¿Por qué escribimos?

 

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Extracto del artículo publicado por el períodico EL PAÍS: ¿Por qué escribimos?

En el principio fue el verbo… Así lo recoge San Juan en su Evangelio. La palabra que conforma el mundo, el nombre que lo explica todo. Puede que no fuera tal, puede que antes del verbo existieran cielos, mares, noche, día, estrellas, firmamento. Pero si nadie sabía cómo nombrarlos, no eran nada, absolutamente nada. Así que al principio fue el verbo, como bien dejó escrito Juan. Y a ese verbo bíblico le siguió la épica de Homero, la duda de los filósofos, la intemperie y el poder de los dioses, el amor y la guerra que nos relata la Iliada y después el delirio del Quijote y luego la soledad de Macondo.

Puede que después de episodios narrados como aquellos no hiciera falta nada más. Pero a los clásicos, que montaron todos los cimientos del templo, siguieron más generaciones -“el eslabón en la cadena ininterrumpida de la tradición”, de la que alerta Vila-Matas-, algunas nuevas preguntas para cada era, nuevos problemas y por tanto conceptos nuevos, palabras nuevas. Detrás de su registro se escondía un escritor.

 

¿Por qué escribir? ¿Para qué nombrar? ¿Para qué contar?

 

1-.  Para entender.

2-.  Para amar y que te amen.

3-. Para saber, para conocer.

4-. Por miedo.

5-. Por necesidad.

6-. Para sobrevivir.

7-. Para matar la costumbre.

8-. Por vivir otras vidas y revivir las propias.

9-. Por dar testimonio, porque no se sabe bien escribir, confiesa John Banville. Porque leyeron, padecieron y miraron cara a cara a la muerte.

10-. Para sentirme vivo.

 

 

La escritura es dolor y placer. Como el cuento, como la retórica aristotélica, se arma, se aprende. Principio y fin. Antes que nada vino el verbo, lo deja claro San Juan. También lo sabía Kafka. Pero el escritor checo pregunta: ¿Y al final? Quizás silencio, como interpreta de su obra George Steiner, con buen tino, oliéndose el apocalipsis de la destrucción europea.

Como testimonio también se mete uno entre papeles. Por el mismo motivo que Ana Frank comenzó a organizar su diario. O por el que la poeta rusa Anna Ajmatova, cuando se pasó 17 meses en las filas de las cárceles de Leningrado para ver a su hijo, respondió a una mujer que la reconoció y le preguntó si podría describir aquello que sí, que lo haría. “Entonces”, dice Anna en Réquiem, “una especie de sonrisa se deslizó por lo que alguna vez había sido su rostro”. Eso fue suficiente motivo. La emoción de la verdad, la justicia de dejar constancia. Para que otros quizás lo apliquen a su presente, para que no se vuelva a repetir.

Pero Anna Ajmatova confesó además que escribía por sentir un vínculo con el tiempo. También lo hizo por amor, por miedo al amor, por desgarro. En honor a las musas, como Shakespeare, “ese goloso de las palabras”, a juicio de Steiner, en sus Sonetos: “Mi musa por educación se muerde / la lengua y calla mientras se compilan / elogios que te visten de oropeles/ y frases que las otras musas liman”. Una pieza que acaba con toda una declaración de intenciones y una respuesta al gran asunto de la escritura: “Si a otros por sus dichos los respetas, / a mí, por lo que pienso, que es mi letra”.

Al principio fue el verbo. Pero Shakespeare o Cervantes lo enaltecieron, lo igualaron a la medida de Dios. Porque exploraron todos los delirios y las pasiones de sus criaturas. ¿Por qué escribir? Para emularlos, sin más, podría ser. “Para parecerme a Espronceda”, como suelta Caballero Bonald. Escribir porque se medita, como Descartes, como Chesterton, cuya obra nos envuelve en una paradoja sin fin. Para adentrarse en los laberintos y no necesariamente querer salir de ellos, como Borges. “Porque estamos aquí, pero querríamos estar allí”, dice Antonio Tabucchi.

Para fijar la memoria, una forma de “hacer surgir los recuerdos y las imágenes”, cuenta Álvaro Pombo. Para volver a vidas anteriores, a las lecturas y los tumbos que cada uno lleva en la mochila, según Arturo Pérez-Reverte. Como vicio solitario, describe Héctor Abad Faciolince, porque uno no se encuentra bien, asegura Juan José Millás. Por afición o por aflicción, que dice Gonzalo Hidalgo Bayal.

La palabra es agua y cada historia, el río que las lleva. El escritor es quien domina la corriente, como hicieron Dostoievski, Balzac, Galdós, Clarín, Dickens, Flaubert, Tolstoi, que siguió la estela épica de Homero como nadie. O contracorriente, como luego vinieron a hacerlo Marcel Proust, James Joyce, Valle-Inclán. Sin duda, hay que enfrentarse a ello, como dice Josep Pla en su Diccionario de Literatura, “con temperamento”. O con el empeño de conocerse, a la manera de Montaigne y los grandes memorialistas posteriores del siglo XVIII, entre la verdad y la exageración pero con talento, como Casanova.

El juego, la tortura de la palabra también es lícita. Pero eso es más cometido de los poetas, como admitía Jaime Gil de Biedma. Para él, escribir era “erosionar el idioma en la forma que el idioma lo admite”. Es decir, maltratar el verbo, fustigarlo, estrangularlo. Pero para resucitarlo después, como el Evangelio. A lo largo de la historia, el escritor ha visto crecer Babel y ha contribuido a entenderlo. Pero hubo también un tiempo, en el siglo XX, que lo aniquiló, que se arrojó al apocalipsis con la II Guerra Mundial. Disfrutemos en esta nueva era. Todos los motivos, todas las respuestas que se les ocurran a quienes deben contar nuestra historia son válidas.

Héctor Abad Faciolince

Porque mi cerebro se comunica mejor con mis manos que con la lengua. Porque el papel es un filtro, una coraza, entre mis palabras y los ojos del otro. Porque me odio menos escribiendo que hablando. Porque mientras escribo puedo corregir, escoger una por una las palabras y nadie me interrumpe ni se desespera mientras las encuentro. Por un ameno vicio solitario.

John Boyne

Como la mayoría de los escritores, no escribo porque lo haya elegido; escribo porque tengo que hacerlo. Escribo porque estoy tratando de entenderme a mí mismo, mi vida, la razón por la que nací, la explicación de por qué moriré, y descubro que solo puedo hacerlo entrando en un universo habitado por personajes que nacen de mi imaginación. Escribo porque las historias entran en mi mente y me niego a irme hasta que no escribo 26 letras en el teclado y las envío a una pantalla ante mis ojos. Escribo por Charles Dickens. Y por George Orwell. Y John Irving. Y Colm Toibin. Escribo porque me encanta la sensación de tener un libro en mis manos y un libro en mi cabeza. Escribo porque me encantan las palabras. Escribo porque leo. Escribo porque siempre quiero saber qué ocurrirá a continuación.

 

José Manuel Caballero Bonald

Empecé a escribir porque quería parecerme a Espronceda. Ya lo he contado por ahí alguna vez. Un día encontré en mi casa familiar una biografía del poeta y quedé fascinado por alguien que murió con 33 años y había vivido las grandes aventuras: fundó una sociedad secreta, sufrió persecuciones y cárceles, anduvo exiliado en Lisboa y Londres, combatió en las barricadas de París, fue guardia de corps y diputado, vivió amores difíciles, luchó heroicamente contra el absolutismo, etcétera. Pues bien, como yo no podía emular a Espronceda en tantas y tan singulares hazañas, elegí lo que me resultaba más factible: ejercer de insumiso y escribir poesía. Luego, con los años, la afición por la lectura me fue activando una discontinua dedicación a la escritura. Y así hasta hoy.

Andrea Camilleri

Escribo porque siempre es mejor que descargar cajas en el mercado central.

Escribo porque no sé hacer otra cosa.

Escribo porque después puedo dedicar los libros a mis nietos.

Escribo porque así me acuerdo de todas las personas a las que tanto he querido.

Escribo porque me gusta contarme historias.

Escribo porque me gusta contar historias.

Escribo porque al final puedo tomarme mi cerveza.

Escribo para devolver algo de todo lo que he leído.

Luisa Castro

La escritura para mí es una rendición. No soy una escritora con método; se me caen muchas cosas de las manos. Solo progresa la escritura que previamente se ha ido gestando dentro de mí, a veces contra mí. Escribo para conocer esos relatos, para descubrirlos. Me los cuento a mí misma. Me asombro, me indigno, me río, lloro y pataleo. No me siento dueña de mis relatos, tienen vida propia, son autónomos y más poderosos que yo. No me identifico con ellos, no comparto sus ideas, ni su visión del mundo. Se producen en mi cabeza sin mi permiso, y cuando los suelto es porque me han vencido. No hay otra razón.

Umberto Eco

Porque me gusta.

Carlos Fuentes

¿Por qué respiro?

Mark Haddon

Ficción, poesía, teatro, pintura, dibujo, fotografía… en realidad eso no importa.

Un día que no consigo hacer alguna cosa, por pequeña que sea, me parece un día desperdiciado.

Una semana sin crear algún tipo de arte me resulta sumamente dolorosa.

A veces puede parecer una bendición ser así, saber con tanta certeza lo que quiero hacer.

Pero a menudo es un sufrimiento porque saber lo que quieres no es lo mismo que saber cómo hacerlo.

Podría haberme dedicado a cualquier otra cosa salvo que no me siento en condiciones para ello.

Odio que me digan lo que tengo que hacer y cuándo tengo que hacerlo y, aunque disfruto en compañía, necesito pasar varias horas al día solo, únicamente pensando.

Por eso nunca he conseguido conservar un “auténtico” trabajo durante más de seis semanas.

¿Por qué escribo? La única respuesta es porque no puedo hacer otra cosa.

Use Lahoz

Es una pregunta trampa en cuya respuesta se funden el placer y la necesidad. Supongo que escribo porque adoro las sorpresas y vivir con intensidad. Nada hay más inalcanzable que lo vivido, y la escritura incluye a veces la quimera de atrapar el pasado junto a la posibilidad de soñar despierto. Trae implícita la aventura de revivir, de combatir el paso del tiempo. Escribir ayuda a comprender y a ordenar el desorden. Escribir equilibra. Escribo para encontrar sentido al sinsentido, y porque me permite sentir el placer de contar la realidad y lo que imagino. Y también porque en el acto de escribir interviene la memoria, la experiencia y la imaginación, bienes a proteger. Escribo para reflexionar y pensar y darle vueltas a la vida de personajes siempre más interesantes que la mía. Y disfrutar del placer de la ficción, que es adictivo y que, como la realidad, no tiene límites. Escribo por supuesto para combatir el aburrimiento y pasarlo en grande. Para un escritor vivir, fundamentalmente, es escribir. Escribo para estar en paz conmigo mismo, por aquello que decía Machado de “yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas”. Escribo porque conmueve y perdura, cada novela es la primera. Además es bastante barato. En fin: escribo porque aprendo, y así, a veces, parece que siga estudiando.

Javier Marías

Como ya he dicho en muchas ocasiones, escribo para no tener jefe ni verme obligado a madrugar.

También porque no hay muchas más cosas que sepa hacer, y lo prefiero y me divierte más que traducir o dar clases, que al parecer sí sé hacer. O sabía, son actividades del pasado.

También escribo para no deberle casi nada a casi nadie ni tener que saludar a quienes no deseo saludar.

Porque creo que pienso mejor mientras estoy ante la máquina que en cualquier otro lugar y circunstancia.

Escribo novelas porque la ficción tiene la facultad de enseñarnos lo que no conocemos y lo que no se da, como dice un personaje de la novela que acabo de terminar. Y porque lo imaginario ayuda mucho a comprender lo que sí nos ocurre, eso que suele llamarse “lo real”.

Lo que no hago es escribir por necesidad. Podría pasarme años tan tranquilo, sin escribir una línea. Pero en algo hay que ocupar el tiempo, y algún dinero hay que ganar. También escribo para eso.

Eduardo Mendicutti

También a mí, como a Vargas Llosa, me dicen montones de veces que lo único que sé hacer es escribir. A lo mejor por eso acaban dándome el Nobel. Para todo lo demás, estoy convencido, soy un desastre: para poner ladrillos, para cultivar tomates, para imponer el orden, para correr a pie o en bicicleta aunque sea dopado, para condenar a delincuentes -con lo que a mí me gustan algunos delincuentes- sin que se me parta el corazón, o para defenderlos sin contagiarme… Cierto que, desde hace 30 años, soy bastante bueno como secretario general de una patronal de empresas consultoras, pero con algo tengo que redimirme. Así que escribo. Para inventarme inventando historias, para disfrutar del lenguaje, para compensar la timidez, para sacar los pies del plato, para que me lean. Claro que, según algún crítico y algunos colegas, puede que también para escribir sea una calamidad, pero de eso aún no he llegado a convencerme.

Eduardo Mendoza

Sinceramente, no lo sé. Nunca me lo he preguntado, ni al principio, que fue espontáneo, ni a lo largo de todos estos años. Hacerlo a estas alturas no creo que tenga interés, ni para mí ni para nadie. No es una respuesta bonita, pero es la que más se aproxima a la verdad.

