LA VISITACIÓN ASOMBROSA

LA VISITACIÓN ASOMBROSA

parador-ronda

PERSONAJES
(Por orden de aparición)

DUQUESA VIUDA
su hijo el DUQUE HEREDERO
DOCTOR
MARQUESA
OBISPO
ÁNGEL
y su CUADRILLA
FANTASMA DEL DUQUE

La acción se desarrollará en el balcón de un viejo puente muy alto.
Principio de la primavera.

Aparece la DUQUESA VIUDA, con un pesado vestido de luto, mantilla y abanico.
Va seguida de su hijo, el DUQUE HEREDERO, que lleva un coqueto traje negro y corbata muy a la moda.

DUQUESA VIUDA. (Tarareando.) “Por ti, yo sería capaz de matar,
                     por ti, contaría la arena del mar.
                     Y que si te miento, me castigue Dios…”

DUQUE HEREDERO. Madre, guarde un respeto, que no digan… Todos los años igual.

DUQUESA VIUDA. Hijo mío, no me reprimas. Era la canción favorita de tu padre.

(Se dispone a seguir tarareando cuando aparece el DOCTOR, vestido de verde.)

¡Señor Doctor! Llega usted tarde.

DOCTOR. Ustedes se me han adelantado… Hace mucho calor, señora Duquesa. Discúlpeme. Señora. (Se inclina y besa respetuosamente la mano de la DUQUESA VIUDA.) ¡Otro añito!

DUQUE HEREDERO. ¿Dónde están los demás? (Aprieta la mano al DOCTOR.)

DUQUESA VIUDA. (Tarareando de nuevo.) “Están clavadas dos cruces
                             en el monte del olvido,
                                     por dos amores que han muerto…”

DOCTOR. ¿Qué canta usted?

DUQUE HEREDERO. Hace mucho calor, es cierto. (Se quita la chaqueta y deja completamente a la vista una camisa rosa.)

DUQUESA VIUDA. Hijo mío, por Dios, cúbrete.

DOCTOR. Está usted excesivamente elegante.

DUQUESA VIUDA. Como su padre. ¡Tres años ya! A ver si este año…

(El joven vuelve a taparse.)

Nosotros respetamos rigurosamente el luto.

DOCTOR. Al señor duque, que Dios lo tenga en la gloria bendita, le hubiera gustado…

DUQUESA VIUDA. Le hubiera gustado sobrevivir a la caída.

DOCTOR. Señora duquesa, el señor duque, que Dios lo tenga en su gloria bendita, amaba el color.

DUQUE HEREDERO. ¡Por ahí viene la marquesa!

(Hace su aparición la MARQUESA. Lleva un exuberante vestido primaveral, de muchos colores, con un voluptuoso polisón.)

MARQUESA. (Reprimiendo un llanto patético.) ¡Víctor, Víctor! ¡Oh qué desdicha! ¿Por qué quisiste pasear esa tarde por el puente? ¿Qué te llevó, copón bendito, qué te llevó (Mirando de reojo a la DUQUESA.) a atentar contra las leyes de Dios?

DUQUESA VIUDA. Se cayó. Buenos días. ¿Cómo está su padre?

MARQUESA. (Completamente repuesta.) Sí. Hola. (Hace una lustrosa reverencia a los presentes.) Claro. Mi padre lleva cuatro años sin poder hablar ni masticar, ya lo sabe usted, duquesa.

DUQUESA VIUDA. ¡Oh, es cierto! Cuánto lo lamento. Una vida desaforada, sin duda, le ha llevado…

DOCTOR. Señora marquesa, está usted excesivamente elegante. (Besa la mano de la MARQUESA.) El señor duque, que Dios lo tenga en su gloria bendita, me dijo un día antes de tirarse por este puente que sus polisones de usted eran un verdadero delirio. Hace ya tres años…

MARQUESA. (De nuevo al borde del llanto.) ¡Víctor, Víctor! ¡¿Por qué?!

DUQUESA VIUDA. No se tiró.

DOCTOR. Yo solo me remito al análisis concreto de los hechos que precedieron a la desgraciada muerte del duque…, que Dios lo tenga en su gloria bendita.

DUQUE HEREDERO. Hola, marquesa. Hermoso polisón. ¿Ha traído usted el libro de salmos?

MARQUESA. ¡Claro que sí! Precisamente este que traigo me lo firmó tu padre… (Se tambalea.) ¡Oh Víctor! ¿Es que no pudiste aguantar unos años más?

DUQUESA VIUDA. Hijo, ¿quién falta?

DUQUE HEREDERO. Algunos miembros más del Club Aristocrático, el obispo, un torero, cuatro banderilleros…

DOCTOR. ¡Cómo le gustaba al duque juguetear con la muerte! (Bajito, a la DUQUESA VIUDA.) Está usted tan guapa, señora duquesa.

DUQUE HEREDERO. Cuando llegue todo el mundo, empezaremos la invocación. Un año más, nos reunimos en este lugar casi religioso, en que perdió la vida mi padre… (Con precaución, se asoma un poco y se retira.)

DUQUESA VIUDA. Esto es una verdadera estupidez, hijo mío.

MARQUESA. Esta vieja teme que el duque vuelva efectivamente de la muerte y, en espectro, le propine la bofetada que se tiene tan merecida.

DUQUESA VIUDA. ¿Qué dice usted, súcubo?

MARQUESA. ¿Qué me ha dicho esta?

DUQUE HEREDERO. Bueno, a ver, los salmos, dámelos.

MARQUESA. Toma, niño. (Saca el librito de salmos de su bolso y se lo entrega al DUQUE HEREDERO, que lo ojea con deleite. La madre, nerviosa, intenta quitárselo al hijo, que no se deja.)

DOCTOR. (Asomándose al balcón del puente.) ¡Coño!

DUQUESA VIUDA. ¿Qué ha dicho usted?

DOCTOR. Señora duquesa, disculpe mi lengua. Fui educado entre prostitutas, en el barrio del puerto; allí aprendí mi oficio de la medicina. No crea usted, mi trabajo me costó. Pero ya sabe la duquesa lo bien que lo ejerzo… Tanto, que su marido el duque, que Dios lo tenga en su gloria bendita, me nombró su médico personal, y ese puesto ocupé por más de cinco años hasta que… nuestro… querido duque… un día de feria… ¡qué horror!… pasó por aquí y…

DUQUESA VIUDA. Se cayó. Fue horrible, sí. Se cayó. (Tarareando otra vez.)
Y los niños cantan a la rueda, rueda,
esta triste copla que el viento le lleva…
¡A la lima y al limón, tú no tienes quien te quiera!
¡A la lima y al limón, te vas a quedar soltera!

DUQUE HEREDERO. (A la MARQUESA.) Un autobús nos llevará más tarde a una sala de convenciones en la autovía para que tomemos algo, ¿le parece bien?

MARQUESA. ¡Claro!

DUQUE HEREDERO. Aunque si prefiere, usted y yo podemos ir en mi landó brillante. Mi madre… irá en el autobús con los demás…

DUQUESA VIUDA. (Más alto.) “¡A la lima y al limón, tú no tienes quien te quiera!
                                                      ¡A la lima y al limón, te vas a quedar soltera!
                                                      ¡Qué penita y qué dolor! ¡Qué penita y qué dolor!”
                                                      (Con mucho rintintín.)
                                                       “La vecinita de enfrente soltera se quedó.
                                                       ¡Solterita se quedó!”

¡Pero mira quién viene por ahí! ¡Señor Obispo! ¡A sus pies! ¡Deme su mano que la bese!

(Entra, vestido con ropas muy pobres, el OBISPO. La DUQUESA VIUDA se precipita a besar, de hinojos, la mano del OBISPO.)

OBISPO. ¡Oh, no, no hace falta que usted…! Bueno, ¡venga!

DUQUESA VIUDA. ¿Y el anillo?

OBISPO. En estos tiempos que corren me da un poco de vergüenza…

DUQUESA VIUDA. Da igual. (Besa la mano.)

DOCTOR. (Dando la mano al obispo.) ¡Qué humildes ropajes, señor obispo…!

OBISPO. (Rehusando saludar al DOCTOR.) ¡Mi dinero me ha costado! ¿Qué se cree usted? Hola, marquesa (Se deja besar la mano.) Hola, mi joven amigo. (Lo mismo.) ¿Empezamos?

DUQUE HEREDERO. Siento refrenar su impulso, señor obispo… Pero falta gente.

DOCTOR. El duque, que Dios lo tenga en su gloria bendita, siempre llegaba tarde. Esperemos a toda la buena gente que queda por venir, y hagamos de ello una especie de homenaje a nuestro difunto amigo. Para amenizar la espera, el señor obispo podría entretenernos haciendo algún milagrillo.

OBISPO. ¡Oh, no, no! No creo que pueda. No sé si es el mejor momento…

DUQUE HEREDERO. ¡Sí, un milagro!

MARQUESA. ¡Vamos, señor obispo, claro que puede!

DUQUESA VIUDA. ¡Hasta yo se lo pido!

OBISPO. A ver, no sé… Es que un milagro no es algo que se haga así… Tiene que ser cuando me salga. Ahora me da un poco de cosilla.

DUQUE HEREDERO. (Solo a la MARQUESA, con discreción.) ¿Se montará luego en mi landó?

MARQUESA. ¡No se haga usted de rogar! (Al DUQUE HEREDERO.) Claro que sí. Tiene usted una juventud que me subleva.

DUQUESA VIUDA. ¡Venga! Si sabemos todos que le encanta hacer milagros en público. Alegre usted a una pobre viuda.

DUQUE HEREDERO. (Insinuante. A la MARQUESA.) Diecisiete añitos…

OBISPO. Bueno…, ¡pero porque usted me lo pide! ¿Qué quiere que haga? ¡Ya lo tengo! ¡A ver!

MARQUESA. ¡Bien! (Al DUQUE HEREDERO.) ¿Llevará usted los caballos?

DUQUE HEREDERO. (A la MARQUESA.) ¡Lo que usted quiera…!

DOCTOR. ¡Atento todo el mundo! Vamos a asistir a un milagro. ¡Qué nervios!

MARQUESA. ¡Oh, sí! Qué fuego tan inspirador trae el mediodía… para hacer milagros.

OBISPO. Venga. ¡Voy!

(El OBISPO, excitado por la atención del público, hace su milagro: saca un cigarrillo y finge metérselo por la nariz, cuando, en realidad, lo esconde entre los dedos.)

¡Tachán!

(Todos aplauden y vitorean.)

