LA PRUEBA. Este texto revisado y re-escrito tras mi encuentro con Mishima

PERSONAJES:

EL

ELLA

HERMANA

ITALIANA

A – B

LA PSICÓLOGA

Y SU JEFE

 

 

La acción de esta obra tiene lugar en la mente, el pensamiento y en la memoria del personaje llamado EL. A excepción de la conversación mantenida con la PSICÓLOGA; y de ésta con su JEFE. El resto aparece y desaparece. Una mesa, dos sillas.

 

 

 

1

 

EL-.  ¡Mamá!

 

HERMANA -. ¡Mamá!

 

EL-. ¡Mamá!

 

HERMANA-. ¡Mamá!

 

EL-. Lo he perdido….

 

A-. Lo he perdido…

 

EL-. Lo he perdido todo.

 

B-. Lo he perdido todo.

 

EL-. Mi amor. Amor…

 

ELLA-. Mi amor. Amor…

 

EL-. Mi vida…

 

ELLA-. Mi vida…

 

EL-. ¡No quiero mirar por la ventana!

 

A-. ¡No quiero mirar por la ventana!

 

EL-.Lo he perdido todo… Mi vida…

 

B-. Lo he perdido todo… Mi vida…

 

EL-. Fue un accidente… Yo no quería…

 

A-. Fue un accidente… Yo no quería…

 

EL-. Fue un accidente…

 

B-. Fue un accidente…

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EL-.  ¡Vete de aquí! ¡Fuera!

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. ¡Fuera! ¡Vete!

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA-. (…) Le he traído varios periódicos… Tal y como le prometí, en nuestra primera sesión… Pensé que le gustaría leerlos…

 

Pausa. EL coge los periódicos y busca entre sus páginas. Se tranquiliza poco a poco.

 

EL-. En – este – lugar –  es – difícil – conseguirlos -…

 

PSICÓLOGA-. Se irá acostumbrando… Sólo es una cuestión de tiempo…

 

EL-.  Hoy estás diferente…

 

PSICÓLOGA-. ¿Continúa usted leyendo a Shakespeare? Me parece una idea excelente. Le ayudará estar entretenido con la lectura, y además con Shakespeare, siendo usted director de teatro. ¿Ha representado alguna de sus obras?

 

EL-. No – quiero – aburrirte -.

 

PSICÓLOGA-. No… Por favor… Se lo estoy pidiendo yo misma.

 

EL-.  Una – comedia – … Trabajos – de amor – perdidos -… ¿La conoces? ¿Eh? ¿La conoces?

 

PSICÓLOGA-. No…

 

EL -. ¿La conoces?

 

PSICÓLOGA-.  Pero si he leído Romeo y Julieta, como casi todo el mundo… Hábleme, algo, sobre esa obra.

 

EL-. Hoy estás diferente…

 

PSICÓLOGA -. Por favor… Déjese de cumplidos innecesarios y… Hábleme de lo que le pido.

 

EL-. La- obra – nos – habla – de la traición – al real – estado – de la- juventud. Del  -Carpe Diem -: “Decidme… ¿Os halláis en disposición de soñar siempre, de investigar siempre, de reflexionar en todo momento? Pues entonces, ¿os seria dado a vos, descubrir los fundamentos de la excelencia del estudio sin la hermosura del rostro de una mujer? De los ojos de una mujer obtengo esta doctrina. Ellas son la base, los libros, las academias de donde brota el verdadero fuego de Prometeo… Porque, ¿existe en el mundo un autor capaz de enseñar la belleza como los ojos de una mujer?”. (Pausa. La PSICÓLOGA está sorprendida ante estas palabras de su paciente. Éste queda por unos instantes como ausente, recordando quizá… De pronto se encuentra con la mirada de la PSICÓLOGA, que percibe de inmediato la imprudencia que acaba de cometer.) ¿Y tú?  ¿Me puedas recomendar algún libro?

 

PSICÓLOGA-. Si. Pero no tan culto como el suyo. No creo que le guste.

 

EL-. ¿Leer a Shakespeare te parece algo erudito?

 

PSICÓLOGA-. No.  Pero los libros que suelo leer son principalmente para distraerme.

 

EL-. ¿Best-sellers? Novelas de intriga, o de ciencia ficción… ¿De amor?

 

PSICÓLOGA-. No se ría de mí, por favor… Novela romántica.

 

EL-. Vaya… Novela romántica. “¿Sabía yo lo que era amor? Ojos jurad que no. Porque nunca había visto una belleza así”… Ya decía yo que te notaba algo diferente… ¿Has cambiado de peinado?

 

PSICÓLOGA-. Mejor, a partir de ahora, las preguntas las hago yo. 

 

 EL-. Y también de perfume…

 

PSICÓLOGA-. Creo que estamos desviando demasiado el tema de nuestra conversación.

 

EL-. ¿Tienes una cita al terminar nuestra charla?

 

PSICÓLOGA-. La psicóloga soy yo, y no usted.

 

EL-. Vamos… Una chica joven, con trabajo nuevo, ganando un buen sueldo. ¿No te espera nadie al llegar a casa?

 

PSICÓLOGA-. ¿Qué quiere usted pedirme una cita?

 

EL-. Quién sabe… Todo a su debido tiempo…

 

PSICÓLOGA-. Me gustaría saber si ha ordenado su historia. Me gustaría escucharla. En nuestro primer encuentro mezclaba usted continuamente la relación con su  pareja y lo sucedido en esa Escuela de Artes…

 

EL-. ¿De qué quieres que hablemos? ¿Eh? De desengaño. Traición. Ambición. Envidias. Celos. Falsas amistades. Falsas esperanzas. De sexo. De venganza… Todo esto ya lo escribió Shakespeare hace mucho tiempo. Será mejor que leas sus obras. Al menos será más divertido que hablarte del teatro y las maravillosas gentes que lo forman para mutilarlo. Apuñalarlo. Todo mezquino y soez.