Ricardo Menéndez Salmón

Escribo por insatisfacción. Si estuviera satisfecho, me limitaría a “vivir la vida”, no a intentar comprenderla mediante la escritura. Claro que al intentar comprenderla, es decir, al escribirla, me doy cuenta de que en realidad la vida resulta incomprensible. Lo cual genera una nueva insatisfacción, la de comprobar que el intento por comprender la vida mediante la literatura lo único que ilumina es la imposibilidad de alcanzar esa comprensión. Pero entonces sucede algo curioso, y es que el hecho de descubrir esa imposibilidad me conmueve, admira e impulsa a escribir más y más. Así, lo que nace como un gesto decepcionado, insatisfecho, acaba convirtiéndose en un acto agradecido, admirativo. De modo que una dolencia (escribo porque soy infeliz; escribo porque soy inconsolable; escribo porque no entiendo lo que me rodea) se acaba convirtiendo en una necesidad (escribo porque no me resigno a ser infeliz, inconsolable e ignorante).

Juan José Millás

Escribo por las mismas razones que leo, porque no me encuentro bien.

Rosa Montero

Escribo porque no puedo detener el constante torbellino de imágenes que me cruza la cabeza, y algunas de esas imágenes me emocionan tanto que siento la imperiosa necesidad de compartirlas. Escribo para tener algo en qué pensar cuando, en la soledad tenebrosa del duermevela, por la noche, en la cama, antes de dormir, me asaltan los miedos y las angustias. Escribo porque mientras lo hago estoy tan llena de vida  que mi muerte no existe: mientras escribo soy intocable y eterna. Y, sobre todo, escribo para intentar otorgar al Mal y al dolor un sentido que en realidad sé que no tienen.

Luis Muñoz

Se me amontonan las razones. Son muchas más de lo que luego rinden. Creo que puedo distinguir razones de tipo general y razones particulares.

Entre las particulares:

-Por darle forma a una emoción concreta, por ejemplo a un pinchazo de belleza que me deja desorientado; el poema es en ese caso un intento de orientación, es la confección de un mapa que sitúa ese pinchazo con sus coordenadas y todo.

-Por hacerle un hogar de palabras a uno de esos pensamientos que uno cree que pueden ser salvadores; es como ponerle casa al pensamiento para hacer que viva allí, abrir ventanas, instalarle una cama, un baño, una cocina.

-Por ser vulnerable al contagio de otro poema que creo admirable y hacerme la ilusión de que puedo responderle, conversar con él o seguir alguno de sus hilos sueltos.

-Por enseñarle a un amigo algo de lo que me sienta medianamente orgulloso; es cómo decirle mira, he encontrado este trozo de vida, lo he trabajado así, le he hecho esto, aquello, a qué no soy tan desastre.

Entre las razones generales, que funcionan sobre todo cuando no estoy escribiendo, o sea, antes y después:

-Por querer sentir mi tiempo, el rabioso presente, en el lenguaje.

-Por estar enamorado de la capacidad de las palabras por volver a decir la verdad.

-Porque escribir es el modo más fiable que conozco para distinguir lo que importa.

-Por el sentimiento de libertad que produce, toda esa explanada inmensa que significa escribir.

-Por darle forma a seres informes: embriones de voces, sentimientos, sensaciones, ideas.

Julia Navarro

Para mí, escribir es una oportunidad de viajar al mundo de los sueños y de la imaginación; de inventar personajes y de vivir otras vidas; pero también de asumir compromisos, aunque a veces vayan envueltos con el papel del entretenimiento.

Andrés Neuman

Escribo porque de niño sentí que la escritura era una forma de curiosidad e ignorancia. Escribo porque la infancia es una actitud. Escribo porque no sé, y no sé por qué escribo. Escribo porque solo así puedo pensar. Escribo porque la felicidad también es un lenguaje. Escribo porque el dolor agradece que lo nombren. Escribo porque la muerte es un argumento difícil de entender. Escribo porque me da miedo morirme sin escribir. Escribo porque quisiera ser quienes no seré, vivir lo que no vivo, recordar lo que no vi. Escribo porque, sin ficción, el tiempo nos oprime. Escribo porque la ficción multiplica la vida. Escribo porque las palabras fabrican tiempo, y tiempo nos queda poco.

Amélie Nothomb

Me preguntan por qué elegí escribir. Yo no lo elegí. Es igual que enamorarse. Se sabe que no es una buena idea y uno no sabe cómo ha llegado ahí pero al menos, hay que intentarlo. Se le dedica toda la energía, todos los pensamientos, todo el tiempo. Escribir es un acto y al igual que el amor, es algo que se hace. Se desconoce su modo de empleo, así que se inventa porque necesariamente hay que encontrar un medio para hacerlo, un medio para conseguirlo.

Nélida Piñón

Yo creo con la esperanza de que la narrativa jamás me abandone, de que siga estando en todas partes. De que como compañera de mis días, irradie los caprichos humanos, los intersticios del misterio, frecuente en los puntos cardinales de mi existencia.

Escribo porque el verbo provoca en mí desasosiego, afila los mil instrumentos de la vida. Y porque, para narrar, dependo de mi creencia en la mortalidad. Con la fe en que una historia bien contada me arrebate las lágrimas. Sobre todo cuando, en medio de la exaltación narrativa, menciona amores contrariados, despedidas hirientes, sentimientos ambiguos, despojados de lógica. Escribo, en conclusión, para ganar un salvoconducto con el que deambular por el laberinto humano.

Benjamín Prado

Yo escribo por una sola razón: para divertirme, para entretenerlos, para aprender, para enseñarles, para que sea cierto que “escribir es soñar / y que otros lo recuerden / al despertar”, para que no me olviden, para que no nos callen  y, en primer lugar, porque no podría no hacerlo.

Soledad Puértolas

Las alegrías de la vida te desbordan. El dolor y la pérdida te superan y  hunden. El tedio y la monotonía pueden resultar aniquiladores.

Cuando escribo, estoy fuera de esa realidad. He entrado en otra donde sí es posible buscar un sentido, incluso vislumbrarlo.

La soledad, que tantas veces se ha hecho insoportable, se hace ligera y deseable. El estado perfecto.

Hay metas, humanidad, sentidos. Hasta cabe la risa, el gran regalo.

En la vida, el dolor ahoga y la risa es efímera. En el texto, se produce una transformación que la inteligencia no puede explicar. Nos sumergimos en el dolor sin llegar a morir, conquistamos la distancia. Observamos, podemos emocionarnos,  escoger, aventurarnos. La incertidumbre de la narración resulta más segura que las certezas de la vida. La palabra se hace enteramente nuestra.

Jorge Semprún

Si lo supiese, tal vez no escribiría. Quiero decir, si lo supiera con certeza, si a cada momento pudiese proclamar taxativamente, sin vacilar, por qué escribo, y para qué, para quién o quiénes, si así fuera, tal vez no escribiría. O sea, que escribo, en cierta medida, para encontrar respuestas al porqué. Escribir no es un acto reflejo, ni una función natural. No se escribe como se come o se ama. No se agota en el hecho de escribir el portentoso, o doloroso, o lo uno y lo otro, milagro de la escritura. No se agota, al escribir, el deseo inagotable de la escritura. Tal vez porque sea ésta la mejor forma de sobrevivir. ¿Por qué escribo? Tal vez para sobrevivir a la muerte, la necesaria muerte que me nombra cada día.

Wole Soyinka

Hace varios años, participé en esta misma experiencia con el periódico francés Libération. En aquella ocasión contesté: “Supongo que por el ser masoquista que llevo dentro de mí”. Desde entonces, no he tenido ningún motivo para cambiar mi respuesta.

Antonio Tabucchi

Preferiría formular la pregunta así: ¿Por qué se escribe? Hace tiempo, cuando era joven, escuché a Samuel Beckett responder: “No me queda otra”. Las respuestas posibles son todas plausibles pero con un punto de interrogación. ¿Escribimos porque tememos a la muerte? ¿Por qué tenemos miedo de vivir? ¿Por qué tenemos nostalgia de la infancia? ¿Por qué el tiempo pasado corrió deprisa o porque queremos detenerlo? ¿Escribimos porque a causa de la añoranza sentimos nostalgia, arrepentimiento? ¿Por qué queríamos haber hecho una cosa y no la hicimos o porque no deberíamos haber hecho algo que hicimos y no debíamos? ¿Por qué estamos aquí y queremos estar allá y si estuviéramos allá nos hubiese resultado mejor quedarnos aquí? Como decía Boudelaire: la vida es un hospital donde cada enfermo quiere cambiar de cama. Uno piensa que se curaría más deprisa si estuviera al lado de la ventana y otro cree que estaría mejor junto a la calefacción.

Andrés Trapiello

¿Para qué escribe uno? Para responder sin afectación algún día esta pregunta. Lo natural es hablar, incluso cantar, pero no escribir. Poner las palabras por escrito en un libro es, decía Unamuno, una “tragedia del alma”, y acaso se escriba por miedo a quedarse uno a solas con su dolor, como si escribir fuese un remedio, y no un veneno. Así lo siento yo también.

Mario Vargas Llosa

Escribo porque aprendí a leer de niño y la lectura me produjo tanto placer, me hizo vivir experiencias tan ricas, transformó mi vida de una manera tan maravillosa que supongo que mi vocación literaria fue como una transpiración, un desprendimiento de esa enorme felicidad que me daba la lectura.

En cierta forma la escritura ha sido como el reverso o el complemento indispensable de esa lectura, que para mí sigue siendo la experiencia máxima más enriquecedora, la que más me ayuda a enfrentar cualquier tipo de adversidad o frustración. Por otra parte, escribir, que al principio es una actividad que incorporas a tu vida con otros, con el ejercicio se va convirtiendo en tu manera de vivir, en la actividad central, la que organiza absolutamente tu vida.

La famosa frase de Flaubert que siempre cito: “Escribir es una manera de vivir”. En mi caso ha sido exactamente eso. Se ha convertido en el centro de todo lo que yo hago, de tal manera que no concebiría una vida sin la escritura y, por supuesto, sin su complemento indispensable, la lectura.

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Tempo de un encuentro

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Cada bloque divide un espacio de tiempo que debe enmarcarse dentro del espacio sonoro marcado. Los tiempos que acompañan a cada bloque, no es su tiempo de duración, marcan el tiempo musical de la pieza en que deben incorporarse. Cada bloque, en su espacio de tiempo correspondiente, puede repetirse las veces que sean necesarias.

ESPACIO SONORO: http://www.youtube.com/watch?v=WMS7xy2hPAU

 

BLOQUE 1

Un ciclorama pintado de azul.

Sombras de una gran ciudad se divisan mezcladas con ese pintado de azul.

Gente extraña que no se cruza la mirada camina como autómatas, de un lado a otro, de un lado a otro, continuamente, continuamente…

BLOQUE 2 (40”)

En un instante… Un encuentro… El ciclorama se pinta amanecer…Dos cuerpos en sombra se cruzan, se miran, se reconocen, huyen y vuelven a encontrarse. Es inevitable…

 

A-. Te estaba esperando.

B-. No mientas. No me querías.

A-. Te estaba esperando.

B-. No mientas. No me querías.

Dos cuerpos en sombra se cruzan, se miran, se reconocen, huyen y vuelven a encontrarse. Es inevitable…

BLOQUE 3 (1´26”)

B intenta huir. A lo sostiene. Disputan. B llora. A le pide perdón. Comienzan a girar, a girar. Es una lucha del sí y del no. Del creer o no creer. Es la lucha por intentar recuperar, quizá, un último tren que se perdió.

A-. Te estaba esperando.

B-. No mientas. No me querías.

A-. Te estaba esperando.

B-. No mientas. No me querías.

BLOQUE 4 ( 2´17”)

A forcejea con B. Se golpean. Se abrazan. Desnudan sus cuerpos. Se besan. Se golpean. Se abrazan. Se besan. A forcejea con B. Se golpean. Se abrazan. Desnudan sus cuerpos. Se besan. Se golpean. Se abrazan. Se besan.

 

BLOQUE 5 (3´)

Vuelve la gran ciudad… El color pintado de azul. La gente extraña que no se cruzan la mirada y que caminan, como autómatas, de un lado a otro, de un lado  a otro, continuamente.

 

BLOQUE 6 (3´33”)

En un instante… B desaparece.  A no encuentra a B… A busca a B desesperadamente. A no encuentra a B… A busca a B desesperadamente. Cada vez más…

 

B-. (En off) No mientas no me querías.

A-. Te estaba esperando.

BLOQUE 7 (4´33”)

La gente autómata va desapareciendo mientras A contiua buscando a B.

 

BLOQUE 8 (5´35”)

La gran ciudad y A quedan solos en escena. La locura invade el cuerpo de A.

 

A-. No mientas. Yo te quería… No mientas. Yo te quería…

BLOQUE 9 (6´)

Oscuro.

Un breve acercamiento al Teatro de Chéjov

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A

En esto consiste el arte de Chejov: seleccionar los elementos significativos –sean un trazo de paisaje, una expresión o un movimiento- y enmascarar el complejo artesanado de los procedimientos literarios hasta hacer fluir la narración o la acción, fortuita y casual, natural y aparentemente anodina, como la vida misma… Para reflexionar con la serenidad que permite la ficción sobre ella.

“Es necesario que en la escena todo sea tan complejo y tan sencillo como en la vida. La gente está almorzando… Y mientras tanto puede decidirse su futura felicidad o sus vidas pueden estar a punto de desmoronarse… La gente no está a cada momento ahorcándose, ni enamorándose, ni lanzando dichos inteligentes… Casi todo el tiempo lo pasan comiendo, bebiendo y hablando tonterías. Por lo tanto es necesario que todo esto se muestre en escena”.

