Reflexiones y citas sobre “El crítico artista”

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Es un tratado dialogado. La acción transcurre en el interior de una biblioteca de una casa en Picadilly con Green park. Los personajes son Gilbert y Ernest. En escena Gilbert toca el piano mientras Ernest lee un libro de Memorias. La risa de Ernest perturba a Gilbert que le pregunta de qué se ríe.

“Ernest.- A los ingleses cuando leen les encanta que les hable una mediocridad.

Gilbert.- El público es impresionantemente tolerante: lo perdona todo, menos el talento.”

Empiezan a hablar sobre la literatura a partir de los libros de memorias. Gilbert critica que el público vulgariza la literatura haciéndola suya y ésta rebajándose a editar libros de masas, cuando la literatura no puede ser nunca de masas.

Ernest plantea la pregunta ¿para qué sirve la crítica de arte? ¿Por qué no dejar que el artista cree su propio mundo, o, si no, representar el mundo que todos conocemos y del que cada uno de nosotros se cansaría si el arte no lo purificase para nosotros el artista? ¿Y por qué los que son incapaces de crear se empeñan en juzgar a los que sí tienen don creativo?

Gilbert habla de Robert Browning, que fue un poeta y dramaturgo inglé,s en un primer tiempo romántico y muy influenciado por Shelley del que habla bien pero cuya figura han pervertido gente como Walter Scott. Aunque Browning menospreciara el lenguaje merece el título de grande de la literatura inglesa para Gilbert ya que “consiguió en numerosas ocasiones hacer cabalgar a Pegaso, chasqueando la lengua.” “Y, sin embargo, fue grande, y a pesar de haber hecho del lenguaje un lodazal inmundo, se sirvió de él para dar vida a hombres y mujeres. Después de Shakespeare es el ser más shakesperiano que existe.” Si no pudo resolver sus propios problemas al menos los planteó que es lo que debe intentar el artista.

Sin embargo, para Ernest en los tiempos gloriosos del arte no había críticos de arte. En el Iliso no había molestias para el artista que libre podía crear ajeno al mundo y sus opiniones “no se celebraban burdos congresos artísticos llevando provincianismo a las provincias y enseñando a los mediocres a perorar”.

Pero para Gilbert los griegos fueron los primeros críticos de arte y da como ejemplo la poética de Aristóteles que a pesar de ser un tanto burda es el primer tratado de estética. Los griegos son los padres del sentido crítico. No hay que tratar el arte sólo como algo moral si no también hay que buscar la belleza en él. “Todo lo moderno que tenemos hoy se lo debemos a los griegos; y todo lo anacrónico a la Edad Media”.

Citas de la obra:

ERNEST.- (…) Y nadie osaba molestar al artista mientras trabajaba: Ninguna charla insulsa lo turbaba. Ninguna opinión le perturbaba. Junto al Iliso, mi querido Gilbert, dice Arnold no sé dónde exactamente, no había Higginbotham. Cerca del Iliso no se celebraban burdos congresos artísticos, llevando provincianismo a las provincias y enseñando a las mediocres a perorar.”

GILBERT.- Es usted encantador, Ernest pero sus opiniones son del todo falsas. Me temo que haya escuchado la conversación de personas de más edad que usted, cosa siempre peligrosa, y que si permite usted que degenere en costumbre, será fatal para su carrera intelectual. En cuanto al periodismo moderno, no me creo con derecho a defenderlo. Su existencia queda del todo justificada por el gran principio darwiniano de la supervivencia de los más vulgares.”

GILBERT.- (…) ¿Qué es lo que por encima de todo debemos a los griegos? Pues eso precisamente, el espíritu crítico. Y este espíritu que ellos ejercían sobre cuestiones religiosas, científicas, éticas, metafísicas, políticas y educativas, la emplearon después para cuestiones de arte, y realmente nos han legado sobre las dos artes más elevadas, sobre las más exquisitas, el más perfecto sistema de crítica que jamás ha existido.”