DUQUESA VIUDA. ¡Milagro! Monseñor, si no fuera por su santidad, yo ya habría perdido la fe. ¡Qué difícil es sobrevivir a tanta desgracia! ¡Qué valle lacrimarum tan infinito! Sin la asistencia de la Iglesia… ¡oh… (Afectadísima.), no soy capaz de imaginar qué hubiera sido de mí!

DUQUE HEREDERO. Tranquila, mamá, tranquila.

OBISPO. Gracias, amigos. Es mi pequeño homenaje personal al duque. Gracias, gracias de todo corazón.

DOCTOR. (A la DUQUESA VIUDA.) ¡Está usted tan guapa!

DUQUESA VIUDA. (Al DOCTOR.) Que me deje ya en paz, idiota. (A todos.) ¿Empezamos ya la sesión de espiritismo?

DUQUE HEREDERO. ¡Mamá, falta gente todavía!

DUQUESA VIUDA. ¿Pero tienen que estar todos?

OBISPO. Claro que sí, señora duquesa. La liturgia es una pesadez.

DOCTOR. Yo tengo preparado un discurso. La sangre del duque, de un rojo igualito a las franjas de la bandera que desplegamos sobre su féretro, riega la tierra de España. ¡Tierra española! ¡Hectáreas, hectáreas y hectáreas que habéis conocido la fecundidad de aquel que os cultivó con mano generosa! Padre de la agricultura, nuestro amigo fue también benefactor de la Iglesia, como demuestra la presencia del Excelentísimo y Reverendísimo Señor Obispo…,

OBISPO. Ya estamos…

DOCTOR. …, y salvó de la miseria a los simpáticos jornaleros andaluces. ¡Amigo! ¡Que Dios te tenga en su gloria bendita! Cómo llora mi corazón, tanto… tanto… pero nunca podrá regar como tú regaste -con esa fuerza y esa gracia- la tierra…

DUQUESA VIUDA. ¡Ya está bien, Doctor! Hijo mío, prepara el landó, me voy.

MARQUESA. ¡No! Quédese, señora duquesa…, sin usted no se puede celebrar la sesión de espiritismo…

DUQUE HEREDERO. Es cierto, mamá.

OBISPO. Por mí pueden irse a la mierda. Todos los años lo mismo.

DUQUESA VIUDA. Me voy. Invocaré a mi marido delante del espejo.

(La MARQUESA no puede reprimir la risa.)

DUQUE HEREDERO. Mami…, no te enfades con estos señores. Son un poco vulgares…, pero tenemos que hacerle su homenaje a papi.

DUQUESA VIUDA. (Canturrea, para no oír a su hijo.) “Suspira bajo su velo
                      la Virgen de la Esperanza,
                              y arría en señal de duelo
                              banderas la Maestranza.
                              Y Sevilla enloquecida
                              repetía a voz en grito…”

¿Pero quién es ese muchacho? (Hace un grácil movimiento con el abanico y se cubre, sensualmente, los ojos con la mantilla.)

(Entra el torero ÁNGEL con su CUADRILLA. Todos con negros trajes de luces.)

ÁNGEL. A sus pies, señora duquesa.

CUADRILLA. Ole.

ÁNGEL. Es la primera vez que vengo a un homenaje a su difunto marido.

CUADRILLA. Ole.

ÁNGEL. Sepa que yo era amigo del duque.

CUADRILLA. ¡Viva la madre que parió al duque!

TODOS. ¡Viva!

ÁNGEL. Me llamo Ángel.

SEÑORA DUQUESA. ¡Ángel…! Llega usted a tiempo.

OBISPO. ¡Usted es un héroe! Ha triunfado en las Ventas, en la Maestranza, en Bilbao, en Barcelona, en Olivenza y, por supuesto, ¡aquí!

DOCTOR. Tampoco es para tanto.

ÁNGEL. Yo nací aquí.

CUADRILLA. ¡Y qué bien nacido!

OBISPO. Efectivamente, nació aquí hace veintitrés años. Lo sigo… ¡ay qué nervios…!, lo sigo a usted desde hace… (Desatado.) ¡Maestro! ¡Figura!

CUADRILLA. ¡Por derecho!

ÁNGEL. Gracias, gracias. (A la CUADRILLA.) ¿Quién es este señor tan simpático?

CUADRILLA. Oh maestro, no sabemos.

DUQUESA VIUDA. ¿No me besa usted la mano? (Nuevo jugueteo con el abanico.)

ÁNGEL. Claro, señora duquesa. (Lo hace.)

CUADRILLA. Ole ahí.

DUQUESA VIUDA. (Cogiendo del brazo a ÁNGEL. La MARQUESA, durante las presentaciones, hará todo lo posible por agarrarse al otro brazo, pero se encontrará con la oposición de la DUQUESA VIUDA .) Le presento. El señor Obispo.

ÁNGEL. ¡Monseñor!

OBISPO. ¡Sí, sí, yo!

ÁNGEL. Le beso la mano. (Lo hace.)

CUADRILLA. ¡Oh que buen vasallo si oviesse buen señor!

OBISPO. ¡Gracias!

DUQUESA VIUDA. Mi hijo el duque heredero.

DUQUE HEREDERO. ¡Qué nervios! ¡Hola!

ÁNGEL. Encantado.

(Se dan la mano.)

CUADRILLA. ¡El que en buen hora çinxo espada!

DUQUESA VIUDA. El doctor.

ÁNGEL. Señor doctor.

(Se saludan con la cabeza.)

CUADRILLA. ¡Malfario!

DOCTOR. Buenas.

DUQUESA VIUDA. Ah…, se me olvidaba. La Marquesa… eso, la Marquesa.

ÁNGEL. Señora Marquesa. Un placer conocerla.

(Le besa gentilmente la mano a la MARQUESA, cayendo con elegancia de rodillas.)

CUADRILLA. (Como en éxtasis.) ¡Ole tu vergüenza torera!

MARQUESA. (También como en éxtasis.) ¡Oh!

DUQUESA VIUDA. ¡Ángel, va a tener que cuidar de mí durante la sesión! ¡Estoy muy débil! ¡Angelillo! (Finge desvanecerse.)

ÁNGEL. ¡Señora duquesa…!

DUQUESA VIUDA. (Satisfecha.) No es nada. ¡Ya no espero a nadie más! Hacemos la sesión y nos vamos a casa. Menos mal que ha aparecido un hombre cabal. Usted me salvará de este calor horrible que baja de la montaña.

ÁNGEL. Yo…

DUQUESA VIUDA. “En los carteles han puesto nombre
                                     que no lo quiero mirar.
                                     Francisco Alegre y olé,
                                     Francisco Alegre y olá…”

DOCTOR. Empezaré la invocación. Silencio, por favor.

DUQUE HEREDERO. Toma los salmos.

OBISPO. Creo que yo sé más de esto.

DUQUE HEREDERO. Para usted.

DOCTOR. Usted ya ha hecho hoy su milagro.

OBISPO. Yo jamás me entrometería en su profesión, Doctor.

DOCTOR. ¡Yo sé espiritismo!

OBISPO. ¡Venga, hombre! ¿Qué va a saber usted?

DOCTOR. ¡Oiga! ¡No me hable así!

OBISPO. No se pique.

DOCTOR. Yo invocaré al duque, que Dios lo tenga… ¡Yo era su médico!

OBISPO. ¡Fíjese usted, si andaba todo el día resfriado! Súbase a un árbol y mire hacer a los prefesionales.

DOCTOR. Invoco yo.

OBISPO. Invoco yo. ¡Ego, Episcopus Santae Ecclesiae…!

ÁNGEL. ¿Ha bebido?

CUADRILLA. Ole.

DOCTOR. ¡Primun non nocere!

(El DOCTOR se abalanza sobre el OBISPO. Aprovechando el tumulto, el DUQUE HEREDERO corteja infructuosamente a la MARQUESA, que corteja tórridamente a ÁNGEL.)

DUQUESA VIUDA. ¡Ángel, haga usted algo!

ÁNGEL. ¡Quietos los dos! (Los separa con mucha elegancia.)

CUADRILLA. ¡Viva la leche que mamaste!

DUQUESA VIUDA. Invocará mi hijo, que para eso era su hijo.

DUQUE HEREDERO. ¿Yo?

MARQUESA. ¡Buah!

DUQUESA VIUDA. A ver. Separaditos todos. Un poco de respeto. (A ÁNGEL.) Usted tendrá, no obstante y sin ánimo de contravenir la liturgia, que ayudarme a mantenerme en pie…, puede atacarme una emoción atroz. (Al DOCTOR y al OBISPO, que parece que van a hablar.) ¡Chist! Y ustedes no me repliquen. ¡Me tienen ya hasta el mismísimo!

(Respira azorada. Nadie se atreve a moverse. Se agarra de nuevo del brazo de ÁNGEL. Relajada.)

Dale, hijo. Te escuchamos.

DUQUE HEREDERO. Pues a ver, yo es que no sé bien… (Pasa las hojas del libro de salmos.)

DUQUESA VIUDA. ¡Joder! Este niño es tonto.

DUQUE HEREDERO. ¡Mamá!

DUQUESA VIUDA. ¡Venga! Lo hago yo y acabamos ya.

DUQUE HEREDERO. ¡Mamá! Qué sí que puedo… Toma el libro.

DUQUESA VIUDA. (Sin separarse de ÁNGEL.) Déjate de libro. ¡Oh duque! ¡Víctor, Víctor, Víctor! Esposo mío, esta dolorosa viuda te llama. Escucha mi voz estés donde estés y ven a saludar a tu familia y amigos, que no te olvidan. ¡Víctor, Víctor, Víctor!

(Silencio sepulcral.)

OBISPO. Tenía que haberlo hecho yo.

(Silencio sepulcral.)

DUQUESA VIUDA. Bueno, pues ya está. Otro año más que no pasa nada. Vamos, Ángel, lléveme a casa en su motocicleta.

DUQUE HEREDERO. Mamá, tenemos alquilado un salón a la salida de la ciudad…

DUQUESA VIUDA. ¡Este niño! Es cierto. Vamos al dichoso salón. No tengo hambre. ¡Tengo un calor horrible! ¡Siento un incendio dentro de mi corazón!

ÁNGEL. Señora duquesa…

CUADRILLA. Ole.

(En virtud de una formidable tramoya, del abismo que salva el puente aparece, tras una rugido que petrifica a todos, el FANTASMA DEL DUQUE.)

DUQUESA VIUDA. ¡Me cago en Dios!

OBISPO. ¡Alabado sea Allah!

FANTASMA DEL DUQUE. (Con voz tenebrosa.) ¿Quién me llama?

(La DUQUESA VIUDA corre a arrodillarse ante el FANTASMA flotante DEL DUQUE, y la MARQUESA se aferra sensualmente a ÁNGEL.)