B

            En 1902, ya muy delicado de salud, huyendo del calor de Crimea, pocos días después de que Olga Knipper, su mujer, perdiera un hijo, Chéjov, acepta una invitación del rico mecenas Savra Morózov para ir a descansar a una finca de éste en Perm, en los Urales. Allí también se encuentra un estudiante, Serebrov, que recoge estas palabras del escritor:

El arte tiene de especial y de bueno que en él no se puede mentir… Se puede mentir en el amor, en la política, en medicina, puede uno engañar a la gente y hasta al mismo Dios, ha habido casos… Pero en el arte no se puede engañar… Ya ve, a menudo me echan en cara, hasta Tolstói, me lo ha dicho, que escribo sobre bobadas, que no tengo héroes positivos, revolucionarios, Alejandro de Macedonia o siquiera, como en las obras de Leskov, un guardia honesto… ¿Pero dónde encontrarlos? ¡Me encantaría! ¿Pero dónde están? Nuestra vida provinciana, las ciudades sin pavimentar, los pueblos, sumidos en la pobreza, la gente hecha trizas… Todos cuando somos jóvenes piamos felices como gorriones en el estiércol, pero cuando tenemos cuarenta ya somos viejos y empezamos a pensar en la muerte… ¿Nosotros, unos héroes?… Dice usted que ha llorado en mis obras… No es para eso que las he escrito. Lo he hecho para decir a la gente sólo una cosa: “Miraos bien y fijaos en la vida inútil y triste que lleváis”. Lo más importante es que la gente se dé cuenta de esto. Y cuando lo entiendan seguro que construirán otra vida, una vida mejor… Yo no lo veré, pero lo sé, será una vida completamente nueva… ¿Y los que ya lo han entendido? Bien, éstos ya encontrarán el camino sin mí… Bueno, vámonos a dormir, se acerca una tormenta (…)

C

GORKI: “Chéjov vivió siempre de sus medios espirituales. No gustaba de conversaciones sobre temas elevados… Le gustaba todo lo sencillo, real, sincero y tenía un modo propio y característico de simplificar a la gente”.

 

D

Características presentes en la obra de Chéjov:

  1. El concepto de verdad o búsqueda de la concisión.
  2. El subtexto: El valor de lo no dicho.
  3. El antihéroe.
  4. El valor de lo faltante o la incompletud.
  5. La atmósfera o un aspecto anti-brechtiano.
  6. La evasión de la influencia.

 

 

1-. Desesperada búsqueda de la verdad en todo su teatro. Una verdad oculta en cada partícula. Mínima, pero trascendente; y por lo tanto reveladora de muchas verdades. Pero plasmada con sencillez y comprensión.

 

Este proceso de búsqueda de Chéjov contrasta con los gustos teatrales de su tiempo, los grandes espectáculos.

 

La verdad no es la verdad: “Sólo los imbéciles y los charlatanes comprenden y saben todo”.

 

2-. El subtexto en Chéjov está presente en lo no dicho, en los silencios, en las pausas… Elementos de su escritura que marcan la esencia de su teatro. Su valor, no está solo en la actuación, en la puesta en escena o en el montaje que se haga de sus obras; sino en el Todo.

 

Todo = A la conjunción de todos los planos textuales y operativos de la representación.

 

Oír a Chéjov es saber oír el silencio.

 

 “Todo el sentido y todo el drama del hombre se encuentra en su interior, y no en sus manifestaciones exteriores”.

 

            Las personas hablan, comentan… lanzan sus peroratas… pero en realidad lo que dicen está oculto detrás de sus palabras. A veces detrás de un ademán trivial, se oculta el relámpago de una pasión desesperada. Por lo tanto, explorando lo que podría ser la verdad de los personajes, hay casi una segunda puesta en escena subyacente a la primera. Y vemos en esas estructuras que están solapadas, como desembocan en “silencios”.

 

            3-. Un teatro nuevo, frente a los grandes espectáculos apabullantes que solo perseguían el lucimiento del primer actor. Y esa necesidad de encontrar un teatro nuevo, lo pone el dramaturgo también en boca de sus personajes. Así ocurre con Treplev en “La gaviota”.

 

            Sus personajes no son héroes, son personas comunes y corrientes (comen, beben, hacen el amor…). Brecht lo llamará más tarde el personaje del antihéroe.

            “No he adquirido una perspectiva política, ni filosófica, ni religiosa sobre la vida. Todos los meses la cambio, y por eso tengo que limitarme a descripciones de cómo mis personajes aman, se casan, tienen hijos, hablan o  mueren”.

            “Obligar al actor a desprenderse de sus coturnos y su voz impostada. Obligarle a hablar simplemente y a guardar silencio cuando la situación lo exige”.

 

            Como nota curiosa: Chéjov es el primero en escribir piezas de conjunto, donde ninguno de los personajes tiene un valor accesorio.

 

            4-. La concisión = El escamoteo permanente de lo aparentemente principal. Chéjov  saca del texto lo fundamental en la historia de un personaje, es decir, las escenas más importantes del conflicto son remplazadas por otras aparentemente triviales. Lo menos resulta + rico, +revelador, teatralmente que lo aparentemente fundamental.

           

            Por ejemplo, el personaje de Astrov al final del acto cuarto cuando coge un mapa de África que no sirve para nada; y sin embargo el personaje viene de una situación muy embarazosa.

 

            5-. La atmósfera se produce para:

 

–          Penetrar en los conflictos superficiales de los personajes, y aclarar sus comportamientos.

–          Congelar el transcurso del tiempo.

–          Contrastar la inutilidad del esfuerzo humano para lograr la felicidad perenne.

–          Que el espectador juzgue a los personajes y los sienta.

–          Subrayar las profundas contradicciones de la conducta humana.

–          No trata de ambientar, sino de crear espacios.

 

Un ejemplo claro de atmósfera es el final de “La gaviota”. Chéjov crea un aire propicio para impactar al público a través de la sugerencia. Impacto en el espectador para que esta reflexión no se quede sólo en el frío terreno de lo racional.

 

 

            6-. En sus obras evitando el dramatismo desmesurado, evita la influencia de Tolstoi. En ellas no se refleja el contexto sociopolítico de su momento histórico. Quizá eso es lo que las ha hecho imperecederas. Las obras de Chéjov hablan de cualquier presente, de cualquier espacio donde la lucha contra la injusticia o la utopía por una vida mejor, y más digna del ser humano, no se ha ganado.

 

 

E

Temas recurrentes en Chéjov:

1-. El problema económico. La situación de sus personajes se halla en un punto crítico, aunque traten de ocultarla o disimularla. En determinadas ocasiones la inseguridad por el futuro que tienen sus personajes está apuntada paso a paso en el desarrollo del conflicto, justificando cada una de las situaciones antes del estallido final.

2-. La necesidad de evasión / Una realidad que agobia. Los personajes sueñan y especulan sobre el futuro, tratando de negar el presente el que viven. Un deseo constante y obsesivo que revela la conciencia de un personaje oscuro y sin perspectiva. El alcohol o el juego son formas de escape para un tiempo muerto, una vida vacía, frente a los largos monólogos que evaden a los personajes hacia lo imaginario.

3-. El amor fallido. El desengaño amoroso unido a la conciencia vergonzosa del fracaso. Relaciones cruzadas: los personajes aman siempre a quien no les corresponde. En general la fragilidad de los sentimientos amorosos, producen un vivo dolor.

4-. La enfermedad. En todas sus obras hay médicos. “Prueba de que se trata de una sociedad enferma”. Cuando se rompe la frágil línea divisoria entre la angustia y las tareas cotidianas para lograr la supervivencia, los personajes optan por el suicidio.

 

F

Contemporaneidad de Chéjov:

Un pretexto para hablar de nuestro presente.

 

            Los rasgos esenciales de la “vida moderna” que él describe en sus obras aún están presentes y vigentes para nosotros. Los aspectos más significativos de su dramaturgia han influido en grandes autores del siglo XX.

 

–          Su visión particular del realismo.

–          Su estilo poético.

–          Sus dramas contenidos.

–          Sus silencios expresivos.

 

El concepto de “atmósfera chejoviana” puede hallarse en obras como:

 

–          Teatro: “Doña Rosita la soltera”, de Federico García Lorca – “La muerte de un viajante”, de Arthur Miller.

–          Cine: “La aventura” de Antonioni – “Interiores” de Woody Allen – Las principales películas de Bergman como por ejemplo “Fresas Salvajes” o “Un verano con Mónica”.

 

La poética contemporánea de Chéjov residiría:

En la acción ausente, que se convierte en razón permanente.

En sus personajes que son también verdaderos testimonios de nuestro tiempo. El contenido no es tan importante como lo que sienten y hacen dentro de una situación, el cómo se va desarrollando.

Son personajes paralizados por la no-acción, y llenan su vida de preguntas: ¿Qué? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Por qué ahora? ¿Hay futuro? Preguntas que nos mueven a la reflexión, al quedarse muchas de ellas sin resolver.

Las situaciones están construidas en un proceso de acumulación dramática y justificación escénica. Por eso los acontecimientos extraordinarios hay peleas violentas, duelos  o suicidios.

No todo es dramático. En sus escenas se entremezclan el humor, la pasión, la nostalgia, la ira… Como resultado de secuencias encadenadas.

Visión detallada y sincera de la vida con sus quehaceres cotidianos y sus tiempos muertos.

Gran economía del lenguaje y en la descripción de sentimientos. En el teatro valoraba + el uso de los pequeños detalles que las acciones rimbombantes.

En su visión realista y detallista no excluye elementos simbólicos que se conviertan en anuncios o metonimias de los núcleos centrales de los conflictos dramáticos.

LA PRUEBA. Este texto revisado y re-escrito tras mi encuentro con Mishima

PERSONAJES:

EL

ELLA

HERMANA

ITALIANA

A – B

LA PSICÓLOGA

Y SU JEFE

 

 

La acción de esta obra tiene lugar en la mente, el pensamiento y en la memoria del personaje llamado EL. A excepción de la conversación mantenida con la PSICÓLOGA; y de ésta con su JEFE. El resto aparece y desaparece. Una mesa, dos sillas.

 

 

 

1

 

EL-.  ¡Mamá!

 

HERMANA -. ¡Mamá!

 

EL-. ¡Mamá!

 

HERMANA-. ¡Mamá!

 

EL-. Lo he perdido….

 

A-. Lo he perdido…

 

EL-. Lo he perdido todo.

 

B-. Lo he perdido todo.

 

EL-. Mi amor. Amor…

 

ELLA-. Mi amor. Amor…

 

EL-. Mi vida…

 

ELLA-. Mi vida…

 

EL-. ¡No quiero mirar por la ventana!

 

A-. ¡No quiero mirar por la ventana!

 

EL-.Lo he perdido todo… Mi vida…

 

B-. Lo he perdido todo… Mi vida…

 

EL-. Fue un accidente… Yo no quería…

 

A-. Fue un accidente… Yo no quería…

 

EL-. Fue un accidente…

 

B-. Fue un accidente…

——————————————————————————————————————-

EL-.  ¡Vete de aquí! ¡Fuera!

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. ¡Fuera! ¡Vete!

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA-. (…) Le he traído varios periódicos… Tal y como le prometí, en nuestra primera sesión… Pensé que le gustaría leerlos…

 

Pausa. EL coge los periódicos y busca entre sus páginas. Se tranquiliza poco a poco.

 

EL-. En – este – lugar –  es – difícil – conseguirlos -…

 

PSICÓLOGA-. Se irá acostumbrando… Sólo es una cuestión de tiempo…

 

EL-.  Hoy estás diferente…

 

PSICÓLOGA-. ¿Continúa usted leyendo a Shakespeare? Me parece una idea excelente. Le ayudará estar entretenido con la lectura, y además con Shakespeare, siendo usted director de teatro. ¿Ha representado alguna de sus obras?

 

EL-. No – quiero – aburrirte -.

 

PSICÓLOGA-. No… Por favor… Se lo estoy pidiendo yo misma.

 

EL-.  Una – comedia – … Trabajos – de amor – perdidos -… ¿La conoces? ¿Eh? ¿La conoces?

 

PSICÓLOGA-. No…

 

EL -. ¿La conoces?

 

PSICÓLOGA-.  Pero si he leído Romeo y Julieta, como casi todo el mundo… Hábleme, algo, sobre esa obra.

 

EL-. Hoy estás diferente…

 

PSICÓLOGA -. Por favor… Déjese de cumplidos innecesarios y… Hábleme de lo que le pido.

 

EL-. La- obra – nos – habla – de la traición – al real – estado – de la- juventud. Del  -Carpe Diem -: “Decidme… ¿Os halláis en disposición de soñar siempre, de investigar siempre, de reflexionar en todo momento? Pues entonces, ¿os seria dado a vos, descubrir los fundamentos de la excelencia del estudio sin la hermosura del rostro de una mujer? De los ojos de una mujer obtengo esta doctrina. Ellas son la base, los libros, las academias de donde brota el verdadero fuego de Prometeo… Porque, ¿existe en el mundo un autor capaz de enseñar la belleza como los ojos de una mujer?”. (Pausa. La PSICÓLOGA está sorprendida ante estas palabras de su paciente. Éste queda por unos instantes como ausente, recordando quizá… De pronto se encuentra con la mirada de la PSICÓLOGA, que percibe de inmediato la imprudencia que acaba de cometer.) ¿Y tú?  ¿Me puedas recomendar algún libro?

 

PSICÓLOGA-. Si. Pero no tan culto como el suyo. No creo que le guste.

 

EL-. ¿Leer a Shakespeare te parece algo erudito?

 

PSICÓLOGA-. No.  Pero los libros que suelo leer son principalmente para distraerme.

