JUSTICIA SUBLIMINAL

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JUSTICIA SUBLIMINAL

 

(En la penumbra de una gran sala mal ventilada se escuchan incesantes los golpes sobre las teclas de un taquígrafo. Una VOLUMINOSA FIGURA ENCORVADA impone el orden de la “justa” travesía con su mallete. A su diestra una CARNOSA SOMBRA ATERCIOPELADA se enjuga el llanto con su cetrino pelaje. A siniestra VEINTICUATRO OJOS IMPÁVIDOS E INTERFERENTES.)

 

CARNOSA SOMBRA ATERCIOPELADA: Sentirte protegido, disfrutar de los amigos, la familia, vivir en paz… Sin que te des cuenta hay miles de militares que trabajan con todas sus fueras para que puedas vivir en un entorno seguro y hay un día para celebrarlo. Día de las Fuerzas Armadas.

 

VOLUMINOSA FIGURA NCORVADA: Securitas Direct. Llama al 902 15 15 15 y protege a los tuyos.

 

CARNOSA SOMBRA ATERCIOPELADA: Todas las mujeres queremos ayudar a nuestros huesos a estar fuertes… Una vida con huesos fuertes, es más vida.

 

VOLUMINOSA FIGURA NCORVADA: Ideas for life.

 

CARNOSA SOMBRA ATERCIOPELADA: Somos únicos donando órganos.

 

VOLUMINOSA FIGURA NCORVADA: Tu vida cambia con Orange.

 

CARNOSA SOMBRA ATERCIOPELADA: Soy de la mutua.

 

VOLUMINOSA FIGURA NCORVADA: Nuevo Halls XS, respira y adelante.

 

CARNOSA SOMBRA ATERCIOPELADA: Por cinco euros, una sonrisa. Sorteo del oro de Cruz Roja. No es por el oro.

 

VOLUMINOSA FIGURA NCORVADA: Queremos ser tu banco.

 

CARNOSA SOMBRA ATERCIOPELADA: Siete premios nobeles. Idiomas: castellano, catalán, gallego, euskera, valenciano y bable. Siete Óscars de Hollywood. Dos veces campeones de Europa y Campeones del Mundo.

 

VOLUMINOSA FIGURA NCORVADA: Playstation.

 

CARNOSA SOMBRA ATERCIOPELADA: El tren de alta velocidad que se lo hemos vendido a los chinos Infraestructuras, que aquí tenemos aeropuertos para aburrir. ¡Y la Generación del ’27!

 

VOLUMINOSA FIGURA NCORVADA: ¡Playstation!

 

CARNOSA SOMBRA ATERCIOPELADA: El Quijote. La fregona, el chupa-chups, el futbolín, el submarino, la paella, las torrijas,… Velázquez.

 

VOLUMINOSA FIGURA NCORVADA: ¡Playstation! ¡Playstation! ¡Playstation!

 

CARNOSA SOMBRA ATERCIOPELADA: Y los jóvenes, que exportamos la generación más preparada de la Historia.

 

VOLUMINOSA FIGURA NCORVADA: Ahora con todos los sabores familiares pagas cinco, y uno gratis.

 

CARNOSA SOMBRA ATERCIOPELADA: Mañana dos entregas por el precio de una.

 

VOLUMINOSA FIGURA NCORVADA: Día. Calidad y precio están muy cerca.

 

CARNOSA SOMBRA ATERCIOPELADA: ¿Te gusta conducir?

 

VOLUMINOSA FIGURA NCORVADA: El Almendro vuelve a casa por Navidad.

 

CARNOSA SOMBRA ATERCIOPELADA: ¿De verdad tú puedes llevarme al país de Nunca Jamás?

 

VOLUMINOSA FIGURA NCORVADA: En Iberia trabajamos para que vueles como siempre has soñado.

 

CARNOSA SOMBRA ATERCIOPELADA: ¿Sabes lo que hace que un país funcione? La confianza. Confiamos en quien nos quiere y en quien nos cuida. En quienes pelean todos los días en una lucha sin medallas. En quienes no nos decepcionan.

 

VOLUMINOSA FIGURA NCORVADA: Playstation

 

CARNOSA SOMBRA ATERCIOPELADA: Sabemos que podemos contar con su talento, con su entusiasmo. Confiamos en nuestra capacidad de unirnos en los malos momentos, porque ya  lo hemos hecho antes. Confiamos en quienes hacen todos los días todo lo posible. Y en quienes han decidido no rendirse.

 

VOLUMINOSA FIGURA NCORVADA: ¡Playstation! ¡Playstation! ¡Playstation!

 

CARNOSA SOMBRA ATERCIOPELADA: Y nunca, nunca, vamos a dejar de confiar en el futuro. Porque el futuro tiene nombre y apellidos. Nuestro país está lleno de ideas y proyectos en los que se puede confiar. Santander, tu banco de confianza.

 

VOLUMINOSA FIGURA NCORVADA: Para las hemorroides. Hemoal. Un gran alivio.

 

CARNOSA SOMBRA ATERCIOPELADA: ¡A tomar Fanta!

 

VOLUMINOSA FIGURA NCORVADA: Se le condena a la desconexión. Puedes pagar contra reembolso, con tarjeta de crédito o con la tarjeta de compra de El Corte Inglés. En 5, 4, 3, 2, 1…

 

 

 

 

 

 

 (Interferencias. Silencio. Oscuro. Fin)

 

 

 

HORROR VACUI

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(La luna caliente contempla con estupor el eco cuarteado de su infinito lamento en las aguas de un trémulo e insondable lago. Un sendero con atajos desemboca en las traviesas de un maltrecho muelle que se diluye y se enreda en las sombras sibilantes de una rayana alameda. Asomada a la marea una marchita figura de mirada ansiosa traslucida por entre la espesura de una cenicienta melena; de manos circunspectas y venosas; de cerúleos labios; de palabras encendidas de postrer instante.)

VIEJO: Y si esta sed inmensa se saciara de pronto,

  si finísima arena de desiertos terribles

  me inundase, silente y despaciosa,

  colmando grano a grano mi garganta y mi lengua

  en balbuceos azarosos,

  si todos y cada uno de mis trescientos ojos

  comenzasen un día a llorar en seco

  y me arañasen el alma

  con heridas supurantes de tierra,

  sólo de tierra,

  si yo me ahogase tanto y tan profundamente,… (Un lejano sollozo de lozano párvulo detiene el impulso errático de la arrugada y barbuda silueta. Los maderos gritan horrorizados. Una piedrecita hiere en su naufragio la fina piel del lago. Un paso reaviva el astillado quejido. Anillos concéntricos cauterizan. La luna descubre a la oronda masa que avanza por el sendero meciendo a su cría sobre sus dehiscentes caderas. Otro paso.)

MADRE (canta): A la ru ru, nene

                               a la ru ru, ya.

       Duérmete clavel,

       duérmete rosal.

       Duérmete, mi negro,

       cara de lagarto.

       Que si no te duermes

       te doy un trancazo…

       A la ru ru, nene

                               a la ru ru, ya.

       Duérmete clavel,

       duérmete rosal.

VIEJO: ¿qué sentido entonces seguir silabeando,

  azuzando el espíritu al encuentro precioso

  de una sílaba mágica?

 

MADRE: Buenas noches nos dé Dios. (Cruce de miradas. Mustia mueca en los labios. Vaivén soñoliento de sudor amargo. Tras el escrutinio se retira el VIEJO.)

VIEJO: ¿Por qué no sumergirse ya completamente

  a sortear en las dunas el viento caprichoso de los días?

  ¿Por qué no morir?

  ¿Por qué? Si todo se ha consumado…

MADRE: A la ru ru, nene

     a la ru ru, ya.

     Tranquilo mi niño,

     duérmete mi paz.

     Mi negrito lindo

     ya se está durmiendo,

     pon cara de sapo

     que yo te estoy viendo.

      A la ru ru, nene

      a la ru ru, ya.

      Tranquilo mi niño,

      duérmete rosal.

VIEJO: El diligente lobo de montaraz prosapia,

  dócil vigilante y pronto al rumor del instinto,

  ¿No merece ya el descanso en el vientre templado

  de la tierra? ¿Acaso no partió ya la camada?

MADRE: ¿Quién es usted? No creo yo que sean horas de estar puestos en medio. Nosotros porque vamos de viaje pero usted, con lo mayor que está,… y el frío que hace. No me diga a mí que es para estar ¿No tiene usted frío? (Pausa.) Pero, ¿adónde va? ¿No ve usted que eso está para caerse? ¡Que se puede hundir! (Pausa.) ¡Espere! Espere, espere un momento. ¡Ay, madre mía! Se mata. A la ru ru, nene; a la ru ru ya… Shhh. ¿Qué está haciendo aquí?

VIEJO: Si el mineral abrigo calado de intemperie

  desveló sus secretos en la primera helada

              poco queda más que alimentar ansias de muerte.