GILBERT.- (…)He pensado a veces que la historia de la ceguera de Homero ha podido muy bien ser en realidad tan sólo un mito artístico, creado en tiempos de crítica, para recordarnos, no sólo que un gran poeta es siempre un vidente cuyos ojos corporales ven menos que los del alma, sino que es también un auténtico trovador, que crea su poema con música, repitiendo cada verso las veces que sean necesarias, hasta captar el secreto de su melodía, profiriendo en la oscuridad palabras aladas de luz. Sea como fuere, su ceguera fue la ocasión, si no la causa, de que el gran poeta inglés se comprometiera con ese movimiento majestuoso y ese sonoro esplendor de sus últimos versos. (…) Hay que volver a los orígenes de la voz. Que sea esta nuestra pauta, y quizá entonces lleguemos a ser capaces de apreciar las sutilezas de la crítica de arte griega. (…) Siento un escalofrío cuando pienso en ello, y me pregunto si el admirable resultado ético de la prosa de ese escritor fascinante que, con su espíritu de despreocupada generosidad hacia la parte inculta de nuestra nación, proclamó la monstruosa doctrina de que la conducta representa las tres cuartas partes de la vida, quedará algún día aniquilada al descubrir que los “peones” no habían sido medidos correctamente.”

GILBERT.- Sentirse capaz de experimentar una pasión y no darse cuenta de ello, es resignarse al ser incompleto y limitado. El espectáculo imitado de la vida que ofrece la tragedia preserva al corazón de muchos “gérmenes peligrosos”, y presentando móviles elevados y nobles en el juego de las emociones, purifica al hombre y lo espiritualiza y no sólo lo espiritualiza, sino que lo inicia en nobles sentimientos que hubiera él podido ignorar siempre.”

ERNEST.- Estoy dispuesto a admitir que estaba equivocado en lo que he dicho de los griegos. Fueron, como usted ha demostrado, una nación de críticos de arte. Debo admitirlo y lo siento por ellos. Ya que la facultad creadora es superior a la facultad de crítica, y no pueden ni compararse.

GILBERT.- La oposición entre ambas es puramente arbitraria. Cualquier creación artística sin espíritu crítico es indigna de ese nombre.”

GILBERT.- No cuando se convirtieron en poesía ni cuando recibieron una bella forma. Porque no hay arte sin estilo, no hay estilo sin unidad, y la unidad pertenece al individuo.”

GILBERT.- (…) En realidad, jamás se encuentra aprisionada por las cadenas de la verosimilitud. Esas viles consideraciones de probabilidad, esa cobarde concesión a los fastidiosos ensayos de la vida doméstica o pública, no la afectan nunca. Pueden afectar a la ficción e incluso a la historia, pero no a algo tan elevado como es el alma, totalmente invulnerable.”

GILBERT.- (…) Con frecuencia, escuchando la obertura de Tannhauser, me parece que veo realmente al bello caballero en su marcha ligera sobre la hierba florida y que oigo la voz de Venus llamándolo desde el fondo de su gruta. Pero otras veces me habla de mil cosas diferentes, de mí mismo quizá y de mi propia vida, o de la vida de personas que uno amó y que se cansó de amar, o de pasiones que el hombre ha conocido y que ignora y por eso busca. (…) La Belleza posee tantos significados como estados de ánimo tiene el hombre. La Belleza es el símbolo de los símbolos. La Belleza lo revela todo, porque no expresa nada. Cuando aparece ante nosotros, nos muestra con ardientes colores todo el Universo.”

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LA VERDAD SOBRE LAS MÁSCARAS Sobre Oscar Wilde por Paz Buelta Serrano

Una vez más las bellas palabras de Wilde vuelven a asaltarnos con sus contundentes argumentos haciendo uso de ese estilo arquitectónico tan bien hiriente. En La verdad sobre las máscaras defenderá -a lo largo de unas 30 páginas- su teoría; contraria a la de muchos críticos del momento y a la expuesta por lord Lytton en un artículo, el cual parece ser el motivo real y provocador de este ensayo. El conflicto reside en la importancia que le otorgaba, o no, Shakespeare al vestuario en sus puestas en escena.