 

EL-. ¿Best-sellers? Novelas de intriga, o de ciencia ficción… ¿De amor?

 

PSICÓLOGA-. No se ría de mí, por favor… Novela romántica.

 

EL-. Vaya… Novela romántica. “¿Sabía yo lo que era amor? Ojos jurad que no. Porque nunca había visto una belleza así”… Ya decía yo que te notaba algo diferente… ¿Has cambiado de peinado?

 

PSICÓLOGA-. Mejor, a partir de ahora, las preguntas las hago yo. 

 

 EL-. Y también de perfume…

 

PSICÓLOGA-. Creo que estamos desviando demasiado el tema de nuestra conversación.

 

EL-. ¿Tienes una cita al terminar nuestra charla?

 

PSICÓLOGA-. La psicóloga soy yo, y no usted.

 

EL-. Vamos… Una chica joven, con trabajo nuevo, ganando un buen sueldo. ¿No te espera nadie al llegar a casa?

 

PSICÓLOGA-. ¿Qué quiere usted pedirme una cita?

 

EL-. Quién sabe… Todo a su debido tiempo…

 

PSICÓLOGA-. Me gustaría saber si ha ordenado su historia. Me gustaría escucharla. En nuestro primer encuentro mezclaba usted continuamente la relación con su  pareja y lo sucedido en esa Escuela de Artes…

 

EL-. ¿De qué quieres que hablemos? ¿Eh? De desengaño. Traición. Ambición. Envidias. Celos. Falsas amistades. Falsas esperanzas. De sexo. De venganza… Todo esto ya lo escribió Shakespeare hace mucho tiempo. Será mejor que leas sus obras. Al menos será más divertido que hablarte del teatro y las maravillosas gentes que lo forman para mutilarlo. Apuñalarlo. Todo mezquino y soez.

 

PSICÓLOGA-. (…) ¿Dígame,  qué edad tenía entonces?

 

EL-. (…) Veintiséis años.

 

PSICÓLOGA-. ¿Qué le motivo estudiar una carrera tan tarde?

 

EL-. Me quedé en paro y vi una oportunidad de darle un giro a mis metas profesionales.

 

PSICÓLOGA -. ¿Su pareja estuvo de acuerdo en eso?

 

EL-. Todavía no la conocía. Esto fue dos años antes…  ¿Puedo proponerte un trato? Yo te contesto a todas tus preguntas, si tú contestas a las mías.

 

PSICÓLOGA-. Sabe perfectamente que no me está permitido. Además sólo tenemos cuarenta minutos. Y ya hemos perdido demasiado tiempo como para andar con jueguecitos.

 

EL-. Si tú quieres podemos tener más tiempo…

 

PSICÓLOGA-. Eso sólo me traería problemas. Y tanto usted como yo conocemos las normas, las estrictas reglas, de este centro.

 

EL-. ¿Llevas mucho tiempo en esta ciudad?

 

PSICÓLOGA -. Hábleme un poco más de esa escuela donde estudió… (Pausa. EL mantiene su mirada fija en la PSICÓLOGA.) Comience, por favor…

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA-. Señor por favor….

 

EL-. ¿Llevas mucho tiempo en esta ciudad?

 

PSICÓLOGA-. ¡Yo no he aceptado su trato!

 

EL-. Déjame adivinar… Quizá este juego te guste más… Eres de una ciudad bastante más pequeña que ésta. Este es tu primer trabajo después de unos años opositando. Y vives sola… Sola… Porque tu novio de toda la vida trabaja en tu ciudad natal… Sola… Sola… Y vistes demasiado elegante para un trabajo que no lo requiere. Yo diría que hasta un poco hortera. ¿Quieres impresionar a tus jefes?

 

PSICÓLOGA-. Realmente estoy sorprendida por sus dotes adivinatorias. Pero no intente engañarme. Desde que he llegado se muestra usted con demasiada seguridad. Con excesiva entereza. Incluso un poco altivo. Sin embargo en sus informes he leído que llora usted por las noches, que no pasea por el patio y que no se relaciona con nadie, que camina usted con miedo y que no come. ¿Quién es usted? ¿Quién es usted? ¿El que tengo en este informe o este tipo duro que se hace el interesante e intenta jugar conmigo?

 

EL -. (…)

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL -. ¡Espere! ¡No se marche! ¡Espere…!

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. Siéntese, por favor…

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. Todas esas preguntas tendrás que descubrirlas tu misma… Tú eres la psicóloga, y no yo…

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA -. Bien… Acepto su juego… Pero sólo por hoy… Este es mi primer destino tras aprobar la oposición. Y sí, soy de un pueblo pequeño cerca de la costa. Y estoy de acuerdo con usted en que este vestido no me sienta nada bien. No va con mi estilo. Pero todavía me estoy instalando. Hace dos días encontré un piso para alquilar. Y lo único que veo a mí alrededor son cajas y más cajas. ¿Satisfecho? Hábleme de esa Escuela…

 

EL-. ¿Has sentido alguna vez como te robaban tus sueños, tus ilusiones? ¿Te has sentido alguna vez humillada? A mí me temblaba todo el cuerpo. Me sentía observado por todo el mundo. Y hablaban. Hablaban de mi incluso sin conocerme. ¿Pero, quién soy yo? Tú misma me lo has preguntado antes. ¿Quién soy yo? ¡Ayúdeme! ¡Ayúdeme!

 

A-. ¡Vamos cuéntale!

 

B-. Siempre con secretitos. ¡Habla!

 

A-. No puedes guardar tantos secretos ¿Eso tiene que ser malo?

 

B-. Eso mismo pienso yo.

 

EL-. No sé por dónde empezar.

 

A-. ¿Cómo qué por dónde? ¡Por el principio!

 

B-. Claro, por el principio.

 

A-. Una profesora te ofreció producir una de sus obras de teatro. En realidad lo que quería era promocionar a su propio sobrino. Di la verdad. ¡Te utilizó!

 

B-. ¡Te utilizó!

 

A-. Al principio todo eran parabienes. Esta gente del teatro y su gran utopía.

 

B-. Toda utopía. Utopía.

 

A-. Te dejaste llevar por esas ganas tuyas de hacer… Y tanto soñó la lecherita que el cántaro se rompió.

 

B-. ¡El cántaro se rompió!

 

A-. Cuando la obra se estrenó te dieron la patada.

 

B-. ¡Te dieron la patada! ¡Ay qué hombre más tonto!

 

A-. ¿Pero tú que pensabas que, alguien con un Premio Nacional de Teatro, y una larga trayectoria como profesional, iban a confiar en ti?

 

B-. ¡Eso!

 

A-. En esa escuela te creíste alguien importante. ¡El gran productor! ¿Recuerdas que estaba siempre en la cafetería y todo el mundo quería que el señorito le llevara su proyecto final de carrera?

 

B-. Lo recuerdo. Lo recuerdo.

 

A-. Hasta que apareció…

 

B-. Hasta que apareció…

 

EL-. Era mi mejor amigo. Con él formé una pequeña productora con la que intentábamos distribuir cualquier espectáculo que nos interesara y que surgiera de la propia escuela…

 

A-. Al principio parecía buen tipo…

 

B-. Si. Es verdad. Buen tipo.

 

A-. Cuidado con los tipos amables. Son los peores. Siempre tienen doble cara.

 

B-. Doble cara.

 

A-. ¿Por qué eres tan confiado con la gente?

 

B-. Cierto, cierto.

 

EL-. No se… siempre me ha pasado igual. He sido un ingenuo. Creo que todo el mundo es como yo. Y no es así.

 

A-. Tú involucraste a tu amigo en la producción de la profesora y su sobrino. Primer error.

 

B-. ¡Gran error!

 

A-. Y ahí comenzó todo. Querías hacer demasiadas cosas en poco tiempo. El que mucho abarca…

 

B-. Al entrar tu amigo tuviste que cambiar todos los contratos para reducir gastos. El quería ganar dinero a toda costa.

 

A-. Algo que tampoco es malo. Pero tú dabas la cara. Tuviste que hablar con todos los actores para rebajar sueldos. Y él siempre detrás.

 

B-. Siempre detrás…

 

EL-. Yo confiaba en él.

 

A-. Comienza la gira, y no hay dinero para pagar a los actores.

 

EL-. Me decía que los ayuntamientos se estaban retrasando en los pagos…

 

A-. En realidad el dinero se lo estaba quedando él. Toda la pasta. Y tú dando la cara. Hasta que llegó la primera denuncia…

 

B-. Y después otra… Y otra. Toda la compañía. Las facturas a tu nombre. Y el número de cuenta el suyo…

 

A-. Si te acuestas conmigo digo la verdad…

 

EL-. ¿Qué verdad?

 

A-. Que no tienes el dinero. Mira que fácil. Pasas una noche conmigo y todo se olvida.

 

EL-.  ¿Pero qué dices?

 

A-. Todo es cuestión de probar.

 

PSICÓLOGA-. ¿Aceptó el chantaje de su amigo?

 

EL-. En un primer momento no…

 

B -. ¡Este tío es un ladrón! Se veía venir. Ni siquiera les ha pagado a los actores. Menudo jeta. ¿Pero quién es este tipo realmente? ¿Qué hace en esta escuela?

 

A-. A mí me han dicho que ya lo ha hecho otras veces. Me lo contaron ayer. Donde va, va dejando cadáveres. Me han contado que ni sus propios compañeros de clase le hablan. ¿Has leído lo que comentan en el Foro de internet de la escuela?

 

B-. Si por supuesto. Yo lo he dejado como página de inicio en los ordenadores de la biblioteca. ¡Qué se entere toda la escuela! Y todavía tiene la jeta de sentarse en la cafetería. No me extraña que esté solo. Si nadie alrededor. ¿Te das cuenta como lo mira la gente?

 

A-. Me contaban ayer que se ha quedado con toda la recaudación de la taquilla. Más de treinta mil euros.

 

B-. Y mientras todo el mundo trabajando gratis para el señorito.

 

EL-. ¡Mentira! ¡Mentira! ¡No…! ¡No sabía cómo parar todo aquello! Recuerdo el momento de entrar en la escuela. El temblor en las piernas. Me sentía culpable. ¿Y en realidad era culpable? Pude llegar a ser alguien en mi profesión… Me arrebataron mis sueños, ilusiones. ¿Crees que podré recuperarme? Digámoslo al estilo de Shakespeare: ¿Podré recuperar mi honor? Desde hace más de cinco años no sé quién soy. ¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo? Lo abandoné todo. ¡Todo! Pensé que así podría olvidar…

 

PSICÓLOGA-.  ¿Y entonces apareció Ella, su pareja?

 

EL-. Si… Sólo pienso en el momento en que se rompió el cristal… En esa ventana… En ese instante… ¡No puedo más! ¡No quiero seguir así! ¡Necesito saber qué me pasa! ¿Por qué ocurrió? Dormir… Dormir y olvidarme de todo lo que me rodea…

 

A-. Pero cuéntale que pasó después…

 

B-. Cuéntale lo que pasó antes de conocer a la chica…

 

PSICÓLOGA-. ¿Su amigo le volvió a pedir sexo a cambio de evitar esas burlas sobre usted?

 

A-. ¡La verdad!

 

B-. ¡La verdad!

 

EL-. Si.

 

PSICÓLOGA-. ¿Y qué ocurrió?

 

A-. ¡La verdad! ¡Vamos confía en ti mismo! ¡La verdad! ¡Debes hacer la prueba!

 

B-. ¡Vamos! ¡Confía en ti mismo! ¡Haz la prueba!

 

EL-. Olvidar, olvidar… Huir… Ahora sólo puedo gritar. Gritar hasta perder el sentido… A veces siento como si hubiera otra persona dentro de mí… Me paraliza completamente. Todo lo hago como un autómata. Necesito solucionar este problema… Aunque ahora sea demasiado tarde… Ella no va a volver…

 

PSICÓLOGA-. Siga hablándome de ese amigo suyo… ¿Qué pasó?

 

EL-. ¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo?

 

A-. ¡La verdad! ¡Confía! ¡Debes hacer la prueba!

 

B-. ¡La verdad!

 

PSICÓLOGA-.  ¿Aceptó el chantaje de su amigo?

 

A-. ¿Qué pasó la noche que estuviste en su casa? ¿En su habitación?

 

B-. ¿Qué pasó esa noche en su habitación?

 

EL-. Acepté su trato. Una noche con él a cambio de la verdad. De esta forma podría recuperar mi dignidad. Estábamos en su habitación. Me desnudé… Y empezó a tocarme… Yo me arrepentí… Cogí mi ropa… Quería salir de esa casa… Me empujó y caí al suelo… Me agarró los brazos, me hacía daño en las muñecas… Primero me metió el dedo y después…

 

PSICÓLOGA-. ¡Tranquilícese! ¡Por favor tranquilo! ¡Yo estoy aquí para ayudarle! ¡Cálmese! Así… Mucho mejor… ¿Se encuentra bien…?

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA-. ¿Había mantenido relaciones sexuales antes con un hombre?

 

EL-. No.

 

A-. ¡La verdad!

 

EL-. Bueno…

 

B-. ¡La verdad!

 

EL-. Nunca antes de esta forma…

 

PSICÓLOGA-. Nunca antes con penetración.

 

EL-. No.

 

PSICÓLOGA-. ¿Se solucionó entonces el problema? Recuperó usted… su… honor…

 

EL-. No… En el foro de la escuela publicaron fotos mías en las que aparecía desnudo y un video…

 

PSICÓLOGA-. ¿Ha hablado de esto antes con alguien?