MADRE: ¡De eso nada! Hasta ahí podíamos llegar. ¿Dónde está el barquero? ¿Se ha ido ya? ¿O me he equivocado de sitio? ¡Ay, Dios mío! ¡Espere! Shhh… shhh… A la ru ru nene; a la ru ru, ya… shhhh… vamos a ver cómo lo hago… shhh… tranquilo mi niño… shhh… (Sujeta el bulto con doble nudo en el regazo.) …duérmete mi paz. (De un decidido saltito sortean las untuosas carnes un listón raído. El peso de la hembra con su cría inicia una ondulación en la estructura que se detiene en la extenuada verdura del VIEJO sobre el horizonte.) ¿Es usted? ¿Está sordo o qué? ¡Que si es usted el barquero! ¡El que lleva a la otra orilla! (Se abre paso con habilidad juguetona al compás de los quiebros de los palos.) Sepa usted que no sé nadar. Como se hunda esto no sé qué vamos a hacer. ¿No va a decir nada?

VIEJO: Los ojos de los ahogados son los únicos que miran sin pavor desde la muerte porque reflejan más olvido que pesar.

MADRE: Lo que usted diga. Pero yo no me voy a quedar aquí mucho tiempo por si acaso. Vamos a cruzar. Mi hijo y yo. Su padre nos está esperando con una bandeja llena de fruta. Porque… es aquí, ¿verdad? Es aquí donde se coge la barca, ¿no? Que no quisiera yo equivocarme. (Pausa.) ¿A usted le espera alguien? (Silencio.) Dicen que del otro lado todo está lleno de colores: hay árboles con hojas rojas, incluso, con frutos que no se ven por aquí; y arroyos que corren como bordados de flores de tila. Dicen también que hay una rosaleda grandísima,… ¡Cómo debe de oler por allí! Por eso que hablen de una dulcísima miel que quien la prueba no quiere otra cosa. (Pausa.) Y pajaritos que no paran de cantar. ¡Y siempre es de día! ¿Qué le parece? (Silencio.) ¡Qué sieso! (Pausa.) En cambio esto… lo recordaba más… no sé… más alegre. Los álamos estaban desnudando y parecía como si nevara… Estaba todo más luminoso.

VIEJO: Las estrellas se van apagando; esas estrellas que tanto tiempo hace que han muerto pero cuyo destello aún se puede ver… (El niño llora.)

MADRE: Shhh… Shhh… Sh… (Canta la sirena.) A la ru ru, nene; a la ru ru, ya… (El vacío devuelve un eco gutural que eriza la espina del VIEJO.) Shhh… Sh… ya está, ya está… duérmete negrito… shhh… Tiene que tener frío, o hambre. ¿Le importa? (Silencio. Con preciosa desenvoltura acerca un seno a la boca del primal.)  ¿Qué le parece? (Pausa.) El chiquillo, digo. Que ¿qué le parece? ¡Con más de un año y sigue mamando! Me tiene consumida. Tendría que haberlo destetado cuando su padre… pero después me dio mucha lástima de la criatura. Y también es verdad que así yo me seguía sintiendo útil. Cierto que al principio no quería la teta, no sé por qué. Tenía hambre y lloraba, pero era acercarle la… eso, usted ya me entiende, en cuanto me lo acercaba era peor. Hasta que un día probé la leche, me estuvo amarguísima, y cogí un sofoco que pa’ qué; ya se puede usted imaginar. Ni para eso valía ya. Pero, fíjese qué cosas tiene la vida, que parece que al crío al verme, le di pena o algo así, y se enganchó y no se ha vuelto a quejar. Shhh… shhh….

VIEJO: Cansada y suplicante está la lengua errante

   que no pudo gustar el salino frío argento.

   Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis,… y así

   más de trescientos mil, hasta hoy, los días

   que han de redimir al mísero peregrino.

   ¡Acércate, Carón!

   Conduce con premura tu lúgubre batel

   hacia esta fértil margen de cenizas.

   Que ya la muerte es más inverosímil que la vida. (Silencio. La MADRE arrea a su hijo animándolo al ágape.)

MADRE: Shhh… shhhh… ¿Has oído lo que ha dicho el señor? ¿Eh? ¿Lo has oído tú? (Insaciables succiones se mecen sobre el siniestro brazo.) Bueno… ¿y qué? ¿Qué significa todo esa sarta de cosas que ha dicho? (Pausa.) ¿No será qué está muerto, o algo así? ¡Ja! Porque entonces, para poder estar hablando con usted, tendría que estar yo muerta también. Y mire. Mire, mire. Tóqueme. ¡Que no muerdo! ¡Tóqueme, ande! (El VIEJO rastrea con inquisición el polen con el que comercia el viento desde la enfrentada orilla.) Bueno, como quiera. Caliente como un pan recién hecho. Así que ya ve. (Silencio.) Como quiera. No va usted a hablar conmigo de ninguna de las maneras. Pues algo habrá que hacer mientras esperamos. Qué menos que hablar, ¿no? Aunque sea por educación. (Silencio. Silencio. Silencio.) Le encanta la teta a este crío. ¡Te como! (Silencio.) Y ahora que lo pienso: ¡no cabemos en la barca! No, no, no, no, no. Ni mucho menos. Usted estaba antes, cierto es, pero como comprenderá… una mujer indefensa, con una criatura,… no es para quedarse aquí al raso, y sin protección. ¡Menuda barbaridad! No lo permitiría, ¿Verdad? ¡Qué poco corazón tendría que tener para hacer una cosa así! Marcharse usted así, dejándonos abandonados. (Un tierno gruñido se despereza al borde de una aréola sangrante. La MADRE descubre por completo su busto e inclina a su hijo del otro lado.) Podemos hacer un trato. (Reverbera por entre las hojas de los álamos un desconsolado trino que corta sagitalmente una lágrima en la arruga.) Puedo pagarle. (De nuevo el alimento se trasfunde. Luceros desorbitados en la fruncida figura del VIEJO.) Tengo una moneda… Bueno, a lo mejor no debería de decírselo, teniendo en cuenta que podría usted darme con un palo en la cabeza y robarme. O robarme y después empujarme al agua para que me ahogase. O darme un palo en la cabeza, robarme y después echarme al agua. Y mi hijo ¿qué? ¿Qué iba a hacer el pobre? O… ¡Dios mío! ¿Sería capaz de matarnos a los dos por una moneda de plata? ¡Uy! ¿He dicho de plata? No sé ni lo que digo. No lo haría, ¿verdad? ¿Verdad que no? No haría eso. (Silencio.) ¡Diga algo, por Dios! ¡Diga algo! (Pausa.) ¡Está bien! Le doy la moneda, pero no nos mate. (Rueda de su liga el malhadado óbolo que ofrece desesperada en la palma de su mano.) Tome. Quédesela. Para usted. (El VIEJO extiende su macilenta zarpa y queda traspasada por el peso de la metálica estampa. El triste tintineo interrumpe la libación.)

VIEJO: No podrán ya detener mis dedos los blancos pétalos destilados de la rosa.

   Ni mis ojos evitar la bienvenida de la noche oscura.

   El ánimo condujo nuestros pasos de vuelta al desenlace

   a silenciar profundo la palabra…

   Mas el sollozo y la lágrima calarán tan hondo en el llano

   que abrirán mis párpados,

   y mi boca polinizada servirá como vientre

   a la tierra

   sosegada

   del invierno.

MADRE: Desagradecido. (Recogiendo el bruñido disco.) ¡Pues no hay trato! (Lo esconde bajo el pliegue de su teta.) Pero los tres no cabemos. Y usted no tiene con qué pagar el viaje.

VIEJO: Después de todo una rosa sólo es una rosa.

MADRE: Gracias. (Pausa.) ¡Un momento! ¿Lo ha dicho por mí o por qué? (El rorro se agita bajo una fuliginosa gota de leche.) Conmigo no se ande con lisonjas, que no voy a caer. A la ru ru, nene,

a la ru ru, ya…

Mi negrito lindo

ya se está durmiendo,

sació su apetito

de negro veneno.

A la ru ru, nene

a la ru ru, ya.

Pues, lo dicho. Ya está todo hablado. En cuanto llegue el barquero mi hijo y yo nos vamos. Usted puede hacer lo que quiera. Pero nosotros nos vamos. Eso sí, le aconsejo que se abrigue un poco, no vaya a caer malo. (Silencio. La MADRE achucha al lechal contra su pecho.) Ande, váyase. Coma y entre en calor. En su casa va a estar mucho mejor. (Pausa.) Bueno, usted sabrá. (Silencio. Un ardiente centelleo se confunde a través de la espesa neblina. Avanza pesadamente, remo a remo, sin necesidad de faro, entregado a su cardinal destino.) ¡Ya viene! ¿Lo ve? ¡Por allí! (Atusa sus cetrinas cerdas. Inicia su marcha hacia el extremo del embarcadero barriendo las huellas que deja con el fruto de su vientre. El cráneo del arrapiezo sobre la carcoma marca el paso. Los ojos del VIEJO se vuelven sobre sus cuencas claudicando ante su horror vacui.)  Lo mejor que puede usted hacer es volverse a su casa. (Silencio.) Si por lo menos hubiese querido los cuartos, habría tenido con qué comprar lo que fuera. Pero nada, ni eso. Ni siquiera hablar. Pues peor para usted. Así que no tengo más que decirle. Encantada de habernos conocido. Muy buenas noches.

