GRIS SOBRE DORADO

DRAMATIS PERSONAE.

Diez hombres vestidos de gris

Un hombre vestido de dorado

(Los diez hombres grises están colocados en fila, brazo con brazo, de frente al espectador. Sus semblantes son serios y algo cansados. El primero comienza a mover su brazo izquierdo al son de un sonido que bien podría ser el de una pieza de la maquinaria de un aparato. El segundo comienza a mover la cabeza de atrás hacia adelante, junto con el sonido de otra pieza distinta de la maquinaria del aparato. Así, sucesivamente, irán moviendo cada uno una parte de su cuerpo dentro de una partitura repetitiva. La luz acompañará al movimiento para mostrar el momento del día en que se encuentra la escena. Por ello, al principio lucirá una luz clara como la del sol, que poco a poco irá convirtiéndose en una luz más fría propia de las últimas horas del día.

Un hombre vestido de dorado, con un maletín en la mano y una amplia sonrisa, entrará por la derecha y paseará por delante de los diez hombres al son del sonido de la maquinaria. Así, gracias a la luz, pasará un día y otro, y aunque no percibamos cambio alguno en los diez hombres, sí veremos que el maletín del hombre vestido de dorado pesa cada vez más. Transcurrirán diez días con los cambios de luces. Al séptimo día, el hombre vestido de dorado, que irá arrastrando su maletín, recibirá un pequeño empujón del primer hombre empezando por la derecha. El hombre vestido de dorado se asombrará por haber recibido un golpe de una pieza de maquinaria, pero continuará su camino de cada día. Al pasar por delante del segundo hombre, volverá a recibir un golpe y aunque el hombre vestido de dorado, ya algo asustado, intente continuar su camino como si nada, a cada paso que avance, recibirá un nuevo golpe hasta que, finalmente acabe en el suelo. Todo esto irá acompañado del sonido de la maquinaria que irá in crescendo hasta que al final, súbitamente, reine el silencio.

La luz se volverá un poco más cálida y los diez hombres recobrarán un poco de claridad en sus caras.

Uno a uno irán saliendo por la derecha y, al verles caminar, veremos que sus cuerpos han recobrado un poco de la humanidad de la que antes carecían. Saldrán de la escena dejando en el suelo al hombre vestido de dorado y a su pesado maletín).

 
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Kandinsky. Línea y punto sobre el plano

La introducción del libro, escrita por el mismo Kandinsky, resulta ser una especie de aviso de lo que podría llegar a ser el libro, es decir, que en el contenido de este fragmento el autor nos dice que “Kandinsky, punto y línea sobre el plano” consiste en una introducción de carácter general y puramente para principiantes, de los elementos gráficos básicos, ya sean abstractos (sin la forma real), o con las propiedades básicas reales.

El libro se divide en tres partes:

EL PUNTO:

KANDINSKY-01

El punto puede ser visible o invisible, pero por encima de todo, irrelevante, cercano a lo que podríamos considerar como un cero.
Siempre es necesaria su presencia entre el puente de habla y del silencio.
El tamaño y la forma del punto pueden variar. Se le considera como la más pequeña forma elemental, como algo insuficiente, pero el tamaño varía en lo que entendemos como punto.
Además del tamaño, también la fuerza del punto puede variar.
Aunque pensemos que tiene que ser redondo, en realidad puede tener la forma que queramos, pudiendo tener picos o formas geométricas abstractas que nunca afectarán a la estructura del punto en sí.
Por lo tanto, la forma del punto puede ser ilimitada, y es la única que no pierde sus propiedades.

LA LÍNEA:

línea

Según Kankinsky, una línea es la traza que deja un punto al moverse, por lo tanto, su existencia siempre está vinculada al punto. Para que este punto se mueva es necesario crear una tensión que será la que le dará movimiento. También necesitará una dirección que marcará hacia el lugar donde se posicionará el punto, dejando presente la línea, ya sea horizontal, vertical o diagonal a modo de estela. Estas líneas se pueden clasificar como “centrales” o “acéntricas”, según tengan un centro común o estén fuera del centro.
Las líneas se crean con rectas, pero una recta puede sufrir ondulaciones creando curvas, constituidas de arcos de círculos geométricos, o de segmentos libres, o diferentes combinaciones entre ellos. Por lo tanto, una línea es moldeable en la forma que queremos.