 

EL-. Nunca.

 

PSICÓLOGA-. ¿Ni siquiera con su pareja?

 

EL-. Con nadie.

 

PSICÓLOGA-. ¿Dígame…? ¿Fue en ese momento cuando intentó suicidarse por primera vez?

 

EL -. Si…

 

HERMANA-. ¿Tú te das cuenta de lo que estás haciendo? ¡Mírame! ¡Mírame! Acabas de llegar y ya le cuentas todo. Tú como siempre. Contando tu vida y tus cosas al primero que pase y a tu familia nada. Porque a mí últimamente no me cuentas nada.

 

EL -. Si mi hermana estuviera aquí diría que le estoy contando demasiadas cosas personales.

 

PSICÓLOGA -. Está con el médico. Y a un médico se le debe contar todo. Y en nuestro primer encuentro, ya pactamos que necesitaba sinceridad por su parte, ¿no? ¿De verdad no ha hablado durante este tiempo con alguien de lo que le ocurrió?

 

EL -. No.

 

PSICÓLOGA -. ¿Ni siquiera con su hermana?

 

EL -. No.

 

PSICÓLOGA -. Cuando mencionaba a su hermana pensaba que ella había sido la elegida para guardar todos sus secretos. Porque es una persona que usted valora, y su juicio y consejos podrían servirle de gran ayuda.

 

HERMANA-. Sabía que te había ocurrido algo. Siempre lo supe. Algo me decía que no estabas bien… ¿Por qué no confiaste en mí?

 

EL -. Mis padres y mi hermana me han insistido para que les contase la verdad. Sobre todo mi hermana. Decían que era por mi bien. Que querían ayudarme.

 

HERMANA-. Siempre intentando ayudar a los demás… A todo el mundo menos a ti mismo.

 

EL-. Yo no quería hablar. En realidad… No podía…

 

HERMANA-. Ahora comprendo porque perdiste tanto peso. Esa delgadez que me preocupaba tanto. Incluso las horas en el gimnasio cuando a ti nunca te interesó… Me has mentido durante todos estos años. ¿Por qué no confiaste en mí?

 

EL-. No podía…

 

HERMANA-. Yo hubiera podido ayudarte… Entre los dos podríamos haber solucionado cualquier problema… Como cuando éramos niños… ¿Te acuerdas?

 

EL-. Con mi familia hice lo de siempre. Engañarles, con cualquier excusa para que preguntasen lo menos posible… 

 

HERMANA-. Me has mentido durante todos estos años… No te reconozco. Y tampoco te comprendo.

 

EL-. Ese cristal… Esa ventana… La veo a ella en todas partes… Escucho continuamente su voz…

 

PSICÓLOGA -. Ya que mezcla usted los temas… Hablemos de ella, de su pareja… ¿Qué sucedió esa tarde…?

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA-. ¿A mí tampoco me lo quiere contar…? ¿Perdió usted el control de la situación…?

 

EL -.  ¡Sigamos con el juego!

 

PSICÓLOGA -. De acuerdo… Ya que no quiere hablar de esa tarde cambiemos de tema… ¿Ha vuelto a valorar la posibilidad de intentar suicidarse?

 

EL-. ¡Sigamos con el juego! ¡Sigamos con el juego!

 

PSICÓLOGA -. Por favor…

 

EL -. Yo ya te he respondido a bastantes preguntas. ¡Sigamos con el juego!

 

PSICÓLOGA -. ¡Dígame la verdad, por favor! ¡Es importante!

 

EL-. Ahora me toca a mí preguntar. Así son las reglas.

 

PSICÓLOGA-. ¡Después continuamos con el juego!

 

EL-. ¡No voy a continuar hablando, si no me respondes! ¿Llevas mucho tiempo con ese novio tuyo?

 

PSICÓLOGA -. Respóndame, por favor. ¿Ha…?

 

EL -. ¡Hija de puta! ¡No te voy a contestar! ¡No me sale de los cojones hablar más! ¡Aceptaste el juego de preguntas! ¡Vete de aquí! ¡Déjame en paz! ¡Hija de puta! Siempre me pasa igual. Todos os reís de mí. ¡De mí! Estoy harto de encontrarme con gentuza. El cabrón de mi amigo… ¿Sabes lo que hizo? ¿Sabes lo que hizo después de follarme? El muy hijo de puta diciéndome que los ayuntamientos se estaban retrasando en el pago de los cachés, y yo mientras  tuve que pagar los sueldos de la compañía. Mes a mes. ¡Mes a mes! Hasta que me enteré que este tío se estaba quedando con la pasta para invertirla en otras producciones de teatro. Sus producciones fallaron y se comió lo mío y lo de él. Cincuenta mil euros que me debe. ¡Dos años llevo esperando que salga el juicio!

 

PSICÓLOGA -. Necesito sinceridad por su parte. ¡Al menos sea sincero conmigo! Es la única manera en que podré ayudarle.

 

EL -. ¡Tú no estás aquí para ayudarme! ¡No seas hipócrita! ¡A ti te pagan por ayudarme! ¡Cabrona! ¡Te pagan por ayudarme!

 

PSICÓLOGA -. Acepte su fracaso. Acéptese a usted mismo. Sólo así podrá romper sus bloqueos.

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL -. ¿Llevas mucho tiempo con ese novio tuyo?

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA -. ¿Usted no se cansa nunca de insistir?

 

EL -. Después de lo que le he contado, al menos, merezco un pequeño premio. ¡Un pequeño premio!

 

PSICÓLOGA -. Seis años. Y no es mi novio. Es mi marido.

 

EL -. ¿Se conocieron en la universidad?

 

PSICÓLOGA -. Si… Y ahora hábleme de ella.

 

ELLA -. ¿Qué tal la reunión con el abogado? ¿Tienes mañana el juicio?

 

EL -. Lo han vuelto a retrasar.

 

ELLA -.  ¿Y por qué?

 

EL -. El abogado le había pedido la contabilidad de su empresa. Se lo había pedido en la vista de conciliación. Hace seis meses.

 

ELLA-. ¡Baja la voz por favor, que no estamos en casa!

 

EL-. El muy cabrón se las entregó al juez ayer, alegando, que el retraso se debía a un fallo informático. ¡No te jode!

 

ELLA-. ¡Qué bajes la voz!

 

EL-. Y claro, el juez ha retrasado el juicio.

 

ELLA -. Nos tocaba entrar en la consulta hace un rato, pero como no venías le dicho a la enfermera que ya la avisaría.

 

EL -. Y mira que lo sabía…

 

ELLA-.  ¡Te he llamado al móvil!

 

EL-. Desde el primer momento sabía que no podía fiarme de él.

 

ELLA -. ¡Tranquilízate por favor! ¡Y baja la voz que se va enterar todo el hospital!

 

EL -. ¡Vámonos! ¡Vámonos!

 

ELLA -. ¿No quieres entrar ahora? ¡Lo sabía! ¡Lo sabía!

 

EL -. ¡Vámonos!

 

ELLA-. Es que si no vamos nos pasan la cita al mes que viene y a mí…

 

EL-. ¡Vámonos!

 

ELLA-. ¡Escúchame! Ya sé  que ahora no es el momento… Pero me gustaría hacerlo todo cuanto antes. Por no dejarlo pasar más tiempo.

 

EL -.  Y el abogado sólo me dice que tenga paciencia, que la justicia en este país es así.

 

ELLA -. ¡Escúchame! ¡Préstame un momento de atención!

 

EL -. ¡Déjame! ¡No me agobies con el puto ginecólogo! ¡No tengo cabeza para otra cosa!

 

ELLA -. Vale, vale… Lo siento. Pero es que para mí la consulta con el ginecólogo también es importante…

 

EL -. Cada cosa en su momento.

 

ELLA -. Perdona, ya te he pedido disculpas, ¿no?… Tampoco tengo que ponerme de rodillas… Haremos, como siempre lo que el señor diga.

 

EL -. Compréndeme por favor… Lo siento…

 

ELLA-. (…)

 

EL-. (…)

 

ELLA -.  ¿Y…? ¿No te ha dicho en cuánto tiempo se puede solucionar?

 

EL -. Pues una vez que se celebre la primera vista oral, y hasta que obtengamos una sentencia definitiva, al menos dos años. Si él pierde el juicio va a recurrir y sí lo perdemos nosotros también.

 

ELLA -. ¿Y qué vamos a hacer mientras tanto?

 

EL -. Pues pagar. No queda otra.

 

ELLA -. Como si no tuviéramos nada más que pagar. Este mes apenas hemos llegado para la hipoteca, las tarjetas y el préstamo. Y aún falta por venir el gas y el teléfono.

 

EL -. No te preocupes. Todavía queda algo de la subvención. El problema va ser cuando se acabe.

 

ELLA -. ¡Pues tendrás que buscar otro trabajo!

 

EL -. ¡Ya lo sé! ¡Eso me queda claro desde hace tiempo! ¡Y por favor no empecemos con ese tema!

 

ELLA -. ¡Es qué no haces nada por encontrarlo! Sólo tus clases y tu teatro. ¡Tus clases y tu teatro!

 

EL -. ¡Eso no es verdad! ¡No es fácil encontrar un trabajo de media jornada o de fines de semana en una ciudad tan pequeña! ¡Si hasta para servir copas en un bar contratan antes a mis alumnos que a mí! Empezaré por dejar de pagar el autónomo, no sé, llegaré a un acuerdo con la asesoría para no tener que pagarles todos los meses. ¡Es lo único que se me ocurre ahora!

 

ELLA-. Eso no es suficiente. ¡Y tú lo sabes!

 

EL -. Dejemos este tema por favor. No tengo ganas de discutir.

 

ELLA-. ¿Y cuándo es el momento?

 

EL -. ¡Por favor! ¡Te lo pido por favor!

 

ELLA-. ¡Estoy harta! ¡No puedo más!

 

EL -. ¡Tengamos la fiesta en paz!

 

ELLA-. ¡No quiero!

 

EL -. ¡Basta!

 

ELLA-. Así lo solucionas todo… ¡Y deja de montar el espectáculo! ¡Qué nos está mirando todo el mundo!

 

EL -. ¿Qué ha pasado esta mañana? ¿La señorita ha ido al banco y no puede sacar ni veinte euros para comprar su tabaco y tomarse sus cafés? ¡Porque ese es tu problema! ¡Mientras que la tarjeta te de todo perfecto!

 

ELLA -. Para eso trabajo y gano dinero. ¡Para gastármelo en lo que me dé la gana!

 

EL -. Claro como lo mío no es trabajar…

 

ELLA -. ¡No estoy diciendo eso!

 

EL -. ¿Ah no?

 

ELLA -. ¡No!

 

EL-. (…)

 

ELLA-. (…)

 

EL -. No quiero tener un hijo… No quiero tener un hijo. No es buen momento. Ya lo hemos intentado. Sabemos dónde está el problema. Y no es el momento.

 

ELLA-. (…)

 

EL-. (…)

 

ELLA -. ¿Y cuándo será el momento?

 

EL -. Dame tiempo. Un año. Mientras se soluciona lo del juicio. Si hasta mi hermana te lo dijo que tener hijos ahora de golpe era una locura.

 

ELLA -. De todo se sale. Mis padres nos criaron a mi hermana y a mí. Y tampoco es que anduvieran sobraos de dinero. Todo esto de si la bañerita, el calienta leches. Mi madre nos lavaba en un barreño y no había tanta tontería como ahora. Además mi prima puede prestarnos el cochecito y la cuna.

 

EL -. No se trata de eso. No quiero encontrarme con dos hijos debiendo toda esta pasta. Sabemos dónde está el problema… Ya lo hemos intentado, ¿no? Pues dejemos pasar un poco de tiempo. ¡Y ya está!

 

ELLA -. De aquí a que lo de la inseminación funcione y tengamos al crio puede pasar más de un año. Y a lo mejor ya tienes lo del dinero solucionado.

 

EL -. Necesito tiempo. Sólo un poco más de tiempo.

 

ELLA -. ¿Y yo? ¿Y mi tiempo? No puedes dejar de pensar en el teatro y pensar un poquito en mí.

 

EL -. No me entiendes, no me entiendes…

 

ELLA -. Claro, yo nunca te entiendo. A ti la única que te entiende es tu hermana. Sólo hablas con ella y a mí no me cuentas nada. Me tengo que enterar de lo que te pasa siempre tarde.

 

HERMANA -. ¿Te dijo eso?

 

EL -. Si. No es la primera vez… Creo que está celosa de ti.

 

HERMANA -. ¡Qué fuerte! ¿No?

 

EL -. Ella no tiene relación con su hermana. A veces me dice que qué  tengo que hablar contigo tantas veces por teléfono.

 

HERMANA -. ¿Pero tú no le cuentas a ella tus cosas?

 

EL-. Claro. Siempre se las cuento, ya sabes cómo soy.

 

HERMANA-. Si pero siempre hablas de los demás… Y nunca de ti. Tienes que tener cuidado…

 

EL-. ¿Por qué?

 

HERMANA-. No me gusta cuando te pones así.

 

EL-. ¿Así cómo?

 

HERMANA-. Con ese carácter. No te controlas. Tienes que evitarlo con ella. Un día os vais a faltar el respeto y vais a tener un problema.

 

EL-. Es que no me entiende. Yo sólo le digo que retrasemos un año lo de tener un hijo…

 

HERMANA-. De acuerdo, si todo eso me parece muy bien. Pero la próxima vez antes de gritar o dar un golpe coges la puerta y te vas.

 

ELLA -. Estoy harta del puto teatro. Te juro que no vuelvo a ver una función en mi vida.