DUQUESA VIUDA. ¡Víctor!

FANTASMA DEL DUQUE. ¡Tú! ¡Mujer! ¿Te crees que no te veo?

DUQUESA VIUDA. ¡Perdona mis ofensas!

(La MARQUESA, aprovechando el despiste general, soba a ÁNGEL.)

ÁNGEL. Señora marquesa…

MARQUESA. Calla…

FANTASMA DEL DUQUE. ¡Has osado despertarme!

DUQUESA VIUDA. ¡Llevamos años intentándolo! ¡Cuánto te echo de menos, cariño! ¿No quieres besar a tu mujer?

FANTASMA DEL DUQUE. ¡No!

MARQUESA. (A ÁNGEL.) No te resistas más, dentro de un rato…, te voy a dar lo tuyo…

ÁNGEL. (A la MARQUESA.) Señora marquesa, conténgase… Hay mucha gente delante…, está mi cuadrilla.

MARQUESA. (A ÁNGEL.) No te resistas, niño… No sabes lo que puedo llegar a ser…

FANTASMA DEL DUQUE. ¿Qué quieres?

DUQUESA VIUDA. Saber cómo estás.

FANTASMA DEL DUQUE. No tienes derecho a perturbar mi descanso.

DUQUESA VIUDA. (Afectadísima.) ¡Oh!

DUQUE HEREDERO. (Corriendo igualmente a postrarse ante el espectro) ¡Papá!

FANTASMA DEL DUQUE. ¡Hijo mío! ¿Por qué le haces caso a tu madre? ¿No podéis dejarme en paz?

DUQUE HEREDERO. ¡No pude despedirme de ti!

FANTASMA DEL DUQUE. Te quiero, hijo mío. Adiós.

DUQUE HEREDERO. ¡Espera! ¡No te vayas!

(La DUQUESA VIUDA llora.)

FANTASMA DEL DUQUE. ¿Qué pasa?

(ÁNGEL no puede resistir los encantos de la MARQUESA y se excita visiblemente.)

CUADRILLA. ¡Ole, ole y ole! ¡Y el que no diga ole…!

FANTASMA DEL DUQUE. (A la MARQUESA.) ¿Qué haces?

MARQUESA. (Se separa de ÁNGEL y se arrodilla ante el FANTASMA DEL DUQUE.) ¡Víctor! ¡Qué alegría volver a verte!

DOCTOR. (Corre a postrarse.) ¡Señor! ¿Ha alcanzado usted la gloria bendita de Dios?

OBISPO. (De pie y sin demostrar emoción.) ¡Nadie te esperaba!

FANTASMA DEL DUQUE. (A la MARQUESA.) ¿Por qué habéis montado este circo?

MARQUESA. ¡Mi querido Víctor! ¡No puedo vivir sin ti!

FANTASMA DEL DUQUE. ¡No falta nadie! (Con extrema amabilidad.) ¡Ha venido mi querido Ángel! Enhorabuena maestro, sigo viendo todas tus corridas. ¡Hay que ver que traje más bonito te has puesto!

ÁNGEL. Gracias, señor. Me lo hice exclusivamente para la ocasión.

FANTASMA DEL DUQUE. ¡Qué bien! Sé que te está yendo muy bien en la Feria.

ÁNGEL. Sí, señor.

FANTASMA DEL DUQUE. ¡Tú eras mi única alegría en mis últimas semanas!

ÁNGEL. Gracias, señor. Quisiera decirle… eh… Me gustaría que usted me protegiese.

FANTASMA DEL DUQUE. ¡Claro que sí! Tenderé mi manto sobre ti.

DUQUESA VIUDA. ¿Qué hay en la ultratumba?

FANTASMA DEL DUQUE. Maestro, no te preocupes que tú y yo vamos a llegar muy lejos. ¡Que tiemblen todos! ¡Ole!

CUADRILLA. ¡Ole!

DUQUESA VIUDA. ¿Tus pecados han sido perdonados? ¡Dinos algo, Víctor!

FANTASMA DEL DUQUE. Mujer, cuida de tu hijo y deja de juntarte con jovencitos. Ángel, tú vete tranquilo que me llevas muy cerca. Lanzaré sobre ti bendiciones a cualquier hora. Estoy muy orgulloso de ti.

ÁNGEL. ¡Señor duque! ¡Gracias! ¡Gracias! ¿Puede usted velar también por mi madre y mis hermanas? Me ven poco, yo aquí ya casi no vengo… y, claro, las pobres lo pasan muy mal. Están atendidas en lo material, pero no quisiera que les faltara la esperanza. ¿Sería posible?

FANTASMA DEL DUQUE. ¡Claro! Yo lo que quiero es que…

DUQUESA VIUDA. ¡Víctor!

FANTASMA DEL DUQUE. Yo lo que quiero es que tú y tu familia seáis felices. ¡Qué forma de pisar la arena!

CUADRILLA. Ole.

DUQUESA VIUDA. ¡Esta mujer dice que te suicidaste!

FANTASMA DEL DUQUE. (Canta.) “Ganadera con divisa
                                                                verde y oro, ten cuidado.
                                                                Que el amor no te sorprenda
                                                                como un toro desmandado.”

DOCTOR. En el informe que redactó la Guardia…

DUQUESA VIUDA. ¡Calla! Dice que te suicidaste.

CUADRILLA. ¡Ole ese duque!

CUADRILLA, ÁNGEL y EL FANTASMA DEL DUQUE. ¡Ole!

DUQUESA VIUDA. ¿Te suicidaste?

FANTASMA DEL DUQUE. ¡Sí! ¡Me suicidé! ¿No podéis dejarme en paz ni siquiera en la tumba? Ángel, me voy. ¡Adiós, figura!

ÁNGEL. ¡Adiós, protector!

CUADRILLA. ¡Con Dios!

OBISPO. Yo pensaba que esto iba a ser otra cosa.

DUQUESA VIUDA. ¡Pero.., Víctor…! ¿Crees que yo puedo quedarme así? Tú fuiste el amor de mi vida. ¡El primero y el último!

FANTASMA DEL DUQUE. ¡Dios Santo! Sois una pandilla de aburridos. ¿No tenéis a nadie a quien molestar, panda de mequetrefes, más que a mí? ¿No podéis dar paseos, ver la televisión, ir a los toros, meteros en política…, como todos los demás? ¿No hay tierras que cuidar? (A ellos.) ¿No hay burdeles? (A ellas.) ¿No hay visillos? ¿No podéis dejar en paz a un muerto? ¡Pedazo de cabrones! ¿Vosotros creéis que esto es de recibo? ¡Estoy hasta los cojones! ¡Tres años lleváis viniendo a dar por culo! ¡He tenido que salir de una puta vez para deciros basta! ¡Basta! ¡No quiero saber más de vosotros! ¡No recéis por mí! ¡Me tiré del puente porque no os aguanto a ninguno! ¡A ninguno! El único que hace algo con su vida es Ángel. ¡Figura! Todos los demás sois un puñado de ociosos cuya vida no tiene sentido. ¡Adiós! (Desparece.)

(Todos están estupefactos, menos ÁNGEL y su CUADRILLA.)

OBISPO. Me voy a casa. Aquí no hay nada más que hacer.

DUQUESA VIUDA. Víctor… Víctor…

   Telón

CASCARRIO, FARFONTE Y AMIGUITOS

Imagen

(La luz ilumina la escena y Farfonte ya parece llevar hablando un rato)

Farfonte-(Hablando por teléfono, sus frases son entrecortadas constantemente por momentos de escucha en los que se suponen las palabras del interlocutor. Habla muy fuerte. Va vestido únicamente con una bata de franela roja y unas zapatillas de andar por casa,aderezadas con calcetines blancos de la marca SPORT(Franjas de colores,raquetas cruzándose….). Está sentado en un sillón, en la parte izquierda del escenario, de esos que se extienden y que masajean la espalda. Junto a él una mesita pequeña donde está el teléfono. Justo en frente del sillón, en primer término, una banqueta. Farfonte tiene en la mano unos folios y un bolígrafo. Lleva unas gafas de ver colgadas de un cordel alrededor del cuello. En la pared del cuarto, que parece un salón,paralela al proscenio además de algunos elementos propios de salón doméstico, hay una  puerta, situada en el centro de dicha pared. A un lado de la puerta, colgado en la pared,un bolso muy viejo y medio roto está colgado y enmarcado en una especie de cuadro/vitrina. La puerta queda en medio separando de alguna forma el espacio del sillón ocupado por Farfonte de la parte derecha de la escena, donde hay un sofá negro de cuero casi plástico bastante pequeño que parece inventar melodías horribles cada vez que un cuerpo se sienta en él. A medio metro del sofá, en frente, una mesita baja de salón ) No…¿Cascarrio? Bien, bien…Durmiendo…como un tronco…Sí…Claro…¡¡No, hombre!!…¡Que va! Todo va bien, poco a poco. No…No es que lo necesite o algo así…No…El asunto es que a mí me gustaría que me lo dijeran, ¿sabes? …A mi no me gusta que la gente se guarde cosas así…No.. Esas cosas se enquistan…¡Claro! Por eso te lo digo, de repente un día te acuerdas y ¿qué?… era yo el único que podía recordártelo…Si lo de menos es la cantidad… ¿3000?NOnonono, no. Serían 5000….Claro…Hombre, no sé, supongo que querrás que te trate como a uno más en este asunto… A mí no me gustaría que hicieran distinciones conmigo… Sí…Pues a ver… Cuando puedas… Eso ya depende de tí… Yo sólo quería recordártelo… pero ¡mañana me viene bien! …Por tí lo digo… para que puedas relajarte…¿¿vale?? Muy bien…y…¿tu mujer?¿Cómo está?…¡Me alegro! ¡Mándale saludos! ¿y Carlos??…Javi Javi Javi, eso…¿Qué tal anda? ¡Estará hecho un hombre ya!… Eso es, que estudie…que mira como anda el mundo, cojo de las dos piernas…vale…Ah! estuviste con ellos?? Si, si, si…Un amigo maravilloso y el otro es un tipo excepcional…(Ríe)bueno…Perdona, durante muchos años no, hijo de puta, ¡¡durante toda tu vida!!…Ya pero bueno no tienes que decir durante muchos porque eso tiene un límite y una caducidad…claro…Que sí, hombre…Te quiero, amiguito mío…

(Sale Cascarrio por la única puerta que se ve en escena. Va vestido con pantalones vaqueros piratas, calcetines negros y gordos, zapatillas rojas y una camiseta de roja con la cara de Anabel Alonso estampada en el pecho. Está comiendo un Donuts y su cara y sus dedos brillan grasientos)

Cascarrio– ¿Cómo vas?

