De Bauhaus a Vicente Aleixandre.

J. La noche es tan profunda que no deja ver el resto, esa trastienda cotidiana donde los hechos suceden y de los asuntos se trata. La noche-con suerte quedará algún flexo encendido-de la que ya han hablado todos los poetas. El último cerró la puerta y ahora uno de mis locos la golpea vehementemente con la cabeza (Abran paso, estoy aquí desde el comienzo)

U. <<Todo sin música asciende cautamente, a esa región serena donde aprisa se retiran los bordes de la carne>> A la derecha de escena haya una escalera de caracol en la cual esté sentada una hermosa mujer ensuciándose los morros con su nube de algodón. La oscuridad total se aminora y de fondo se escucha un bajo y de cuando en cuando una guitarra eléctrica distorsionada.  En primer término, al centro, haya una cama que esté bien hecha y sin una sola arruga y que una luz plateada le de una dimensión lunática

 

A. Entra por la izquierda el poeta, con esa pequeña angustia constante en el pecho, la justa y necesaria para recordar y poder vivir humanamente. Para que, al menos, nos duelan un poco todas las cosas y una fabulación sonora nos mantenga intacto el argumento. Poco a poco todo el espacio que estaba a oscuras se ilumina y vemos un carrusel en movimiento circular, donde unos seres mitad niños mitad viejos se divierten. El poeta se pasea de un lado a otro hasta que decide subir las escaleras y se sienta al lado de la mujer de la nube de algodón.

ALEIXANDRE.  Un columpio de sangre emancipada, una felicidad que no es de cobre.

MUJER. Una moneda lírica o la luna resbalando en los hombros como leche.

 

 

N. Las luces se apagan, Aleixandre y la mujer se sientan en la cama mientras juegan y entrelazan las copas, las piernas, los besos y las manos. Haya risas cachondas.

MUJER. No sigas con esas caricias, voy a desmayarme.

ALEIXANDRE. No está mal perder el sentido de vez en cuando.

S. Nueve musas, con una rosa verde en los labios, se sientan alrededor de la cama sin que los amantes se percaten.

LAS MUSAS. Un laberinto o mármol sin sonido, un hilo de saliva entre los árboles, un beso silencioso que se enreda olvidando sus alas como espejos.

E. Oscuridad íntima y total. Un saxo como luciérnaga en la noche, acompañado de dulces gemidos.

MUJER. ¡¡Si-gue!! Ahhh ¡¡Si-gue!! Aaaaa, aaaaa, más fuer-te, oh oh oh ,  Sí , Sí. Ohhh.

El alba avanza por los muslos. Una luna grande y sonriente, se despide sacándonos la lengua.

LAS MUSAS. Cuerpos flotan, no presos, no arañados, no vestidos de espinas o caricias, no abandonados, no, sobre la luna, que-entierra ya-se ha abierto como un cuerpo.

Experimentando con Mishima

Contemplamos un espacio oscuro e indescifrable. A golpe de vista podría ser un sótano, una estación de metro abandonada o, quizás, un búnker de alguna guerra pasada. En el medio vemos un sillón en cual está sentado nuestro protagonista, Senkili: hombre maduro y canosamente atractivo. Lleva puesto un traje tremendamete arrugado pero que aún conserva la elegancia de su dueño, tan propia del japonés. Senkili acaricia a un gato, un gato gris llamado Mishima

Senkili. (Hablando a Mishima) Eres el único que me entiende, pequeñito ¿Sabes que tienes un bigotillo muy gracioso? (Le besa) A partir de ahora vamos a formar una familia (Se ríe) Pero no tendremos gatitos…Aquí no nos puede molestar nadie, es verdad que damos vueltas junto al mundo pero el mundo no nota nuestro peso, somos invisibles y poderosos (Eleva a Mishima) ¿a que sí?. Y Vaya ojazos que tienes, mentiría si dijese verdes, mentiría si dijese azules. (Suena un timbre, el típico timbre universal) ¡Adelante! (Entra una señorita, extremadamente despacio, de melena larga y portentoso rizo. Todo el cuerpo desnudo menos la parte que ocupa el tanga con pompón. Se para a la derecha de Senkili) Puedes hablar, no te cortes, habla.