 

PSICÓLOGA-. (…) ¿Dígame,  qué edad tenía entonces?

 

EL-. (…) Veintiséis años.

 

PSICÓLOGA-. ¿Qué le motivo estudiar una carrera tan tarde?

 

EL-. Me quedé en paro y vi una oportunidad de darle un giro a mis metas profesionales.

 

PSICÓLOGA -. ¿Su pareja estuvo de acuerdo en eso?

 

EL-. Todavía no la conocía. Esto fue dos años antes…  ¿Puedo proponerte un trato? Yo te contesto a todas tus preguntas, si tú contestas a las mías.

 

PSICÓLOGA-. Sabe perfectamente que no me está permitido. Además sólo tenemos cuarenta minutos. Y ya hemos perdido demasiado tiempo como para andar con jueguecitos.

 

EL-. Si tú quieres podemos tener más tiempo…

 

PSICÓLOGA-. Eso sólo me traería problemas. Y tanto usted como yo conocemos las normas, las estrictas reglas, de este centro.

 

EL-. ¿Llevas mucho tiempo en esta ciudad?

 

PSICÓLOGA -. Hábleme un poco más de esa escuela donde estudió… (Pausa. EL mantiene su mirada fija en la PSICÓLOGA.) Comience, por favor…

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA-. Señor por favor….

 

EL-. ¿Llevas mucho tiempo en esta ciudad?

 

PSICÓLOGA-. ¡Yo no he aceptado su trato!

 

EL-. Déjame adivinar… Quizá este juego te guste más… Eres de una ciudad bastante más pequeña que ésta. Este es tu primer trabajo después de unos años opositando. Y vives sola… Sola… Porque tu novio de toda la vida trabaja en tu ciudad natal… Sola… Sola… Y vistes demasiado elegante para un trabajo que no lo requiere. Yo diría que hasta un poco hortera. ¿Quieres impresionar a tus jefes?

 

PSICÓLOGA-. Realmente estoy sorprendida por sus dotes adivinatorias. Pero no intente engañarme. Desde que he llegado se muestra usted con demasiada seguridad. Con excesiva entereza. Incluso un poco altivo. Sin embargo en sus informes he leído que llora usted por las noches, que no pasea por el patio y que no se relaciona con nadie, que camina usted con miedo y que no come. ¿Quién es usted? ¿Quién es usted? ¿El que tengo en este informe o este tipo duro que se hace el interesante e intenta jugar conmigo?

 

EL -. (…)

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL -. ¡Espere! ¡No se marche! ¡Espere…!

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. Siéntese, por favor…

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. Todas esas preguntas tendrás que descubrirlas tu misma… Tú eres la psicóloga, y no yo…

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA -. Bien… Acepto su juego… Pero sólo por hoy… Este es mi primer destino tras aprobar la oposición. Y sí, soy de un pueblo pequeño cerca de la costa. Y estoy de acuerdo con usted en que este vestido no me sienta nada bien. No va con mi estilo. Pero todavía me estoy instalando. Hace dos días encontré un piso para alquilar. Y lo único que veo a mí alrededor son cajas y más cajas. ¿Satisfecho? Hábleme de esa Escuela…

 

EL-. ¿Has sentido alguna vez como te robaban tus sueños, tus ilusiones? ¿Te has sentido alguna vez humillada? A mí me temblaba todo el cuerpo. Me sentía observado por todo el mundo. Y hablaban. Hablaban de mi incluso sin conocerme. ¿Pero, quién soy yo? Tú misma me lo has preguntado antes. ¿Quién soy yo? ¡Ayúdeme! ¡Ayúdeme!

 

A-. ¡Vamos cuéntale!

 

B-. Siempre con secretitos. ¡Habla!

 

A-. No puedes guardar tantos secretos ¿Eso tiene que ser malo?

 

B-. Eso mismo pienso yo.

 

EL-. No sé por dónde empezar.

 

A-. ¿Cómo qué por dónde? ¡Por el principio!

 

B-. Claro, por el principio.

 

A-. Una profesora te ofreció producir una de sus obras de teatro. En realidad lo que quería era promocionar a su propio sobrino. Di la verdad. ¡Te utilizó!

 

B-. ¡Te utilizó!

 

A-. Al principio todo eran parabienes. Esta gente del teatro y su gran utopía.

 

B-. Toda utopía. Utopía.

 

A-. Te dejaste llevar por esas ganas tuyas de hacer… Y tanto soñó la lecherita que el cántaro se rompió.

 

B-. ¡El cántaro se rompió!

 

A-. Cuando la obra se estrenó te dieron la patada.

 

B-. ¡Te dieron la patada! ¡Ay qué hombre más tonto!

 

A-. ¿Pero tú que pensabas que, alguien con un Premio Nacional de Teatro, y una larga trayectoria como profesional, iban a confiar en ti?

 

B-. ¡Eso!

 

A-. En esa escuela te creíste alguien importante. ¡El gran productor! ¿Recuerdas que estaba siempre en la cafetería y todo el mundo quería que el señorito le llevara su proyecto final de carrera?

 

B-. Lo recuerdo. Lo recuerdo.

 

A-. Hasta que apareció…

 

B-. Hasta que apareció…

 

EL-. Era mi mejor amigo. Con él formé una pequeña productora con la que intentábamos distribuir cualquier espectáculo que nos interesara y que surgiera de la propia escuela…

 

A-. Al principio parecía buen tipo…

 

B-. Si. Es verdad. Buen tipo.