PLANO BÁSICO:

Plano básico

El plano básico es la superficie material destinada a recibir el contenido de la obra, según Kandinsky. Está limitado por cuatro lados, dos horizontales y dos más verticales que forman un cuadrado, dependiendo de la forma de la longitud de las líneas horizontales o verticales se determinará la forma y el tamaño del cuadrado. Los cuatro ángulos deben sumar 360º.

El Plano básico tiene un arriba y un abajo, que mantienen una relación incondicional. El “arriba”, evoca la imagen de una mayor sensación de ligereza, de liberación. En cambio, el “abajo” produce el efecto contrario, condensación y pesadez.
Cuanto más nos acercamos al límite inferior del plano, más espeso se vuelve el ambiente.
También habla de los lados del plano, izquierdo o derecho.
El derecho lo compara con los humanos, que mayoritariamente hemos desarrollado mejor nuestro brazo derecho, logrando una mayor libertad con este lado.
Por lo tanto, la acción en el plano tenderá a ser a la derecha, aunque no siempre deber ser obligatorio.

Este puede ser un breve resumen de lo que viene a contar el libro.
A pesar de no ser un libro de lectura entretenida, considero que da unas pautas muy interesantes para la correcta creación estética del arte. Creo que dichas pautas pueden ser muy útiles a la hora de componer planos cinematográficos o teatrales.

DOLORES

(Habitación de hospital. Dolores está sentada en una silla que hay frente a la ventana, dando la espalda al espectador. Lola, su hija, está tumbada en la cama, tapada hasta el cuello con la sábana. La única parte del cuerpo de Lola que podemos ver es su cara, que luce amarillenta y demacrada. Se oye el pitido interrumpido de la máquina que le ayuda a respirar).

DOLORES: Por fin ha salido el sol. Ya era hora, ¿verdad?. Menudo invierno que hemos tenido. Que si lluvia, que si frío, que si lluvia, que si nieve, que si más lluvia, que si granizo… Nada, ni un rallito de sol. Nada. Sólo lluvia y frío. (Silencio). Hoy quizás venga tu tío Manolo. Dijo que vendría, quizás venga, pero no se sabe. Nada se puede saber. Ha estado de viaje, en Benidorm otra vez. Qué manía con llevar a los viejos a Benidorm. A Benidorm, a venderles cacharros que no sirven para nada y sacarles sus ahorros. Los ahorros de toda una vida. Allí hace calor… en Benidorm. Creo que allí siempre hace calor. No como aquí, con ese frío y esa lluvia. A ti te gusta el sol, ¿verdad?, pues ya lo tienes ahí. (Silencio).
Hoy tienes mejor cara. Quizás sea por el buen tiempo, porque a ti te gusta el sol, ¿verdad?. No hay nada como el calor.
(Dolores saca un pañuelo de su bolsillo y seca sus lágrimas imperceptibles hasta ese momento).
¿Quieres que abra la ventana? así podrás oler el mar. Estoy segura de que la brisa llega hasta aquí (Dolores intenta abrir la ventana, pero no puede). Olvidaba que las ventanas de los hospitales no se pueden abrir. Seguro que es mejor así. Desde aquí se puede ver cómo se mueven las palmeras. Seguro que corre viento de poniente y lo único que haría entrando aquí, sería darnos más calor. Así estamos bien, aquí hay buena temperatura. Sí, mejor así. (Silencio). Pronto será tu cumpleaños. Muy pronto. Haremos una fiesta. Una fiesta muy grande, con mucha gente. Todos, estarán todos. Decoraremos todo el jardín con esas cosas que se cuelgan de colores… Sí, esas cosas que son de papel. Vendrán todos. Todos vendrán a verte. Podrás ponerte tu vestido amarillo, ése que tanto te gusta… O mejor, llevarás un vestido nuevo. El amarillo ya lo has usado estos dos últimos años. Uno nuevo, te compraré un vestido nuevo, ¿qué me dices?. Podemos hacer un gran pastel con… chocolate. No, no, no… Olvidaba que no te gusta el chocolate. Mejor de nata y fresas… ése sí te gusta, ¿eh?. Y como ya hará mucho calor, nos bañaremos en la piscina. Bueno, tú y tus amigos. Ya sabes que a mí me da miedo meterme en el agua. (Dolores se acerca hasta la cama y desenchufa a Lola de la máquina que le ayuda a respirar. El pitido, que hasta ese momento sonaba a cada segundo, comienza a ser ininterrumpido. Dolores comienza a llorar con intensidad y se dirige hacia la ventana, de modo que vuelve a darnos la espalda). Pondremos música, podemos coger algunos de los discos que tienes en tu habitación… o si lo prefieres, contrataremos una orquesta. Será una fiesta a lo grande. Con muchas personas y esas cosas de papel que se cuelgan de los árboles. Tú llevarás un vestido nuevo. Te compraré el que más te guste. Será el mejor cumpleaños que hayas tenido jamás… (Entran dos médicos y una enfermera. Ésta agarra a Dolores y la saca de la habitación. Poco a poco la luz se va volviendo más tenue hasta que, finalmente, todo queda a oscuras).