 

EL -. No digas tonterías.

 

ELLA -. Joder es que estamos siempre igual. ¿Pero no te das cuentas de que el teatro no te da para vivir? Si siempre que haces algo pierdes dinero. Llevo años escuchando lo mismo.

 

EL -. Como si mi trabajo fuera nuestro único problema.

 

ELLA -. Estoy cansada de tirar siempre yo del carro.

 

EL -. Esa es una obligación que te has impuesto tú misma. Ahí no tengo nada que ver. ¡Entra tu sola a la consulta! ¡Me voy…!

 

ELLA-. (…)

 

EL-. ¡Todo está relacionado! Todos los problemas parten del mismo lugar. Como en una espiral…

 

PSICÓLOGA-. ¿Cómo ha pensado salir de esa espiral que me comenta…?

 

EL -. Ahora te toca responder a ti.

 

PSICÓLOGA -. ¿Cree realmente que el suicidio es la única forma de solucionar sus problemas?

 

EL -. ¿De verdad estás casada?

 

PSICÓLOGA -. (Resignándose.) Si. ¿Le extraña?

 

EL -. No, sólo que me parece demasiado joven para estarlo. ¿Has tenido hijos?

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA -. Sólo uno… Una niña…

 

EL -. ¿Y la niña está en ese pequeño pueblecito costero con su padre?

 

PSICÓLOGA -.   (…) ¡Se acabó el juego!

 

EL-. ¿No me digas que has permitido que tu niña viva con su papá?

 

PSICÓLOGA -.  (…)

 

EL-. ¿Eres una mala mamá?

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-. ¡Eso es! Eres una mala mamá y su papá tiene la custodia. Déjeme adivinar cómo fue historia… ¿Quiere qué juguemos de nuevo?

 

PSICÓLOGA -.  (…)

 

EL-. No quieres que hablemos del  asunto. ¿Qué ha sucedido? Vamos, cuéntemelo…

 

PSICÓLOGA-. (¡Hasta la próxima semana! ¡Por hoy hemos terminado!)

 

EL-. ¿El papá no deja que la mamá hable con su niña? Mala mamá, mala mamá, mala mamá…

 

PSICÓLOGA-. ¡Cállese! ¡Mi niña está muerta, imbécil! ¡Mi niña está muerta…! Mi niña…

 

Largo silencio.

 

EL-. Soy una mierda…. Me equivoqué… Lo siento…

 

PSICÓLOGA -. No importa. Usted no tenía porque saberlo.

 

EL-. Lo siento… ¿Podríamos vernos mejor dos veces cada semana?

 

PSICÓLOGA -. ¡No! ¡Eso no es posible!

 

EL-. ¿O estar más tiempo en cada visita?

 

PSICÓLOGA-. Eso no sería positivo para nuestra terapia.

 

EL-. ¡La necesito! ¡Ayúdeme por favor!

 

PSICÓLOGA-. Créame, yo sólo quiero ayudarle. Puedo entender muy bien cómo se siente…

 

EL-. Entonces quédese conmigo.

 

PSICÓLOGA-. Es todo por hoy. Deseo que el próximo día juegue menos conmigo y colabore un poco más. En nuestra próxima sesión intentaré traerle de nuevo la prensa del día.

 

EL -. ¡Ayúdeme por favor! ¡Necesito saber quién soy! ¡Ayúdeme! ¿Quién soy yo?

 

 

 

 

 

2

 

PSICÓLOGA -. Primer informe del departamento de psicología penitenciaria sobre el preso número… para el juzgado de instrucción nº 5 de la ciudad de…

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EL -.  “¡Los actos criminales surgirán a la vista de los hombres, aunque los sepulte toda la tierra!”.

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PSICÓLOGA -.  Tras dos encuentros con el preso recomiendo el traslado inmediato del mismo a un centro psiquiátrico durante el transcurso de la causa por la que está siendo juzgado. Su estancia en este centro penitenciario podría provocar una depresión endógena aguda teniendo como principal consecuencia…

——————————————————————————————————————-EL-. “Ser o no ser: he aquí el problema. ¿Qué es más levantado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante Fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndolas frente, acabar con ellas? ¡Morir…! ¡Dormir, no más! ¡Y pensar  que con un sueño damos fin al pesar del corazón…!”.

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PSICÓLOGA-. Soy yo otra vez… Este es el tercer mensaje que te dejo hoy en el móvil…  Sigo un poco nerviosa… No me acostumbro a trabajar en una cárcel.  Las relaciones con mis colegas son muy frías y no se cansan de darme consejos sobre las normas que debo mantener con los presos… También necesitaba oírte… Te imaginarás el por qué… Aunque ya no estemos juntos, quería hablarte de nuestra hija…

EL-. “Morir… Dormir. ¡Dormir! ¡Tal vez soñar!…  ¡Sí, ahí está el obstáculo! Por qué… Quién aguantaría los ultrajes y  desdenes del mundo, la injuria del opresor, la afrenta del soberbio, las congojas del amor desairado, las tardanzas de la justicia y las insolencias del poder, cuando uno mismo podría procurar su reposo con un simple estilete…”.

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PSICÓLOGA-. Intento no pensar en ella. Evadirme con el trabajo. No sé cómo explicártelo… Siento que no me has perdonado. Y eso me hace sentir más culpable. Tendría que haber cerrado esa ventana. ¿Pero cómo iba a suponer yo…? No tuve tiempo de reaccionar, y la niña… Mi niña… Todo esto te lo he contado otras veces, pero hoy es diferente…

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EL-. “La conciencia hace de todos nosotros unos cobardes…”. Fue un accidente… Yo no quería… Fue un accidente…

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PSICÓLOGA-. Fue un accidente… Mi niña… Fue un accidente…

 

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3

EL-.  ¡Mamá!

 

HERMANA -. ¡Mamá!

 

EL-. ¡Mamá!

 

HERMANA-. ¡Mamá!

 

EL-. Lo he perdido….

 

A-. Lo he perdido…

 

EL-. Lo he perdido todo.

 

B-. Lo he perdido todo.

 

A-. ¿Te das cuenta?

B-. ¿No?

A-. Le ha contado toda la verdad.

B-. Ah ya comprendo…

EL-. Mi amor. Amor…

 

ELLA-. Mi amor. Amor…

 

EL-. Mi vida…

 

ELLA-. Mi vida…

 

A-. Ahora pensará que eres un puto maricón.

B-. ¡Puto maricón!

EL-. ¡Déjame en paz!

A-. ¿Por qué no le has contado toda la verdad?

EL-. ¡Qué verdad!

B-. Vamos…

A-. ¿Ya no te acuerdas?

 

 

EL-. ¡No quiero mirar por la ventana!

 

A-. ¡No quiero mirar por la ventana!

 

EL-.Lo he perdido todo… Mi vida…

 

B-. Lo he perdido todo…

 

A-. Esa noche… Al principio gritabas de dolor… pero después…

B-. Después…

A-. Después te terminó gustando…

EL-. ¡Eso no es verdad! ¡Eso no es verdad!

A-. Ahora pensará que eres un puto maricón.

B-. ¡Maricón! ¡Maricón!

EL-. Yo no soy así… Yo no soy un… Yo no…

 

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PSICÓLOGA -. Le he traído varios periódicos.

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA-. (…)

 

EL-.  (…) Gracias… En este lugar es difícil conseguirlos.

 

PSICÓLOGA -. ¿Todavía no se ha acostumbrado?

 

EL-.  No… Hoy estás diferente…

 

PSICÓLOGA-. Puede vestirse por favor…

 

EL-. Hoy es una persona diferente. Más juvenil… Más…

 

PSICÓLOGA-. Vamos a dejarnos de jueguecitos. Me gustaría centrarme hoy en su relación de pareja. ¿Cómo la conoció?

 

EL-. En unos cursos de verano. Hoy eres una persona diferente.

 

PSICÓLOGA-. ¿Cómo iniciaron su relación?

 

EL-. Durante el mes que duró el curso quedábamos casi todas las noches. Al principio los dos sólo buscábamos sexo; y después, al finalizar el curso nos planteamos vivir juntos.

 

PSICÓLOGA-. Hábleme de su relación a partir de ese momento.

 

A-. ¡Demuéstrale que eres un hombre!

 

B-. ¡No te lo pienses!

 

EL-. Deberías vestirte así todos los días. Me gusta mucho.

 

PSICÓLOGA-. Eso se lo dirá usted a todas.

 

EL-. No. Aquí a la única mujer que veo es a usted. Y no te lo diría, si realmente no lo pensase.

 

PSICÓLOGA-. Comenzaron a vivir juntos y…

 

A-. ¡Vamos! ¡Sin miedo!

 

B-. ¡Demuéstrale quien eres!

 

EL-. ¿Has vuelto a cambiar de perfume?

 

PSICÓLOGA-. Por favor… Ya le dije…

 

EL-. A mí también me gustaría saber cuando conoció a su marido. Así son las reglas del juego. Tú preguntas, yo contesto, yo pregunto y tú contestas.

 

PSICÓLOGA-. Esas reglas son las suyas no las mías. No me gustaría desaprovechar estos cuarenta minutos en estas tonterías.

 

La  Psicóloga anota en un cuaderno.

El la observa cada vez con más ansiedad.

 

A-. No te lo pienses más…

 

B-. ¡Vamos! ¡Lánzate!

 

EL-. (…) Los problemas comenzaron desde el principio. Sobre todo con su familia. Más bien con su madre.

 

(PSICÓLOGA-. ¿Por qué?

 

EL-. Al dedicarme a esto del teatro, su madre comenzó a decirle que lo nuestro iba a fracasar, que no tenía futuro, que yo era un tipo sin blanca y que la iba a arruinar. Que ella conmigo iba a echar a perder su vida.)

 

El no controla su respiración, su cuerpo.

La Psicóloga continúa anotando en un cuaderno.

 

PSICÓLOGA-. ¿Eso afecto a su relación de pareja?

 

EL-. Mucho. Ella no me confiaba los miedos que le transmitía su familia. Y en el momento de cualquier discusión…. ¡Boom! ¡Saltaba la bomba!

 

PSICÓLOGA-. Entiendo.

 

De repente, El se abalanza contra ella.

La Psicóloga comienza a gritar, intenta apartarlo de su cuerpo.

El la fuerza… Está fuera de control…

 

EL-. ¡Sólo quiero besarte…! ¡Déjeme besarte…!

 

PSICÓLOGA-. ¡Suélteme! ¡Por favor…! ¡Déjeme…! ¡Suélteme! ¡Por favor! ¡Déjeme! (…) ¿Así fue como la mataste? ¡Cabrón! ¿Así fue como la mataste? ¿Así fue como la mataste?  ¿Primero la violaste? ¿Y después la mató? ¡Contéstame! ¿O la empujaste directamente desde la ventana?

 

EL-. (…)

 

PSICÓLOGA-.  (…)

 

El-. Yo no la maté… ¡Yo no la maté! Fue un accidente… ¡Soy inocente! ¡Yo no la mate! Discutíamos… Los dos… Forcejeamos… Ella me empujó, yo la empujé… Y entonces… El cristal se rompió… Yo no la pude coger… ¡Lo intenté! ¡Te juro que lo intenté! ¡Yo la quería! ¡Yo no soy un maltratador! ¡Jamás le he pegado a una mujer! ¡Discúlpame! ¡Discúlpame! No sé qué me pasa… ¡Discúlpame! ¡Lo siento! Hay algo en mí que no puedo controlar…

 

PSICÓLOGA-. ¡Tranquilícese!

 

EL-. ¡Discúlpeme! ¡Discúlpeme! ¿Qué saben de mí esas gentes? ¿Qué saben de mí esos periódicos? ¿Qué sabes tú de mí? Hoy ha aumentado el número de víctimas, una mujer ha muerto tras caer desde un séptimo piso, su marido se entregó a la policía de forma inmediata.  ¿Qué saben ellos? Etiquetan. Sólo Etiquetan. Así llevo desde hace muchos años. Cada cierto tiempo con una etiqueta… Primero de estafador, de ladrón, de homosexual, y ahora esto… ¡Discúlpeme por favor! Yo… ¡Lo siento!

 

PSICÓLOGA-. Le creo… De verdad que creo en lo que usted me dice…

 

EL-. ¿Pero quién soy yo? ¡Dímelo tú! ¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo? ¡Abrázame, por favor! ¡Abrázame! ¡Abrázame! ¡No me dejes solo! ¡Ayúdame a salir de aquí! ¡Necesito recuperar mi vida! Yo ya no tengo futuro… Solo presente…

 

EL se abraza fuertemente a la PSICÓLOGA.

La PSICÓLOGA intenta no implicarse demasiado con su paciente.

EL comienza a besarle la manos con mucha ternura. Con una gran delicadeza…

La PSICÓLOGA no puede controlarse… Necesita ese abrazo y esos besos…

 

ELLA-. Eres tan diferente a otros hombres… Me encanta que rompas mi monotonía… Te quiero. Te quiero. Te quiero… No podría vivir sin ti… Me gusta que me abraces por la noche, mientras duermo… Siento que contigo no me puede pasar nada… Soy tan feliz…  Te quiero. Te quiero. Te quiero. ¿Y tú…? ¿Me quieres…?

 

EL -. ¿Quién me salvará a mí, ahora, después de todo esto? 

 

PSICÓLOGA-. ¿Quién nos salvará a nosotros ahora?

TRES RUBIAS EN EL GYM

Tres amigas en un gimnasio. En el momento que comienza la acción están en la bicicleta estática.