 

A-. Cuidado con los tipos amables. Son los peores. Siempre tienen doble cara.

 

B-. Doble cara.

 

A-. ¿Por qué eres tan confiado con la gente?

 

B-. Cierto, cierto.

 

EL-. No se… siempre me ha pasado igual. He sido un ingenuo. Creo que todo el mundo es como yo. Y no es así.

 

A-. Tú involucraste a tu amigo en la producción de la profesora y su sobrino. Primer error.

 

B-. ¡Gran error!

 

A-. Y ahí comenzó todo. Querías hacer demasiadas cosas en poco tiempo. El que mucho abarca…

 

B-. Al entrar tu amigo tuviste que cambiar todos los contratos para reducir gastos. El quería ganar dinero a toda costa.

 

A-. Algo que tampoco es malo. Pero tú dabas la cara. Tuviste que hablar con todos los actores para rebajar sueldos. Y él siempre detrás.

 

B-. Siempre detrás…

 

EL-. Yo confiaba en él.

 

A-. Comienza la gira, y no hay dinero para pagar a los actores.

 

EL-. Me decía que los ayuntamientos se estaban retrasando en los pagos…

 

A-. En realidad el dinero se lo estaba quedando él. Toda la pasta. Y tú dando la cara. Hasta que llegó la primera denuncia…

 

B-. Y después otra… Y otra. Toda la compañía. Las facturas a tu nombre. Y el número de cuenta el suyo…

 

A-. Si te acuestas conmigo digo la verdad…

 

EL-. ¿Qué verdad?

 

A-. Que no tienes el dinero. Mira que fácil. Pasas una noche conmigo y todo se olvida.

 

EL-.  ¿Pero qué dices?

 

A-. Todo es cuestión de probar.

 

PSICÓLOGA-. ¿Aceptó el chantaje de su amigo?

 

EL-. En un primer momento no…

 

B -. ¡Este tío es un ladrón! Se veía venir. Ni siquiera les ha pagado a los actores. Menudo jeta. ¿Pero quién es este tipo realmente? ¿Qué hace en esta escuela?

 

A-. A mí me han dicho que ya lo ha hecho otras veces. Me lo contaron ayer. Donde va, va dejando cadáveres. Me han contado que ni sus propios compañeros de clase le hablan. ¿Has leído lo que comentan en el Foro de internet de la escuela?

 

B-. Si por supuesto. Yo lo he dejado como página de inicio en los ordenadores de la biblioteca. ¡Qué se entere toda la escuela! Y todavía tiene la jeta de sentarse en la cafetería. No me extraña que esté solo. Si nadie alrededor. ¿Te das cuenta como lo mira la gente?

 

A-. Me contaban ayer que se ha quedado con toda la recaudación de la taquilla. Más de treinta mil euros.

 

B-. Y mientras todo el mundo trabajando gratis para el señorito.

 

EL-. ¡Mentira! ¡Mentira! ¡No…! ¡No sabía cómo parar todo aquello! Recuerdo el momento de entrar en la escuela. El temblor en las piernas. Me sentía culpable. ¿Y en realidad era culpable? Pude llegar a ser alguien en mi profesión… Me arrebataron mis sueños, ilusiones. ¿Crees que podré recuperarme? Digámoslo al estilo de Shakespeare: ¿Podré recuperar mi honor? Desde hace más de cinco años no sé quién soy. ¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo? Lo abandoné todo. ¡Todo! Pensé que así podría olvidar…

 

PSICÓLOGA-.  ¿Y entonces apareció Ella, su pareja?

 

EL-. Si… Sólo pienso en el momento en que se rompió el cristal… En esa ventana… En ese instante… ¡No puedo más! ¡No quiero seguir así! ¡Necesito saber qué me pasa! ¿Por qué ocurrió? Dormir… Dormir y olvidarme de todo lo que me rodea…

 

A-. Pero cuéntale que pasó después…

 

B-. Cuéntale lo que pasó antes de conocer a la chica…

 

PSICÓLOGA-. ¿Su amigo le volvió a pedir sexo a cambio de evitar esas burlas sobre usted?

 

A-. ¡La verdad!

 

B-. ¡La verdad!

 

EL-. Si.

 

PSICÓLOGA-. ¿Y qué ocurrió?

 

A-. ¡La verdad! ¡Vamos confía en ti mismo! ¡La verdad! ¡Debes hacer la prueba!

 

B-. ¡Vamos! ¡Confía en ti mismo! ¡Haz la prueba!

 

EL-. Olvidar, olvidar… Huir… Ahora sólo puedo gritar. Gritar hasta perder el sentido… A veces siento como si hubiera otra persona dentro de mí… Me paraliza completamente. Todo lo hago como un autómata. Necesito solucionar este problema… Aunque ahora sea demasiado tarde… Ella no va a volver…

 

PSICÓLOGA-. Siga hablándome de ese amigo suyo… ¿Qué pasó?

 

EL-. ¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo?

 

A-. ¡La verdad! ¡Confía! ¡Debes hacer la prueba!

 

B-. ¡La verdad!

 

PSICÓLOGA-.  ¿Aceptó el chantaje de su amigo?

 

A-. ¿Qué pasó la noche que estuviste en su casa? ¿En su habitación?

 

B-. ¿Qué pasó esa noche en su habitación?

 

EL-. Acepté su trato. Una noche con él a cambio de la verdad. De esta forma podría recuperar mi dignidad. Estábamos en su habitación. Me desnudé… Y empezó a tocarme… Yo me arrepentí… Cogí mi ropa… Quería salir de esa casa… Me empujó y caí al suelo… Me agarró los brazos, me hacía daño en las muñecas… Primero me metió el dedo y después…

 

PSICÓLOGA-. ¡Tranquilícese! ¡Por favor tranquilo! ¡Yo estoy aquí para ayudarle! ¡Cálmese! Así… Mucho mejor… ¿Se encuentra bien…?