http://mywifesfightwithbreastcancer.com/

Greguería o el arte de jugar con las palabras

Las greguerías son breves composiciones en prosa, con interpretaciones o comentarios ingeniosos y humorísticos sobre aspectos de la vida corriente, que fueron creadas y así denominadas por el escritor Ramón Gómez de la Serna, quien escribió más de diez mil greguerías.
Ramón definió la greguería como “humorismo + metáfora”.
Algunas de ellas son:

-El amor nace del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero.
-Los que matan a una mujer y después se suicidan debían variar el sistema: Suicidarse antes y matarla después.
-¿Y si las hormigas fuesen ya los marcianos establecidos en la Tierra?
-La gallina está cansada de denunciar en la comisaría que le roban los huevos.
-La prisa es lo que nos lleva a la muerte.

CONTAMOS TRES

(Amelia está en su casa esperando a su amiga Jose. Llaman a la puerta. Abre. Jose entra precipitadamente).

JOSE: No te vas a creer a quién acabo de ver…Llego tarde porque me he encontrado a alguien… No te creas tú que…

AMELIA: Eres impuntual.

JOSE: El caso es que estaba en la calle intentando coger un taxi y justo cuando para uno, ¿a qué no sabes quién se ha puesto a mi lado para coger el mismo taxi? (Amelia intenta negar, pero Jose le interrumpe) Carmina.

AMELIA: ¿Carmina?

JOSE: Carmina, la delegada de clase…

AMELIA: ¿Café?

JOSE: Agua, he oído que el café engorda una barbaridad.
Pues eso, me giro, la veo, ella me ve y nos decimos: ¡Jose!, ¡Carmina!. Pero a la vez..

AMELIA: Oh, Carmina, la delegada de clase…

JOSE: Nos besamos…

AMELIA: Os abrazáis…

JOSE: No, ya sabes que eso nunca… Y le digo: Estás estupenda…

AMELIA: Mentira…

JOSE: Claro. Y ella me dice: Tú estás divina.

AMELIA: Verdad.

JOSE: Por supuesto. Y entonces le pregunto rápidamente, ya sabes que no me gusta llegar tarde: “Bueno, ¿qué tal todo?”.
Y ella, no debiendo saber que cuando le preguntas a alguien por “todo”, no te refieres a “todo” (hace con las manos un gesto de exageración), comienza a contarme que se acaba de divorciar de su marido que no es, ni más ni menos, que el delegado que había en la otra clase. ¿Le recuerdas?

AMELIA: Creo que no…

JOSE: Da igual… La cuestión es que me ha contado que, gracias a un acuerdo pre-matrimonial, al divorciarse de él tiene derecho a una asignación anual de 90.000 euros.
AMELIA: No está mal.