VIEJO: ¡Señora! Lleva el niño a rastras. (Silencio.)

MADRE: No importa. Está muerto. (Silencio.)

VIEJO: ¡Usted no podrá viajar! Está caliente como un pan recién hecho. ¿Con qué piensa comprar la voluntad del barquero? (La belladona se acomoda en el filo de las tablas hundiendo sus raíces en la tibieza del limo.)

MADRE: Ya no. Estoy fría como una llave. Me he ido enfriando a cada bocanada. Y supongo que no lo querrá comprobar. Así que no se moleste ahora en hablar conmigo.

      A la ru ru, nene,

      a la ru ru, ró.

      Este negro lindo

      ya se me durmió. (El resplandor de la tea tiñe la inmediata bruma. Un chapoteo constante se anuncia próximo.)

     A la ru ru, nene

     a la ru ru, ya… (El sordo resquebrajarse el agua paraliza las figuras. La claridad difusa acecha a corta distancia. El VIEJO se repliega sobre su letanía.)

VIEJO: Habrá que voltear el maleficio de los relojes,

   escupir pequeños y certeros perdigones de barro

   que mantengan el ansia vigilante,

   sacudirse del polvo atenazador

   de los días iguales,

   y vivir, vivir bebiéndose cada instante

   con la íntima premura de saber que nunca,

   nunca será suficiente.

MADRE: Tarde. Demasiado tarde. Aquí ya estamos todos muertos. (Comienza a distinguirse la líquida mancha del transporte y la naturaleza se espanta. Después silencio. El barquero amarra. La MADRE salta con su hijo dentro de la barca. Balanceo inquieto hasta recobrar el equilibrio. Silencio. Satisfacción. Inicio de partida. El VIEJO despide a los viajeros mascullando ininteligibles versos entre sus morados labros. Un chapoteo constante se destierra. Y el resplandor de la tea desaparece. Oscuro. Silencio. Fin).

LA VIUDA NEGRA

viuda-negra

DRAMATIS PERSONAE

CHISCA: una mujer bien parecida, de unos 50 años de edad y treinta y pocos de apariencia, elegante y de negro

XU-LIN: el joven criado chino de Chisca.

SRA. ROMERO: La madre de Chisca. De unos setenta y ocho años.

JEROME: el biógrafo de Chisca. Francés de unos cuarenta y tres años.

(CHISCA, llena de energía, entra en casa hablando por teléfono. Salón de una casa acomodada, de estilo minimalista: un acuario con peces exóticos, plantas, alguna pintura,…)

CHISCA: …Fantasías. Fantasías. A la larga es mucho peor. Tú hazle caso a tu cirujano; y a mí, que soy tu única amiga. (Pausa) Yo también te quiero. Además, así en vez de envejecer lo que hacemos es volvernos vintage. (Pausa. Ríe) ¡Qué boba eres! Por cierto, me he comprado un jaguar… ¿De qué color va a ser? Negro jaguar…. Estoy de luto (Pausa) ¡Nuevo! ¡Claro! ¿Cómo crees, si no? Bueno, ya tiene una semana. Es más monísimo… Llámame exagerada pero Lucy era demasiado… como te diría… ¿pequeña? Sí, demasiado poca cosa, me recordaba a Viktor. (Pausa. Enciende el hilo musical, modo aleatorio.) Sí, un ruso con cara y cuerpo de modelo de Jean Paul Gaultier y todo lo que tú quieras, pero… poca cosa, poca cosa. Qué te voy a contar a ti que te lo tirabas los fines de semana, y fiestas de guardar. (Pausa) Pues eso. (Pausa) Como que qué voy a hacer. La he donado a una ONG. (Pausa). “Amigos de la taxidermia”, o algo así. No sé, qué más da. Cuidarán de ella, es lo importante. (Pausa.) ¿El jaguar? Se llama Sven. (Pausa) ¡Sven! (Pausa) No sé. Me vino así… de repente. Creo que es el protagonista de alguna novela sueca de ésas. Yo lo llamo: ¡Sven! Y “sviene”. (Pausa). ¿Es que no lo pillas o qué? (Pausa.) Pues yo lo encuentro de lo más gracioso. (Pausa). No, ¿por? (Pausa.) ¡No, imposible! Tengo una rendez-vous con mi bolí…, biól…, vidó… bueno, da igual (Pausa.) He quedado con Jeromme Ricordel. Va a escribir mis memorias. (Pausa.) ¡Qué va a ser negro! Es francés. Va a escribir mi autobiografía. Creo que ya va siendo hora. (Pausa.) ¡Chulín! (XU-LIN aparece súbitamente.)

XU-LIN (enfatizando): Xu-lin.

CHISCA: Pues eso. Tráeme el antifaz.

XU-LIN: Señora de luto…

CHISCA: ¿De ruto?

XU-LIN: De luto. (CHISCA ríe a carcajadas.)

CHISCA: ¡Ay, perdona, querida, es que me parto con estos chinos! (Pausa. A XU-LIN.) ¿Y?

XU-LIN: ¿Va fiesta de disfraces?

CHISCA: ¡Qué gracioso! (Pausa. Al teléfono.) Dime. (Pausa.) Por supuesto, te presto toda mi atención. (Pausa.) ¡Que sí, coño! Dime. (Pausa larga.) Espera. ¡Chulín el antifaz!

XU-LIN: Xu-lin, no comprender señora.

CHISCA: A ver pequeño saltamontes. Quiero que vayas a la cocina, abras la cámara frigorífica, ya sé que te da miedo, pero recuerda que Sven está creciendo y debemos tener provisiones. Pues bien, entras por el tercer pasillo a la derecha, vas a la sección “Lo importante es el exterior” y en la tercera balda, junto a unas garrafas donde pone “Melatonina”, hay una especie de antifaz de silicona, con un líquido azul, muy fresquito… ¡Tráemelo! (Al teléfono.) Bueno y ¿qué? (Pausa. Reaccionado súbitamente.) Oh my godness! Y ¿qué vas a hacer? (Pausa.) Menos mal que me hice la ligadura a tiempo. Y ¿qué pasa? ¿No tiene amigos o qué? (Pausa.) Pues que viaje solo. ¿A quién se le ocurre visitar a su madre por Navidad? Como si de un anuncio de turrones se tratara. Te voy a decir una cosa: ¡jó-de-te! Y perdona por ser tan ordinaria, pero es que no aguanto tu debilidad. (Pausa.) Pues le firmas un cheque y que se vaya donde quiera. ¡Chulín! ¿Cómo vas? (XU-LIN aparece, como de la nada, con el antifaz en una bandeja de plata.) Gracias. (Al teléfono.) No, no. Normal. A la oreja, nena. (Pausa.) Pues porque no me gusta el manos-libres, que me parece estar hablando con la Termomix. (Pausa.) ¿Sabes lo que te digo? Que sí, que creo, que te voy a ir dejando. Quiero relajarme antes de que llegue Jerome. Me voy a tomar uno de ésos que están tan de moda… (Pausa.) ¡Eso! Un gin-tonic. Vengo un poco estresada. (Pausa). De ver a mi abogada. Ya sabes. (Pausa.) ¡De alcohólica nada! En todo caso melalcohólica. (Pausa.) Como sea. Que estoy triste…, y para más inri mi abogada me ha dicho que Viktor estaba arruinado. (Pausa.) Como lo oyes. ¡Qué poca vergüenza! Con todo lo que he tenido que tragar. (Pausa.) ¡No seas cochina!  Chulín, ya has oído. (XU-LIN se va.) Mira como eso no hay que explicárselo. Bueno, querida. Te dejo. Besitos. (Cuelga. CHISCA se relaja en su sofá escuchando el hilo musical. XU-LIN aparece con el gin-tonic y se queda en silencio junto a CHISCA. Una canción estridente saca a CHISCA de su reposo. Grita. XU-LIN, también grita. Los dos gritan.) ¡¿Qué hacías ahí espiando?!

XU-LIN: Xu-lin no espiar, señora. Xu-lin esperar.

CHISCA: Chulín, esperar. Dame eso. (CHISCA bebe ansiosamente de su gin-tonic. Llaman al timbre. CHISCA se atraganta. Tose.) ¡Jerome! (Tose.) Chulín, creo que me estoy ahogando. (Tose.) Chulín, ayúdame. Cógeme por detrás con fuerza. (Tose.)

XU-LIN: Señora… Xu-lin…

CHISCA: ¿Prefieres hacerme el “boca a boca” cuando me haya muerto? (Pausa larga. Tose. Suena de nuevo el timbre.) ¡Chulín! ¡Ven aquí! (XU-LIN obedece.) Agárrame fuerte. (Tose.) ¡Ahora! (Tose.) Otra vez. Aprieta fuerte, Chulín. ¡Ahora! (Tose.) Más fuerte, Chulín. ¡A…! (XU-LIN le aprieta fuerte y CHISCA deja de toser.)

XU-LIN: ¿Señora mejor? (CHISCA bebe de su gin-tonic.)