Farfonte– Llevo 24 esta mañana..(Subrayando cosas en los folios con el bolígrafo)6 no me cogieron el teléfono…Igual tienes que ir a hacerles una visitilla…¡Ya estás vestido!..¿Has dormido bien?

Cascarrio– Sí, ya llevo un rato levantado…

Farfonte– Esa no es forma de vivir…Todavía no son ni las doce…

Cascarrio-(Con medio Donuts en la boca todavía)Papá…

Farfonte– Además, ¿levantarte para seguir comiendo? Te estás poniendo curvo….

Cascarrio-Papá, no empieces…

Farfonte-¡Me preocupo por tí, hijo!(Se levanta y anda hacia el sofá de la derecha. Se sienta,con el leitmotiv oportuno) ¿Te apetece ir a echar una cana al aire? ¡Tengo dinero! ¡Toma! (Se saca un par de billetes del pantalón y los encierra en la mano inerte del hijo)

Cascarrio– No me apetece…

Farfonte– No te apetece…

(Cascarrio y Farfonte se miran. Farfonte da unos golpes con la mano en el sofá. Cascarrio se sienta inevitablemente cerca de Farfonte, e inevitablemente sonando a demonios plastificados.)

Cascarrio– Papá, me gustaría hablar con vosotros.

Farfonte– ¿Ya estamos hablando, no? ¿qué te pasa últimamente?(Se levanta y desaparece por la puerta de la derecha, accediendo a la cocina)

Cascarrio– Os quería contar una cosa…(Pausa.Ruido de cazuelas y grifos)¿Puedo?

Farfonte– ¿Comes aquí? ¿Qué vas a querer comer?

Cascarrio– ¿Dónde está mamá?

Farfonte– (Entrando en el salón otra vez, secando una olla con un trapo) ¿Qué día es hoy?

Cascarrio– Jueves, creo.

Farfonte– (Volviendo a entrar en la cocina)Se ha ido de erasmus.

Cascarrio– Ah…(Silencio)Me gustaría hablar con los dos…

Farfonte– (Entra con una manzana, un trapo y un cuchillo. Se vuelve a sentar al lado de Farfonte, y empieza a pelar la manzana) Hijo, hace tiempo que las ubres de tu madre y mis pequeños pezones peludos dan exactamente la misma cantidad de leche…

Cascarrio– Pero me gustaría hablar a mí….

Farfonte– (Mirándole, sorprendido)¡Pero bueno!¿Cuándo has tenido algún problema para contarle cualquier cosa a tu viejo?

(Silencio ilustrativo de Cascarrio)

Cascarrio– Papá.

Farfonte– Dime, pesao.

Cascarrio– Quiero emprender.

Farfonte– ¿A qué?

Cascarrio– Papá, soy emprendedor.

Farfonte– ¿Emprende que?

Cascarrio– Papá, el futuro está llamando a la puerta y tú no pareces enterarte.

Farfonte– ¿El futuro? Dile que vuelva y le recibirán mis dobermans..

Cascarrio– (Se levanta)¡El futuro es la red y las posibilidades que puede servir a la gente!

Farfonte– Ah… Ordenadores…Interesante..

Cascarrio– Déjame contarte, papá. (Gestos muy ilustrativos, espectaculándolo sobremanera) La idea …. sería juntar internet, ¿vale?(Mira a su padre) Si,efectivamente… INTERNET, esa fuerza devastadora del mundo de la información que ha revolucionado la comunicación mundial, la economía y hasta la segregación de algas de los corales del pacífico sur seguramente…..y……

Farfonte-¿…y?

Cascarrio– Internet y….

Farfonte– (Deja la manzana ya pelada encima de la mesa y se levanta amenazantemente) ¡¡¡Internet, y…..!!!

Cascarrio– Y… la…. ¡MADERA! (Pausa)(Exaltándose cada vez más) Materia prima entre las más pujantes, lienzo en manos del padrastro de Cristo, astilla en la uña y ¡¡momia seca del faraón eterno de lo vegetal!!

(Silencio largo. Cascarrio respira)

Farfonte– ¿Qué cojones estás diciendo?

Cascarrio– ¡¡Una web, papáaa!! Una web en la que… ¡atención!… vender….

Farfonte– Dilo de una vez, ¡constructo de la nada!

Cascarrio– ¡Una web para vender maderas!

(Farfonte, serio, se levanta del sofá y se dirige hacia la cocina)

Cascarrio– (Exactamente igual que la anterior)¡Una web para vender maderas!

Farfonte– (Saliendo de la cocina con una botella de Vodka y un vaso) Te he oído la primera vez.

(Farfonte vuelve a sentarse en el sofá)

Cascarrio– Una web que se ocuparía de recoger las maderas de las basuras y llevárselas a quien quiera…

(Farfonte llena su vaso)

Cascarrio– (Juguetón) No me robes la idea, ¿eh?

Farfonte– (Aparentemente confuso) Que no te robe… (Bebe)

Cascarrio– No hace falta que nos dejes el coche tú siempre, la madre de Osvix no lo utiliza casi.

Farfonte– ¿La madre de quién?

Cascarrio– ¡Osvaldo! Mi amigo.. (Farfonte bebe, Cascarrio parece empezar a preocuparse por el repentino antojo etílico paterno) Lo conoces…

(Silencio)

Cascarrio– ¿Papi?

Farfonte– (Recuperando aparentemente la serenidad) ¿Te he contado alguna vez como empecé en todo esto?

Cascarrio– Sí, papá. Lo has contado 47 millon…

Farfonte– (Interrumpiéndole) Yo era joven, muy joven…(mira al horizonte) No había abierto un libro ni pensaba hacerlo así que me planté en aquel taller de las afueras con sólo 16 años…

Cascarrio– Papá…ya conozco esa histor..

Farfonte– (Se levanta y empieza a pintar todo lo que cuenta con sus ojos y recorre el espacio)Traían los coches en coma casi…Nos pasábamos las tardes hurgando en telarañas de cigüeñales y no teníamos ninguna salida, salvo la imaginación, hijo….salvo la imaginación…

Cascarrio– (Juguetón)¡¡Papá, te atreverás a negar que mi negocio rebosa imaginación!!

Farfonte– ¡¡¡¡¡Cállate!!!!!

Cascarrio– Pero, papá…. (Golpea el suelo con los pies. Ante la mirada de su padre, se detiene y se recuesta en el sofá)

Farfonte– (Volviendo poco a poco a su ensoñación narrativa)Sí… Juraría que aún puedo verlo…En la pared más mugrienta de la nave, al lado de la lata de uralita a la que llamábamos despacho, descansaban aquellas preciosas hojas de papel plastificado y brillante…En la misma superficie donde revisábamos las fechas y apuntábamos las citas, y a escasos centímetros del leproso y desconchado gotelé, se posaban las tetas y los culos que nos permitían soñar:   ¡Doce fotógrafos calientes y miles de viajes al aseo enano del taller! (A partir de aquí Cascarrio empezará a levantarse sigilosamente del sofá, intentando desaparecer por la puerta de la cocina)Dios…no nos cansábamos de aquellas mujeres, puedo jurarlo…Todavía las recuerdo con excitación pero me dije a mí mismo frente al espejo de aquel diminuto aseo que iba a mejorar, que iba a hacer todo lo posible por cambiar mi situación.. y sí…allí mismo sellé mi contrato vitalicio con la picardía… (Ve a su hijo a punto de salir por la puerta. Cascarrio, ante la mirada de su padre, regresa al sofá sonriendo exageradamente)Estaba harto de los calendarios vistos de reojo, de mancharme las manos con grasa negra y densa… tan diferente a los brillantes fluidos que gotearían aquellas señoritas… Así que al día siguiente empecé a robar y a coger prestado, como le gusta decir a los graciosos… Los mejores kioskos, las mejores revistas: Penthouse,Playboy, Primera Línea, hasta el Víbora valía… y la niña de mis ojitos: (Suspirando) ¡entre un coño muy peludo y un pequeño catálogo de juguetes sexuales, los mejores reportajes de investigación! Aún siguen holiendo las braguetas de los hombres más traviesos del país…¡Gracias, Interviu!(Mira a su hijo) ¡¡¡Y pude meneármela cien mil veces a centímetros de ese maravilloso trozo de papel!!! Mientras los currantes se manchaban las manos en esos talleres y fingían escuchar a los clientes mientras miraban de lejos aquel puto calendario. (Sentándose al sofá y quitándole importancia a esta última parte) Luego comprendí que podía robar otras cosas además de revistas y con ellas pagar mujeres de verdad. Y así sucesivamente hasta que te robé a tí de una tribu de imbéciles. Tira pa’l cuarto y cascátela un rato, que me tienes harto, joder.

Cascarrio– (Levantándose) No me gusta tocarme…

Farfonte– (Levantándose también y situándose frente a su hijo) ¿¿¿Cómo???

Cascarrio– ¡Estoy cansado!

Farfonte– ¿Estoy oyendo bien? ¡El onanismo purifica!

Cascarrio– (Se vuelve a sentar)Papá, yo no soy tú… no quiero seguir tus pasos.. es para mi un orgullo que hayas luchado por mantenernos, pero..

Farfonte– ¿¿Luchado por manteneros?? ¡Soberano mamón! ¡Yo disfruto haciendo lo que hago!

Cascarrio– Por mantenernos has hecho muchas cosas, papá. Y hasta visto así, lo que haces, no es ético.

Farfonte- ¿Ético?¿¿¿Estoy oyendo bien a mi hijo???

Cascarrio– Papá, no te enfades…

Farfonte– Te he llevado en un huevo durante semanas, quizá meses, ¡¡yo soplaré los vientos que muevan tu ética!! Si tienes algún problema con el negocio familiar, más te vale disimularlo cuando hables conmigo.

Cascarrio– (Agachando la cabeza)Papá… robar no esta bien, nunca ha estado bien…

Farfonte– ¿¿Cómo?? Joder, ¿¿he llevado a un moralista maricón en mi huevo derecho??¿¿¿se habrá contagiado algo???(Agarra a su hijo de la pechera) Óyeme bien, cagarro de mis calzones… ¡¡¡Todo el mundo roba!!! (Poco a poco va disfrutando y paladeando cada palabra. Entre la gula y la codicia) ¡Todo el mundo! No hay nadie que se salve. Vivimos en un mundo donde es inevitable hacerlo. El jardín de lo incorrecto y lo puramente efectivo para nuestra supervivencia, se ha colado en las ciudades y en los pueblos …y en las neveras de las casas, y hasta en las narices… Todo lo que ves florece con sol de nuestro color porque dios lleva cagando abono desde que de un moco suyo ¡¡salimos nosotros nadando!! ¡Nosotros somos los únicos con los cojones – o la verguenza, dirá algún soplagaitas- de reconocer lo que hacemos!¡¡Somos los únicos que tenemos el orgullo de dedicar nuestra vida a la miseria del vecino, como haría todo el mundo si tuviese ocasión!!