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA-. ¿Había mantenido relaciones sexuales antes con un hombre?

 

EL-. No.

 

A-. ¡La verdad!

 

EL-. Bueno…

 

B-. ¡La verdad!

 

EL-. Nunca antes de esta forma…

 

PSICÓLOGA-. Nunca antes con penetración.

 

EL-. No.

 

PSICÓLOGA-. ¿Se solucionó entonces el problema? Recuperó usted… su… honor…

 

EL-. No… En el foro de la escuela publicaron fotos mías en las que aparecía desnudo y un video…

 

PSICÓLOGA-. ¿Ha hablado de esto antes con alguien?

 

EL-. Nunca.

 

PSICÓLOGA-. ¿Ni siquiera con su pareja?

 

EL-. Con nadie.

 

PSICÓLOGA-. ¿Dígame…? ¿Fue en ese momento cuando intentó suicidarse por primera vez?

 

EL -. Si…

 

HERMANA-. ¿Tú te das cuenta de lo que estás haciendo? ¡Mírame! ¡Mírame! Acabas de llegar y ya le cuentas todo. Tú como siempre. Contando tu vida y tus cosas al primero que pase y a tu familia nada. Porque a mí últimamente no me cuentas nada.

 

EL -. Si mi hermana estuviera aquí diría que le estoy contando demasiadas cosas personales.

 

PSICÓLOGA -. Está con el médico. Y a un médico se le debe contar todo. Y en nuestro primer encuentro, ya pactamos que necesitaba sinceridad por su parte, ¿no? ¿De verdad no ha hablado durante este tiempo con alguien de lo que le ocurrió?

 

EL -. No.

 

PSICÓLOGA -. ¿Ni siquiera con su hermana?

 

EL -. No.

 

PSICÓLOGA -. Cuando mencionaba a su hermana pensaba que ella había sido la elegida para guardar todos sus secretos. Porque es una persona que usted valora, y su juicio y consejos podrían servirle de gran ayuda.

 

HERMANA-. Sabía que te había ocurrido algo. Siempre lo supe. Algo me decía que no estabas bien… ¿Por qué no confiaste en mí?

 

EL -. Mis padres y mi hermana me han insistido para que les contase la verdad. Sobre todo mi hermana. Decían que era por mi bien. Que querían ayudarme.

 

HERMANA-. Siempre intentando ayudar a los demás… A todo el mundo menos a ti mismo.

 

EL-. Yo no quería hablar. En realidad… No podía…

 

HERMANA-. Ahora comprendo porque perdiste tanto peso. Esa delgadez que me preocupaba tanto. Incluso las horas en el gimnasio cuando a ti nunca te interesó… Me has mentido durante todos estos años. ¿Por qué no confiaste en mí?

 

EL-. No podía…

 

HERMANA-. Yo hubiera podido ayudarte… Entre los dos podríamos haber solucionado cualquier problema… Como cuando éramos niños… ¿Te acuerdas?

 

EL-. Con mi familia hice lo de siempre. Engañarles, con cualquier excusa para que preguntasen lo menos posible… 

 

HERMANA-. Me has mentido durante todos estos años… No te reconozco. Y tampoco te comprendo.

 

EL-. Ese cristal… Esa ventana… La veo a ella en todas partes… Escucho continuamente su voz…

 

PSICÓLOGA -. Ya que mezcla usted los temas… Hablemos de ella, de su pareja… ¿Qué sucedió esa tarde…?

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA-. ¿A mí tampoco me lo quiere contar…? ¿Perdió usted el control de la situación…?

 

EL -.  ¡Sigamos con el juego!

 

PSICÓLOGA -. De acuerdo… Ya que no quiere hablar de esa tarde cambiemos de tema… ¿Ha vuelto a valorar la posibilidad de intentar suicidarse?

 

EL-. ¡Sigamos con el juego! ¡Sigamos con el juego!

 

PSICÓLOGA -. Por favor…

 

EL -. Yo ya te he respondido a bastantes preguntas. ¡Sigamos con el juego!

 

PSICÓLOGA -. ¡Dígame la verdad, por favor! ¡Es importante!

 

EL-. Ahora me toca a mí preguntar. Así son las reglas.

 

PSICÓLOGA-. ¡Después continuamos con el juego!

 

EL-. ¡No voy a continuar hablando, si no me respondes! ¿Llevas mucho tiempo con ese novio tuyo?

 

PSICÓLOGA -. Respóndame, por favor. ¿Ha…?

 

EL -. ¡Hija de puta! ¡No te voy a contestar! ¡No me sale de los cojones hablar más! ¡Aceptaste el juego de preguntas! ¡Vete de aquí! ¡Déjame en paz! ¡Hija de puta! Siempre me pasa igual. Todos os reís de mí. ¡De mí! Estoy harto de encontrarme con gentuza. El cabrón de mi amigo… ¿Sabes lo que hizo? ¿Sabes lo que hizo después de follarme? El muy hijo de puta diciéndome que los ayuntamientos se estaban retrasando en el pago de los cachés, y yo mientras  tuve que pagar los sueldos de la compañía. Mes a mes. ¡Mes a mes! Hasta que me enteré que este tío se estaba quedando con la pasta para invertirla en otras producciones de teatro. Sus producciones fallaron y se comió lo mío y lo de él. Cincuenta mil euros que me debe. ¡Dos años llevo esperando que salga el juicio!

 

PSICÓLOGA -. Necesito sinceridad por su parte. ¡Al menos sea sincero conmigo! Es la única manera en que podré ayudarle.

