madre. ¿Sabe usted que se pasa todo el día viendo la tele sin hablarme?

MADRE. Niño, cállate, que pareces tonto.

DEPENDIENTA. Bueno, estaré allí para lo que usted quiera.

MADRE. Muy bien, gracias.

NIÑO. Gracias, señorita. Voy a coger de la mano a mi madre.

La MADRE retuerce el brazo del NIÑO, que no grita ni se queja.

DEPENDIENTA. ¡Guapo! (Le hace un cariño en el cabello rubio.)

La DEPENDIENTA se refugia en la caja y no deja de lanzar miradas al NIÑO.

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UN SOLDADO MARICA. ¡Qué brazo más fuerte!

UN ROMERO. ¡Quita!

EL SOLDADO MARICA. ¿No tiene usted alguna cosilla para amenizar la espera?

EL ROMERO. No tengo nada.

EL SOLDADO MARICA. ¡Qué pena! Te pagaría bien.

EL ROMERO. ¡Felicidades por la victoria!

EL SOLDADO MARICA. ¡Oh qué grandioso día! ¡Gloria del César contemporáneo! Hemos hecho retroceder al enemigo. Si supieras cuánto nos ha costado devolverlos a su orilla del río… ¡cabrones! Nunca deberían haberse movido de ahí. No fueron ellos los que empezaron la guerra, en verdad…, pero llevaban tantos años diciendo tonterías y molestando al país…, que tuvimos que ponernos serios. Y ya ha terminado la guerra. En su orillita están lamiéndose las heridas. Ya sabes que ha sido todo muy épico. Al amanecer de un día de diciembre, me puse las botas y me cosí (Mostrándolos orgulloso.) los volantes de la guerrera…

EL ROMERO. Sois los salvadores de la patria.

EL SOLDADO MARICA. ¡Somos héroes! ¡Viva la Virgen de la Oliva!

EL ROMERO. ¡Que viva, coño! Pregúntale al del tambor. Le dices que te mando yo.

El ROMERO enciende un cohete que describe silbando una sinuosa línea por toda la escena, hasta que aterriza y explota muy cerca de la tienda. Vuelve a intentarlo con otros dos cohetes, y mismo resultado.

EL ROMERO. ¡Viva la Madre de Dios!

ROMEROS, SOLDADOS MARICAS, MADRE, NIÑO y DEPENDIENTA. ¡Viva!

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La MADRE y el NIÑO van por la sección de frutas:

NIÑO. ¿Cuándo sale el simpecado?

MADRE. En un ratito. ¿Quieres un plátano?

NIÑO. No.

MADRE. Luego te cagarás.

NIÑO. Me he comido una manzana.

MADRE. Eso no sirve. Cómete un plátano. Estás siempre cagándote encima. Tu padre siempre se comía una latita de atún y un plátano antes de irse a dormir, a las once de la noche. Seguro que lo sigue haciendo, esté donde esté. Tu padre no se cagaba encima. A ver si aprendes.

NIÑO. Déjame en paz. Dame la mano. Me está mirando la señorita. Ahora no me apetece un plátano.

MADRE. (Que le aprieta violentamente la mano a su hijo.) Llevas todo el día quejándote y diciéndome que no a todo. No le hagas caso a la dependienta. Quédate aquí conmigo. Qué ojinos más pequeños tienes. Mírame a mí. ¡Si yo solo quiero que tú te comas un platanito! ¿Ves a los soldados? Están fuertes y son fieros.

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OTRO ROMERO. No vamos a hacer el camino tranquilos. La vera está sembrada de muertos.

OTRO SOLDADO MARICA. Los muertos ya están podridos. Les echamos tierra encima, y no hay problema. Lo mismo, un olorcillo…

EL ROMERO. Un olorcillo muy molesto, ¿no?

EL SOLDADO MARICA. Yo tengo sinusitis y no lo voy a notar.

EL ROMERO. A mí no me parece bien que los muertos estén ahí.

EL SOLDADO MARICA. ¡No sea usted aguafiestas, por Dios, que va a salir el simpecado!

EL ROMERO. Me va a dar asco el olor del camino. Cuando hacíamos el camino incluso durante la guerra, olía a lo que tiene que a oler. Ahora hay una distancia horrible entre mis ojos y los ojos de los muertos. No es normal. Los muertos van a estar muy cerca…, pero tan muertos… Me va a dar asco el olor del camino.

EL SOLDADO MARICA. ¡Que no! ¡Ya verá! Tiene narices que me diga esto. Me he pasado tres años pegando tiros como un tonto por vosotros. Soy épico hasta la muerte. Nací épico en un barrio épico. Los muertos los hemos matado nosotros y bien muertos que están. Me alegro que ya no puedan moverse de ahí, porque no vea usted la guerrita que nos han dado. Ya se los comerán los linces, no se preocupe.

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La MADRE y su hijo recorren la sección de electrónica:

NIÑO. ¿Puedo ir con la dependienta?