Cascarrio– Papá, yo no disfruto como tú…

Farfonte– No vuelvas otra vez…

Cascarrio– No se me da bien, no consigo olvidarme de que lo que hago es algo malo para alguien y cuando estoy estafando a ése alguien no puedo evitar mirarle a los ojos… y papá, sus ojos…Sus ojos se convierten en pantallas planas de 50 pulgadas cada uno. 50 pulgadas y un sonido bestial inundando toda mi cabeza.(Pausa) En las pantallas aparece el dueño de los ojos, de bebé, manchado con sus propias heces, llorando encima de unos periódicos reclamando un poco de atención en una acera infestada de paseantes que lo ignoran cuando no le arrojan alguna moneda enana y oscura a la cara… el bebé sigue berreando con la boca y la pechera llena de babas y cuando consigo conciliar la imagen, y acepto existir en un mundo que funcione así, la víctima se ha dado cuenta hace tiempo que algo no anda bien conmigo…

(Cascarrio vuelve a sentarse en el sofá y se recuesta, aturdido. Farfonte bebe en silencio)

Farfonte– Todo lo que me he esforzado… Tu madre y yo… (Mirando al cielo)Tantos años de nuestra vida…Qué hemos hecho mal… (Sin dejar de mirar al cielo, se levanta y anda hasta el sillón que hay a la derecha y se sienta.)¡¡En serio, dímelo, gordo barbudo!! (En frente, la banqueta pequeña es iluminada por un haz de luz a la vez que suena un coro celestial. El hijo se queda pasmado mirándole)

Voz elevada– (Con ruido de truenos)¡¡Faaaaaaaaaaaarfooooooooooooooooonteeeeeeeeeeeeeee!!

Farfonte– Odio que me hables como a un primerizo, ¡siempre con la misma puta broma!

Voz elevada– Perdona… lo siento…

Farfonte- (Señalando a su hijo)¡¡Me dijiste que mi genética daría toros y cerebros supremos!!

Voz elevada– Lo sé, Farfonte, pero también te dije que esto , como todo, tenia un margen de error…

Farfonte– ¡No! ¿¿Cuántas veces he respetado tu casa pasando hambre?? ¡¡¡Tu agua pasando sed!!!

Voz elevada– Lo sé hijo , lo sé..

Farfonte– Yo no soy tu hijo, imbécil, la próxima vez me mearé en las pilas de mi parroquia.

Voz elevada– Oye, ¡te lo compensaré!

(Silencio breve. El rostro de Farfonte cambia)

Farfonte– ¿CUÁNTO me lo compensarás?

Voz elevada- Cobertura total.

Farfonte– ¿¿24h??

Voz elevada– En todo momento, hijo.

Farfonte– Yo no soy tu hijo.

Voz elevada– Faaaaaaaaaaaarfooooooooooooooooonteeeeeeeeeeeeeee

Farfonte– Calla. (Se levanta del sillón y la luz va desapareciendo)(A su hijo, que le mira boquiabierto) ¿Y tú qué miras?

Cascarrio– Nada, nada…

Farfonte– (Coge la manzana de la mesa y se la mete a presión en la boca a Cascarrio)¡¡Óyeme!! ¿¿tú quieres ordenadores caros para tus ideítas y para meneártela de vez en cuando??¿¿quieres comer bien, en restaurantes caros, donde el cangrejo es más grande que la bandeja del camarero, qieres comprarte un coche potente para perderte por las tierras, quieres tocar señoritas indignas de tu feo cuerpo, (Acercándse al cuadro del bolso) quieres éxito?? ¿¿quieres …tiempo???

(El hijo asiente arrodillándose)

Farfonte– ¡¡¡No te oigo!!!

Cascarrio– Siii…(entre sollozos patéticos)

Farfonte– Pues robaaaaa, (Sirve un vaso de vodka y lo eleva ceremonialmente a medida que habla)coge todo lo que puedas y sal por piernas, vete a otro lugar para disfrutar lo que no te pertenece y ¡sonríe! ¡Muéstrale tus brillantes dientes a Dios y te respetará porque has aprendido a ser feliz en su extraño parque de juegos, y sobretodo: ….. porque sabrás lo que haces … (Arrojándole el vaso a la cara a Cascarrio)¡¡Y LO QUE QUIERES!!

(El hijo se deshace en un llanto gritón)

Cascarrio– (Incorporándose y mordiendo la manzana)VALE VALE…. seguiré tus pasos con religiosidad…(se acerca a él y le besa las zapatillas) Perdóname…(Llora)

Farfonte– ¡Anda cabezón! ¡¡Levanta de ahí y dame un abrazo, imbécil!!

(Se abrazan)

Cascarrio– Joder papá, ¡¡¡te quiero!!!(sollozando todavia)

Farfonte– ¡¡Calla, nenaza!! (Se agacha levemente y ceremonialmente, planta una mano en su escroto)

Cascarrio– ¡¡Por fin, papá!!

Farfonte– ¿Qué?

Cascarrio– Nada…

Farfonte– Como dijo un vendedor de humos más honroso siquiera que un servidor: ¡En mi mano concentro toda la fuerza viril de un padre! ¡Escroto! ¡Agita tus alas al viento!

Cascarrio– Graciasssss(moqueando)Papá, tampoco me gusta hacer esto…

Farfonte– (Riéndose nerviosamente)¿El qué?

Cascarrio– Hacer reir a la gente y en el fondo estar..

Farfonte– ¿A qué gente?

Cascarrio– Este niño es imbécil…. (se giran los dos poco a poco, mirando a público. Farfonte intenta disimular, sonriendo y demás)… emm… perdonen a mi hijo…tiene un poco duro lo que tiene que tener blando y viceversa…(Silencio largo. Cascarrio mira hacia arriba) ¿¿¿Lleváis la pasta de estos pasmaos???

Voz elevada– ¡¡Sí!!

Farfonte– ¡¡MÚUSICA PARA MIS OIDOS!!(Sale corriendo)Ahí os quedais(mientras sale)(Desde fuera)¡¡Corre idiota!!(Cascarrio coge la manzana y sale corriendo)

(Ruido de soldaduras y golpes siderúrgicos)

(OSCURO)

IMPROMPTU DE VERSALLES

En su “Impromptu de Versalles” el genial comediógrafo y dramaturgo francés ironiza y critica, siempre utilizando el arma de la carcajada como principal argumento, varios de los aspectos más representativos del clasicismo francés reinante en su época.

Moliere se sirve de la fórmula del metateatro, ideal para llevar a cabo esa crítica “desde dentro” de muchas de esas costumbres relacionadas con la puesta en escena – en muchas ocasiones arcaicas y en extremo rígidas – tan populares durante aquellos años en su país.

De este modo, en la pequeña pero brillante pieza que nos ocupa, la acción se desarrolla durante el proceso de ensayos de una obra escrita por el propio Moliere. De hecho, los personajes son, además de él mismo, los actores con los que solía trabajar en sus montajes. No es de extrañar por tanto, que dichos actores se interpretaran a ellos mismos, al igual que el actor y dramaturgo galo.

Actores que declaman de manera exagerada, otros que no saben el papel. Estatismo y rigidez absurda de los mismo, situados frontalmente al espectador … todo ellos es ridiculizado en el “Impomptu de Versalles” y esconde una profunda reflexión personal del autor sobre su concepción del oficio teatral.

Pero además, satiriza también los comportamientos de alguno miembros de la corte (incluyendo al rey), y aprovecha para lanzar varias estocadas a alguno de sus enemigos contemporáneos, especialmente a uno de principales autores del género trágico.

Para Moliere, la comedia debe sacar a la luz las mayores lacras de la Humanidad – esto puede apreciarse de forma clara en títulos como “El avaro”, “El misántropo”, “El enfermo imaginario” o “Tartufo”, por citar algunos – siempre atendiendo al contexto social, político, económico y humano en el que se encuentra. El texto que nos ocupa es una buena muestra de ello.

Destacar finalmente, la capacidad e riesgo y valentía del autor francés al escribir esta breve pero significativa pieza. La que con mucha probabilidad sea la personalidad más representativa del teatro francés de su época, ataca sin complejos y con rebeldía muchas de las convenciones más arraigadas en la escena francesa de su tiempo.

Cascarrio, Farfonte y Amiguitos (1ra Versión)

CASCARRIO , FARFONTE Y AMIGUITOS

(La luz ilumina la escena y Farfonte ya parece llevar hablando un rato)

Farfonte-(Hablando por teléfono, sus frases son entrecortadas constantemente por momentos de escucha en los que se suponen las palabras del interlocutor. Habla muy fuerte. Va vestido únicamente con una bata de franela roja y unas zapatillas de andar por casa.  Está sentado en un sillón de esos que se extienden y que masajean la espalda. Junto a él una mesita pequeña donde está el teléfono. Tiene en la mano unos folios y un boli. Lleva unas gafas de ver colgadas de un cordel alrededor del cuello. En la pared del cuarto, que parece un salón, además de algunos elementos propios de salón doméstico, hay una única puerta, situada en el centro de dicha pared. A un lados de la puerta, un bolso muy viejo y medio roto está colgado y enmarcado en una especie de cuadro/vitrina. Al otro lado, un póster con la imagen de un ladrón multienchufes bajo la cual una frase reza: “Esto NO es un ladrón” ) No…¿Cascarrio? Bien, bien…Durmiendo…como un tronco…Sí…Claro…¡¡No, hombre!!…¡Que va! Todo va bien, poco a poco. No…No es que lo necesite o algo así…No…El asunto es que a mí me gustaría que me lo dijeran, ¿sabes? …A mi no me gusta que la gente se guarde cosas así…No.. Esas cosas se enquistan…¡Claro! Por eso te lo digo, de repente un día te acuerdas y ¿que?… era yo el único que podía recordártelo…Si lo de menos es la cantidad… ¿3000?NOnonono, no. Serían 5000….Claro…Hombre, no sé, supongo que querrás que te trate como a uno más en este asunto… A mí no me gustaría que hicieran distinciones conmigo… Sí…Pues a ver… Cuando puedas… Eso ya depende de tí… Yo sólo quería recordártelo, pero ¡mañana me viene bien! …Por tí lo digo… para que puedas relajarte…¿¿vale?? Muy bien…y…¿tu mujer?¿Cómo está?…¡Me alegro! ¡Mándale saludos! ¿y Carlos??…Javi Javi Javi, eso…¿Qué tal anda? ¡Estará hecho un hombre ya!… Eso es, que estudie…que mira como anda el mundo, cojo de las dos piernas…vale…Ah! estuviste con ellos?? Si, si, si…Un amigo maravilloso y el otro es un tipo excepcional…(Ríe)bueno…Perdona, durante muchos años no, hijo de puta, ¡¡durante toda tu vida!!…Ya pero bueno no tienes que decir durante muchos porque eso tiene un límite y una caducidad…claro…Que sí, hombre…Te quiero, amiguito mío…

(Sale Cascarrio por la única puerta que se ve en escena. Va vestido con pantalones vaqueros piratas, calcetines negros y gordos, zapatillas rojas y una camiseta de Anabel Alonso)

Cascarrio– ¿Cómo vas?