JOSE: No está nada mal. Y mi pregunta viene ahora: ¿Por qué cojones yo no tengo con mi marido un acuerdo de ese tipo?

AMELIA: Tú no quieres divorciarte de tu marido.

JOSE: Nunca se sabe bonita, nunca se sabe…

AMELIA: ¿Y cómo está?

JOSE: ¿Quién?, ¿mi marido?

AMELIA: No… La delegada.

JOSE: Bien… Ha sido simpática.

AMELIA: Pero…

JOSE: Pero… ¿Qué?

AMELIA: Ya sabes… (Simulando con las manos el cuerpo de una mujer) ¿Cómo está?

JOSE: Bueno… Se le ha puesto un pandero de vacaburra… Es una especie de campo de fútbol donde hay espacio para se jueguen, al menos, tres partidos a la vez… He empezado una nueva dieta.

AMELIA: ¿Cuál?

JOSE: La dieta del limón.

AMELIA: ¿La dieta del limón?

JOSE: Ajá.

AMELIA: ¿Y consiste en?

JOSE: Comer sólo cosas con sabor a limón. Puedes comer de todo…helados, tartas, filetes… Siempre y cuando sepan a limón.

AMELIA: Yo he dejado la que estaba haciendo.

JOSE: ¿La de la manzana?

AMELIA: Estoy cansada de tanta fruta…

JOSE: Yo voy a probar, a ver qué tal… Si veo que me canso de tanto cítrico, empiezo con otra cosa. De todas formas, tú no necesitas hacer ninguna dieta, estás estupenda.

AMELIA: Tú tampoco estás mal…

JOSE: Excepto por esta raya (señala su cabeza). Estoy tan harta de teñirme… Por cierto, ¿te has cortado el pelo, verdad?. Estás guapísima. Te queda mucho mejor así…

AMELIA: No he ido a la peluquería.

JOSE: Pues no sé qué te has hecho, pero te queda genial.

AMELIA: Vale, ¿que quieres?

JOSE: ¿Cómo?

AMELIA: Te conozco. Quieres algo.

JOSE: ¿Qué pasa?, ¿ahora una no puede ser atenta?

AMELIA: Suéltalo ya.

JOSE: Necesito que te pruebes esto (Saca un pasamontañas de su bolso).

AMELIA: ¿Un pasamontañas?, ¿por qué?.

JOSE: Tú, hazlo. (Amelia se prueba el pasamontañas). Perfecto. No se te reconoce.

AMELIA: (Se quita el pasamontañas). Claro que no se me reconoce, es un pasamontañas… (mirándolo)… con mis iniciales bordadas.

JOSE: Pensé que sería un detalle que te gustaría.

AMELIA: Pero, ¿qué pasa?, ¿quieres que atraquemos un banco?. (Silencio de ambas). Jose…

JOSE: Necesito que me ayudes…

AMELIA: ¿A robar un banco?. (Se ríe a carcajadas). ¡Estás loca!
(Saca otro pasamontañas y un par de pistolas). ¡¿Pero qué haces con eso?!, ¡¿estás mal de la cabeza?!

JOSE: Tranquilízate. No son de verdad.

AMELIA: No sé qué estúpida aventura se te habrá ocurrido esta vez, pero no cuentes conmigo.

JOSE: Estoy metida en un lío.

AMELIA: ¡Madre mía!, ¿qué has hecho?.

JOSE: Yo…

AMELIA: ¿Has vuelto a jugar?, ¿es eso?

JOSE: Ha sido sólo una vez, pero la cosa no ha salido bien.

AMELIA: ¿A qué te refieres con que no ha salido bien?

JOSE: Pues que ha salido muy mal.

AMELIA: ¿Muy mal?,

JOSE: Fatal.

AMELIA: ¿Cuánto dinero debes?

JOSE: Bastante…

AMELIA: ¿Cuánto?