Wilde afirma “cualquiera que se moleste en estudiar a Shakespeare se dará cuenta de la confianza que deposita en sus vestuarios para sus efectos ilusionistas”. Para justificarlo desarrollará una serie de argumentos tales como la importancia que Shakespeare da a sus vestuarios para las caracterizaciones de sus personajes -que aportan una grandísima e importantísima información de los mismos-, el gusto que demuestra por este introduciendo constantemente mascaradas, los efectos teatrales que provoca, la cantidad de tramas basadas en los disfraces que usarán los personajes, la intensificación de las situaciones dramáticas a partir de ellos, los pequeños detalles de indumentaria que cobrarán un tremendo valor en la acción, la presentación de un personaje simplemente por su modo de vestir, las metáforas usadas en los diálogos referidas a la vestimenta o pruebas más físicas como la gran variedad que se demuestra en el inventario del vestuario de un teatro londinense en tiempos de Shakespeare (el inventario del Globe Theatre no puede usarse ya que se perdió en un incendio). Incluso aprovechará sus textos para criticar los trajes de su época.

Defiende, por tanto, la arqueología en el teatro como norma de buen uso y en particular en el teatro de Shakespeare como hecho evidente y característico, definiendo al autor como el primer dramaturgo en darse cuenta de que la arqueología teatral es “uno de los factores esenciales de los medios a disposición de un ilusionista auténtico”. Con este término se refiere al uso de vestuarios, atrezos y elementos escenográficos que imitan con exactitud la realidad histórica.

Esta visión está basada en características de las obras de Shakespeare, que Wilde analizará nuevamente muy a fondo para reivindicar su teoría, apoyándose en puntos como sus dramatis personae, en los que abundan personajes históricos tanto del pasado como de la contemporaneidad del autor; las tramas extraídas en su gran mayoría de la historia o de canciones antiguas, de la tradición; la dotación de los hechos con el carácter general de la época correspondiente; la fidelidad a las “características de la raza”, es decir, los personajes reproducen las características típicas de las gentes de la región de donde proceden; la exactitud con que recoge los hechos acaecidos en Inglaterra desde el siglo XIV al XVI, tal que sus obras podrían ser usadas como libro de la nobleza, y finalmente  la afirmación de que uno de los objetivos de Shakespeare era crear para Inglaterra un drama histórico nacional. Por todo ello deduce que un dramaturgo tan interesado en la exactitud histórica no debía abandonarla posteriormente, cuando de vestir a sus personajes se tratase.

Además de esto se apoya en el hecho de que Shakespeare estaba rodeado de armaduras, atavíos y elementos de otras épocas, pudiendo así empaparse de estas. Esto es porque las iglesias y catedrales eran los lugares donde se guardaban y exponían las antigüedades, incluso la Torre de Londres era famosa por su colección de objetos antiguos, que existía la posibilidad de visitar.

Añade, en contraposición, un argumento a favor de la indiferencia de Shakespeare hacia la exactitud histórica reconociendo los anacronismos existentes en sus obras, pero los desestima rápidamente alegando que son poco numerosos y no muy importantes.

Trata, así, de la importancia de determinar la fecha en que situaremos el drama para poder diseñar vestuario y escenografía, hecho que un dramaturgo realista apreciará enormemente debiendo alabar a la arqueología. Nos recuerda, sin embargo, que este uso es simplemente un efecto, no la circunstancia principal.   

A continuación expondrá sus propias normas sobre cómo debe ser usado el vestuario, indicándonos  que los trajes de distintas épocas no deben ser mezclados en una misma obra ya que no armonizan artísticamente, considerando una de las cualidades más importantes su expresividad y remarcando su adecuación a la “estatura, presunta condición y aspecto del actor” además de a su acción en la obra. Sitúa el color como uno de las características principales, tanto por la necesidad de trajes con colores adecuados y hermosos como por el contraste no discordante entre ellos y el resto de la escenografía, logrando así que la escena funcione como un cuadro. Reflexiona sobre los colores principalmente usados en el teatro -rojo, azul y negro- y de cómo estos tiñen la ropa fuertemente, pareciendo trajes demasiado nuevos. También aboga por un mayor número de ensayos con los trajes reales para que los actores puedan acostumbrarse a ellos y comportarse como si realmente fuesen suyos, practicando el estilo y las exigencias requeridas por cada tipo de traje. Si los vestuarios no cumplen estas características parecerán irreales, no naturales y demasiado teatrales.