CHISCA: Mucho mejor.

XU-LIN: Xu-Lin también mejor.

CHISCA: ¿Cómo dices? (De nuevo el timbre.) Abre, por favor. (Pausa.) Pero… ve despacio. (Pausa.) Así… muy bien. (Pausa.) Chulín, apaga la música. (XU-LIN obedece. Llega a la puerta y abre. Pausa larga. Se escucha un grito desde fuera. XU-LIN también grita.)

SRA. ROMERO (entrando con una pesada maleta): ¡Francisca! ¡Francisca, hija mía! ¡Hay un chino en tu casa! Llama a la policía.

CHISCA: Es el criado. ¿Qué haces aquí mamá?

 SRA. ROMERO: He venido en cuanto me he enterado. Debes estar pasándolo tan mal… Ven aquí, anda. Dame un beso. (CHISCA se acerca y en ese momento la SRA. ROMERO le da una bofetada.) Te lo dije. Ese hombre no te convenía. ¡Un ruso! ¿A quién se le ocurre? ¡Y qué desgracia! Anda, ven, dame un beso. (Pausa. CHISCA se acerca y en ese momento la SRA. ROMERO le da una bofetada.)

 CHISCA: ¡Mamá!

SRA. ROMERO: Ni mamá, ni nada. ¡Menudo bochorno! Hacerle esto a tu familia. ¿Dónde fue?

CHISCA: En el sótano.

SRA. ROMERO: Supongo que parecería un accidente.

CHISCA: ¿Qué dices?

SRA. ROMERO: Lo de Viktor.

CHISCA: Murió jugando a la ruleta.

SRA. ROMERO: ¿De emoción?

CHISCA: Rusa.

SRA. ROMERO: ¡Menudo gilipollas! Perdón. Y ¡qué alivio! Y ¿Tú cómo estás?

CHISCA: ¿Tú qué crees?

SRA. ROMERO: Yo te veo estupenda. Anda, ven. Ven a besar a tu madre. (Pausa. CHISCA se acerca. Pausa. La SRA. ROMERO la abraza y la besa. Después le da una bofetada.)

 CHISCA: ¡Te estás pasando!

SRA. ROMERO: Es verdad. Le he cogido el gustillo. (Pausa.) Ya paro. Ya paro.

CHISCA: ¿Qué haces aquí?

SRA. ROMERO: He venido a pasar una temporada contigo. En estos momentos no puedo dejarte sola. No sería una buena madre.

CHISCA: En estos momentos, si fueras una buena madre, cogerías tu maleta y te irías. Tengo trabajo. (Pausa.)

SRA. ROMERO: ¿Ah sí?

CHISCA: Sí.

SRA. ROMERO: ¿Es que se ha acabado ya el paro en este país? (Pausa.)

CHISCA: De verdad, no puedes estar aquí. Estoy esperando una visita muy importante.

SRA. ROMERO: ¿Y se puede saber de quién? (Pausa larga.)

CHISCA: No.

SRA. ROMERO: ¡Ay Francisca, qué desagradable te pones cuando quieres!

CHISCA: ¡No me llames Francisca!

SRA. ROMERO: ¿Y cómo quieres que te llame?

CHISCA: Chisca.

SRA. ROMERO: ¡Uy, “Chisca”! Pero qué tonta eres, madre mía. (Pausa.) De acuerdo, Chisca. Y ¿a quién esperas?

CHISCA: No te importa.

SRA. ROMERO: Venga… Chisca.

CHISCA: ¡Qué no! Y vete de una vez.

SRA. ROMERO: Yo de aquí no me muevo.

CHISCA: Muy bien. Seguro que te encantará conocer a Sven.

SRA. ROMERO: ¿Tan pronto te has vuelto a buscar compañía?

CHISCA: Algo así.

SRA. ROMERO: ¿Y cómo es?

CHISCA: Te va a encantar. ¡Chulín!

SRA. ROMERO: ¿Ese es el chino? Ni se te ocurra azuzarme al chino, ¿eh? (XU-LIN aparece.)

XU-LIN: Xu-Lin.

SRA. ROMERO: Mira éste también. ¡Qué aires!

CHISCA: Mi madre quiere conocer a Sven. (Pausa.) ¿La acompañas? (XU-LIN le ofrece el brazo a la SRA. ROMERO e inician el mutis.)

SRA. ROMERO: Ah, pero ¿está aquí? ¿No iba a venir? (Llaman al timbre. XU-LIN se detiene.) ¿Qué pasa? (Pausa.)

CHISCA: ¡Está bien! Chulín, abre la puerta. Mamá, cállate.

XU-LIN: ¡El Señor Monsieur Jerome Ricordel!

SRA. ROMERO: Éste es otro.

CHISCA: ¡Cállate! Bienvenu!

JEROME: Ma chère amie! Mes condolences!

CHISCA: Oui, oui. Merci.

JEROME: C’est avec émotion que j’apprends le deuil qui vous frappe si cruellement et je tiens à m’associer à votre peine.

SRA. ROMERO: ¡Qué bien habla!

CHISCA: Merci very much, Jerome. Merci.

SRA. ROMERO: Tú no.

JEROME: Me encanta tu sens de l’humeur.

CHISCA: Es que soy muy espontánea. (La SRA. ROMERO ríe.)

JEROME: A pesar de todo…

CHISCA: A pesar de todo. (Pausa.) Pero… sentémonos. ¿Quieres un gint-tonic?

JEROME: Merci, pero estoy un poco pesado.

CHISCA: ¡Pues mejor! Si esto es como el almax, pero high-class. Además Chulín lo prepara de maravilla.

JEROME: En ese caso,… Pourquoi pas?

CHISCA: Yo no sé lo que tendrá la tónica, pero es como adictiva, ¿verdad?

 SRA. ROMERO: A mí eso me pasa con el whisky.

 CHISCA: ¡Ah! Perdona, Jerome. Esta es mi madre: la Señora Romero. Monsieur Jerome Ricordel.

JEROME: Enchanté, madame!

SRA. ROMERO: Puedes llamarme como quieras. Pero llámame.

CHISCA: Cállate Mamá. (Pausa.) ¡Chulín!

XU-LIN: Xu-lin.

CHISCA: Tráigale a Monsieur Ricordel uno de éstos. (Pausa.) Y otro para mí.

SRA. ROMERO: ¡Y otro para mí!

CHISCA: ¿Pero tú no ibas a subir a ver a Covadonga?

SRA. ROMERO: Seguro que está ocupada.

JEROME: Eh, bien?

CHISCA: ¿Y bien, qué?

JEROME: Teníamos un devoir.

CHISCA: Oui, oui. (Pausa larga.)

JEROME: ¡Para tu biografía! Tenías que traerme una cronología de los acontecimientos más significativos de tu vida: tus logros académicos, tus éxitos profesionales,… (La SRA. ROMERO ríe.)

CHISCA: ¡Mamá, ya está bien! Disculpa Jerome. Covadonga se muere de ganas por verte.

SRA. ROMERO: Seguro.

CHISCA: Sube a verla, por favor. Se llevará una gran alegría.

SRA. ROMERO: Está bien, hija.

CHISCA: Gracias mamá. Te quiero.

SRA. ROMERO: Yo también a ti, Chisca.

CHISCA: Hasta luego mamá. Xu-Lin subirá tu maleta.

SRA. ROMERO: De eso nada. No me fío del chino. (Inicia el mutis arrastrando su maleta.)

CHISCA (a Jerome): Discúlpela. Está senil.

JEROME: Pas de probleme. À bientôt, madame!

SRA. ROMERO: Eso, a tomar viento. (Sale.)

CHISCA: ¡Oh, Jerome! ¡Estoy tan triste!

JEROME: Lo comprendo. Viktor y tú estabais tan unidos.

CHISCA: ¿Qué dices? No es por eso.

JEROME: ¿Entonces, por qué es?

CHISCA: Es por lo de mi autobiografía.

JEROME: ¿Qué sucede?

CHISCA: He estado mirando en internet. Poniendo en el buscador el nombre de mis compañeras de instituto, por ver qué había sido de ellas. Si alguna había hecho algo importante en su vida,… esas cosas.

JEROME: Très bien.

CHISCA: ¡Pues no! Trés bien, no. Resulta que una de ellas, desde que fuimos a la Universidad juntas, después hizo un máster en Derecho Internacional en Estados Unidos; luego no sé qué más cosas; con premios y todo; y ha montado su propio buffet de abogados en Nueva York. Total, 25 líneas de curriculum. ¡Y todos mis logros no llegaban ni a mitad de la cuarta! ¡Oh, Jerome! ¡Estoy tan triste!

JEROME: Tranquila. Tranquila. Tout va bien.

CHISCA: Soy un total fracaso.

JEROME: Arrête! Eres una mujer fantástica. Llena de energía. Te has casado…

CHISCA: Siete veces.

JEROME: Vraiement? (Pausa.) Podrías haber hecho la lista de tus maridos. (Pausa. Ríen.)

SRA. ROMERO (desde fuera): ¡O la de sus amantes! (XU-LIN aparece con los tres gin-tonics)

CHISCA: Hace una buena tarde, ¿no crees? (Pausa.) ¿Te gustaría que saliéramos al jardín a pasear, y a conversar?