 

EL -. ¡Tú no estás aquí para ayudarme! ¡No seas hipócrita! ¡A ti te pagan por ayudarme! ¡Cabrona! ¡Te pagan por ayudarme!

 

PSICÓLOGA -. Acepte su fracaso. Acéptese a usted mismo. Sólo así podrá romper sus bloqueos.

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL -. ¿Llevas mucho tiempo con ese novio tuyo?

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA -. ¿Usted no se cansa nunca de insistir?

 

EL -. Después de lo que le he contado, al menos, merezco un pequeño premio. ¡Un pequeño premio!

 

PSICÓLOGA -. Seis años. Y no es mi novio. Es mi marido.

 

EL -. ¿Se conocieron en la universidad?

 

PSICÓLOGA -. Si… Y ahora hábleme de ella.

 

ELLA -. ¿Qué tal la reunión con el abogado? ¿Tienes mañana el juicio?

 

EL -. Lo han vuelto a retrasar.

 

ELLA -.  ¿Y por qué?

 

EL -. El abogado le había pedido la contabilidad de su empresa. Se lo había pedido en la vista de conciliación. Hace seis meses.

 

ELLA-. ¡Baja la voz por favor, que no estamos en casa!

 

EL-. El muy cabrón se las entregó al juez ayer, alegando, que el retraso se debía a un fallo informático. ¡No te jode!

 

ELLA-. ¡Qué bajes la voz!

 

EL-. Y claro, el juez ha retrasado el juicio.

 

ELLA -. Nos tocaba entrar en la consulta hace un rato, pero como no venías le dicho a la enfermera que ya la avisaría.

 

EL -. Y mira que lo sabía…

 

ELLA-.  ¡Te he llamado al móvil!

 

EL-. Desde el primer momento sabía que no podía fiarme de él.

 

ELLA -. ¡Tranquilízate por favor! ¡Y baja la voz que se va enterar todo el hospital!

 

EL -. ¡Vámonos! ¡Vámonos!

 

ELLA -. ¿No quieres entrar ahora? ¡Lo sabía! ¡Lo sabía!

 

EL -. ¡Vámonos!

 

ELLA-. Es que si no vamos nos pasan la cita al mes que viene y a mí…

 

EL-. ¡Vámonos!

 

ELLA-. ¡Escúchame! Ya sé  que ahora no es el momento… Pero me gustaría hacerlo todo cuanto antes. Por no dejarlo pasar más tiempo.

 

EL -.  Y el abogado sólo me dice que tenga paciencia, que la justicia en este país es así.

 

ELLA -. ¡Escúchame! ¡Préstame un momento de atención!

 

EL -. ¡Déjame! ¡No me agobies con el puto ginecólogo! ¡No tengo cabeza para otra cosa!

 

ELLA -. Vale, vale… Lo siento. Pero es que para mí la consulta con el ginecólogo también es importante…

 

EL -. Cada cosa en su momento.

 

ELLA -. Perdona, ya te he pedido disculpas, ¿no?… Tampoco tengo que ponerme de rodillas… Haremos, como siempre lo que el señor diga.

 

EL -. Compréndeme por favor… Lo siento…

 

ELLA-. (…)

 

EL-. (…)

 

ELLA -.  ¿Y…? ¿No te ha dicho en cuánto tiempo se puede solucionar?

 

EL -. Pues una vez que se celebre la primera vista oral, y hasta que obtengamos una sentencia definitiva, al menos dos años. Si él pierde el juicio va a recurrir y sí lo perdemos nosotros también.

 

ELLA -. ¿Y qué vamos a hacer mientras tanto?

 

EL -. Pues pagar. No queda otra.

 

ELLA -. Como si no tuviéramos nada más que pagar. Este mes apenas hemos llegado para la hipoteca, las tarjetas y el préstamo. Y aún falta por venir el gas y el teléfono.

 

EL -. No te preocupes. Todavía queda algo de la subvención. El problema va ser cuando se acabe.

 

ELLA -. ¡Pues tendrás que buscar otro trabajo!

 

EL -. ¡Ya lo sé! ¡Eso me queda claro desde hace tiempo! ¡Y por favor no empecemos con ese tema!

 

ELLA -. ¡Es qué no haces nada por encontrarlo! Sólo tus clases y tu teatro. ¡Tus clases y tu teatro!

 

EL -. ¡Eso no es verdad! ¡No es fácil encontrar un trabajo de media jornada o de fines de semana en una ciudad tan pequeña! ¡Si hasta para servir copas en un bar contratan antes a mis alumnos que a mí! Empezaré por dejar de pagar el autónomo, no sé, llegaré a un acuerdo con la asesoría para no tener que pagarles todos los meses. ¡Es lo único que se me ocurre ahora!

 

ELLA-. Eso no es suficiente. ¡Y tú lo sabes!

 

EL -. Dejemos este tema por favor. No tengo ganas de discutir.

 

ELLA-. ¿Y cuándo es el momento?

 

EL -. ¡Por favor! ¡Te lo pido por favor!

 

ELLA-. ¡Estoy harta! ¡No puedo más!

 

EL -. ¡Tengamos la fiesta en paz!

 

ELLA-. ¡No quiero!

 

EL -. ¡Basta!

 

ELLA-. Así lo solucionas todo… ¡Y deja de montar el espectáculo! ¡Qué nos está mirando todo el mundo!

 

EL -. ¿Qué ha pasado esta mañana? ¿La señorita ha ido al banco y no puede sacar ni veinte euros para comprar su tabaco y tomarse sus cafés? ¡Porque ese es tu problema! ¡Mientras que la tarjeta te de todo perfecto!