Finalmente concluye con un resumen del intento de demostración que realiza a lo largo de todo este ensayo; la arqueología  como método para lograr una mayor ilusión artística y el vestuario como modo de describir al personaje. No desaprovecha este final para criticar a los críticos dando a entender la necesidad de que “cultiven un sentido de la belleza” propio, pero le honra un final en el que reconoce la importancia de la crítica del arte y la definición del presente artículo como una (su) opinión artística.

Todo el texto se presenta acompañado de ejemplos que apoyan sus argumentos, además de darnos una gran información del teatro de la época y de su gran cultura teatral y literaria.

También aparecen a lo largo del texto las replicas a la teoría expuesta por lord Lytton, que Wilde resume en una única; “ni en el traje ni en el diálogo el objetivo esencial del dramaturgo es la belleza, sino lo que le es característico”.

Además todo él está salpicado de sus ideas sobre la teoría del arte, exponiéndonos las características de su obra y/o de su época. Nos habla de la importancia de encontrar la belleza artística de la fealdad, de cómo el arte  no tiene más objetivo que su propia perfección, de su visión sobre la mímesis; “el verdadero dramaturgo, en realidad, nos muestra la vida en las condiciones del arte, no el arte bajo la forma de la vida”, de la importancia de un director con una única manera de ver y representar la obra que todos deben seguir; “un déspota culto” y casi como conclusión final la inexistencia de una “verdad universal” en el arte; “algo cuya antítesis también es cierta”.

Es decir, nos encontramos ante una estructura coherente y ordenada en la que primero expone su tesis y el porqué de este ensayo, posteriormente argumenta a favor de la importancia del vestuario en la obra de Shakespeare, después a favor de la arqueología teatral y seguidamente por qué se deduce que Shakespeare la usaba, por último expone sus ideas del uso del traje. Concluye con un resumen explicativo y una demostración de la claridad de su subjetividad.

De este ensayo podemos desgranar el profundo análisis que Wilde hace a la obra de Shakespeare, demostrando ser un gran conocedor de esta, y a la vez como su conocimiento no se queda en pura teoría sino que habla a través de la experiencia tanto de ver teatro como de hacerlo, evidente hecho que se entrevé en sus palabras. Reseñable es también la importancia de la información que dan los” elementos de apoyo”, a menudo olvidada con facilidad por las gentes de teatro que no solo podemos de este modo equivocar al público, sino que también estamos desaprovechando oportunidades de oro con que ayudarnos o con las que jugar –y ganar-. Gracias a una estructura tan clara y coherente y a un modo de hilvanar los argumentos tan suave y delicado, se nos guía por un camino que recorremos con tanta facilidad como si estuviésemos siendo arrastrados por una gran barcaza, que es Wilde, y de la que nuestra barquita quiere aprender, y sueña que algún día será como ella. Con un escritor (orador) como este, ¿quién puede estar en desacuerdo?

¡EL ARTE O LA VIDA!

(“La decadencia de la mentira” o el ascenso meteórico de la “verdad”…)

¿Es el arte, la expresión humana suprema? Muchos no dudarían un segundo en asegurar que sí…. ¿Es la simple observación algún tipo de proceso artístico? Depende.¿ Vamos a relativizar a tal extremo hasta las pestañas del viento para poder decir, que recibir, es tanto parte del arte, como entregar? Esto es, ¿en un “gremio” donde la objetividad reluce por su ausencia, podemos fiarnos de toda teorización del fenómeno arte, que provenga de un teórico-artista?

(Objetividad, demonio perseguido diría Wilde. Realidad, aburrido espejo de lo terreno.)

En este magma volcánico de preguntas explosivas, encendemos las calderas de la reflexión, y como lectores, empezamos a alejarnos de la orilla en la que nos dejó el texto, llegando a lugares desde los que, al girarnos a mirar la costa de la que un día se zarpó, no vemos más que las últimas huellas de nuestras kilométrica odisea dispersas en la niebla londinense…

Es la contradicción la herramienta más sigilosa a la hora de contrastar. Es el juego artístico, muchas veces, la conexión entre dos personas, donde encontramos la comparación (por medio de la discusión); el contraste en definitiva. Cuando toda esa lucha de contrarios, la colocamos en un sólo discurso, caemos en las redes del silogismo circular, a mí me gusta llamarlo bucle, dos opuestos rodeando el campo de ambos, la contradicción ilustrando.