 

CARLA-. ¡Veinticinco minutos! ¡No menos de veinticinco minutos!

NORMA-. Yo he vuelto a engordar. Ese par de kilitos que van y vienen me tienen loca. Suben y bajan. Suben y bajan. Y así cada mes…

LARA-. ¿No oléis raro?

CARLA-. Tú y tus olores. Siempre estás igual…

NORMA-. ¡Ay chica! Vamos a tener que traer y llevar espray quita olores en el bolso, cuando estés con nosotras… Todo te huele raro…

CARLA-. A ver si va ser el olor sudor del cachas de enfrente.

LARA-. No sé… Pero se huele raro…

NORMA-. A mí lo que me gustaría es tener al cachas entre mis brazos, y dejarme hacer…

            Todas ríen.

LARA-. Carla, ¿qué querías contarnos?

NORMA-. Si chica, que me dejaste preocupada… Lo ibas a contar hoy en el gym…

CARLA-. (Haciéndose la interesante.) Tenemos que ayudar entre las tres a una buena amiga.

LARA-. ¿A quién?

CARLA-. De momento no diré el nombre… Pero es muy amiga de las tres.

NORMA-. Ay chica para que tanto secretismo…

LARA-. No será a Chuchi… ¿Sabéis que el marido se ha ido con otra?

NORMA-. ¡No me digas! ¡No sabía nada!

LARA-. Fue todo de un día para otro. El marido llevaba con otra más de dos años… Más joven, ya os podéis imaginar…

NORMA-. Ay chica, los hombres son todos iguales.

CARLA-. ¡No se trata de Chuchi!

NORMA-. Ay que cansancio… Y eso que acabamos de empezar… Yo no voy a aguantar hasta los veinticinco minutos…

LARA-. ¿Y esas moscas? ¿De dónde viene tanta mosca? Ya os decía que olía algo raro… ¿A ver si vienen del baño…?

NORMA-. Con tanta guarra que no tira de la cadena… Este gym ya no es tan chic… Ha perdido clase…

CARLA-. ¡Por favor, prestarme atención! El asunto es delicado…

NORMA-. ¿Y no podíamos haber quedado en el club en vez de tratarlo en el gym?

LARA-. Y siguen esas moscas… No se van…

CARLA-. Quizá no os deba contar nada.

NORMA-. ¡Ay chica no te enfades!

CARLA-. Es que es muy delicado.

LARA-. ¡Qué olor…! ¡Tengo nauseas!

NORMA-. ¡Exagerada…! ¡Huy! ¡Mirad allí! ¡Mirad quién está, con nuestro amigo, el cachas! ¿No es la hija de Purita? ¡Qué fuerte! Me encanta venir al gym… Aquí se pone una al día de todo… Cuando se entere Purita… Con lo orgullosa que estaba ella de que su hija se fuera a casar con un cirujano del Monte Piedad… Debe estar echando chispas… Claro, que no me extraña… Porque si comparamos al cirujano con el cachas…

LARA-. Norma, esa no es la hija de Purita…

NORMA-. Claro que si… ¡Mírala Lara!

LARA-. ¡Ah sí! ¡Es ella!

NORMA-. Chica estaré un poco tonta, pero no ciega…

LARA-. Yo me hubiera quedado con el cirujano… Este mucho músculo, pero seguro que la tiene pequeña…

NORMA-. ¿Lo dices por experiencia con algunos de aquí?

LARA-. Pues claro…

NORMA-. ¡Ay que joderse con Sor Olores!

LARA-. Se ha ido el olor de antes…

NORMA-. Eso es que han tirado de la cadena… No aguanto yo hoy los veinticinco minutos… ¡No puedo más!

LARA-. Que callada estás Carla.

NORMA-. Con lo entretenido que está el panorama…

CARLA-. Estoy pensativa.

NORMA-. Carla dinos quién es esa amiga y entre todas podremos ayudar.

CARLA-. No tenía que haber dicho nada… He sido una imprudente.

NORMA-. ¿Si es amiga mía me gustaría saber que le pasa, para ayudarle?

LARA-. ¡Norma tiene razón!

CARLA-. ¡Está bien! Perdonad… Estoy tan nerviosa que no sé ni por donde comenzar…

NORMA-. ¡Atención girls! ¡Objetivo identificado a la derecha!

LARA-. ¡No me lo puedo creer!

NORMA-. Ésta vuelve después del botox… Todos los años va a una clínica de París…

LARA-. ¡Es increíble! ¡Pero parece más joven!

NORMA-. Vendrá a lucir su nueva carita de ángel… Todas se acercan para saludarla… ¿Deberíamos de ir nosotras también, no?

CARLA-. ¡De aquí, no se mueve nadie!

NORMA-. ¡Ay chica qué genio!

LARA-. Otra vez ese olor… ¡Qué peste!

NORMA-. ¡Qué pesada Lara, chica! ¡Yo no huelo nada!

CARLA-. ¡Decidido! ¡Os voy a decir quién es!

NORMA-. Si ha bajado hasta el director del gym… Tenemos que reivindicar esto chicas… A nosotras ni nos saluda… Con lo bien que estaría que pudiéramos cazar a uno así…

LARA-. Siempre han existido clases.

NORMA-. ¡Qué injusticia…! ¿Cuánto tiempo nos queda?

LARA-. No se…

NORMA-. ¡Carla! ¿Cuánto tiempo nos queda de bicicleta?

CARLA-. ¡Si no llevamos ni siete minutos!

NORMA-. ¡Solo siete minutos! ¡Yo no puedo más! ¡Estoy agotada!

LARA-. ¡Y yo!

NORMA-. Todas revoloteando alrededor del botox… Envidiosas… Seguro que le están haciendo la pelota… ¡Huy! ¿Y quién es ese maromo que le trae al perrito?

LARA-. Se lo habrá traído de París.

NORMA-. ¡Está buenísimo!

LARA-. Tampoco es para tanto.

NORMA-. Ya te gustaría a ti tener uno así, preparándote el desayuno todos los días. ¡Anda! ¡Si está también Palomita!

LARA-. Nunca me ha caído bien.

NORMA-. Sí es insoportable… Hacía días que no la veía por el gym…

LARA-. Habrá estado de viaje.

NORMA-. Sólo sabe hablar de eso. De sus viajes y de la pija de su niña.

LARA-. La hija es igual que su madre.

NORMA-. Igual de gilipollas… ¿No es esa la hermana de Lolita?

CARLA-. ¿La hermana de Lolita?

LARA-. Si… ¿Cómo se llama?

NORMA-. No me acuerdo chica, no me acuerdo. Pero estoy segura que es la hermana de Lolita

LARA-. ¡Acabo de recordar algo que os tenía que contar!

CARLA-.  ¿Estás segura que es la hermana de Lolita, Carla?

NORMA-. Segurísima. Ya sabes, Carla querida, que tengo vista de lince.

LARA-. ¡Otra vez el olor y las moscas! ¡No lo soporto!

CARLA-. ¡Qué casualidad!

NORMA-. ¿Por qué casualidad, Carla?

CARLA-. Es de Lolita de quien quería hablaros.

NORMA-. ¿De Lolita? ¿Qué le ocurre? ¡No me asustes chica!

LARA-. Yo también tenía que hablaros de ella… Hace dos días que no se sabe nada de ella….

CARLA-. ¡Qué dices!

NORMA-.  Lolita desaparecida… ¿Por qué no lo contaste antes Lara, hija?

LARA-. Me enteré esta mañana en el café…

CARLA-. Sabía que esto iba a acabar así… Se lo advertí… Al final ha terminado marchándose…

LARA-. ¿Tú sabes dónde está?

CARLA-. No… Pero sé porque lo hizo…

NORMA-. ¡Contadme, chicas, me tenéis preocupadísima!

LARA-.  Su marido fue ayer a denunciar su desaparición… Solo se sabe que el día anterior se marchó a su trabajo… Llamó a su marido para decirle que llegaría tarde… y no fue a dormir… En el móvil está ilocalizable…

NORMA-. ¿Qué le habrá pasado? ¡Tengo que llamar a Carlos, a su marido, inmediatamente!

CARLA-. ¡No! ¡Espera!

NORMA-. ¡Hija estás blanca!

LARA-. ¿Te encuentras bien?

CARLA-. No… Vamos a otro lado… Necesito hablar urgentemente con vosotras… Creo saber porque se ha marchado Lolita de su casa… Hace varios días me llamó por teléfono… Quedamos en el café y estuvimos hablando toda la tarde…

NORMA-. ¿Tiene problemas con su marido?

CARLA-. No. No es eso… Vamos a un sitio más privado… A mi casa… Me da miedo que alguien del café pueda escucharnos…

 

            Las tres amigas se bajan precipitadamente de la bicicleta estática y se marchan de escena.

FUNCIÓN DE NOCHE

            La acción transcurre en el camerino de un gran teatro. Robin lo ordena con sumo cuidado. La función de tarde ya ha finalizado.

 

KATE-. (Entrando en escena.) Buenas tardes. ¿El señor Thorton, por favor?

ROBIN-. (Inquieto al escuchar la voz de Kate, no responde de inmediato.) Si… Perdone…

KATE-. Preguntaba por el señor Gerald Thorton… Disculpe si le he asustado… He entrado sin llamar…

ROBIN-. ¿Quién pregunta por él?

KATE-. ¡Oh! Voy con tanta prisa que ni siquiera me he presentado… Soy Kate. Su esposa.

ROBIN-. Lo siento señora Thorton… No nos conocíamos en persona…

KATE-. ¿Usted es Robin, no…? El jovencito ayudante de mi esposo… Me lo imaginé al entrar… Gerald  me ha hablado mucho de usted…

ROBIN-. (Incómodo.) Gerald…. El señor Thorton está en el café del teatro…

KATE-. Me imagino que de reunión de negocios…

ROBIN-. No le podría decir, señora Thorton…

KATE-. Por favor llámeme Kate… Si ambos hemos oído hablar uno del otro… Y trabaja usted con mi marido… Además ahora que han finalizado la gira y van a estar aquí más de tres meses… Nos veremos más a menudo… Me gusta estar muy pendiente de Gerald cuando trabaja… Sólo tiene en su cabeza la función… Yo misma me la sé de memoria… Gerald la repite continuamente en casa… Es un gran actor… Se merece el éxito que está teniendo… Es un gran luchador. Yo le pregunté muchas veces si tanto esfuerzo le merecía la pena. No se crea Robin, gestionar una compañía de teatro es más dificultoso de lo que uno cree. Yo siempre he estado junto a él. Le he dedicado toda mi vida. He celebrado con mi marido el éxito, y le he apoyado en los fracasos… Me encanta ver el cuidado con el que dobla usted la ropa… Gerald me ha dicho que sabe usted también coser y que la plancha se le da de maravilla… La verdad que mi marido ha tenido suerte con encontrarle usted, para mi desgracia…

ROBIN-. Las camisas en la caja roja… Los pañuelos…

KATE-. ¿No le importará que espere a Gerald en su camerino, mientras usted trabaja…? Quiero darle una sorpresa… Estuve viendo la función con unos buenos amigos, y todo han sido grandes elogios… La crítica tiene razón. Es el mejor trabajo de Gerald en años… Y el público está llenando el teatro. Las entradas están agotadas para las próximas semanas.  Me imagino que Gerald estará hablando con el empresario para prorrogar… ¿Sabe Robin, llevo veinte años casada con él? ¡Veinte años! Y parece que fue ayer cuando nos conocimos. ¿Se lo ha contado alguna vez? Se lo pregunto porque siempre termina contándolo todo, nunca ha sabido guardar secretos. En eso es muy diferente a mí. Yo soy más reservada… Decididamente, mi marido es un hombre afortunado al contar con usted. Es muy meticuloso con todo… Debe conocer muy bien a Gerald para saber cómo le gusta tener todo ordenado… Aunque él es un desastre en cuestiones de orden. En casa siempre tengo que ir detrás de él. Todos los días se le pierden las gafas. ¡Nunca las encuentra! A veces es como un niño… Es muy despistado, deja las cosas en cualquier parte, y después no recuerda donde están… Yo le quiero mucho… Le amo… Nunca he dejado de quererle… Y hemos tenido alguna crisis… ¿Usted tiene pareja Robin? La mujer que esté con usted va a ser afortunada, si cuida usted su casa como hace con mi marido… No me responde… Imagino que le estoy molestando. Estará cansado y con ganas de marcharse a su casa. Mañana tienen de nuevo doble función… Gerald me ha contado que ha alquilado usted un apartamento cerca del teatro. Un apartamento pequeño pero con mucha luz, puedo imaginármelo. Deben ser los de la Avenida. Cuando nos conocimos Gerald y yo, estuvimos viviendo en uno de ellos una temporada. A pesar del tiempo que ha pasado no habrán perdido encanto. Además los dueños son gente muy discreta si se les da buenas propinas… Ellos mismos me han comentado que mi marido suele visitarlo a usted con bastante frecuencia… ¿No es cierto Robin?

Breve silencio.

ROBIN-. Suele ir probarse el vestuario…

KATE-. El vestuario…

ROBIN-. Y a… A repasar texto…

Pausa incómoda.

KATE-. ¿Cuántas veces cambian ustedes el vestuario?

ROBIN-. Dos o tres por semana, depende…

KATE-. Mi marido siempre ha tenido un sudor muy fuerte. Suele echar a perder el tejido de las camisas.