JEROME: Me parece una idea estupenda.

CHISCA: Me vendrá bien. Adelante.

JEROME: Je vous en prie!

CHISCA: Merci.

XU-LIN: Señora, ¿qué hacer Xu-Lin con los gin-tonics?

CHISCA: No sé. Bébetelos. (JEROME y CHISCA salen del brazo hacia el jardín. XU-LIN se queda mirando los gin-tonics y después de barajar las posibilidades acaba arrojando el contenido de los vasos en el acuario.)

Pluma, lápiz y veneno

Oscar Wilde, Pluma, lápiz y veneno y Rem Koolhaas

Manhattan_1931

Subversión

Pero por aquel tiempo sólo los filisteos juzgaban a un escritor por su producción. Aquel joven dandi prefería ser alguien a hacer algo. A menudo decía que vivir es un arte y que tiene sus diferentes estilos, como las artes que intentan expresar la vida.

Oscar Wilde
Pluma, lápiz y veneno.

Se podría pensar que la contemplación es un oficio inútil, aunque de este modo ignorásemos que el arte es la mejor forma de conocimiento; así, punir al ocioso se justifica y alimenta. La cadena que arrastra el moralista o el político y que violentamente impone a los demás, se satisface especialmente en el admirador de la belleza.
El enamorado del gusto es aquel que está muy lejos de las consideraciones morales: el sentido artístico -no la emoción, que es débil y maleducada- nos induce al pecado. Las delicias del crimen atraen al hombre exquisito, y la moral y la política –la norma-, se constituyen en herramienta policial de lo vulgar.
Hoy, afirmaciones como estas no son del todo revolucionarias. La norma parece haberlas aceptado, en un ejercicio de tolerancia, y asumido a su código de quistes socialdemócratas, o sea, todas aquellas cosas hermosas que podrían hacer temblar los pilares de nuestro mundo, pero que entre todos hemos, prudentemente, domesticado. Del mismo modo que la homosexualidad no es peligro para el machismo a principios del siglo XXI -como sí lo fue justo un siglo antes-, la adoración de la belleza -que es otro medio de subversión- ya no asusta al poder. Puesto que hemos sacrificado nuestros más altos impulsos en aras de una sociedad frustrada, es justo que los inventemos de nuevo y les insuflemos vida.
Oscar Wilde será un dios indiscutible del nuevo panteón. El arte es subversivo porque es el modo de “conocer las cosas tal como son”.

El protagonista de Pluma, lápiz y veneno, Thomas Griffiths Wainewrigth, es un subversivo. Wilde retrata a un caballero que no puede ignorar el crimen, la más oculta de las artes. Es un enamorado del gusto que, además de practicar la pintura y la crítica de forma excelsa, fue el más sutil envenenador de su tiempo. Estamos ante lo delicioso del crimen y el asesinato, sugerido por lo misterioso y también erótico que hay en la muerte si la vemos como esa frontera vigilida que deseamos violar. Hay que resaltar que Thomas Griffiths Wainewrigth no es un personaje de ficción y que perteneció a la élite artística de su tiempo, que fue la alborada del Romanticismo inglés. Fue amigo de Charles Lamb (recordado crítico), William Hazlitt (pensador proto-socialista), Samuel Coleridge, Thomas de Quincey y William Wordsworth entre otras luminarias del momento. Wilde, en Pluma, lápiz y veneno, recoge testimonios escritos de estas celebridades sobre el envenenador Wainewrigth, aunque no podemos confirmar que sean auténticos.

Programa

Más allá de lo interesante que nos pueda parecer la vida de Thomas Griffiths Wainewrigth (1794-1847), Pluma, lápiz y veneno puede ser leído como un programa estético. Wilde expone, en forma de ensayo -es decir, bajo la ficción de objetividad- una serie de ideas que se aplican a la vida y al arte. Este texto responde a un manifiesto estético que no existe. Nosotros vamos a intentar acercarnos a sus claves.
Si este manifiesto existiera, sería el padre de las vanguardias que aparecerán poco después. Esto es porque resucita la idea de subversión y agudiza el enfrentamiento entre arte y poder.

Manhattan

Antes de las vanguardias europeas, el gran acontecimiento artístico -contemporáneo, además, de Oscar Wilde- es el nacimiento de Manhattan y su ideología, el manhattanismo: el urbanismo de la congestión y la masa. La gran manzana, que es una creación absolutamente moderna, comparte su fundamentos artísticos con Oscar Wilde; ambos los exponen a su manera, una a través de su retícula totalizadora y otro a través de su obra y su vida.
El arte no debe imitar a la vida. La creación no depende de los acontecimientos diarios, vulgares. El objeto del arte es el propio arte; por tanto, la Belleza -¿la ficción?- no se necesita más que a sí misma. La utilidad del arte -que sea un modo infalible de conocimiento- depende, entonces, de su propia inutilidad. Este proceso se da de igual manera en Oscar Wilde y en Manhattan.
El Ayuntamiento de Nueva York decidió parcelar en manzanas idénticas toda la superficie de la isla de Manhattan cuando ésta contaba tan solo con algunos miles de habitantes. La retícula -útero del manhattanismo- divide un terreno desocupado, describe una población hipotética, coloca edificios fantasmales y enmarca actividades inexistentes. La gran ciudad nacerá de sí misma. La inutilidad de más de dos mil manzanas en las que, durante muchos años, solo crecerá la hierba, es la semilla de la ciudad de las transacciones y el movimiento perpetuo. La ficción, que aquí es la predicción sobre la nada, es la semilla. Mímesis imposible y novedad absoluta. El artista -el arquitecto, el urbanista, el financiero- intuye un sendero entre la maleza y se propone seguirlo. No se debe olvidar que este división del terreno edificable es la madre del rascacielos. Un arquitecto -sublime o vulgar- de Nueva York tendrá a su disposición exactamente los mismos metros cuadrados que cualquiera de sus colegas. La originalidad y la extravagancia de los nuevos edificios dependerá, a partir de ahora, de su altura: la única dimensión en que el arquitecto es libre. La inutilidad del arte se convierte en su única utilidad. Se justifica a sí mismo en sus metros. Inventa su propia realidad, y la hace más hermosa.

Belleza sintética

Mahattan es -según Rem Koolhaas en su libro Delirio de Nueva York, biblia nuestra- la apoteósis de la belleza sintética. Nada se justifica. Nada existe fuera. Nada es imitado. No hay, por tanto, Naturaleza que someter a la mímesis. Toda la naturaleza es creada por el artista. No hay vida que imitar; el arte surge del arte. He aquí un nuevo rasgo común, y un nuevo punto del manifiesto imaginado.
La revolución -la Belleza para Wilde, lo “sintético irresistible” para Koolhaas- nace de la violación de la norma clásica y es una huida de la vida cotidiana. Es una alternativa. Abre la puerta al misterio; cómo imaginarnos todo lo que, si pronunciamos las palabras correctas, la Nueva Naturaleza es capaz de ofrecer. Este misterio, como una primera delicia, debió sentirlo Thomas Griffiths Wainewrigth cuando decidió abandonar su carrera militar y conocer las cosas, a través del arte, tal como son. Igual temblor sintieron los neoyorkinos cuando visitaron por primera vez Luna Park, un bosque de altas columnas recubiertas de bombillas -el primer parque de atracciones, preludio de las avenidas de rascacielos- que, no pudiendo asirse a referentes reales, tuvo que justificar su nombre en la luna.
La Belleza nos enseña que no hay nada más peligroso que la realidad.

Lobotomía

Rem Koolhaas ofrece un nuevo término propio del manhattanismo que igualmente se destila de los postulados de Oscar Wilde y el arte del siglo XX: la lobotomía.
La lobotomía es un corte quirúrgico entre los lóbulos frontales y el resto del cerebro, que se practica con el fin de aliviar transtornos mentales. Desconecta las emociones y los procesos del pensamiento. A nosotros nos interesa como proceso propio de la modernidad que separa bruscamente dos planos normativamente unidos sin remedio.
En occidente, es tradición que el exterior del edificio muestre el interior del mismo. El exterior habla del interior o, si sumanos las implicaciones morales que arrastra este principio arquitectónico: una fachada honrada habla de actividades honradas. ¿No se convierte acaso, de este modo, el edificio en metáfora del hombre? El exterior del hombre -qué dice, cómo se mueve, qué comportamientos sigue, cómo viste- debe hablarnos de su interior -qué es-; el desfase entre los dos planos es la hipocresía. Hay pues una relación determinante entre el mundo íntimo y el expuesto, y hay también una pesada carga religiosa. Cada civilización habla de su interior a través del exterior de un modo distinto, como queda patente con solo recordar, por ejemplo, una casa árabe.
El misterio se halla en la ruptura de esta norma. Para el amante del gusto, como deja claro Oscar Wilde, el desfase de los dos planos no es hipocresía, sino movimiento, gracia. Lo delicioso está en la confusión, lo fluctuante. El pecado es siempre secreto -dentro del edificio-. El rascacielos es un monolito que oculta un mundo incesante de cambios, una riqueza exuberante que mantiene siempre una apariencia exterior quieta y tranquilizadora. Wainewrigth no se vale de su apariencia exterior solo para proteger al resto de los hombres de la exuberancia que oculta, sino que gracias a ella se defiende a sí mismo de la cotidianidad y la vida, y explora en los rincones oscuros. Así debe vivir el caballero exquisito, sometido a la lobotomía, que ha pasado de intervención médica a una especie de sistema anti-moral. Desaparece además la hipocresía, que solo puede ser imputada a los moralistas.