JOSE: 60.000

AMELIA: !Oh, madre mía!, ¡60.000 euros! Debes un montón de dinero…

JOSE: Un montón…

AMELIA: ¿Pero cómo se te ocurre?, verás cuando se entere Miguel…

JOSE: Por eso necesito que me ayudes. Él no puede enterarse. La última vez me amenazó con dejarme.

AMELIA: No es para menos.

JOSE: Lo sé. Soy una idiota… Necesito tu ayuda.

AMELIA: ¿Para robar un banco?

JOSE: Lo tengo todo pensado. Es una sucursal que hay en un barrio del sur. Cierran a las 15:00. He estado allí en varias ocasiones, y sobre las 14:45 deja de ir la gente. Será algo fácil…

AMELIA: Ni los sueñes. Robar un banco…

JOSE: Amelia, le debo dinero a unos tipos muy peligrosos… Si no les pago en cuestión de horas…

AMELIA: ¿De horas?, ¡Ja!, venías convencida de que iba a aceptar.

JOSE: Sé que vas a aceptar. Si lo miras por el lado positivo… estaríamos robando a un ladrón…

AMELIA: No me vengas con ésas… ¡Estás mal de la cabeza!, ¿cómo se te ocurre pedirme algo así?. ¡Robar un banco!

JOSE: No chilles, te pueden oír los vecinos.

AMELIA: Jose, los vecinos deben pensar que estamos bromeando porque a nadie más que a ti se le ocurre la idea de atracar un maldito banco.

JOSE: ¿Tienes dinero para prestarme?

AMELIA: Sabes que no. Ahora no es un buen momento.

JOSE: Pues entonces me tienes que ayudar.

AMELIA: Pero así no. Ésa no es la manera. Habla con Miguel.

JOSE: ¡Imposible!. Me deja, Amelia. Me deja.

AMELIA: Él puede conseguir el dinero. No dejará que esos mafiosos te hagan nada…

JOSE: Está bien…

AMELIA: Claro que sí, Jose. Es la opción más sensata.

JOSE: Lo haré yo sola.

AMELIA: ¡No!

JOSE: Sí. Lo entiendo. Entiendo que no quieras ayudarme, al fin y al cabo la que está enferma soy yo.

AMELIA: ¡Ah, no, no, no!. Conmigo no juegues al chantaje emocional.

JOSE: Por favor… Sabes que no puede hacerlo sola. Amelia, mi vida corre peligro… (Breve silencio).

AMELIA: Está bien, ¿cuál es el plan?

JOSE: ¿En serio?, ¡estás fatal!. Sabía que lo harías.

AMELIA: No seas lista. Todavía puedo echarme atrás.

JOSE: No, no, no… Seré buena.

AMELIA: Más te vale. ¿Y el plan?

JOSE: ¿El plan?

AMELIA: Sí, Jose. El plan. No pretenderás que vayamos allí sin tener uno.

JOSE: Pues entramos, decimos: “Arriba las manos. Esto es un atraco”. Luego nos acercamos a la caja y le pedimos que nos den todo el dinero.

AMELIA: “¿Arriba las manos. Esto es un atraco?”. Menuda mierda. Así no acojonas a nadie. (Coge una de las pistolas del bolso de Jose). ¡Me cago en Dios. Al suelo todo el mundo o le vuelo la cabeza al primero que pille!. ¡Como alguien se mueva le meto un tiro entre ceja y ceja!. ¡Tú, el gordito de la camiseta a rayas! ¿tienes algo que añadir?, ¡eh!, vale… Me había parecido.
¡Maldita zorra, no te muevas o te reviento el cráneo!. (Mirando a Jose) ¿lo ves?

JOSE: Sí, creo que eso puede funcionar mejor. ¿Y después?

AMELIA: ¿Tienes un plano del local?

JOSE: ¿Un plano?

AMELIA: ¡Sí!, un plano de la sucursal. Tendremos que saber si tiene una o más salidas, cuántas personas trabajan allí, si hace algún descanso el personal de seguridad…

JOSE: No hay personal de seguridad.

AMELIA: ¡Mejor!. También necesitamos saber a cuánto está la comisaría más cercana.