MADRE. No. Quédate conmigo.

NIÑO. ¿Cuándo se te rompió el tarrito de perfume?

MADRE. No me acuerdo.

NIÑO. Qué bien olías cuando íbamos a casa de los abuelos. Qué pena que se te rompiera. Cuando pasaba por tu cuarto de baño, y te estabas duchando… antes de salir a casa de los abuelos…, en Navidad, me quedaba en la puerta y escuchaba el sonido del agua contra tu cuerpo y el plato de la ducha. Era un tiroteo muy fino. Apretabas el bote de gel, con ese ruidillo tan gracioso que hace. Escuchaba cómo estrujabas la esponja contra tu vientre. Cerrabas el agua y yo sentía cómo posabas los pies sobre la alfombra. Poco a poco, te ibas secando. Yo podía oler la última gotita que te recorría la espalda. Antes de que salieras, desnuda y seca, por la puerta hacia tu cuarto, yo me iba corriendo y me escondía entre las piernas de papá.

MADRE. (Que le suelta una bofetada.) ¿Por qué no te vas con los soldados?

NIÑO. (Está reprimiendo el llanto.) Me quiero quedar contigo.

MADRE. Anda, ven.

La MADRE abraza a su hijo.

NIÑO. Cómprame dos Iphones y te dejo que me des plátanos para que no me cague encima.

MADRE. Échalos en la bolsa. Voy a por los plátanos. No te muevas de aquí, cabroncete.

La MADRE va a buscar los plátanos. Vuelve con cinco o seis.
Obliga al NIÑO a que se coma el primero. Mientras tanto,

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un ROMERO enciende un cohete que describe silbando una sinuosa línea por toda la escena, hasta que aterriza y explota muy cerca de la tienda. Vuelve a intentarlo con otros dos cohetes, y mismo resultado.

EL ROMERO de los cohetes. Me cago en la leche que mamó Beethoven.

UN SOLDADO MARICA. Romerito, romerito, qué manos tan blancas tienes.

EL ROMERO. ¿Qué quieres, maricón? ¿No ves que estoy ocupado con los cohetes?

OTRO SOLDADO MARICA. ¡Chiquilla, qué lengua! ¡Anda y que te den! ¡Viva la Virgen de la Oliva!

ROMEROS, SOLDADOS MARICAS, MADRE, NIÑO (Con la boca llena de plátano.) y DEPENDIENTA. ¡Viva!

OTRO SOLDADO MARICA. ¡Qué calor! Ya se me ha olvidado la guerra. Ya tengo otra vez ganas de sangre. ¡Qué me traigan a los camaradas heridos, que me los voy a comer a todos! Por fin vamos a tener vacaciones de verano. Tres años sin pisar la playa, excluyendo desembarcos. Hace unos meses hicimos un búnker en Matalascañas. Nos lo bombardearon los cabrones, pero ahí sigue, firme, en pie, enhiesto como el ciprés de Silos. ¡Y yo tengo la llave! (La muestra alegremente; los demás saltan de felicidad.) ¡En agosto estáis todos invitados! Ya veréis cómo nos vamos a poner. ¡Viva España!

Jaleo.

EL ROMERO de los cohetes. Aquí llevamos ya toda la mañana. (Se aparta del grupo.) Qué calorcito. Qué gusto. No sé qué coño pasa con los cohetes. Pero no creáis que no me gusta el efecto que hacen nuevo. Yo no tengo ni idea de pirotecnia, y menos en estas condiciones. Yo soy enfermero. Mi función en el camino es tirar cohetes y freír croquetas. Es importante que no se sobrehumedezcan ni los unos ni las otras; esta es una época de lluvias. El tamborilero es el camello. Aprendió su arte en la recóndita barriada, y lo comparte con nosotros. Todos estamos bajo el manto de la Madre y Luz que nos guía, dulcísima Abogada. Se me ponen los pelos de punta y me tiemblan las piernas nada más que de pensar en cuanto lleguemos a la aldea y nos metamos todos en la Casa-Hermandad. Esta sensación de fuego en la garganta y de mucha devoción me invade todos los años. Las vitrinas de madera y cristal, donde metemos las botellas de ginebra y las latas de Schweppes, me huelen igual que los pupitres y las sillas del colegio. Cuando nos hemos instalado ya, empiezan los ritos, las celebraciones… Nos han acusado muchas veces de hipócritas y golfos…, pero yo veo encenderse la sombra y subirse a los pinos los ojos del deseo, y eso está muy lejos de cualquier diversión frívola. Me da igual las cosas que digan de nosotros. ¡Como si el vientre fuera fácil! ¡Como si la mierda, con todas sus virtudes y facetas, no existiese! ¡Mirad a ese niño, por ejemplo…!

Enciende un cohete que describe silbando una sinuosa línea por toda la escena, hasta que aterriza y explota muy cerca de la tienda. Vuelve a intentarlo con otros dos cohetes, y mismo resultado.

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