Problema

Pluma, lápiz y veneno plantea las relaciones entre lo público y lo íntimo, particularmente difíciles en el caso del artista, que debe conciliar el misterio con la vocación pública. Igual que hace un asesino: tiene que esconderse, pero desea que sus crímenes sean reconocidos.

 

MENÚ DE HOY: DRAMATURGO

dramaturgo

Una receta encarga Vizcaíno

listando el buen hacer del dramaturgo

y al fuego de mi sinsabor alumbro

que en mi vida me he visto en tal conflicto.

  1. Sea éste el principal gusto del guiso;
  2. añádansele sueños, ciencia y mundo;
  3. remuévanse con arte propio de uno,
  4. y atice con empeño el carboncillo.
  5. Cúbrase con modestia y arrebato,
  6. compruébese de “yo-mí-me-conmigo”,
  7. déjese reposar de cuando en cuando,
  8. riéguese con esencias y con vino.
  9. Despierte las conciencias del letargo
  10. al apreciar su aroma en el servicio.

SANTO ROSARIO (material final)

(Tres estancias contiguas: en el centro una salita de casa modesta, poco iluminada, donde tres mujeres están rezando; a la izquierda una habitación que comunica con la anterior, a escuras, con una cama donde está TOMÁS, una silla y una cómoda donde hay diversos útiles de medicina y farmacia y un vaso con agua; y a la derecha una cocina, también a escuras. Un reloj anuncia el peso del tiempo.)

 

 

 

PRIMER MISTERIO: LA ORACIÓN DE NUESTRO SEÑOR EN EL HUERTO

 

MERCEDES: Por la señal…

 

 

 

TOMÁS: Mercedes…

 

 

                                              … Mercedes,

 

 

                                       …Mercedes

 

                                                     …no, la calavera de un perro…

 

…calavera, sangre…

 

 

                                              …¡Mercedes!

 

                      …dame los clavos

 

                                                         …no, todavía no; no, todavía…

 

…no…                                        …no….,

                                    no…,                                            no…

 

 

 

 

                          …Mercedes…

 

             ¿dónde estás?

 

…sangre, sangre,                …Mercedes…

 

        … ¿me escuchas?

 

 

                   …Mercedes

 

              …no tú no…               

 

                    …es veneno, bébetelo tú…

 

 

…ella…

 

 

                   …Mercedes….

 

 

…¿dónde está el pañuelo?…

 

 

                          …sé que andas por ahí….

 

…sécame el sudor…

                                  ¿Qué haces?… ¡no!

 

                      

                                                                                                   

                ¿qué es eso?…

 

 

                                   ¡es sangre!

 

 

…no, ya no más… no quiero….

                                     

                                           

 

 

 

                                             …¿quién está contigo?

 

 

…Mercedes…

 

 

                                  …dame tu mano…

 

 

                                        …no, no,… no… no,… ¡no!

 

 

…¡es sangre!

                                                …sangre…

                                                                                                                     

          …sangre…              …sangre…                               

….sangre.

 

 

                         …sangre…

 

…sangre…       …sangre…      …sangre…

 

             Mercedes… ayúdame…

 

 

…huesos…      …sudor…

 

Ayúdame… creo que tengo fiebre…

 

 

                                            Mercedes…

 

 

                   …sécame la sangre…                             

                                              

 

                                               …ponme el termómetro…  

 

 

 

             

                      ¡Mercedes!

 

 

                                      

                    …Estoy agotado…

 

… no puedo…

                    

                          …no quiero más sangre…

   

….dame vinagre y mézclalo con eso…                                       

 

…no, para,… no quiero… ya no más…

      

…déjame…

 

                                           …Mercedes…

 

 

¿Dónde estás?

 

                                                         Estoy despierto

 

                    Mercedes…

…contesta.

 

 

¡Mercedes!

 

 

 

¿Has dicho algo?

 

Mercedes, ven. (Ríe). Mercedes Benz. (Ríe). Mercedes, bien. Muy bien. Estás consiguiendo que me cabree…

 

 

¡Mercedes, joder! ¿Se puede saber dónde estás?

 

 

 

Mercedes….                             ¡Mercedes!

                                      …¡Mercedes! ¡Mercedes! ¡Mercedes! ¡Mercedes! ¡Mercedes! ¡Mercedes! ¡Mercedes! ¡Mercedes! ¡Mercedes! ¡Me cago en Dios!

LAS TRES MUJERES: de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

MERCEDES: Creo en Dios, Padre todopoderoso,…

LAS TRES MUJERES: …Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

MERCEDES: Acto de contrición. Señor mío Jesucristo…

LAS TRES MUJERES: …Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

MERCEDES: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.

DOS PLAÑIDERAS: Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

LAS TRES MUJERES: Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

DOS PLAÑIDERAS: Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

LAS TRES MUJERES: Amén.

MERCEDES: Primer misterio: La oración de Nuestro Señor en el huerto. Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

DOS PLAÑIDERAS: Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

MERCEDES: María, Madre de gracia, Madre de misericordia,…

LAS TRES MUJERES: … defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

 

 

 

SEGUNDO MISTERIO: LA FLAGELACIÓN DEL SEÑOR

 

(MERCEDES entra en la habitación donde está TOMÁS y se quedan ambos mirándose fijamente durante un largo instante. En la salita continúan las DOS PLAÑIDERAS rezando, en penumbra.)

 

TOMÁS: Me das asco. (Pausa larga.) ¿Qué pasa? ¿No dices nada? (Pausa.) Me das asco. (Pausa). ¡Me das asco joder! ¡Me das asco! (Pausa. Ríe.) Todo el día ahí… Entre pena y asco. Sí, en el fondo me das más pena tú a mí de lo que seguramente yo a ti. (Pausa.) Enfín… ¿Qué día es hoy? (Silencio.)

 

MERCEDES: Viernes. (Silencio.)

 

TOMÁS: Estas sábanas huelen a vinagre. (Pausa.) ¿Por qué vas de negro? ¿Se ha muerto alguien? (Pausa.) ¿Hace cuánto que no me las cambias? (Pausa larga.) ¿Te has quedado muda? (Pausa). De puta madre. Cámbialas. (MERCEDES, en silencio, saca de la cómoda un juego de sábanas blancas y las coloca en la silla. En silencio, comienza a retirar las que están en la cama y va haciendo una montaña con ellas en el suelo.) ¡Cuidado! ¿Qué te pasa? Andas inquieta y preocupada por tantas cosas… pero sólo una es necesaria. ¿Has hablado con el médico? (Pausa.) ¿Entonces qué te pasa? (Pausa.) ¿Has hecho voto de silencio? (Pausa.) ¡Cuidado, joder! Que no soy un saco de estiércol. Uno de carroña sí, pero deja que me enfríe antes de amortajarme. (Silencio.) Seguro que ya lo tienes todo preparado. Conociéndote… ¿Con qué va a ser? ¿Voy a ir de traje? Como si fuera de boda. (Ríe.) ¡A mí no me jodas! ¡Es ridículo! (Ríe.) Voy a parecer el muñeco de un ventrílocuo (Ríe.) ¿Me vas a meter la mano por el culo y me vas a poner a hablar también? (Ríe.) ¡No me jodas! ¿De traje?  ¿O con una sábana me vas a apañar? (Ríe.) Ven aquí. Anda, ven. Ven. (Pausa.) Todavía no estoy muerto, te lo voy a demostrar. Ven (Pausa.) ¡Qué vengas, joder! (MERCEDES se acerca a TOMÁS.) Perdona. No sé qué me pasa. Sabes que no me gusta gritar. Me quita mucha energía. Ven. Dame la mano. Así. ¿Qué tienes ahí? Venga, no seas tonta, enséñamelo. (Pausa.) Mercedes… A ver… ¿Así que es esto lo que estabas haciendo? ¡Qué bonito! Me dejas aquí tirado como un perro y te pones a… Me das asco. ¡Joder! Ahora mismo te… (Pausa. Silencio.) ¿Quién está contigo? (Pausa.) ¡Iros a tomar por culo! ¡Fuera de aquí, parásitos! ¡Todavía me quedan fuerzas para reventaros de una patada, babosas! ¡Chupasangres! Y tú, deja eso. Dame la mano. (Pausa.) ¡Dámela! (Pausa.) Así, tócame. Tócame. ¡Tócame, cojones! Muy bien. Así. Venga. Esmérate un poco, mujer. Así, así… muy bien. Ya vamos… Muy bien. Así… parece que te vas animando, ¿eh? Sigue, sigue. Ahí… ¿Te gusta? Sí, sigue así… Ya veo… te gusta… lo veo en tus ojos, beata viciosa… ¡Ay! Cuidado… más suave… así… así… sigue… un poco más… sí… así… un poco más… tú sigue, no pares… ¿ves qué bien?… muy bien… así, así… sigue, sigue, sigue… muy bien… vas muy bien… un poco más fuerte… sí… así… sí, sí, sí… dale… ya casi… un poco más… un poco más… un poco más… sí… así… un poco más… así… así… así… más rápido… sí… más… sí… sí… ya voy… ya voy… sí… así… ya voy… ya voy… voy… voy… ¡Sí! ¡Joder! ¡Sí! ¡Ah! ¡Sí! ¡Joder! ¡Joder! Sí. Sí… sí… Vale. Déjalo ya. Ya está. (Pausa.) Joder… cada día te superas. (Pausa.) Esto es mejor que un polvo. ¿A que sí? Sí, y tanto… (Pausa. Ríe.) Sólo por ver la cara que se te queda merece la pena. (Ríe.) ¿Qué pasa? ¿No te ha gustado? La próxima vez, si quieres, puedes usar también la boca. ¿Qué te parece? ¿Te parece bien? (Pausa.) Tendrás que volver a cambiar las sábanas. (Pausa larga. MERCEDES, en silencio, comienza de nuevo a cambiar las sábanas.) Dame eso que tenías en la mano, anda. (Pausa.) Mercedes. No me hagas repetírtelo. (MERCEDES obedece, TOMÁS coge un vaso de agua, se introduce el rosario en la boca y se lo traga.) Ahí está mejor. Al menos por un tiempo. Tranquila. Lo vas a recuperar, es cuestión de horas. Dile a esas dos que se larguen. Y tráeme algo de comer. Esto me ha abierto el apetito. (Pausa.) ¿Qué hora es?

