CUERPOS DESNUDOS SOBRE FONDO BLANCO por Paz Buelta Serrano

Grande y amplia sala blanca. Tanto paredes como suelo cubiertos de pequeños azulejos blancos. En el centro y al fondo, bajo un ventanal translúcido y rectangular a través del que se ilumina la estancia, un gran poyete rectangular de mármol blanco. Sobre él una madera caoba impide que se sienta el tacto helado del mármol sobre los cuerpos que reposan en él .La madera tiene agujeros, coincidentes a su vez con los existentes en el poyete marmóreo. Sobre y dentro de estos agujeros se encuentran los traseros de un hombre y una mujer. Él tiene el pelo largo, lacio, brillante y claro. Ella muy corto y muy oscuro. Él acaricia adelante y atrás la cabeza de ella. Ella acaricia arriba y abajo la melena de él. Desnudos defecan:

 

Ella: Nunca había hecho esto antes. Es increíble poder hacerlo con un hombre. Si mi familia se enterase me matarían.

Él: No se enterarán.

Ella: Eso espero. ¿Seguro que ninguno de tus criados dirá nada? Ni tu familia. ¿Tu familia no…

Él: (Interrumpiéndola) Ya te he dicho que no.

Ella: (Cambiando completamente su actitud) Lo sé, pero déjame jugar. (Silencio. Él asiente. Ella, comportándose como al inicio) Ya sé que tu familia está de viaje, pero imagínate que vuelven. Quizá hayan tenido algún incidente, algún problema que les hiciese regresar. Si entrasen ahora mismo por esa puerta… Si tu padre entrase y nos viera aquí, en su baño privado, donde cierra sus grandes negocios junto a otros grandes hombres… Si entrara ahora y nos viera juntos, como dos niños imitando a los mayores… Rompiendo todas las normas de educación a favor de la lujuria… ¿Qué pensaría?

Él: Tranquila, sé que mi padre no vendrá. Se ha marchado lejos, muy lejos.

Ella: ¿Estás seguro?

Él: Es completamente imposible.

Ella: (Se oye el chasquido de la lengua de Ella mientras le mira reprobatoriamente. Él suspira y asiente) Pero ¿qué pensaría? ¿Qué me haría? (Se oye el sonido de una puerta al abrirse. La inhalación asustada de ella, la respiración dubitativa de Él)

(Entra un criado con jabones y un guante de crin, marrones, y dos grandes y esponjosas toallas blancas)

Él: Ya vienen a lavarnos. No sé si llegas pronto Sun, quizá debas volver después.

Sun: Como usted diga, Señor Cur.

Ella: ¿Señor? ¿No debería llamarte Señorito? No es correcto tener tanto nivel para los criados. Si se enterase tu padre…

Él: ¿Cómo estás tú? ¿Tardarás aún?

Ella: Todavía me queda un poco, es todo tan nuevo. ¿Tú? Siento tu olor cerca de mí, has terminado.

Él: Sí, pero te esperaré igualmente. Mi educación me impide ser lavado el primero. Sun, puedes retirarte por el momento.

Ella: ¡No! Que no se vaya, si no es problema puede lavarme mientras termino.

Él: Está bien. Sun.

(El criado comienza la ceremonia. Colocándose detrás de ellos saca la manguera de una ducha y la moja, desde sus cortos cabellos azabache hasta sus diminutos y deformados pies. Él no deja de mirar su cuerpo empapado, buscando en él su reflejo. Mientras, Sun frota el guante contra la pastilla hasta obtener espuma. Coge la mano de Ella y, dedo a dedo, raspa y rastrea su piel.)

Él: Tu cuerpo, joven, desnudo, sonrosado aún, se muestra ante mí con sus nuevas arrugas que todavía no han dejado marcas, con sus uñas que aún no han sido rotas por el trabajo, con su bello delicado y nuevo, que aún no ha sido segado las suficientes veces. Y me alegro de que la inquietud del agua, su impaciencia, le impida el reposo, y yo no logre reflejarme en ella. Me alegro de la imposibilidad de ver mi cuerpo, de verme a mí mismo.