Farfonte– Llevo 24 esta mañana..(Subrayando cosas en los folios con el bolígrafo)6 no me cogieron el teléfono…Tendré que hablar con tu tio…

to be continued…

FORMOL O NO FORMOL por Paz Buelta Serrano

 

 

Amplio salón de amplia casa con cocina americana incorporada. Los pocos y grandes muebles en blancos y/ o negros impolutos, los electrodomésticos metalizados en grises brillantes; todo muy elegante, muy de diseño, muy a la moda. Antonio Gaditano, Ángel Miguel Carpacho, Amanda Fajitas, un chupaculos que pasaba por allí (=pelota profesional) y Estrella la Nueva entran en tropel peleándose por coger el mejor sitio en el gran sofá blanco. El que no cabe debe conformarse con una silla designed by Mies van der Rohe (Bauhaus). ¿Todos? ¡No! Estrella, que como su propio nombre indica es nueva, queda de pie atónita observando el espectáculo. Una vez todos han tomado asiento, y el vencedor sonríe ampliamente al mismo tiempo que levanta los brazos cual campeón del gran cinturón de boxeo, entra Fabricio Damisela. Con un solo gesto de su mano hace levantarse al ganador para sentarse. Esto provoca un nuevo revuelo entre los ya acomodados, debido a ciertos empujones del antiguo ganador. Una nueva ronda del juego de las sillas, y todos vuelven a situarse. Todo esto sucede bajo la perpleja mirada de la Nueva que no sabe dónde meterse o dónde sentarse; no queda ni un hueco libre.

 

FABRICIO.- Tome asiento por favor. Pero ¡qué desconsiderados somos! Tenemos aquí a nuestra invitada especial, a nuestra homenajeada, y no nos hemos dado cuenta de dejarle un sitio.  Disculpe. Por favor, levántate y cédele el sitio a la dama. (Mirando al pelota)

PELOTA PROFESIONAL.- ¿Qué? ¿Yo? Ah, ¡sí señor! Cómo no. Disculpe señorita Estrella, siéntese aquí por favor.

ESTRELLA.- Oh, no, yo no quisiera…

PELOTA.- No se preocupe, es un placer. (Estrella se sienta, el pelota mira alrededor. Trata de sentarse en el brazo de una silla pero se escurre, en el del sofá pero le tiran, va a sentarse en la mesita que se encuentra delante del sofá pero Fabricio le echa una mirada fulminante. Fulminado, acaba sentándose en el escalón que separa la cocina del salón)

FABRICIO.- Querida, qué éxito el de esta noche.

GADITANO.- Espectacular.

FAJITAS.-Maravilloso.

CARPACHO.- Inaudito.

PELOTA.- Lo nunca visto.

CARPACHO.- Es lo mismo que he dicho yo.

PELOTA.-Bueno, no exactamente. Realmente la definición de inaudito, del latín inauditus, es

CARPACHO.- (Cortándole) ¿Tú quién eres?

FABRICCIO.- La acogida ha sido increíble.

GADITANO.-Espectacular.

FAJITAS.- Tremenda. Brutal

CARPACHO.- Inigualable.

PELOTA.- Incomparable. (Carpacho le mira)

FABRICIO.- El público puesto en pie.

GADITANO.-Aplaudiendo.

FAJITAS.- Silbando.

CARPACHO.- Jaleando su nombre.

PELOTA.- Coreando su nombre.

CARPACHO.- ¿Este quién es?

FABRICIO.- Y la crítica, ¿verdad Carpacho? ¡Qué bien le ha puesto la crítica! Sólo halagos he oído, ¿eh Carpacho? Dígaselo, hombre, dígaselo.

CARPACHO.- Sí, la verdad es que sí. Hacía mucho

FABRICIO.- (Cortándole) Pero qué hace ahí sentado, hombre. Acérquese para contárselo mejor.

CARPACHO.-Si desde aquí

FABRICIO.- (Cortándole) Ángel Miguel.

CARPACHO.-Bueno (Se levanta, con la correspondiente algarabía por ocupar su sitio) Como decía, la verdad, Señorita Estrella, es que hacía mucho tiempo que no veía a mis compañeros tan emocionados como

FAJITAS.- (Cortándole. Con una gran sonrisa.) Y compañeras.

CARPACHO.- ¿Qué?

FAJITAS.- Compañeros y compañeras, porque hay también mujeres en su profesión. Vamos digo yo, eso o he tenido alucinaciones en estos últimos años. (Risita aguda y entrecortada)

FABRICIO.- Pues claro Carpacho, no debemos olvidar a las mujeres que tanto hacen por nosotros.

GADITANO.-Por supuesto, compañeros y compañeras.

CARPACHO.-Sí, eso mismo, hacía mucho tiempo que no veía a mis compañeros y compañeras tan emocionados como esta

PELOTA.- (Cortándole) Y emocionadas.

CARPACHO.- ¡Tan emocionados y emocionadas como esta noche! Sin duda mañana será portada (Entra un muchacho)

FABRICIO.- (Cortándole) Fabricini, ¿tú qué haces aquí?

FABRICINI.- Hombre tito, no sabía que tuvieses invitados esta noche. Qué divertido. Qué divertido y qué emocionante, ¿quién nos honra con su presencia en esta velada? ¿Miembros de la Embajada Rusa? ¿Dirigentes del Gobierno? No creo, hoy no veo sobres. Tal vez

FABRICIO.- (Cortándole) Muy gracioso Fabricini, muy gracioso. Esta noche teníamos estreno en el teatro, ¿no recuerdas que te lo dije ayer?

FABRICINI.- Ay, pues no. Lo siento tito. Ya sabes, con las pastillas nuevas a veces no consigo retener la información. Ni el sueño, ni la comida… No es fácil llevar una vida normal. (Suena un profundo ”oooh” emitido por los presentes) Pero no sabes el bien que me hace tener un poco de compañía. Aunque si quieres me voy, ya sabes que odio molestar.

TODOS.- ¡No, quédate!

FABRICIO.- No claro, quédate… ¡Pero solo un rato! Ya sabes que… no te sienta nada bien acostarte a deshoras.

FABRICINI.- Gracias tito.

FABRICIO.- Señores, este es (mirada fulminante de Amanda Fajitas. Fabricio carraspea) Señores y señoras, este es mi sobrino Fabricini. Tiene algunos problemillas mentales, así que no se sorprendan de las cosas que les pueda decir y no le hagan mucho caso. Yo voy a pasar a la cocina a preparar unos cócteles para amenizar la noche. Amanda, ¿puede usted acompañarme para comentar unas cosas de sus próximos ensayos? (Ambos se retiran a la cocina donde continuamos viéndoles pero no les oímos. Movimiento general para ocupar sus sitios en el sofá)

FABRICINI.- Y díganme, ¿de qué estaban hablando?

CARPACHO.- Le comentaba a la Señorita Estrella el inigualable efecto que ha tenido su encantadora obra sobre mis

FABRICINI.- (Cortándole) ¡Señorita Estrella! Fabricini Buonamantte, a sus pies. (Le besa la mano)

ESTRELLA.- ¿Es usted italiano?

FABRICINI.- (Sin soltarle la mano) Come il mio padre e il mio tio, ma como buen italiano sabemos esconder perfettamente nuestros defectos. Ma quando usted quiera… (Vuelve a besar su mano. Carraspera general que rompe el momento. En la cocina vemos como Amanda Fajitas prepara los cócteles mientras Fabricio no para de parlotear y mirarla. Fabricini suelta su mano y empuja a los sentados en el sofá para coger hueco. Nuevamente el pelota se queda sin sitio y acaba en el escalón) Y dígame, ¿es la primera vez que estrena una obra suya?

ESTRELLA.- En un teatro nacional sí.

FABRICINI.- Y ¿de qué trata?

ESTRELLA.- Es la historia de tres hermanas. Su padre murió hace un tiempo y no tienen mucho de qué vivir. Está situada sobre el siglo XIX, más o menos. Lo que ellas quieren realmente es ir a vivir a la capital, que además es su ciudad natal, pero nunca lo consiguen.

FABRICINI.- ¡Oh, qué triste! Pero,  ¿de qué me suena eso?

CARPACHO.- Seguramente lo leyó en mi último artículo en el que, simplemente con el ensayo general, ya pude prever el éxito de esta gran pieza y el gran talento de nuestra homenajeada.

FABRICINI.- Mmmm… No. No leo en el baño.

PELOTA.- Será porque toca unos temas y los trata de un modo que resulta una obra tan universal que resuena en nuestras cabezas desde más allá de los griegos.

(Silencio)

FABRICINI.- ¿Eh?

(Silencio. Todos le miran.)

PELOTA.- Voy a ayudar al Señor Fabricio a servir los cócteles. (Va a la cocina)

FABRICINI.- La cuestión es que hoy ha tenido su primer estreno y su primera ovación y eso, dobbiamo festeggiare (Toses de Carpacho, que golpea a Gaditano para que le acompañe) Menuda tos más rara tiene usted Carpacho…

CARPACHO.- Sí, estamos todos igual. Hacía un frío en el teatro…

FABRICINI.- Y yo que creí que a usted le gustaba la carnaza… En fin, entonces supongo que ha sido invitada a casa de mi tito para enseñarla la estancia famosa.

CARPACHO.- ¡No!

ESTRELLA.- ¿Qué estancia?

FABRICINI.- Sí hombre, el lugar donde tienen encerrados

CARPACHO.- (Cortándole) ¡Fabricio, esos cócteles! ¡¿Cómo van?! ¡Perfectos! Ya están en su punto perfecto. Vamos a traerlos ya, que su sobrino tiene muchísima sed. ¿Verdad Fabricini?

FABRICINI.- La verdad es que no.