 

MERCEDES: Las tres menos cinco.

 

TOMÁS: ¡Me cago en la puta! ¿Siempre son las tres menos cinco? (Largo silencio.) Algo de carne. Me apetece algo de carne. Y una copa de vino. Abre una botella nueva. Anda, mujer, es un antojo. Venga. No te hagas de rogar… Y después me inyectas la morfina; está empezando el dolor. (Pausa.) Mercedes… venga, mujer. No es para ponerse así…  Vuelta y vuelta. Que sangre. Es un momento… (Pausa.) Para ti no es nada… para mí, en cambio… (Se queja.) ¿Cuántos momentos me quedan así?  Mercedes… mírame. Está empezando el dolor. A los ojos. Mírame a los ojos. (Pausa larga.) Como quieras… Lo entiendo. Te resulto despreciable. (Se queja.) Mercedes… Sólo te pido eso… y después me inyectas. (Pausa.) Además, esta vez podrías poner un poco más y acabamos de una vez con esto. ¿Qué dices? ¿Lo harías? ¿Me ayudarías a…? (Pausa.) ¿Te imaginas? Todo esto terminaría. (Pausa.) Te gusta… En el fondo te gusta… (Ríe.)  Hazme el puto filete. (MERCEDES se va.) ¡Y ponte algo más alegre! Que pareces una cucaracha.

 

 

 

 

TERCER MISTERIO: LA CORONACIÓN DE ESPINAS

 

(MERCEDES entra en la cocina y comienza a preparar la comida mientras reza y va disponiendo todo en una bandeja. TOMÁS permanece en la cama. Las DOS PLAÑIDERAS acompañan.)

 

 

 

 

 

TOMÁS (canta): La cucaracha, la cucaracha,

ya no puede caminar,

porque no tiene, porque le falta, marihuana que fumar… (Ríe. Se queja. Continúa tarareando. MERCEDES se quita la camisa y se queda en ropa interior mientras cocina.)

 

…¡No le pongas mucha sal! Quiero saborear bien al bicho… (Continúa tarareando.)

 

 

 

 

                           …¿sabes, cucaracha? Anoche tuve una pesadilla… Algo repugnante…

 

 

 

 

…soñé que éramos felices. (Ríe.)

 

 

 

Mmmmm… eso huele muy bien…

 

 

 ¿Te imaginas? ¿Tú y yo? (Ríe. Se queja.) Menudo teatrillo nos hemos montado durante todos estos años. ¿Eh? ¿Tú qué dices?

 

 

 

Nos hicimos novios para aplacar la lujuria más salvaje. Todavía me acuerdo de nuestra primera vez. ¡Ja!

 

                 ¿qué nos pudo pasar después?

 

 

¿Ya te debe faltar poco, no? ¡No te olvides del vino. (MERCEDES abre una botella de vino y la coloca en la bandeja.)

                                                  

                La boda. (Se queja. Pausa.) ¡Menudo bodorrio! ¿De verdad me querías? No parecías muy convencida. ¿Me querías?

 

 

 

                 …Bueno, seguramente ahora ya no tengas ninguna duda. ¡Un matrimonio perfecto con el que poner a prueba nuestra paciencia! “Hasta que la muerte nos separe”. (Se queja.)

 

   

           …Ya queda poco, no desesperes… (Se queja.) ¡Que no se pase la carne! Y date prisa; necesito la morfina.

 

 

 

         …Y esta santa casa. El lugar más íntimo donde ocultar nuestras miserias. Nos faltó, eso sí, un hijo con el que disimular nuestro desprecio mutuo… (MERCEDES dispone el resto de cosas en la bandeja y se dirige a la habitación de TOMÁS. En el camino se pone una camiseta roja.)

 

                      …“¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron!”

 

 

 

(canta) ¡Ahí viene la cucaracha,

Ahí viene por el camino!

Ya se mira muy borracha

Con la botella de vino. (Tararea.)

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

MERCEDES: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

DOS PLAÑIDERAS: Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

MERCEDES: María, Madre de gracia, Madre de misericordia,…

LAS TRES MUJERES: … defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

 

 

 

CUARTO MISTERIO: EL CAMINO DEL MONTE CALVARIO

 

(MERCEDES entra en la habitación donde está TOMÁS, llevando en una bandeja: un plato con un filete, un trozo de pan, una copa de cristal, una botella de vino, un tenedor, un cuchillo y un sacacorchos. Las DOS PLAÑIDERAS continúan musitando su rezo.)

 