En realidad, con la verificación constante de algo, no deberíamos poder argumentar en contra de lo real. Quiero decir que resulta paradójico atacar en cierta manera a lo empírico, utilizando un proceso evidentemente empírico como principal herramienta argumental. Resulta paradójico en principio; por que en realidad lo que parece pretender Vivian, es colocarte en órbita de la curiosidad  y la observación. De hecho, más que respuestas claras, que están presentes indudablemente, lo que genera en un lector más o menos paranoico, puede ser una ristra de preguntas, relacionadas con líneas tangentes a la circunferencia temática del texto. Estas preguntas provienen de los núcleos temáticos centrales, pero no lo nutren de ninguna manera. De hecho, algunas de estas cuestiones  podrían alimentar a otros trabajos ensayísticos del autor (“El crítico artista”, ¿quizá?)

El tema que fundamenta todo el ensayo es la tensión del cordón que une (o enfrenta) a la imitación, con su contraria, la invención. En este caso, Oscar apuesta por la segunda como paladín del verdadero artista y de su arte, capaz de sobreponer la obra al objeto observado o representado.

A partir de ahí, conseguirá convencerte de que, por tanto, el arte es superior a todas las cosas. O ya no tanto superior, como anterior:  El arte anticipándose a las sensaciones y a las emociones del hombre; el arte adelantándose a su tiempo; o, sobretodo, el arte, dictando las pautas de observación del entorno que nos rodea.

Gafas tridimensionales para nuestros sentidos, vestidos de tantas vivencias reales como artísticas. Sucede que habiendo conocido la estilización de la realidad que puede aportar el creador, el autoengaño empieza a funcionar como herramienta catalizadora, generalizando el recuerdo, estilizando sus límites, produciendo postales mentirosas que varían con el tiempo.

El ser humano ansía vivir, testimoniar, e incluso sufrir.  Me atrevería a decir que nunca hemos sentido el amor (por ejemplo) virgen de influjos. Es un sentimiento este constantemente reconstruido por abrumadoras cantidades de música, de ficción o de literatura, con lo que jamás hemos podido sentirlo por primera vez, pues siempre lo habremos imaginado previamente.

Y, al contrario, también encontraríamos numerosos ejemplos. Es decir, ¿cuántas veces deseamos vivir con el arte, sensaciones, o situaciones concretas, que nunca jamás podremos sentir? El viaje del receptor por el jardín creador siempre contiene una curiosa búsqueda de la verdad, y esto es justamente lo que contradice todo lo dicho anteriormente.

El fenómeno de los videojuegos, donde el receptor pasa a ser protagonista directo (por medio de la acción/interacción), es otro bello ejemplo de las ansias por conocer y vivenciar del ser humano y de las extrañas contingencias que sufren los avatares de la creación y la recepción.

Por último, como camino a explorar para futuras reflexiones es el tratamiento de lo tópico, y sobretodo, de los procesos de topificación. Obviamente estos están presentes en casi cualquier tipo de generalización o estilización artística, pero yo atendería a las fuerzas que rigen los tópicos culturales de las distintas zonas del mundo. Los países vistos desde fuera, serían casi más válidos que la realidad sufrida en ellos.

Hace mucho rato que no sale el sol en el país favorito del gran astro…

(Artistas conspiranoicos y receptores paranoicos)

Acerca de “LA DECADENCIA DE LA MENTIRA” de Oscar Wilde. Por África Romera

En este texto no demasiado extenso, pero sin duda suficiente, del autor irlandés Oscar Wilde, encontramos una interesante reflexión acerca de la Naturaleza, la Vida y, por supuesto, el Arte.

Wilde nos acerca al mundo de la mentira a través de un personaje, Vivian, que gracias a su fructífero diálogo con Cyril, consigue transmitirnos de una manera clara y sencilla, su visión del Arte.

En esta exposición, el personaje de Vivian comienza con una curiosa introducción al mundo de la Naturaleza y a cómo ésta es totalmente imperfecta. Según él, si la Naturaleza fuese perfecta, no existiría el Arte. Por ello ve un error que el artista intente imitar a la Naturaleza en su arte, ya que sin duda es la propia Naturaleza la que imita al Arte.