ESTRELLA.- ¿Les ayudo?

CARPACHO.- ¡Sí, por favor! Venga conmigo. (Coge del brazo a Estrella y tira de ella hacia la cocina)

FABRICINI.- No es necesario Estrella. La señorita y yo estábamos hablando. (Coge del otro brazo a Estrella y tira de ella hacia sí.)

FABRICIO.-Pero ¿qué hacen ustedes? Qué me la van a partir. Pelotilla, suéltale la mano a mi sobrino.

PELOTA.- ¡Sí señor!

FABRICINI.- No es necesario, sé coger una indirecta. (Se sueltan)

FAJITAS.- Bueno, ¿a qué esperan? Cojan un cóctel y brindemos. ¡Ah! ¡La vida es maravillosa!

FABRICIO.- ¡Es cierto! Y con este acompañamiento es aún mejor. Verdaderamente me han quedado riquísimos. (Mirada fulminante de Fajitas que, aunque mira, no dice nada)

PELOTA.- Es usted maravilloso. No me extraña que sea el jefe de todo esto.

CARPACHO.- Ah, ya. Tú eres el nuevo…

FABRICIO.- ¿Qué dices Carpacho?

CARPACHO.- Que si no llevará esto huevo.

FABRICINI.- Precisamente de ingredientes quería yo hablar. ¿Qué es lo que echáis en los botes de conservas de la habitación secreta, tito?

FABRICIO.- ¿Perdona? Aquí no hay habitaciones secretas Fabricini. ¿Ves como  trasnochar no te viene bien? Ahora mismo te vas a la cama que si no en un ratín estás viendo a los elefantes que te comen y llamando Lady Gaga a uno de estos señores.

FABRICINI.- No me cambies las cosas tito. Los elefantes no me comen, me rompen la cadera. Y no te mofes de mí, que luego me paso días andando como un anciano, con muletas y todo, y parece que me quedan dos días de vida. ¡Además hoy me he tomado la pastilla! No es eso, es que yo estaba explicándole a la señorita los beneficios de su gran noche. Le decía que gracias a ella se ha ganado un lugar seguro en la habitación de honor.

FABRICIO.- Ah, sí. Eso es verdad. Seguro que pondremos una foto junto a la de los más grandes.

FABRICINI.- Entonces, puedo enseñársela.

FABRICIO.- Fabricini, chico, si ese pasillo está en el teatro.

FABRICINI.- ¡Ah, no! ¡Esa no tito! La del fondo del pasillo, la que está cerrada con llave. Donde están las otras grandes estrellas en formol. (Carpacho salta sobre Fabricini y lo tira al suelo, tapándole la boca. Fajitas, sin dejar de sonreír, le pellizca las piernas)

FABRICIO.- Hijo, hay que bloquearte. Hay que bloquearte. Lo siento muchísimo pero dentro de nada te pones agresivo… y es peor el remedio que la enfermedad. ¡Hala! Un cacharrazo y a la cama. (Mientras Fabricio se acerca a la cocina a por una sartén Fabricini se revuelve, grita, se zafa. Dice todo su texto posterior mientras huye, salta, se escapa; persecución. )

FABRICINI.- ¡Pero si es verdad! Ahí tenéis a otros a los que les pasó lo mismo… y ahora ya no se sabe más de ellos. ¡Ay! Cuando necesitáis recuperarlos porque os aburrís,… ¡quita!… porque os quedáis sin programación en el teatro… ¡ou!… o cualquier otra locura vuestra… ¡ayayay!… los sacáis. (Agarra a Estrella por el brazo) ¡Ven, voy a enseñártelos! ¡Tengo la llave! (Salen los dos. Todos los demás corren detrás menos Gaditano, que continúa sentado en el sofá)

(Silencio)

(Vuelven todos menos Fabricini. Mucho más relajados.)

(Silencio)

ESTRELLA.- Bueno señores, ha sido un placer pero se ha hecho tarde… me voy.

FABRICIO.- ¡No Señorita Estrella!

ESTRELLA.-Yo no he visto nada, pero me voy.

CARPACHO.- Pero no puede dejarnos así una noche como ésta.

PELOTA.- ¡Aún no hemos celebrado nada! ¡Queda mucho más! (Todos le miran)

ESTRELLA.- Me voy. Me voy.

FABRICIO.- Pero Estrella… Gaditano, ¡diga usted algo!

GADITANO.-Sí.

FABRICIO.- ¿Sí?

GADITANO.- ¿No?

FABRICIO.- ¡No!

GADITANO.-Eso es, no. No a todo.

 

 

 

FIN

LA VIUDA NEGRA

viuda-negra

DRAMATIS PERSONAE

CHISCA: una mujer bien parecida, de unos 50 años de edad y treinta y pocos de apariencia, elegante y de negro

XU-LIN: el joven criado chino de Chisca.

SRA. ROMERO: La madre de Chisca. De unos setenta y ocho años.

JEROME: el biógrafo de Chisca. Francés de unos cuarenta y tres años.

(CHISCA, llena de energía, entra en casa hablando por teléfono. Salón de una casa acomodada, de estilo minimalista: un acuario con peces exóticos, plantas, alguna pintura,…)

CHISCA: …Fantasías. Fantasías. A la larga es mucho peor. Tú hazle caso a tu cirujano; y a mí, que soy tu única amiga. (Pausa) Yo también te quiero. Además, así en vez de envejecer lo que hacemos es volvernos vintage. (Pausa. Ríe) ¡Qué boba eres! Por cierto, me he comprado un jaguar… ¿De qué color va a ser? Negro jaguar…. Estoy de luto (Pausa) ¡Nuevo! ¡Claro! ¿Cómo crees, si no? Bueno, ya tiene una semana. Es más monísimo… Llámame exagerada pero Lucy era demasiado… como te diría… ¿pequeña? Sí, demasiado poca cosa, me recordaba a Viktor. (Pausa. Enciende el hilo musical, modo aleatorio.) Sí, un ruso con cara y cuerpo de modelo de Jean Paul Gaultier y todo lo que tú quieras, pero… poca cosa, poca cosa. Qué te voy a contar a ti que te lo tirabas los fines de semana, y fiestas de guardar. (Pausa) Pues eso. (Pausa) Como que qué voy a hacer. La he donado a una ONG. (Pausa). “Amigos de la taxidermia”, o algo así. No sé, qué más da. Cuidarán de ella, es lo importante. (Pausa.) ¿El jaguar? Se llama Sven. (Pausa) ¡Sven! (Pausa) No sé. Me vino así… de repente. Creo que es el protagonista de alguna novela sueca de ésas. Yo lo llamo: ¡Sven! Y “sviene”. (Pausa). ¿Es que no lo pillas o qué? (Pausa.) Pues yo lo encuentro de lo más gracioso. (Pausa). No, ¿por? (Pausa.) ¡No, imposible! Tengo una rendez-vous con mi bolí…, biól…, vidó… bueno, da igual (Pausa.) He quedado con Jeromme Ricordel. Va a escribir mis memorias. (Pausa.) ¡Qué va a ser negro! Es francés. Va a escribir mi autobiografía. Creo que ya va siendo hora. (Pausa.) ¡Chulín! (XU-LIN aparece súbitamente.)

XU-LIN (enfatizando): Xu-lin.

CHISCA: Pues eso. Tráeme el antifaz.

XU-LIN: Señora de luto…

CHISCA: ¿De ruto?

XU-LIN: De luto. (CHISCA ríe a carcajadas.)

CHISCA: ¡Ay, perdona, querida, es que me parto con estos chinos! (Pausa. A XU-LIN.) ¿Y?

XU-LIN: ¿Va fiesta de disfraces?

CHISCA: ¡Qué gracioso! (Pausa. Al teléfono.) Dime. (Pausa.) Por supuesto, te presto toda mi atención. (Pausa.) ¡Que sí, coño! Dime. (Pausa larga.) Espera. ¡Chulín el antifaz!

XU-LIN: Xu-lin, no comprender señora.

CHISCA: A ver pequeño saltamontes. Quiero que vayas a la cocina, abras la cámara frigorífica, ya sé que te da miedo, pero recuerda que Sven está creciendo y debemos tener provisiones. Pues bien, entras por el tercer pasillo a la derecha, vas a la sección “Lo importante es el exterior” y en la tercera balda, junto a unas garrafas donde pone “Melatonina”, hay una especie de antifaz de silicona, con un líquido azul, muy fresquito… ¡Tráemelo! (Al teléfono.) Bueno y ¿qué? (Pausa. Reaccionado súbitamente.) Oh my godness! Y ¿qué vas a hacer? (Pausa.) Menos mal que me hice la ligadura a tiempo. Y ¿qué pasa? ¿No tiene amigos o qué? (Pausa.) Pues que viaje solo. ¿A quién se le ocurre visitar a su madre por Navidad? Como si de un anuncio de turrones se tratara. Te voy a decir una cosa: ¡jó-de-te! Y perdona por ser tan ordinaria, pero es que no aguanto tu debilidad. (Pausa.) Pues le firmas un cheque y que se vaya donde quiera. ¡Chulín! ¿Cómo vas? (XU-LIN aparece, como de la nada, con el antifaz en una bandeja de plata.) Gracias. (Al teléfono.) No, no. Normal. A la oreja, nena. (Pausa.) Pues porque no me gusta el manos-libres, que me parece estar hablando con la Termomix. (Pausa.) ¿Sabes lo que te digo? Que sí, que creo, que te voy a ir dejando. Quiero relajarme antes de que llegue Jerome. Me voy a tomar uno de ésos que están tan de moda… (Pausa.) ¡Eso! Un gin-tonic. Vengo un poco estresada. (Pausa). De ver a mi abogada. Ya sabes. (Pausa.) ¡De alcohólica nada! En todo caso melalcohólica. (Pausa.) Como sea. Que estoy triste…, y para más inri mi abogada me ha dicho que Viktor estaba arruinado. (Pausa.) Como lo oyes. ¡Qué poca vergüenza! Con todo lo que he tenido que tragar. (Pausa.) ¡No seas cochina!  Chulín, ya has oído. (XU-LIN se va.) Mira como eso no hay que explicárselo. Bueno, querida. Te dejo. Besitos. (Cuelga. CHISCA se relaja en su sofá escuchando el hilo musical. XU-LIN aparece con el gin-tonic y se queda en silencio junto a CHISCA. Una canción estridente saca a CHISCA de su reposo. Grita. XU-LIN, también grita. Los dos gritan.) ¡¿Qué hacías ahí espiando?!

XU-LIN: Xu-lin no espiar, señora. Xu-lin esperar.