Ella: Tú también tienes un cuerpo hermoso.

Él: No igual al tuyo, no igual. Quizá lo fue, pero es algo que ya perdí.

Ella: No digas eso. Yo estoy aquí por tu cuerpo.

Él: ¡Tú estás aquí por mi dinero!

Ella: Sssshh (Se oye la s seseante que, acercándose a su boca con un dedo enjabonado, le manda callar) Yo estoy aquí por tu juventud, por tu fiereza, por la fuerza de tus brazos al levantarme del suelo, por tu cuello de toro y tus ojos todavía indómitos. Estoy aquí… ¡aah! (se oye atravesar el aire entre sus dientes cerrados, quejido de dolor; Sun la ha rozado sin querer con la manguera de la ducha. Ella mira a Sun fijamente, Él mira fijamente a Ella, Ella retorna a la mirada de Él) ¡Quema! ¿Cómo puede tocar algo que está tan caliente?

Sun: Estoy acostumbrado. Todos los días hago cosas así.

Ella: ¿Todos los días? Debe ser insensible entonces. Tendrá unos callos enormes, como los de un guitarrista. Enséñemelos, no he visto nunca de cerca nada así. (Sun mira al Señor Cur pidiendo aprobación, él no le ve porque no ha dejado de mirarla fijamente a Ella)

Sun: Señor…

Él: Quémala. (Silencio. No reaccionan.) Quémala de nuevo. Con suavidad.

Ella: ¿Qué? Pero ¿por qué…? ¡Aah! (Se oye atravesar el aire entre sus dientes cerrados, quejido de dolor; Sun la ha rozado con la manguera de la ducha) (Ella posa sus ojos profundamente sobre Él. Silencio. Sin retirar la mirada, Ella ríe.)

Él: Más. (Sun apoya la manguera sobre Ella, el aire atraviesa entre sus dientes cerrados, ríe.)

Ella: Más. (Sun apoya, Ella se queja y ríe.)

Él: Háblame. Sigue hablándome. Dime lo que te gusta de mí.

Ella: (Mientras Ella habla Sun continúa apoyando la manguera sobre su cuerpo en repetidas ocasiones, con su consecuente reacción) Tus pies enormes, de ser venido de otra Era, que se agarran al suelo a puñados. ¡Aah! Tus manos, tus manos que han vivido lustros, que dib… ¡aah! que dibujan mapas con las venas de su reverso. Son estos mapas los que se expanden a lo largo de todo tu cuerpo, los mapas de tu vid… ¡aah!, de todas tus vidas que quedan definidos sobre tu piel en sus arrugas. Tus arrugas que se esparcen a brochazos por vientre, ojos, brazos…para contar tu historia, tus historias. Cualquiera que quiera saber más de ti, del mundo, de los humanos, solo tiene que dejarse llevar por el ritmo de tus olas y leer tus arrugas. (Mirando a Sun) Ahora a él. (Silencio. Quietud) Quémale a él. (Sun mira a su Señor que permanece inmóvil y callado. Aprieta la manguera contra su espalda)

Él: Ah.

Ella: Más.

Él: Ah.

Ella: ¡Más!

Él: (Emite un profundo y largo quejido)

Ella: Las líneas que dividen tu cara, ¡aah! Que hablan de tu expresión, de quién eres…

Él: ¡Ah!

Ella: …como has reído muchas más veces de las que te has enfada ¡aah!…do

Él: Tócame. ¡Tócame! Cuando pasa un tiempo sin que me toques no me siento bien. ¡No me siento bien! ¡Tócame! (Con tremenda rapidez se dan las manos, se aproximan. Ella le acaricia el largo y cano pelo, de arriba abajo. Abrazados. Sun, detrás de ellos y de pie, eleva la ducha y moja a ambos a la vez)

Sun: Por fin sois lo mismo: montaña de pelo y laderas de piel.

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