Expone que la verdadera variedad artística se encuentra en la imaginación y no en la Naturaleza, por ello el artista debe buscar en la fantasía, en su propia imaginación.

Tras esto, Vivian presenta el título de lo que va a ser un artículo de protesta contra este declive de lo artístico : “La decadencia de la mentira”.

En esta exposición nos habla de la belleza que existe en la verdadera mentira. La gente ha desfigurado el sentido de esa palabra llegando a deformar los hechos a los que aluden, en lugar de mentir.

El autor, a través de Vivian, defiende la Mentira siempre relacionada directamente con el Arte.

Argumenta que el motivo por el que la literatura contemporánea está llena de malos escritores no es otro sino la decadencia de la mentira. Estos escritores plagian a la vida y bosquejan tipos copiados de su círculo familiar.

Desmiente la existencia de mentirosos natos, ya que el arte de la mentira conlleva un entrenamiento y una estudiada técnica.

“Se reconoce al mentiroso en ricas articulaciones rítmicas, y en ningún caso la inspiración fortuita del momento podría bastar”.

Por todo ello, es necesaria la práctica para llegar a la perfección.

A continuación nos habla sobre el erróneo camino que sigue el Arte para llegar a ser Arte.

La primera equivocación es coger a la Vida como referencia. Más tarde, en lugar de prevalecer el Arte, es la Vida la que lo hace, arrojando así el Arte a la basura.

Para Vivian, el fin del Arte no es otro que conseguir la belleza compleja.

Autores como Shakespeare se equivocaron al inspirarse en la vida, rechazando así la intervención del bello estilo. Así pues, al autor isabelino le agradaba en exceso copiar el lenguaje corriente, abandonando el instrumento de la Fantasía.

Por ello, es posible tomar la Vida como material, pero no como método artístico.

El principal error de la literatura reside en imitar en lugar de crear. Se escriben personajes que hablan en escena lo mismo que hablarían fuera de ella. Personajes sin aspiraciones que en la vida real pasarían inadvertidas.

De este modo, el autor deja de manifiesto la belleza que reside en las obras imaginadas e inventadas, y la carencia de ésta en el fiel y laborioso realismo.

Así pues, Vivian defiende la idea de que la Vida defiende al Arte, de que la Vida es el espejo del Arte.

Argumenta esta afirmación ejemplificándola con la manera de hacer Arte en la cultura clásica. Los griegos imitaban y aprendían de las virtudes y los errores de los héroes de las tragedias.

Por ello, “La Vida es el mejor y el único discípulo del Arte”.

“El arte no es simbólico de ninguna época. Las épocas son sus símbolos”.

Así pues, el Arte nos muestra su propio progreso y no la época a la que pertenece.

El peor arte es el que intenta elevar a la Vida y a la Naturaleza a la altura de los ideales.

“Cuando el arte deja de ser imaginativo, fenece”.

Ha pasado mucho tiempo desde que, en 1891, Oscar Wilde escribiese este ensayo sobre la naturaleza del Arte.

Muchas de las opiniones en él expresadas, nos provocan diferentes sentimientos encontrados.

Podría decir que estoy de acuerdo y en desacuerdo con algunas des sus afirmaciones tales como: “los malos escritores son los que van directamente a la vida para todo” o cómo, al hablar de los malos personajes añade: “ …no tienen aspiraciones ni en el alma ni en las letras; están calcados de la vida y reproducen su vulgaridad hasta en los menores detalles”.

Creo que tiene razón al afirmar que un personaje es rico e interesante cuando se han cuidado los detalles y se ha llevado a cabo un exhaustivo proceso de creación. Pero no estoy de acuerdo en que la “gente normal”, la que nos encontramos por las calles en el día a día, no sean o puedan llegar a ser personajes profundamente interesantes.

Aunque, cierto es que algunas de las mejores obras han tomado como base hechos o personajes de la historia, para después crear una ficción que transforme estos acontecimientos o personajes en material artístico.

Creo que tras varias lecturas, principalmente me quedo con la necesidad de creación y no de la mera imitación.

La lectura de este ensayo me ha parecido sumamente gratificante y beneficiosa. Sin duda, altamente recomendable.