ROBIN-. Así es…

KATE-. Lo que no entiendo es lo del texto. Podría hacerlo en casa… De hecho siempre lo ha hecho… Hasta que le conoció a usted… Últimamente Gerald está muy distante conmigo, frío incluso… Llega tarde después de la función, con alguna copa de más, la mayoría de veces champán… No me abraza, no me mira… Cuando ha estado de gira apenas me ha llamado por teléfono. Y cuando lo ha hecho nuestra conversación ha sido de apenas unos minutos…

ROBIN-. Su marido estará al llegar, señora Thorton…

KATE-. Kate, Robin. Llámeme Kate…

ROBIN-. Como le decía, Kate, Gerald estará a punto de llegar y yo ya he terminado mi trabajo, y me gustaría marcharme a casa…

KATE-. ¡Por favor no se marche! Me ha caído usted muy bien. Y tiene usted una conversación muy agradable. No es algo usual encontrar algo así en gente de su edad… Sentémonos… Hablemos. Y tomemos una copa. Seguro que Gerald tiene algo por  alguna parte… Además, creo que le hará ilusión encontrarnos a los dos aquí  hablando tan amistosamente… ¿No lo cree así Robin…? ¡Oh! No ponga esa cara… No es la primera vez que tomo una copa con algún amante de mi marido…

 

            Silencio largo. Kate y Robin mantienen sus miradas.

 

KATE-. ¿Creía usted que no lo sabía…? Hace muchos años que conozco sus escarceos… Y créame Robin, no me importan… No me importan hasta que comienzan a importarme. Y eso es lo que me está ocurriendo con usted… No se preocupe por el dinero… Mañana comience a hablarle de que le han ofrecido otro trabajo, que le pagan más, que es más importante y que no lo puede rechazar… El dinero que le haya prometido Gerald por su nómina, yo lo multiplicare por tres, o por diez si hace falta. Pero antes de la próxima semana lo quiero a usted fuera de este camerino y de la vida de mi marido. He luchado mucho por tener lo que tengo. Y no voy a dejarlo por un capricho… Un capricho… Eso es lo que es usted para Gerald. Nada más.

 

            Robin coge su abrigo y se marcha de escena. Kate abre su bolso, saca un pequeño espejo y comienza a retocarse su maquillaje y peinado. Robin vuelve a aparecer en escena.

 

KATE-. (Atenta sólo a sus retoques.) ¡Oh Gerald mi vida! Pensaba que ya no ibas a venir. Si no fuera porque tu abrigo está todavía aquí, ni te hubiera esperado. Ha sido una función deliciosa cariño. Fred y Margaret se han marchado encantados. Han sido muy amables, han venido a recogerme en su coche a casa, me han invitado a un vino antes de entrar al teatro… ¡Son estupendos! Quieren que vayamos a cenar a su casa cuando acabes con la función, quieren agradecerte el detalle de las invitaciones…

ROBIN-. ¿Siempre es así con su marido?

KATE-. (Sorprendida.) No tengo por qué responderle… ¡Márchese! ¡Gerald está a punto de llegar!

ROBIN-. Hace un momento no le importaba que nos viese juntos.

KATE-. Pues he cambiado de opinión. ¡Qué quiere!

ROBIN-. ¡Sentémonos! ¡Hablemos! ¿Quiere una copa? Gerald tiene una botella de whisky.

KATE-. ¡Qué pretende!

ROBIN-. Mientras nos tomamos esta copa, hacemos tiempo a que llegue Gerald. Será una gran sorpresa vernos juntos… Así podremos preguntarle con quien de los dos quiere pasar la noche…

KATE-. ¡No se atreverá…!

ROBIN-. ¡Claro que lo haré! Después de follarme durante este año a su marido, ya puedo con todo…

KATE-. Hijo de puta.

ROBIN-. A mí en realidad me da asco su marido… Por mi puede quedárselo. ¡Se lo regalo! Sólo estoy con él para subir, para llegar a la cima… Le utilizo para que apoye mi carrera como actor… Alguien como su marido, con tantos años de profesión y con los contactos que tiene, puede apoyar a que un jovencito como yo encuentre su oportunidad para saltar a la fama, y mantenerse en ella un tiempo… Quédese tranquila Kate. A mi Gerald no me importa en absoluto. Digamos que es un eslabón más de una cadena… Después… Cuando consiga mi propósito, habrá otros Geralds en mi vida…

KATE-. No tienes escrúpulos.

ROBIN-. No. No los tengo. Y no me importa reconocerlo… Vamos a hacer un pacto usted y yo. Vamos a pactar que esta conversación no ha existido jamás. Y que por tanto usted y yo, no nos conocemos en absoluto. Yo mantengo entretenido a su marido un poco de tiempo más… Un año más o menos… Y usted espera tranquila a que todo esto pase… Usted cumple su propósito… Yo el mío… ¡Y todos tan contentos!

KATE-. Si Gerald supiese…

ROBIN-. Pero no lo tiene por qué saber… ¿No es así Kate? ¿O quiere que Gerald descubra, que usted, siempre ha conocido su doble vida? Que ha chantajeado y pagado a sus amantes para que lo abandonen.

KATE-. No será capaz…

ROBIN-. Soy capaz de todo. Incluso de arruinar, esta misma noche,  ese matrimonio que usted quiere mantener a toda costa si me lo propongo… Hágame caso… Siga usted tan astuta como me ha demostrado, pero cada uno en el lugar que nos corresponde… Los dos saldremos ganando… Tiene usted mi palabra.

KATE-. ¿De verdad cree que voy a confiar en usted?

ROBIN-. ¿Y qué otra opción le queda, Kate…?

 

            Robin sale de escena.

Carmen La Mandolina o La Larga

 

 

En escena se encuentra Carmen frente a un televisor. Es una anciana de 80 años con la tez muy arrugada. Está en silla de ruedas. Una mantita de cuadros le cubre las piernas.

 

CARMEN-.  ¿Qué hora será…? Seguro que es tarde… ¿Cuándo vendrán a por mí….? ¡Antonia! ¡Dolores! ¡Encarna! ¿Dónde estarán estas crías? ¡Chacha…! ¿Dónde estáis…? Que tenemos que irnos… Que esta gente querrá cenar… ¡Antonia! Siempre le pasa lo mismo… A estas cría se les va el santo al cielo… ¡Dolores…! ¡Chacha…! Ésta estará en la habitación con ese… Con el que viene ahora… El amante… Vamos que hacerle eso a Paco… Cuando venga del trabajo, ¿cómo voy a poder mírale a la cara…? ¡Qué vergüenza! ¡Dolores…! A saber… lo que estará haciendo con ese hombre ahí en la habitación… Yo ni le miro cuando entra por la puerta, prefiero agachar la cabeza…  ¡Ay Señor! ¡Dónde hemos ido a pará!  Con lo que yo he trabajao… Y esta manos… Ahora no tengo fuerzas pa na… Pa na me sirven… Me duelen tol rato… Figúrate Dio mío… A mí que me decían Carmen La Mandolina, porque no paraba ni quieta un minuto… Ay Señor… Sirviendo que estao toda mi vida de aquí pa llá… Y viuda… Y con tres criatura… Madre mía con lo que yo he pasao…  Me iba por la mañana con un pedazo de pan duro en el bolsillo pa comé… Y así hasta la tarde… Cogiendo algodón,  aceituna, sembrando patatas, con er ganao… Ay Señor que vida eta… Tuve un novio, Señor, trece años… Se fue a la vendimia seis meses y cuando volvió ya me había casao yo con otro… ¡Me tenía aburría, coño! Me enamoré de otro y me lié la manta a la cabeza… Un día me lo encontré en un camino, yo pensaba que me tiraba a un algarrobo, que había por allí cerca, pero sólo me dijo: Hola. Hola contesté yo… Y seguí palante mi camino… Creo que no se casó nunca… Mira Manolo Escoba en la tele… Ese sí que es un hombre guapo… Me recuerda a mi marido que en gloria esté… Me lo quitaste muy pronto, Señor… Qué bien canta ese Manolo Escoba… ¡Ole…! ¿Dónde estarán eta cría…? Y me dejan aquí, más sola que la una… ¡Chacha…! ¿Dónde estáis…? ¡Antonia…! ¡Ay Señor, que cruz! ¡Qué cruz me ha caído en eta vida…! ¿Y quién é esa…? La que se besa con Manolo Escobar… Si es la Encarna…  ¡Y yo llamándote! ¡Chacha…! ¡Encarna! ¡Deja de darte beso! ¡Y ven aquí, que os llevo esperando mucho rato! ¡Ay Señor! ¡A la vejez me salen las tres putas! ¡Chacha…! ¡Qué o estoy esperando…! ¡Chacha…! ¡Encarna! Como venga tu marido y te vea con Manolo Escobar no se qué va a pasar aquí. Se caga en Dios, en la Virgen y en todos los Santos cada vez que vuelve del trabajo. Cuando oigo llegar el camión le digo a mi hija: ¡Encarna ponte a barrer el patio! Ese hombre es tan bruto que para callarse tiene que ver siempre a su mujer trabajando. ¡Yo vuelvo a tender la ropa! ¡Les quito las pinzas y se las vuelvo a poner! Al menos con eso parece que se caga de otra manera en la Iglesia. ¡Encarna! ¡Deja a Manolo Escobar! ¡Que como venga tu marido, hasta el puro ese que fuma, con la peste que echa, te lo mete por el culo! ¡Encarna…! ¿Qué hora será…? Seguro que es tarde… ¿Cuándo vendrán a por mí….? ¡Antonia! ¡Dolores! ¿Dónde estarán estas crías? ¡Chacha…! ¿Dónde estáis…? Que tenemos que irnos… Que esta gente querrá cenar… ¡Antonia! Siempre le pasa lo mismo… A estas cría se les va el santo al cielo… ¡Dolores…! ¡Chacha…!

 

                Una enfermera aparece por un lateral. Le pide silencio con un gesto. Carmen deja de gritar.

 

CARMEN-. ¿Y tu quién eres? Yo estoy esperando a mis hijas… ¡Y no me callo, leche! ¡Mierda ya! ¡Coño que llevo más de media hora esperando a mis hijas…! Hasta una prefiere besarse con Manolo Escobar que venir conmigo… ¡Ay Señor…!

 

                Carmen se levanta de la silla de ruedas. Ahora puede caminar con normalidad. El peso de los años es diferente. Aún lado, la enfermera sigue calmando a la otra Carmen, la que quedó en la silla de ruedas, que llora como una niña pequeña. Carmen (2) observa la escena, y tras una breve pausa, se dirige hacia el público.

 

CARMEN (2) -. Que malo esto de llegar a vieja y perder la cabeza… No me miréis así que a veces aunque no lo parezca me doy cuenta. No recuerdo lo que hice hace media hora, pero sin embargo mi vida la tengo aquí metida… Nunca he sido una mujer feliz… Aunque eso de la felicidad parece que viene a ratos. Ahora que estaba tranquila con mis tres hijas, y mis siete nietos, todos hombres menos una, aparece esto. Tampoco fue de golpe. Primero fueron las manos, comenzaron a temblarme hasta que ya no pude ni sostener una cuchara entre mis dedos. No sé si la cabeza fue al mismo tiempo. Sólo sé que no recordaba como guisar unas lentejas, ni cómo prepararle a mi nieto unas migas… Que malo es llegar a la vejez. Qué pena da todo esto. Siento el daño que les estoy haciendo a mis hijas. Porque sé que ellas sufren al tener que dejarme aquí.  Pero también sé que no han tenido más remedio que hacerlo así. Siempre hemos estado juntas. Las cuatro dormíamos en la misma habitación. En una cama la Dolores con la Encarna, y en otra yo y mi Antonia. Con diez años ya me las llevaba conmigo al campo a recoger algodón. Y cuando yo caía enferma, siempre con los nervios, la Dolores se quedaba conmigo, y las otras dos tenían que ir corriendo a buscar al médico a media noche… Nunca he sido una mujer feliz… Quizá todo empezó con la muerte de mi marido… Desde ese día nunca fui la misma. Trabajábamos en la finca de los Celdranes. En esa época cada trabajador tenía una pequeña casa donde vivir con su familia. Recuerdo que teníamos un perro al que llamábamos Canela. Donde iba mi marido allí andaba el perro. Ese día el perro se fue con él al campo como siempre. A media tarde el perro volvió solo. Se quedó en la puerta esperando. Mi marido no llegaba, y ya era noche cerrada. Había mucho murmullo, los vecinos llevaban rato comportándose de forma extraña. Yo entré en mi casa, y les dije a mis hijas: A vuestro padre le ha pasado algo. Toda la noche me quedé en vela esperando su regreso. Canela se rozaba conmigo, como si quisiera advertirme de algo. Al amanecer pasó por mi casa el señorito Celdrán en su coche. Me pidió que lo acompañase que tenía que hablar conmigo. Mis hijas todavía dormían. Yo no podía creerlo cuando me lo dijeron… Dije que ese no podía se mi marido… Qué muerte tan mala tuvo el pobre, Dios mío… Y qué muerte más inútil. Salvo a uno que luego se pegó un tiro… A mi marido un tractor lo partió por la mitad cuando trabajaba en la casa de campo de los señores… Esa imagen… Ver a mi marido así, en dos partes, no lo he podido olvidar nunca… Grité, grité de dolor hasta que me desmayé…

            La enfermera que iba a marcharse le vuelve a pedir silencio. Carmen (2) vuelve a la silla de ruedas y a recuperar su vejez. Carmen empieza a llorar como una niña. La enfermera se acerca a ella, le da un beso con mucho cariño, y cogiendo la silla de ruedas desparece con ella de escena. Carmen continúa llorando mientras nombra a sus hijas.