 

ELLA -. Para eso trabajo y gano dinero. ¡Para gastármelo en lo que me dé la gana!

 

EL -. Claro como lo mío no es trabajar…

 

ELLA -. ¡No estoy diciendo eso!

 

EL -. ¿Ah no?

 

ELLA -. ¡No!

 

EL-. (…)

 

ELLA-. (…)

 

EL -. No quiero tener un hijo… No quiero tener un hijo. No es buen momento. Ya lo hemos intentado. Sabemos dónde está el problema. Y no es el momento.

 

ELLA-. (…)

 

EL-. (…)

 

ELLA -. ¿Y cuándo será el momento?

 

EL -. Dame tiempo. Un año. Mientras se soluciona lo del juicio. Si hasta mi hermana te lo dijo que tener hijos ahora de golpe era una locura.

 

ELLA -. De todo se sale. Mis padres nos criaron a mi hermana y a mí. Y tampoco es que anduvieran sobraos de dinero. Todo esto de si la bañerita, el calienta leches. Mi madre nos lavaba en un barreño y no había tanta tontería como ahora. Además mi prima puede prestarnos el cochecito y la cuna.

 

EL -. No se trata de eso. No quiero encontrarme con dos hijos debiendo toda esta pasta. Sabemos dónde está el problema… Ya lo hemos intentado, ¿no? Pues dejemos pasar un poco de tiempo. ¡Y ya está!

 

ELLA -. De aquí a que lo de la inseminación funcione y tengamos al crio puede pasar más de un año. Y a lo mejor ya tienes lo del dinero solucionado.

 

EL -. Necesito tiempo. Sólo un poco más de tiempo.

 

ELLA -. ¿Y yo? ¿Y mi tiempo? No puedes dejar de pensar en el teatro y pensar un poquito en mí.

 

EL -. No me entiendes, no me entiendes…

 

ELLA -. Claro, yo nunca te entiendo. A ti la única que te entiende es tu hermana. Sólo hablas con ella y a mí no me cuentas nada. Me tengo que enterar de lo que te pasa siempre tarde.

 

HERMANA -. ¿Te dijo eso?

 

EL -. Si. No es la primera vez… Creo que está celosa de ti.

 

HERMANA -. ¡Qué fuerte! ¿No?

 

EL -. Ella no tiene relación con su hermana. A veces me dice que qué  tengo que hablar contigo tantas veces por teléfono.

 

HERMANA -. ¿Pero tú no le cuentas a ella tus cosas?

 

EL-. Claro. Siempre se las cuento, ya sabes cómo soy.

 

HERMANA-. Si pero siempre hablas de los demás… Y nunca de ti. Tienes que tener cuidado…

 

EL-. ¿Por qué?

 

HERMANA-. No me gusta cuando te pones así.

 

EL-. ¿Así cómo?

 

HERMANA-. Con ese carácter. No te controlas. Tienes que evitarlo con ella. Un día os vais a faltar el respeto y vais a tener un problema.

 

EL-. Es que no me entiende. Yo sólo le digo que retrasemos un año lo de tener un hijo…

 

HERMANA-. De acuerdo, si todo eso me parece muy bien. Pero la próxima vez antes de gritar o dar un golpe coges la puerta y te vas.

 

ELLA -. Estoy harta del puto teatro. Te juro que no vuelvo a ver una función en mi vida.

 

EL -. No digas tonterías.

 

ELLA -. Joder es que estamos siempre igual. ¿Pero no te das cuentas de que el teatro no te da para vivir? Si siempre que haces algo pierdes dinero. Llevo años escuchando lo mismo.

 

EL -. Como si mi trabajo fuera nuestro único problema.

 

ELLA -. Estoy cansada de tirar siempre yo del carro.

 

EL -. Esa es una obligación que te has impuesto tú misma. Ahí no tengo nada que ver. ¡Entra tu sola a la consulta! ¡Me voy…!

 

ELLA-. (…)

 

EL-. ¡Todo está relacionado! Todos los problemas parten del mismo lugar. Como en una espiral…

 

PSICÓLOGA-. ¿Cómo ha pensado salir de esa espiral que me comenta…?

 

EL -. Ahora te toca responder a ti.

 

PSICÓLOGA -. ¿Cree realmente que el suicidio es la única forma de solucionar sus problemas?

 

EL -. ¿De verdad estás casada?

 

PSICÓLOGA -. (Resignándose.) Si. ¿Le extraña?

 

EL -. No, sólo que me parece demasiado joven para estarlo. ¿Has tenido hijos?

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA -. Sólo uno… Una niña…

 

EL -. ¿Y la niña está en ese pequeño pueblecito costero con su padre?

 

PSICÓLOGA -.   (…) ¡Se acabó el juego!

 

EL-. ¿No me digas que has permitido que tu niña viva con su papá?

 

PSICÓLOGA -.  (…)

 

EL-. ¿Eres una mala mamá?

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. ¡Eso es! Eres una mala mamá y su papá tiene la custodia. Déjeme adivinar cómo fue historia… ¿Quiere qué juguemos de nuevo?

 

PSICÓLOGA -.  (…)

 

EL-. No quieres que hablemos del  asunto. ¿Qué ha sucedido? Vamos, cuéntemelo…

 

PSICÓLOGA-. (¡Hasta la próxima semana! ¡Por hoy hemos terminado!)

 

EL-. ¿El papá no deja que la mamá hable con su niña? Mala mamá, mala mamá, mala mamá…

 

PSICÓLOGA-. ¡Cállese! ¡Mi niña está muerta, imbécil! ¡Mi niña está muerta…! Mi niña…

 

Largo silencio.

 

EL-. Soy una mierda…. Me equivoqué… Lo siento…

 

PSICÓLOGA -. No importa. Usted no tenía porque saberlo.