JOSE: ¿La comisaría?

AMELIA: Debemos saber de cuánto tiempo disponemos antes de que llegue la policía.

JOSE: Está bien, yo lo busco en mi móvil.

AMELIA: De acuerdo… ¿Qué más?, ¡un coche!, necesitamos un coche con el que huir…

JOSE: Yo puedo coger…

AMELIA: …Y, por supuesto, no puede ser ninguno de los nuestros.

JOSE: ¿Y uno de alquiler?

AMELIA: ¿Con un nombre falso?, demasiado lío. No tenemos tanto tiempo. ¡Ya está!, ¡Julio!

JOSE: ¿Tú ex?

AMELIA: Todavía tengo una copia de la llave de su coche. Cuando lo abandonemos debemos romper la ventanilla para que parezca un robo.

JOSE: Un robo…

AMELIA: Aparcaremos en la puerta. Contamos hasta tres y entramos. Tenemos que ser muy rápidas para que todo esto funcione. Yo controlaré a la gente mientras tú te acercas a la caja y les pides el dinero.
¡Guantes!, necesitamos guantes para no dejar ninguna huella.
JOSE: (Sacas dos pares de guantes de su bolso). ¡Tengo guantes!

AMELIA: Bien… Pasamontañas(Lo coge del bolso y le arranca las iniciales), pistolas, guantes, coche, plano, comisaría… Creo que no nos olvidamos de nada.

JOSE: Amelia…

AMELIA: ¿Qué?

JOSE: No podemos hacerlo. Es una locura.

AMELIA: ¡No me jodas, Jose!, ¡ni se te ocurra echarte atrás ahora!

JOSE: Pero Amelia…

AMELIA: Nada de “peros”. Lo robamos y punto.

JOSE: De acuerdo. Lo que tú digas. Si es la única opción…(Abraza a Amelia) Gracias.

AMELIA: (Dirigiéndose hacia la puerta) Ya me las darás si todo esto sale bien. (Sale. Jose duda un instante y sale también).

¿POR QUÉ SE ESCRIBE? por María Zambrano. Reflexiones de África Romera.

Soledad, secreto, liberación, hablar, escribir, fe…, son algunas de las palabras que encontramos en el texto de la escritora y filósofa María Zambrano.
La escritora malagueña hace, a través de este texto, una reflexión sobre los motivos por los que un escritor escribe.

Zambrano hace una acertada diferenciación entre hablar y escribir.
Para ella, el hablar va cogido de la mano de la espontaneidad.
Cuando una persona habla, las palabras surgen de su boca de una manera franca, natural, sin pensarlas demasiado. Al contrario que al escribir ya que: “Hay en el escribir un retener las palabras…”.
Según Zambrano, las palabras vendrían a crear una suerte de ambivalencia, pudiendo ser las mejores amigas de un escritor y las peores de un hablante. Por ello el escritor, mediante la escritura, intenta reconciliarse con éstas, “anteriores tiranas de su potencia de comunicación”.
Para ella, el escritor no hace otra cosa que endurecer las palabras y darles un vida eterna que de otra manera, no tendrían.

“Escribir viene a ser lo contrario de hablar”.
Hablamos por necesidad, porque necesitamos comunicarnos momentáneamente y de una manera inmediata. Pero de esta forma, al hablar, nos hacemos esclavos de lo que hemos dicho, mientras que escribiendo, encontramos la liberación de lo que queremos decir.

“¿Qué es lo que quiere decir el escritor y para qué quiere decirlo? ¿Para qué y para quién?”.
El escritor quiere contar la verdad. Al menos, la suya. Cuenta sus secretos, aquellos de los que nunca se atrevería a hablar en voz alta. Todo lo que el escritor no puede decir es sobre lo que se tiene que escribir.
Con este acto de comunicación, el escritor sale de su soledad para desvelar su secreto.
El escritor vendría a ser una especie de irreprimible cotilla con ansias de contar. Necesita comunicar, hacer público ese secreto.