CHISCA: Chulín, esperar. Dame eso. (CHISCA bebe ansiosamente de su gin-tonic. Llaman al timbre. CHISCA se atraganta. Tose.) ¡Jerome! (Tose.) Chulín, creo que me estoy ahogando. (Tose.) Chulín, ayúdame. Cógeme por detrás con fuerza. (Tose.)

XU-LIN: Señora… Xu-lin…

CHISCA: ¿Prefieres hacerme el “boca a boca” cuando me haya muerto? (Pausa larga. Tose. Suena de nuevo el timbre.) ¡Chulín! ¡Ven aquí! (XU-LIN obedece.) Agárrame fuerte. (Tose.) ¡Ahora! (Tose.) Otra vez. Aprieta fuerte, Chulín. ¡Ahora! (Tose.) Más fuerte, Chulín. ¡A…! (XU-LIN le aprieta fuerte y CHISCA deja de toser.)

XU-LIN: ¿Señora mejor? (CHISCA bebe de su gin-tonic.)

CHISCA: Mucho mejor.

XU-LIN: Xu-Lin también mejor.

CHISCA: ¿Cómo dices? (De nuevo el timbre.) Abre, por favor. (Pausa.) Pero… ve despacio. (Pausa.) Así… muy bien. (Pausa.) Chulín, apaga la música. (XU-LIN obedece. Llega a la puerta y abre. Pausa larga. Se escucha un grito desde fuera. XU-LIN también grita.)

SRA. ROMERO (entrando con una pesada maleta): ¡Francisca! ¡Francisca, hija mía! ¡Hay un chino en tu casa! Llama a la policía.

CHISCA: Es el criado. ¿Qué haces aquí mamá?

 SRA. ROMERO: He venido en cuanto me he enterado. Debes estar pasándolo tan mal… Ven aquí, anda. Dame un beso. (CHISCA se acerca y en ese momento la SRA. ROMERO le da una bofetada.) Te lo dije. Ese hombre no te convenía. ¡Un ruso! ¿A quién se le ocurre? ¡Y qué desgracia! Anda, ven, dame un beso. (Pausa. CHISCA se acerca y en ese momento la SRA. ROMERO le da una bofetada.)

 CHISCA: ¡Mamá!

SRA. ROMERO: Ni mamá, ni nada. ¡Menudo bochorno! Hacerle esto a tu familia. ¿Dónde fue?

CHISCA: En el sótano.

SRA. ROMERO: Supongo que parecería un accidente.

CHISCA: ¿Qué dices?

SRA. ROMERO: Lo de Viktor.

CHISCA: Murió jugando a la ruleta.

SRA. ROMERO: ¿De emoción?

CHISCA: Rusa.

SRA. ROMERO: ¡Menudo gilipollas! Perdón. Y ¡qué alivio! Y ¿Tú cómo estás?

CHISCA: ¿Tú qué crees?

SRA. ROMERO: Yo te veo estupenda. Anda, ven. Ven a besar a tu madre. (Pausa. CHISCA se acerca. Pausa. La SRA. ROMERO la abraza y la besa. Después le da una bofetada.)

 CHISCA: ¡Te estás pasando!

SRA. ROMERO: Es verdad. Le he cogido el gustillo. (Pausa.) Ya paro. Ya paro.

CHISCA: ¿Qué haces aquí?

SRA. ROMERO: He venido a pasar una temporada contigo. En estos momentos no puedo dejarte sola. No sería una buena madre.

CHISCA: En estos momentos, si fueras una buena madre, cogerías tu maleta y te irías. Tengo trabajo. (Pausa.)

SRA. ROMERO: ¿Ah sí?

CHISCA: Sí.

SRA. ROMERO: ¿Es que se ha acabado ya el paro en este país? (Pausa.)

CHISCA: De verdad, no puedes estar aquí. Estoy esperando una visita muy importante.

SRA. ROMERO: ¿Y se puede saber de quién? (Pausa larga.)

CHISCA: No.

SRA. ROMERO: ¡Ay Francisca, qué desagradable te pones cuando quieres!

CHISCA: ¡No me llames Francisca!

SRA. ROMERO: ¿Y cómo quieres que te llame?

CHISCA: Chisca.

SRA. ROMERO: ¡Uy, “Chisca”! Pero qué tonta eres, madre mía. (Pausa.) De acuerdo, Chisca. Y ¿a quién esperas?

CHISCA: No te importa.

SRA. ROMERO: Venga… Chisca.

CHISCA: ¡Qué no! Y vete de una vez.

SRA. ROMERO: Yo de aquí no me muevo.

CHISCA: Muy bien. Seguro que te encantará conocer a Sven.

SRA. ROMERO: ¿Tan pronto te has vuelto a buscar compañía?

CHISCA: Algo así.

SRA. ROMERO: ¿Y cómo es?

CHISCA: Te va a encantar. ¡Chulín!

SRA. ROMERO: ¿Ese es el chino? Ni se te ocurra azuzarme al chino, ¿eh? (XU-LIN aparece.)

XU-LIN: Xu-Lin.

SRA. ROMERO: Mira éste también. ¡Qué aires!

CHISCA: Mi madre quiere conocer a Sven. (Pausa.) ¿La acompañas? (XU-LIN le ofrece el brazo a la SRA. ROMERO e inician el mutis.)

SRA. ROMERO: Ah, pero ¿está aquí? ¿No iba a venir? (Llaman al timbre. XU-LIN se detiene.) ¿Qué pasa? (Pausa.)

CHISCA: ¡Está bien! Chulín, abre la puerta. Mamá, cállate.

XU-LIN: ¡El Señor Monsieur Jerome Ricordel!

SRA. ROMERO: Éste es otro.

CHISCA: ¡Cállate! Bienvenu!

JEROME: Ma chère amie! Mes condolences!

CHISCA: Oui, oui. Merci.

JEROME: C’est avec émotion que j’apprends le deuil qui vous frappe si cruellement et je tiens à m’associer à votre peine.

SRA. ROMERO: ¡Qué bien habla!

CHISCA: Merci very much, Jerome. Merci.

SRA. ROMERO: Tú no.

JEROME: Me encanta tu sens de l’humeur.

CHISCA: Es que soy muy espontánea. (La SRA. ROMERO ríe.)

JEROME: A pesar de todo…

CHISCA: A pesar de todo. (Pausa.) Pero… sentémonos. ¿Quieres un gint-tonic?

JEROME: Merci, pero estoy un poco pesado.

CHISCA: ¡Pues mejor! Si esto es como el almax, pero high-class. Además Chulín lo prepara de maravilla.

JEROME: En ese caso,… Pourquoi pas?

CHISCA: Yo no sé lo que tendrá la tónica, pero es como adictiva, ¿verdad?

 SRA. ROMERO: A mí eso me pasa con el whisky.

 CHISCA: ¡Ah! Perdona, Jerome. Esta es mi madre: la Señora Romero. Monsieur Jerome Ricordel.

JEROME: Enchanté, madame!

SRA. ROMERO: Puedes llamarme como quieras. Pero llámame.

CHISCA: Cállate Mamá. (Pausa.) ¡Chulín!

XU-LIN: Xu-lin.

CHISCA: Tráigale a Monsieur Ricordel uno de éstos. (Pausa.) Y otro para mí.

SRA. ROMERO: ¡Y otro para mí!

CHISCA: ¿Pero tú no ibas a subir a ver a Covadonga?

SRA. ROMERO: Seguro que está ocupada.

JEROME: Eh, bien?

CHISCA: ¿Y bien, qué?

JEROME: Teníamos un devoir.

CHISCA: Oui, oui. (Pausa larga.)

JEROME: ¡Para tu biografía! Tenías que traerme una cronología de los acontecimientos más significativos de tu vida: tus logros académicos, tus éxitos profesionales,… (La SRA. ROMERO ríe.)

CHISCA: ¡Mamá, ya está bien! Disculpa Jerome. Covadonga se muere de ganas por verte.

SRA. ROMERO: Seguro.

CHISCA: Sube a verla, por favor. Se llevará una gran alegría.

SRA. ROMERO: Está bien, hija.

CHISCA: Gracias mamá. Te quiero.

SRA. ROMERO: Yo también a ti, Chisca.

CHISCA: Hasta luego mamá. Xu-Lin subirá tu maleta.

SRA. ROMERO: De eso nada. No me fío del chino. (Inicia el mutis arrastrando su maleta.)

CHISCA (a Jerome): Discúlpela. Está senil.

JEROME: Pas de probleme. À bientôt, madame!

SRA. ROMERO: Eso, a tomar viento. (Sale.)

CHISCA: ¡Oh, Jerome! ¡Estoy tan triste!

JEROME: Lo comprendo. Viktor y tú estabais tan unidos.

CHISCA: ¿Qué dices? No es por eso.

JEROME: ¿Entonces, por qué es?

CHISCA: Es por lo de mi autobiografía.

JEROME: ¿Qué sucede?

CHISCA: He estado mirando en internet. Poniendo en el buscador el nombre de mis compañeras de instituto, por ver qué había sido de ellas. Si alguna había hecho algo importante en su vida,… esas cosas.

JEROME: Très bien.

CHISCA: ¡Pues no! Trés bien, no. Resulta que una de ellas, desde que fuimos a la Universidad juntas, después hizo un máster en Derecho Internacional en Estados Unidos; luego no sé qué más cosas; con premios y todo; y ha montado su propio buffet de abogados en Nueva York. Total, 25 líneas de curriculum. ¡Y todos mis logros no llegaban ni a mitad de la cuarta! ¡Oh, Jerome! ¡Estoy tan triste!

JEROME: Tranquila. Tranquila. Tout va bien.

CHISCA: Soy un total fracaso.

JEROME: Arrête! Eres una mujer fantástica. Llena de energía. Te has casado…

CHISCA: Siete veces.

JEROME: Vraiement? (Pausa.) Podrías haber hecho la lista de tus maridos. (Pausa. Ríen.)

SRA. ROMERO (desde fuera): ¡O la de sus amantes! (XU-LIN aparece con los tres gin-tonics)

CHISCA: Hace una buena tarde, ¿no crees? (Pausa.) ¿Te gustaría que saliéramos al jardín a pasear, y a conversar?

JEROME: Me parece una idea estupenda.

CHISCA: Me vendrá bien. Adelante.

JEROME: Je vous en prie!

CHISCA: Merci.

XU-LIN: Señora, ¿qué hacer Xu-Lin con los gin-tonics?

CHISCA: No sé. Bébetelos. (JEROME y CHISCA salen del brazo hacia el jardín. XU-LIN se queda mirando los gin-tonics y después de barajar las posibilidades acaba arrojando el contenido de los vasos en el acuario.)