 

EL-. Lo siento… ¿Podríamos vernos mejor dos veces cada semana?

 

PSICÓLOGA -. ¡No! ¡Eso no es posible!

 

EL-. ¿O estar más tiempo en cada visita?

 

PSICÓLOGA-. Eso no sería positivo para nuestra terapia.

 

EL-. ¡La necesito! ¡Ayúdeme por favor!

 

PSICÓLOGA-. Créame, yo sólo quiero ayudarle. Puedo entender muy bien cómo se siente…

 

EL-. Entonces quédese conmigo.

 

PSICÓLOGA-. Es todo por hoy. Deseo que el próximo día juegue menos conmigo y colabore un poco más. En nuestra próxima sesión intentaré traerle de nuevo la prensa del día.

 

EL -. ¡Ayúdeme por favor! ¡Necesito saber quién soy! ¡Ayúdeme! ¿Quién soy yo?

 

 

 

 

 

2

 

PSICÓLOGA -. Primer informe del departamento de psicología penitenciaria sobre el preso número… para el juzgado de instrucción nº 5 de la ciudad de…

——————————————————————————————————————-

EL -.  “¡Los actos criminales surgirán a la vista de los hombres, aunque los sepulte toda la tierra!”.

—————————————————————————————————————–

PSICÓLOGA -.  Tras dos encuentros con el preso recomiendo el traslado inmediato del mismo a un centro psiquiátrico durante el transcurso de la causa por la que está siendo juzgado. Su estancia en este centro penitenciario podría provocar una depresión endógena aguda teniendo como principal consecuencia…

——————————————————————————————————————-EL-. “Ser o no ser: he aquí el problema. ¿Qué es más levantado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante Fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndolas frente, acabar con ellas? ¡Morir…! ¡Dormir, no más! ¡Y pensar  que con un sueño damos fin al pesar del corazón…!”.

——————————————————————————————————————-

PSICÓLOGA-. Soy yo otra vez… Este es el tercer mensaje que te dejo hoy en el móvil…  Sigo un poco nerviosa… No me acostumbro a trabajar en una cárcel.  Las relaciones con mis colegas son muy frías y no se cansan de darme consejos sobre las normas que debo mantener con los presos… También necesitaba oírte… Te imaginarás el por qué… Aunque ya no estemos juntos, quería hablarte de nuestra hija…

EL-. “Morir… Dormir. ¡Dormir! ¡Tal vez soñar!…  ¡Sí, ahí está el obstáculo! Por qué… Quién aguantaría los ultrajes y  desdenes del mundo, la injuria del opresor, la afrenta del soberbio, las congojas del amor desairado, las tardanzas de la justicia y las insolencias del poder, cuando uno mismo podría procurar su reposo con un simple estilete…”.

——————————————————————————————————————

PSICÓLOGA-. Intento no pensar en ella. Evadirme con el trabajo. No sé cómo explicártelo… Siento que no me has perdonado. Y eso me hace sentir más culpable. Tendría que haber cerrado esa ventana. ¿Pero cómo iba a suponer yo…? No tuve tiempo de reaccionar, y la niña… Mi niña… Todo esto te lo he contado otras veces, pero hoy es diferente…

——————————————————————————————————————-

 

EL-. “La conciencia hace de todos nosotros unos cobardes…”. Fue un accidente… Yo no quería… Fue un accidente…

——————————————————————————————————————

 

PSICÓLOGA-. Fue un accidente… Mi niña… Fue un accidente…

 

——————————————————————————————————————

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

EL-.  ¡Mamá!

 

HERMANA -. ¡Mamá!

 

EL-. ¡Mamá!

 

HERMANA-. ¡Mamá!

 

EL-. Lo he perdido….

 

A-. Lo he perdido…

 

EL-. Lo he perdido todo.

 

B-. Lo he perdido todo.

 

A-. ¿Te das cuenta?

B-. ¿No?

A-. Le ha contado toda la verdad.

B-. Ah ya comprendo…

EL-. Mi amor. Amor…

 

ELLA-. Mi amor. Amor…

 

EL-. Mi vida…

 

ELLA-. Mi vida…

 

A-. Ahora pensará que eres un puto maricón.

B-. ¡Puto maricón!

EL-. ¡Déjame en paz!

A-. ¿Por qué no le has contado toda la verdad?

EL-. ¡Qué verdad!

B-. Vamos…

A-. ¿Ya no te acuerdas?

 

 

EL-. ¡No quiero mirar por la ventana!

 

A-. ¡No quiero mirar por la ventana!

 

EL-.Lo he perdido todo… Mi vida…

 

B-. Lo he perdido todo…

 

A-. Esa noche… Al principio gritabas de dolor… pero después…

B-. Después…

A-. Después te terminó gustando…

EL-. ¡Eso no es verdad! ¡Eso no es verdad!

A-. Ahora pensará que eres un puto maricón.

B-. ¡Maricón! ¡Maricón!

EL-. Yo no soy así… Yo no soy un… Yo no…

 

——————————————————————————————————————-

PSICÓLOGA -. Le he traído varios periódicos.

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-.  (…) Gracias… En este lugar es difícil conseguirlos.

 

PSICÓLOGA -. ¿Todavía no se ha acostumbrado?

 

EL-.  No… Hoy estás diferente…

 

PSICÓLOGA-. Puede vestirse por favor…

 

EL-. Hoy es una persona diferente. Más juvenil… Más…

 

PSICÓLOGA-. Vamos a dejarnos de jueguecitos. Me gustaría centrarme hoy en su relación de pareja. ¿Cómo la conoció?

 

EL-. En unos cursos de verano. Hoy eres una persona diferente.