Para la escritora, el escribir es un acto de fe y de fidelidad.
De fe porque, aunque el escritor revele el secreto, son los demás los que deben saber desentrañarlo y comprenderlo.
De fidelidad porque es necesario que el escritor sea fiel a lo que desea y necesita contar, sin transcripciones o interferencias que puedan llevar al error.

El escritor no debe ponerse a sí mismo en los textos que escribe. No debe confundir el ponerse a sí mismo, con sacar de sí mismo aquello que escribe. De lo contrario, será incapaz de acallar su vanidad y sólo conseguirá mostrar un interior vacío.
Del mismo modo que cuando un escritor publica, lo hace para que alguien, una o más personas, al saber ese secreto, vivan de otro modo del que lo han hecho hasta entonces. En cierto modo, pretende influir de alguna manera, en la vida de sus lectores.

Por último, Zambrano nos muestra cómo el escritor y el público coexisten desde un principio, incluso antes de que la obra haya sido escrita. Justo cuando se hace patente el secreto.
En palabras de la escritora: “…sólo llegarán a tener público, en la realidad, aquellas obras que ya lo tuvieren desde un principio”.

Estoy de acuerdo con algunas de las opiniones y de los argumentos que da la escritora malagueña.
Personalmente, me parece mucho más complicado hablar que escribir, porque al hablar uno no es cien por cien dueño de sus palabras y es fácil que se escape alguna frase indebida o poco acertada.
Sin embargo, cuando escribes puedes tomarte el tiempo necesario para comunicar de la manera más correcta o aproximada, aquello que quieres decir.
Del mismo modo, también coincido en que la vanidad es uno de los peores enemigos de los escritores. El creer que nuestro propia persona es lo suficientemente interesante como para escribir sólo sobre ella, sólo demostrará el vacío en el que se habita.

¿Por qué se escribe?, no lo sé. Supongo que no habrá un sólo motivo, que cada cual tendrá el suyo. Aunque apostaría a que todos, sino la mayoría, sentimos un extraño placer al hacerlo. Placer que, con el paso del tiempo, comienza a volverse adictivo.

DECÁLOGO DEL PERFECTO DRAMATURGO, por África Romera.

Si quieres llegar a ser un perfecto y competente dramaturgo, estos son los pasos que debes seguir:

1- Ten bien abiertos y limpios los oídos. Nunca se sabe de dónde puede uno extraer una buena historia. (Si la historia trata sobre alguien cercano a ti, siempre puedes cambiarles los nombres a los personajes. Seguramente así, no serás descubierto. O sí).

2- Dedícale un tercio de tu vida a leer. Otro tercio a escribir. Si lo deseas, el último se lo puedes dedicar a vivir.

3- Lee, lee, lee. Ve al teatro, ve al teatro, ve al teatro.

4- Es posible que la mayoría de la gente no sepa para qué sirve la carrera de Dramaturgia. La manera más rápida y fácil de resumirlo cuando te pregunten es decir: “Para escribir teatro”. Verás cómo sus expresiones faciales comienzan a ser de entendimiento.

5- Nunca olvides la célebre frase: “En literatura ya está todo escrito”. Es cierta, por ello, escribe sobre lo que te dé la gana. Probablemente, alguien ya lo haya hecho antes.

6- Sé honesto contigo mismo y con tus lectores. Si no entienden ni una palabra de lo que escribes, no insistas diciendo: “Es que lo que yo escribo no es para todo el mundo”. Así sólo parecerás un auténtico pedante.

7- Acogiéndote al anterior paso, cree en ti cuando dudes, duda cuando creas en ti.

8- No intentes parecer siempre más inteligente que el lector. Realmente lo estarás siendo cuando él crea que lo es más que tú.

9- Lleva siempre un bloc de notas y un bolígrafo contigo, nunca sabes cuando puede venir a tu cabeza una estupenda o una nefasta idea.

10- Como decía aquel refrán que no sé muy bien de dónde procedía, pero al cual le estoy muy agradecida: “ El talento sin trabajo, no sirve de nada”.

Como consejo final: Puedes seguir estos once consejos o ser tú mismo y crearte tu propios pasos.