Señorita. Sentir frío aquí abajo.
Senkili. ¿Quieres abrazar a Mishima?
Señorita. Preferir abrazo a hombre de las nieves.
Senkili. Me llamo Sinkili, ya va siendo hora de que lo aprendas. Señorita. Hombre lobo pelo de nieve.

Senkili. Ya sé, ya lo sé, tengo el pelo como la nieve y seguramente te recuerde algo de tu infancia lejana, pero a estas alturas ya no podemos mirar hacia atrás, es muy peligroso. Lo mejor es que cortemos del todo las raíces y que tú te olvides de tu pueblo y yo me olvide del mío. Los dos somos los últimos de la historia…

Señorita. (Se toca los pechos) Sentir frío arriba y calor abajo en el bosque.
Senkili. No te puedo consolar, perdí ciertas sensaciones después la bomba. Sólo siento con el

corazón y con la cabeza de arriba. Señorita. Señorita tener mucho calor abajo.

Senkili. Oye, no seas pesada…Contra el frío te puedo ayudar pero contra el calor frota tu misma que yo no miro. 

Decálogo de un poeta de la vida

1. Lo más importante es saber que el poeta nunca abandona su delirio, su poesía es una apuesta por la vida, por forjar una leyenda propia creyendo sin descanso en lo que ama. Se escribe como se vive y la composición de nuestra  realidad-ficción no pasa por otras manos que no sean las nuestras. Somos nuestro propio escultor y nadie puede impedirlo.

2. La poesía se encuentra en los bosques, en la musicalidad del silencio y en las  águilas libres de Vicente Aleixandre. La poesía aniquila la crueldad para que volvamos a la madre de todo ser y nos sumerge en el subsuelo para que sintamos la humedad de la tierra y nos agarremos al Mundo como las raíces. La fuerza milenaria que hace que los árboles permanezcan en pie, es la misma fuerza que nos empuja a escribir. No lo olvides.

3. Hasta los versos más negros tienen la pretensión de salvarse y seguir sobreviviendo, por ello cruzaremos todo tipo de oscuridad y recorreremos todos los rincones: las barras de los bares en los que bebió Bukowski, los fumaderos donde artistas son mecidos por la muerte y las casas de putas donde la palabra amor está detrás del verbo fornicar. Siempre con el norte de la salvación, sabiéndonos ángeles celestes aunque en el espejo asome una calavera o estemos en el sótano más mugriento. Hay una luz de cambio al fondo del pasillo…

4. A la misión cósmica y sanadora del poema hay que sumarle una interpretación social, es decir, una entrega por la sociedad en la que existimos. Hay que llegar a ser el otro, habitar y sentir dentro de los demás y que sus adversidades sean también las nuestras. La ética llega después de un continuo interrogatorio interior que acepta los propios errores y lucha por el libre pensamiento. El poema no es un panfleto político, es la savia, aquello que fluye por debajo sin necesidad de testigos. La forma de la verdadera belleza son como las arrugas de un viejo que no ha parado de sonreír en toda su vida. Los surcos en la piel son el reflejo del alma que tanto buscamos los poetas de la vida.

5. Elevemos la palabra como si cada vez que pusiéramos una detrás de otra nos fuera en ello la vida.

6. Cada vez que nos asalte el odio recordaremos que solo el amor lo tumba. Solo el amor puede a la violencia y quienes lo comprobaron lo saben. Una extraña magia nos envuelve y protege en todas las ocasiones que decidimos poner fin a los ríos de sangre que nos salpican. Las fieras no tienen poder ante la fe si abrimos bien los ojos y contemplamos la inmensidad del paisaje. Volviendo al punto dos, repetiré que de la ligazón con el cosmos, brotará una pasión indestructible que siempre salvará a quien  lo sueñe.

7. La palabra no se vende como si fuese una baratija. La palabra tiene sus tiempos y solo cuando se sepa adulta y madura puede exponerse a la gente. Quien no entienda este proceso es mejor que se dedique, con todos mis respetos, a otra labor. En mi caso, no tendré problema, si llega el momento, en intentar ser astronauta o futbolista.

8. Por último hay que dar las gracias, gracias por vivir, por los sabios y maestros, por los bondadosos, por todas aquellas almas que te dijeron escribe, cabrón, escribe. En cualquier lugar puede aparecer tu hermano gemelo que, aunque no sea escritor, sabe que hay en tus ojos un manantial de agua virgen.