TOMÁS: ¡Vaya! Me haces caso. Así estás mucho mejor. ¿No crees? Si te pintaras el morro sería perfecto.  (Pausa.) Anda, ayúdame a incorporarme. De los hombros. Así. (Se queja.) Ponme la almohada detrás. Así está bien. Mmmm…. qué pinta tiene eso. ¡Cuidado! (Pausa.) No me has puesto servilleta. (MERCEDES se levanta.) Espera, espera. No hace falta. ¿No tienes un pañuelo? Déjamelo. ¿Está limpio? (Se queja. Comienza a comer.) Abre la botella y échame un poco de vino. (MERCEDES obedece.) ¿Y esas dos? ¿Cuánto tiempo más van a estar ahí? (Pausa.) ¡Parecéis cascabeles! Todo el tiempo: sss, sss, sss, sss,… Bebe. (Pausa.) Bebe, mujer.  (Se queja.) Echa un traguito. Venga, como si estuviéramos de cena romántica. ¿No estará envenenado? (Pausa. Ríe.) Bebe. (MERCEDES apura la copa ansiosamente.) Muy bien; así me gusta. ¿Quieres filete? Toma. Pruébalo. Venga, no te hagas de rogar. (Pausa.) ¿Te hago el avioncito? (Pausa.) ¡Abre la boca, joder! (MERCEDES obedece, y aprovecha para coger disimuladamente el sacacorchos. Se queja.) Mastica. Venga. Muy bien. ¿Cómo está? Bueno, ¿verdad? (MERCEDES tiene una arcada.) ¿Qué pasa? (Pausa.) Venga, mastica. Así, muy bien. Y ahora… traga. (Pausa.) ¡Qué te lo tragues! (MERCEDES se apresura a la botella de vino, sirve en la copa y TOMÁS detiene su intento de beber.) Cada cosa a su tiempo. Traga. (MERCEDES obedece.) ¿Ves qué bien? Si colaboras nos divertimos los dos. (Pausa.) ¿Me lo partes? ¿Quieres? (TOMÁS le alarga los cubiertos.) ¿Puedo fiarme de ti? (Pausa. MERCEDES esconde el sacacorchos.) Taquitos pequeños, que si no se me hace bola. Ponme un poco de vino. Está bien. Vale. (Pausa.) Me encanta compartir contigo momentos así. (Pausa. Suelta una carcajada. Se queja.) Más despacio, que no me da tiempo a tragar. (Pausa.) ¿Tienes preparada la morfina? Come un poco tú, come, come. (Pausa.) Dame un trozo. (Pausa.) ¿Sabes? Tengo que reconocer que algunas veces me pongo un poco nervioso de más. Lo siento. No me lo tengas en cuenta. Sé que no tengo que pagarlo contigo. (Pausa.) Mercedes… Di algo. No me gusta verte tan callada. Venga, Mercedes. Hace un par de años parecías una cotorrita. Todo el día revoloteando a mi alrededor contándome tus aventuras. ¿Te acuerdas? Dame otro. (Pausa.) Y llevabas el pelo suelto o, como mucho, una trenza. Estabas preciosa. (Pausa. Se queja.) Como no me inyectes pronto creo que esta noche va a ser toledana. Esto no es buena señal. (Pausa.) Gracias por cuidarme tanto. (Pausa.) Suéltate el pelo, Mercedes, déjame verte joven de nuevo. (Pausa.) ¡Venga! ¡Anímate! (MERCEDES deshace su moño. Largo silencio.) Mucho mejor. ¿No crees? Corta otro. ¡Vamos! Se está enfriando. (Pausa.) Deberías echarte una mascarilla de ésas… O cortártelo. La verdad es que tu pelo ya no es lo que era. Debe ser la edad… De hecho creo que es eso: la edad. Y no me lo explico, parece que te han caído veinte años de golpe. Has perdido todo tu encanto: un pelo sin gracia, una cara mustia, ojeras hasta la mejilla, labios secos… ¡Pareces un espantapájaros, coño! (Ríe.) En cambio yo…, bueno sin contar todo esto, que no es poco, tengo un aspecto envidiable.  Lo bueno de lo mío es que te dejaré un bonito recuerdo. (Pausa.) ¿Es que estás cansada? (Pausa.) ¿O qué pasa, no duermes? Porque no me dirás que armo mucho escándalo de noche. (Pausa. Se queja.) Al menos, hasta ahora.¿Entonces? (Pausa.) Pues tú sabrás… Pero sea lo que sea yo en tu caso intentaría tomármelo con más filosofía. (Pausa.) Come, come tú. (Pausa.) Seguro que te viene bien. Diría, incluso que lo necesitas. Mírate qué bracitos. (Pausa.) ¿Qué te pasa? Estás temblando. Déjame, anda, que no quiero que nos desgraciemos ninguno. Dame los cubiertos. (Pausa.) Mercedes… Dame los cubiertos. (Pausa.) ¿Estamos jugando? (Pausa.) Mercedes… ¿estamos jugando? Dame los cubiertos. (Pausa.) ¡Mercedes! (Pausa.) Dame los cubiertos. (MERCEDES amenaza a TOMÁS con el cuchillo. Pausa.) Dame el tenedor. (Pausa. MERCEDES se lo alarga muy lentamente. TOMÁS lo coge.) Y ahora el cuchillo. (Pausa.) Mercedes… El cuchillo (Pausa. Sorprendiendo a MERCEDES y agarrando el brazo con el que le amenazaba.) ¡Que sueltes el puto cuchillo! (Aprieta.) ¿Lo vas a soltar? (Aprieta un poco más. MERCEDES se vence.) Con cuidado… Tranquila… Shhh…. Tranquila… Siéntate… Muy bien… Tranquila… (Pausa. TOMÁS continúa comiendo. Silencio.) Me das asco. Y pena. Me das mucha pena, Mercedes. Eres una triste. (Se queja.) Me has acojonado. Por un tiempo, eso sí. (Ríe.) ¡Pensaba que ibas a tener cojones a hacerlo! (Ríe.) Eres pura basura humana. No vales ni para matar a un moribundo. Me das asco. (Pausa. MERCEDES encuentra el sacacorchos.) Me das asco. (Pausa.) Me… (MERCEDES le clava a TOMÁS el sacacorchos en una pierna. TOMÁS grita de dolor.)

 

 

 

 

QUINTO MISTERIO: LA CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR

 

(Las DOS PLAÑIDERAS siguen con su oración.)

 

MERCEDES: ¡Calla! ¡Cállate!

 

TOMÁS: ¡Hija de puta! ¡Hija de puta! (Se queja.)

 

MERCEDES: Cállate. (Extrae el sacacorchos de la pierna de TOMÁS, que reacciona.) ¡Calla!

 

TOMÁS: ¡Hija de puta! (Se queja.)

 

MERCEDES: Cállate, por favor.

 

TOMÁS: ¡Hija de puta! (MERCEDES vuelve a clavar el sacacorchos en la pierna de TOMÁS y lo sujeta.)

 

MERCEDES: Cállate. (Pausa.) ¡Cállate! (TOMÁS se queja.) Shhh… Tranquilo, Tomás… Así… Tranquilo. (Pausa. TOMÁS resiste el dolor. Hace ademán de hablar. MERCEDES retuerce el sacacorchos dentro de la pierna de TOMÁS. Éste se queja.) Silencio, por favor… quiero que me escuches un momento. (Pausa.) ¿Te hace gracia? (Pausa.) No me das pena. Ni asco. No me das nada. Ya no me inspiras ni siquiera compasión. Me has convertido en un monstruo. (Retuerce el sacacorchos.) ¡Silencio! Ahora voy a hablar yo. (Pausa.) No… no entiendo nada. No consigo encontrar una explicación. Me quieres… se nota a la legua. Yo lo noto, y no soy estúpida. Pero te jode necesitarme. Es algo que te supera. Por eso lo otro… todo esto que… que ni siquiera soy capaz de decir con palabras. (Retuerce el sacacorchos.) ¡Cállate! (Pausa.) (Pausa.) No sé en qué momento me di cuenta de que estaba atrapada. No lo sé.  Pero no creo que pueda aguantar mucho más… y tampoco me interesa. Has hecho de mí una sombra. (Silencio. MERCEDES empieza a preparar la inyección de morfina sin soltar el sacacorchos.) Una sombra que se devora a sí misma. (Pausa.) No puedo más… no puedo. No… no… no consigo encontrar una justificación. ¡No puedo, joder! (Pausa.) No puedo seguir con esto. Creo que me estoy volviendo loca. (Pausa.) Podría estar mirándote a los ojos mientras te mueres sin parpadear. Pero eso te aliviaría. Te irías con la certeza de haber dejado tu memoria bien clavada en mí. Tendrías, incluso, la oportunidad de pedir perdón,… y de ser perdonado. (Pausa. MERCEDES succiona con la jeringa una buena cantidad de morfina. Retuerce el sacacorchos.) Calla. Me he pasado las noches… y los días, pensando en esto,… y me horroriza. He venido muchas veces mientras dormías con la intención de ponerte una almohada sobre la cara y acabar con todo de una vez. Pero no podía. ¡No podía!… no podía. (Pausa.) Y creo que, en cierto sentido, lo que tú has estado pidiéndome todo este tiempo era eso… ¡pero de qué forma, Dios mío! Has ido limando de mí cualquier atisbo de humanidad. Me has convertido en un sádico verdugo para el que rematar a su víctima no le produce satisfacción alguna. La víctima… que está sufriendo. Y el verdugo lo sabe. Le mira suplicando su tiro de gracia. El dolor es insoportable. Quiere morir. Necesita morir. Pero este sádico verdugo sólo tiene una forma de saciar su cruel voracidad: pegándose el tiro a sí mismo. Dejando que la víctima se consuma por el dolor, por el desamparo ante su tragedia, por el silencio más absoluto. (Pausa. MERCEDES se inyecta la morfina.)

 

TOMÁS: Estás loca, maldita hija de puta. (MERCEDES retuerce el sacacorchos.)

 

MERCEDES: Te queda poco. No sé cuánto, ni me importa…

 

TOMÁS: ¿Qué has hecho?

 

MERCEDES: Pero vas a estar solo.

 

TOMÁS: Te… odio

 

MERCEDES: calla…

 

 

TOMÁS: Mercedes, Mercedes. Creo que he recuperado tu rosario. (Suelta una carcajada.) ¡Mercedes! (Silencio. Rompe a llorar.)

 

 

 

        …¡Mercedes!….

 

 

 

 

                                        …¡Mercedes!…

 

 

 

 

…Mercedes…

 

…Mercedes…

 

…Mercedes…

 

…Mercedes…

 

…Mercedes…

DOS PLAÑIDERAS: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

DOS PLAÑIDERAS: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

DOS PLAÑIDERAS: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

DOS PLAÑIDERAS: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

DOS PLAÑIDERAS: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

DOS PLAÑIDERAS: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

DOS PLAÑIDERAS: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

DOS PLAÑIDERAS: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

DOS PLAÑIDERAS: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

DOS PLAÑIDERAS: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

DOS PLAÑIDERAS: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

DOS PLAÑIDERAS: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

DOS PLAÑIDERAS: Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

DOS PLAÑIDERAS: María, Madre de gracia, Madre de misericordia,…

DOS PLAÑIDERAS: … defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

DOS PLAÑIDERAS: Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

DOS PLAÑIDERAS: Señor, ten piedad.  Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad. Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.

PLAÑIDERA 1: Trinidad Santa, un solo Dios.

DOS PLAÑIDERAS: …ruega por nosotros.

DOS PLAÑIDERAS: …ruega por nosotros.

DOS PLAÑIDERAS: …ruega por nosotros.

DOS PLAÑIDERAS: …ruega por nosotros.

DOS PLAÑIDERAS: …ruega por nosotros.

 

 

(Poco a poco se va apagando la letanía. El reloj marca las tres en punto. Oscuro. Fin de la pieza).