 

PSICÓLOGA-. ¿Cómo iniciaron su relación?

 

EL-. Durante el mes que duró el curso quedábamos casi todas las noches. Al principio los dos sólo buscábamos sexo; y después, al finalizar el curso nos planteamos vivir juntos.

 

PSICÓLOGA-. Hábleme de su relación a partir de ese momento.

 

A-. ¡Demuéstrale que eres un hombre!

 

B-. ¡No te lo pienses!

 

EL-. Deberías vestirte así todos los días. Me gusta mucho.

 

PSICÓLOGA-. Eso se lo dirá usted a todas.

 

EL-. No. Aquí a la única mujer que veo es a usted. Y no te lo diría, si realmente no lo pensase.

 

PSICÓLOGA-. Comenzaron a vivir juntos y…

 

A-. ¡Vamos! ¡Sin miedo!

 

B-. ¡Demuéstrale quien eres!

 

EL-. ¿Has vuelto a cambiar de perfume?

 

PSICÓLOGA-. Por favor… Ya le dije…

 

EL-. A mí también me gustaría saber cuando conoció a su marido. Así son las reglas del juego. Tú preguntas, yo contesto, yo pregunto y tú contestas.

 

PSICÓLOGA-. Esas reglas son las suyas no las mías. No me gustaría desaprovechar estos cuarenta minutos en estas tonterías.

 

La  Psicóloga anota en un cuaderno.

El la observa cada vez con más ansiedad.

 

A-. No te lo pienses más…

 

B-. ¡Vamos! ¡Lánzate!

 

EL-. (…) Los problemas comenzaron desde el principio. Sobre todo con su familia. Más bien con su madre.

 

(PSICÓLOGA-. ¿Por qué?

 

EL-. Al dedicarme a esto del teatro, su madre comenzó a decirle que lo nuestro iba a fracasar, que no tenía futuro, que yo era un tipo sin blanca y que la iba a arruinar. Que ella conmigo iba a echar a perder su vida.)

 

El no controla su respiración, su cuerpo.

La Psicóloga continúa anotando en un cuaderno.

 

PSICÓLOGA-. ¿Eso afecto a su relación de pareja?

 

EL-. Mucho. Ella no me confiaba los miedos que le transmitía su familia. Y en el momento de cualquier discusión…. ¡Boom! ¡Saltaba la bomba!

 

PSICÓLOGA-. Entiendo.

 

De repente, El se abalanza contra ella.

La Psicóloga comienza a gritar, intenta apartarlo de su cuerpo.

El la fuerza… Está fuera de control…

 

EL-. ¡Sólo quiero besarte…! ¡Déjeme besarte…!

 

PSICÓLOGA-. ¡Suélteme! ¡Por favor…! ¡Déjeme…! ¡Suélteme! ¡Por favor! ¡Déjeme! (…) ¿Así fue como la mataste? ¡Cabrón! ¿Así fue como la mataste? ¿Así fue como la mataste?  ¿Primero la violaste? ¿Y después la mató? ¡Contéstame! ¿O la empujaste directamente desde la ventana?

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA-.  (…)

 

El-. Yo no la maté… ¡Yo no la maté! Fue un accidente… ¡Soy inocente! ¡Yo no la mate! Discutíamos… Los dos… Forcejeamos… Ella me empujó, yo la empujé… Y entonces… El cristal se rompió… Yo no la pude coger… ¡Lo intenté! ¡Te juro que lo intenté! ¡Yo la quería! ¡Yo no soy un maltratador! ¡Jamás le he pegado a una mujer! ¡Discúlpame! ¡Discúlpame! No sé qué me pasa… ¡Discúlpame! ¡Lo siento! Hay algo en mí que no puedo controlar…

 

PSICÓLOGA-. ¡Tranquilícese!

 

EL-. ¡Discúlpeme! ¡Discúlpeme! ¿Qué saben de mí esas gentes? ¿Qué saben de mí esos periódicos? ¿Qué sabes tú de mí? Hoy ha aumentado el número de víctimas, una mujer ha muerto tras caer desde un séptimo piso, su marido se entregó a la policía de forma inmediata.  ¿Qué saben ellos? Etiquetan. Sólo Etiquetan. Así llevo desde hace muchos años. Cada cierto tiempo con una etiqueta… Primero de estafador, de ladrón, de homosexual, y ahora esto… ¡Discúlpeme por favor! Yo… ¡Lo siento!

 

PSICÓLOGA-. Le creo… De verdad que creo en lo que usted me dice…

 

EL-. ¿Pero quién soy yo? ¡Dímelo tú! ¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo? ¡Abrázame, por favor! ¡Abrázame! ¡Abrázame! ¡No me dejes solo! ¡Ayúdame a salir de aquí! ¡Necesito recuperar mi vida! Yo ya no tengo futuro… Solo presente…

 

EL se abraza fuertemente a la PSICÓLOGA.

La PSICÓLOGA intenta no implicarse demasiado con su paciente.

EL comienza a besarle la manos con mucha ternura. Con una gran delicadeza…

La PSICÓLOGA no puede controlarse… Necesita ese abrazo y esos besos…

 

ELLA-. Eres tan diferente a otros hombres… Me encanta que rompas mi monotonía… Te quiero. Te quiero. Te quiero… No podría vivir sin ti… Me gusta que me abraces por la noche, mientras duermo… Siento que contigo no me puede pasar nada… Soy tan feliz…  Te quiero. Te quiero. Te quiero. ¿Y tú…? ¿Me quieres…?

 

EL -. ¿Quién me salvará a mí, ahora, después de todo esto? 

 

PSICÓLOGA-. ¿Quién nos salvará a nosotros ahora?

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